Captura de Saddam Hussein

Un regalo navideño para Bush

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¿Por qué el ex jerarca iraquí no se dio un tiro o no combatió antes de entregarse a las fuerzas estadounidenses? En lo que constituye todo un golpe político-mediático, la operación “Amanecer rojo” no tuvo ni muertos ni heridos ni disparos. George W. Bush sólo puede sonreír ante este espaldarazo preelectoral.

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Mientras las imágenes de un sucio y descompuesto, aunque hasta entonces escurridizo “As de espada” daban la vuelta al mundo, George W. Bush pudo haber dicho –con evidente satisfacción, el pasado 14 de diciembre– que quien “trató de matar a mi papá” ha sido finalmente capturado. Al recordar sus propias palabras proferidas hace unos meses respecto a un intento de asesinato en 1993 contra el entonces mandatario estadounidense, la detención del hombre más buscado en Irak constituye un regalo anticipado de Navidad para el actual residente de la Casa Blanca.

Soportando un humillante espectáculo y como si estuviese levemente dopado, Saddam Hussein sacaba una y otra vez la lengua ante la mirada atenta de un médico que le extraía una muestra de salida para confirmar su identidad, a través de pruebas de ADN. Después de más de ocho meses de vivir oculto, el tristemente conocido “Carnicero de Bagdad” volvía a aparecer, dejando atrás la fastuosidad de sus palacios cuando gobernó por más de veinte años y como un megalómano la antigua Mesopotamia.

“En la historia de Irak, una era sombría y dolorosa ha concluido. Un día de esperanza ha llegado”, dijo Bush luego de darse a conocer la noticia desde Bagdad. Con cierta fallida solemnidad agregó que “la captura de este hombre era crucial para el surgimiento de un Irak libre”.

El mandatario reconoció, de todos modos, que la detención no significa “el fin de la violencia en Irak” y que Estados Unidos “no cederá hasta que esta guerra sea ganada”. Sus palabras constituyeron una implícita confesión de los crecientes problemas de seguridad que la resistencia iraquí ha causado a las Fuerzas Armadas más costosas del planeta.

Samman Abdul Majid, intérprete de Hussein por más de 15 años y autor del libro Los años Saddam (de reciente aparición en París), presuponía que el ex presidente iraquí se iba a “disparar un tiro en la cabeza antes que dejar que los estadounidenses lo arresten”.

Pero así no fueron las cosas. Y muchos se lo enrostraron. Al encontrarse con el otrora todopoderoso jerarca, un miembro del Consejo de Gobierno Iraquí le recordó: “Tenías dos fusiles AK 47 y una pistola (al momento de su captura). ¿Por qué no te pegaste un tiro cuando te detuvieron? Eres un cobarde”. Las versiones de prensa fueron contradictorias sobre la reacción de Saddam: unos mencionaron que éste guardó silencio; otros que profirió ráfagas de improperios.

El mundo árabe no podía creer lo que informaban los canales árabes de televisión satelital, como Al Arabiya o Al Jazeera. Algunos representantes palestinos estaban indignados. “Creíamos que iba morir luchando en vez de rendirse de forma tan humillante”, dijo el parlamentario Hatem Abdul Qadder, miembro de la organización Al Fatah de Yasser Arafat.

 

“ROJO AMANECER”

 

“Señoras y señores, lo tenemos”, fueron las escuetas palabras de júbilo de Paul Bremer, el administrador civil estadounidense en Irak. Eran las siete de la mañana del domingo 14 de diciembre cuando se comunicaba que el derrocado líder iraquí había sido capturado en la localidad de Adwar, en las cercanía de Tikrit, territorio natal de Saddam.

Cerca de las 20.30 de la noche del sábado, la operación “Amanecer Rojo” (inspirada en el título de una película hollywoodense de la década de los ochenta) llegaba a término. Oculto en un agujero bajo tierra de unos 2,5 por 1,8 metros, en una vivienda de ese lugar, Hussein no ofreció ninguna resistencia. Se trató de un operativo sin heridos ni muertos, a diferencia del nutrido tiroteo que precedió a la muerte de sus hijos Uday y Qusay. Junto a él se halló un maletín con 750 mil dólares en billetes de cien y el mencionado escaso armamento.

“Lo cazamos como a una rata”, dijo con elocuencia el general de la Cuarta División de Infantería, Raymond Odierno, quien dirigió la acción. Según el general Ricardo Sánchez, máximo jefe militar estadounidense en Irak, el detenido “ha sido conversador y cooperativo”.

Desde Washington, el vocero de la Casa Blanca, Scott McClellan, expresó que “el pueblo iraquí al fin puede estar seguro de que Saddam Hussein no volverá. Lo pueden ver por sí mismos”.

Pero este golpe político-mediático para Bush –al acercarse su campaña para la reelección que tendrá lugar en noviembre de 2004– no pone fin a la resistencia. A la jornada siguiente de la captura, dos auto-bombas explotaron en recintos policiales localizados en Bagdad y al norte de la capital iraquí, dejando siete personas muertas y decenas de heridos. Similares operativos guerrilleros han continuado sacudiendo Irak y a las tropas de ocupación.

El legislador demócrata Jay Rockefeler, vicepresidente de la comisión de Inteligencia del Senado, no quiso cantar victoria anticipada. “Dado el sitio y las circunstancias de su captura, resulta claro que Saddam no estaba manejando la insurgencia y que tenía muy poco control o influencia. Eso es significativo y perturbador, pues significa que los insurgentes no están combatiendo por Saddam, sino contra Estados Unidos”, puntualizó.

El analista militar Daniel Smith comparte las palabras del senador estadounidense y expresa desde Washington a Ercilla que “la resistencia ha sido manejada por remanentes del régimen que quieren vengarse por haber sido derrotados por la coalición (anglo-estadounidense). Esta está sustentada por agrupaciones externas que han ingresado a Irak y por iraquíes que, a pesar de estar contentos con la captura de Saddam, ven a la coalición como invasores que no respetan la herencia y la cultura iraquí, tampoco el Islam”.

Consultado por esta revista, William Hartung –investigador del World Policy Institute de Nueva York– comenta que “la mayoría de la resistencia iraquí está en contra de la ocupación estadounidense por motivos nacionalistas, de orgullo nacional o de soberanía. Ninguna de esas razones desaparecerá con la detención de Hussein. Es posible que algunos iraquíes no estén tan intimidados como antes y entreguen ahora cierta información a las fuerzas estadounidenses, ya que no temerían el regreso al poder de Saddam. Pero eso es sólo un beneficio marginal para las fuerzas de Estados Unidos, teniendo en consideración que los leales a Saddam son sólo una parte de la resistencia”.

 

¿CÓMO AGUJA EN UN PAJAR?

 

El sitio en Internet israelí DebkaFiles, especializado en asuntos de Defensa e Inteligencia, puso la cuota de duda en esta operación. La atrayente recompensa de 25 millones de dólares y el hecho de que Saddam estuviera –al momento de su captura– incomunicado, no teniendo a su disposición “ni un teléfono celular o una paloma mensajera”, hacen concluir a sus analistas que “Saddam Hussein no estaba escondido; él era un prisionero”.

Expertos en Seguridad contactados por The New York Times manifestaron que el ex jerarca pudo mantener contacto a través de mensajeros, evitando así los teléfonos celulares o satelitales que son fácilmente interceptables.

Esas “anomalías” registradas por DebkaFiles, sustentadas además por las respuestas evasivas del general Sánchez respecto al destino de la recompensa, les hace inferir que el equipo a cargo del operativo tomó ventaja de las negociaciones con los presuntos captores de Saddam. Y esto porque “su captura se había transformado en una cuestión de orgullo nacional para los estadounidenses”. En su informe aparecido el mismo 14 de diciembre, no descartan la posibilidad de que Saddam estuviera sedado, con el objeto de que éste no pudiera suicidarse.

En una entrevista a la cadena de TV Al Arabiya, Raghad –la hija mayor del ex dictador– se hace eco de esa versión y asegura que “cualquiera que lo conoce cercanamente sabe que las imágenes aparecidas en televisión son las de un Saddam Hussein drogado”. Luego de advertir que “un león sigue siendo un león, inclusive cuando está encadenado”, dijo estar orgullosa de su padre.

El semanario jordano Al Hilal también cuestionó la “facilidad” del arresto: “Esto lleva a muchos a preguntarse sobre la posibilidad de que los efectivos estadounidenses utilizaran algún gas sedante”.

DebkaFiles hizo hincapié, además, en que en las semanas previas a la detención, las acciones guerrilleras declinaron notoriamente, especialmente en el denominado “Triángulo sunita” –conformado por las ciudades de Fallujah, Ramadi y Balad–, como también en las norteñas localidades de Mosul y Najef, y en las sureñas Nasseriya y Hilla.

Respondiendo a las consultas de Ercilla, Gerald Steinberg –director del Programa de Manejo de Conflictos y Negociación de la conservadora Universidad Bar Ilan en Israel– cree que “el mito detrás de esas falsas denuncias se basa en la tentativa por retratar a Saddam como el símbolo de la gloria árabe y del radicalismo suicida en la guerra contra Occidente. Al momento de revelarse la cobardía de Saddam, los hacedores de mitos están buscando cualquier otra explicación. Saddam, como la mayoría de otros líderes ‘radicales’, incluyendo a (Yasser) Arafat, utilizó el radicalismo para aumentar su poder y envió a otros a su propia muerte, pero no creyó en el suicidio para sí mismo”.

Según el ya mencionado analista Daniel Smith, Saddam tuvo probablemente un instante para “calcular que la resistencia no le servía de mucho y que con el suicidio no ganaba nada, mientras que al permanecer con vida puede intentar algún tipo de negociación. Después de todo, él es un sobreviviente”.

De todos modos y para explicar la demora en la captura del hombre más buscado en Irak, la hiperpotencia había dicho que era como buscar una aguja en un pajar.

El especialista en sociología militar de la Universidad de Jerusalén, Baruch Kimmerling, comenta a Ercilla que “la Inteligencia estadounidense probó ser muy pobre mucho antes de iniciada la guerra, la que no ha mejorado hasta el presente. Esto es muy embarazoso para una megapotencia tan tecnologizada”.

 

“HIGH VALUE TARGET”

 

El plan para informar de la captura de Saddam tenía el nombre clave de “HVT número 1”, correspondiente a las iniciales de high value target (objetivo de alto valor). No obstante el inicial cuestionamiento por las verdaderas circunstancias del arresto – especialmente en los países musulmanes–, el diseño comunicacional pretendía evitar la ola de especulaciones surgidas tras la muerte de Uday y Qusay, los hijos del otrora hombre fuerte iraquí.

Según The New York Times, entre los autores del plan figuran el director de comunicaciones estratégicas de la Autoridad Provisional de la Coalición en Irak, el periodista Gary Thatcher, y su colega británico Charles Heatley, junto a varios agentes de los servicios secretos.

Si Saddam hubiera sido encontrado muerto, se habrían acelerado los trámites para su identificación. Al ser capturado vivo, “las imágenes en las que se le ve cómo le examinan para ver si tiene piojos y le miran la garganta son lo más rutinario que hay, lo que viene a mostrar que es un mortal común y corriente, que no es sobrehumano, que ya no es una amenaza”, declaró Thatcher, reconociendo que la grabación fue elegida cuidadosamente con el objetivo de que Hussein no apareciera como un héroe o como mártir.

Pero ¿está Saddam Hussein condenado de antemano?

Creo que debería recibir la pena máxima por lo que ha hecho a su pueblo, es un asesino que merece ser sometido a la justicia última”, manifestó Bush en una entrevista con la cadena de televisión ABC.

“Tengo mi propia visión personal (respecto a la pena de muerte). Se trata de un dictador brutal. Dependerá de los iraquíes tomar esa decisión”, declaró el mandatario, quien anteriormente fue gobernador de Texas, el estado con más ejecuciones en Estados Unidos: 312 desde 1976.

Al respecto, el Vaticano no oculta su molestia. A la posición oficial contra la pena de muerte, el cardenal Renato Martino –director del departamento de Paz y Justicia– expresó su “compasión” por el ex dictador, luego de ver las imágenes de “un hombre destruido, que era tratado como una bestia mientras sus dientes eran revisados”. Este mismo punto tiene nuevamente enfrentados a Washington con su contraparte europea.

El ya mencionado académico israelí Baruch Kimmerling asevera que si bien “Hussein es una bestia, cometió muchos crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, aún así se le debe garantizar un juicio justo, preferiblemente en un tribunal internacional”.

Entrevistado por BBC Mundo, Federico Andreu –consejero de la Comisión Internacional de Juristas– tampoco titubeó en dirigir sus dardos contra las primeras imágenes televisivas de la captura de Saddam, calificándolas como “prácticas contrarias a los principios del tratamiento humano de todo detenido y de su presunción de inocencia. Pero existen serios motivos para pensar que ya está condenando de antemano”.

El siempre cuestionado Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de la Administración Bush, defendió ese proceder asegurando –el pasado 16 de diciembre– que Saddam “ha sido tratado de forma profesional. El no ha enfrentado la curiosidad pública de ningún modo degradante, de acuerdo a las razonables definiciones de la Convención de Ginebra”.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) es la encargada de los interrogatorios. “Hasta ahora las autoridades estadounidenses han sido sorprendidas por el grado de incapacidad de Saddam para dar alguna información coherente. Parece inexplicablemente desorientado y sus captores intentan determinar si esta asustado o mentalmente enfermo”, aventuró el rotativo británico The Guardian. Presumiblemente, esas sesiones durarán varios meses hasta lograr la cooperación del ex dictador.

El pasado 15 de diciembre, el régimen integrista de Irán anunció que preparaba una querella criminal contra Hussein por los crímenes de guerra perpetrados en el conflicto bélico entre ambos países (1980-1988), que dejó unos 300 mil iraníes muertos. Un vocero de Teherán declaró a la cadena de televisión Al Jazeera que el tribunal internacional que debiese juzgar al ex hombre fuerte de Irak, “debiera igualmente determinar quiénes equiparon a este dictador que desequilibró nuestra región”, haciendo una clara alusión al apoyo irrestricto facilitado por Washington a Bagdad.

 

SOBREVIVIENDO

 

Paradójicamente, el nombre Saddam significa “el que se enfrenta”. Según puntualiza Charlie Savage, en la edición del 16 de diciembre de The Boston Globe, “si Hussein hubiera caído muerto por los soldados estadounidenses, su capítulo final habría sido portada sólo algunos días. Pero el improbable hecho de que él se entregó para permanecer con vida, le brinda al presidente Bush y al primer ministro británico, Tony Blair, la oportunidad de ver a sus críticos retorcerse ante el flujo continuado de titulares que enfatizarán el argumento humanitario para esta guerra... inclusive si ése no fue el argumento que ellos más utilizaron antes del conflicto”.

Para John Hulsman, de la conservadora Fundación Heritage de Estados Unidos, “llegará a ser implícito en la mente de muchas personas que ésta era una persona terrible y que haberlo derrocado y capturado ha sido indudablemente un bien moral y práctico. Esto mina el moralismo en la base de la oposición izquierdista contra la política del presidente Bush en Irak”.

Un reciente sondeo de The New York Times/CBS detalló en una primera encuesta – concluida la noche del sábado 13 cuando aún no se conocía la detención– que el 47% de los consultados creía que la guerra era favorable para Estados Unidos. Ese porcentaje saltó al 64% en una segunda encuesta, inmediatamente luego de la captura. Mientras el apoyo al mandatario se posicionó en un 58%, aumentando en seis puntos de un día para otro.

Jerrold Post, psiquiatra estadounidense que realizó un perfil del ex líder iraquí para la CIA, cree que éste debe estar analizando “el mejor modo para capitalizar su calamitosa situación”. En declaraciones a la BBC, el especialista aseguró que Saddam “sabe que está al final de la línea y ya debiera estar planeando su defensa para el tribunal de crímenes de guerra (...) Creo que podríamos esperar que haga algo similar a lo hecho por (Slobodan) Milosevic, quien ha utilizado el Tribunal Internacional de La Haya para apelar a sus leales seguidores en Serbia”.

La coordinadora de la coalición estadounidense antibélica Unidos por la Paz y la Justicia, Leslie Cagan, apuesta a que en su defensa Hussein involucre en sus crímenes a Estados Unidos: “si también se da a conocer la participación de Estados Unidos en la creación de ese régimen, creo que habrá un mayor cuestionamiento sobre las razones de esta guerra y esta ocupación, y cuáles son los reales intereses de Estados Unidos en este punto”.

Al politólogo Stephen Zunes, de la Universidad de San Francisco, tampoco le es indiferente esa situación. Contactado por Ercilla insiste en el hecho de que “la mayoría de los peores crímenes de guerra de Saddam ocurrieron durante la década de los ochenta, cuando recibía el apoyo de rusos, franceses, británicos y estadounidenses. Podría ser embarazoso si él habla sobre esa colaboración, especialmente con la visita del entonces enviado especial estadounidense, que no era otro que Donald Rumsfeld, el actual secretario de Defensa”.

El ya mencionado investigador William Hartung puntualiza que, a partir de esa visita, la Administración Reagan comenzó la venta de tecnología militar estadounidense a Irak, y que –por su parte– el consiguiente gobierno de George H.W. Bush (padre del actual mandatario) autorizó la venta de precursores de armas químicas y biológicas. En ese entonces, la empresa del chileno Carlos Cordoen también se habría visto involucrada, debido a la presunta venta de bombas de racimo al régimen de Saddam.

En declaraciones a Ercilla, el cientista político de la Universidad de Virginia y experto electoral Larry Sabato estima que, de todos modos, “las implicaciones políticas para la Administración Bush siguen siendo confusas. La captura de Saddam será vista por muchos como una evidencia del éxito en Irak, pero eso no significa que el conflicto haya terminado. Por ahora, esta historia ha restado atención a los candidatos demócratas y su contienda para la nominación partidaria. Y si Howard Dean resulta nominado, su postura antibélica le jugara en contra de cara a la captura de Saddam. Básicamente, aún hay mucho tiempo para las elecciones y cualquier cosa puede suceder”.

Stephen Zunes advierte que si “los cuerpos de los estadounidenses continúan regresando en bolsa a casa, los contribuyentes continúan gastando miles de millones de dólares en apoyo de la ocupación, y si el ‘gobierno’ iraquí se establece con escasa legitimidad interna y no hay signos de término de la violencia en adelante, a muchos votantes no les interesará si Saddam ha sido capturado o no”.

Lo cierto es que tras su primera conferencia de prensa destinada a comentar la detención del ex hombre fuerte iraquí, en la tarde de ese mismo 14 de diciembre, George W. Bush  se dirigió junto a su esposa a atender una actividad navideña en la capital federal. De acuerdo a The Washington Post, las cámaras de televisión y los flashes fotográficos no tuvieron dificultad en captar cómo el mandatario sonría ampliamente.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO)          ¿Y LAS ARMAS DE DESTRUCCION MASIVA?

Un informe clasificado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos –realizado en octubre de 2002 en conjunto con otros cinco servicios de Seguridad de la hiperpotencia insistía en la existencia de ese letal armamento. Parte del documento, desclasificado en julio último, especificaba que el extinto régimen iraquí tuvo entre 100 y 500 toneladas de armamento químico y que produjo, en algún momento, los mortíferos gas mostaza, sarín y VX, según el ex agente de la CIA Thomas Carroll en la edición de noviembre de Middle East Intellligence Bulletin.

Por su parte, el sitio en Internet israelí DebkaFiles aventuraba recientemente que pronto se revelaría el enigma respecto a la existencia o paradero de las armas de destrucción masiva. Según DebkaFiles, el paradero de ese tipo de armamento se hallaría en el desierto conocido como Dayr Az-Zawr, en la provincia siria de Al Jazirah, fronteriza con Turquía e Irak.”Probablemente se trata en estos momentos del área más observada de todo el planeta”, acotó ese servicio especializado en Defensa, desatando nuevamente las elucubraciones sobre el próximo objetivo militar estadounidense.

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(RECUADRO)          SADDAM: EL SOBREVIVIENTE

Efraim Karsh e Inari Rautsi, autores de Saddam Hussein, A Political Biography, retratan correctamente la “incesante lucha por la sobrevivencia” del hoy capturado ex jerarca iraquí. “El propósito último de permanecer vivo y en el poder justifica todos los medios”, complementan sobre su persona. Y es que si de algo puede dar cuenta quien fuera conocido como el “Carnicero de Bagdad” es de su instinto por sortear obstáculos.

Ya en 1969, Hussein accede a las altas esferas del poder en Bagdad. Pero antes debió superar años de penurias económicas y maltrato junto a su padrastro. En sus años de estudiante, en la década de 1950, el activismo nacionalista ejerce en él más influjo que las aulas. Precisamente su tío materno Khairallah Tulfah es el responsable de que ese intrépido joven supiera leer y que agitara las banderas del panarabismo laico. En 1957 ingresa al Partido del Renacimiento Árabe Socialista (Baath), de fuerte raigambre estalinista. Dos años después participa de un fallido complot de asesinato contra el gobernante de facto Abdul Karim Kassem. Sobrevive a la persecución y se refugia inicialmente en Siria y luego en Egipto, apadrinado por Gamal Abdel Nasser.

Su hora cumbre no tarda en llegar: en 1979 asume como presidente. Cuando aún no cumplía un año, lanza una incursión aérea contra su vecino Irán, iniciándose la cruenta guerra entre ambos países. Al término de los ocho años de conflicto –que concluyeron con un “empate técnico”– sucede la matanza de Halabja, al norte de Irak. Las denuncias contra este hoy desaliñado jerarca aseveran que no trepidó en utilizar gases venenosos contra la población kurda.

Intentando “cuadrar” nuevamente a los iraquíes bajo su megalomanía, invade Kuwait en 1990. En los meses siguientes una gran coalición internacional, comandada por Estados Unidos, reprende la intentona husseinista por medio de la aparatosa operación militar “Tormenta del Desierto”. Antes de iniciarse el presente conflicto bélico, el pasado 20 de marzo, un embargo internacional tenía con la soga al cuello a la población iraquí. En los próximos meses, esta vez, otra soga o un pelotón de fusilamiento se ciernen sobre el “As de espada”.

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(RECUADRO)                     EL CRUDO IRAQUI

Molestos están Francia, Alemania, Rusia y China, los principales países que se opusieron a la guerra de Irak, al quedar marginados explícitamente de participar en el negocio del crudo iraquí, la segunda reserva mundial de “oro negro”. El pequeño séquito de países aliados de Washington, entre éstos Londres y Madrid, se alineó para responder al unísono que “Estados Unidos sabe lo que hace con su dinero”.

Por otra parte, el ejército estadounidense informó el pasado 16 de diciembre que Halliburton, la compañía del Vicepresidente Dick Cheney, se adjudicó otros 222 millones de dólares por concesiones para la reconstrucción del sector petrolero en Irak. Así, la subsidiaria Kellog Brown & Root cuenta a su favor unos 2260 millones de dólares en contratos no licitados. Una auditoria del Pentágono ventiló, no obstante, la posibilidad de que esa empresa pudo haber sobrefacturado algunos de sus servicios.

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