Guerra en Afganistán
¿Game over?
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Con la inminente caída de la sureña ciudad de Kandahar, último bastión talibán, concluye el primer objetivo de la campaña estadounidense: el desplome del régimen integrista musulmán. Sin embargo, al cierre de esta edición, Osama Bin Laden aún está inubicable.
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Dos meses bastaron para poner fin a cinco años de régimen teocrático musulmán en Afganistán, con presuntas responsabilidades en los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington. Los líderes Taliban ignoraron así sus propias proclamas, respecto a dar la vida en combate, y cedieron ante el poderío militar norteamericano. Al cierre de esta edición, el ex embajador integrista en Pakistán Abdul Salam Zaeeff dijo hablar en nombre del supremo líder espiritual de los Taliban, Mullah Omar, y anunció la rendición de Kandahar, el último bastión en control de los fundamentalistas (la retirada de las tropas estaba acordada para el 7 de diciembre).
Así concluyeron tres semanas de asedio de las fuerzas anti-Taliban y del preciado apoyo aéreo estadounidense. Según informes de prensa, la rendición de Kandahar se debió a las negociaciones secretas lideradas por el jefe pashtún Hamid Karzai con representantes del Mullah Omar, a quien se le garantizó seguridad y probablemente el exilio en la vecina Pakistán. Karzai, precisamente, encabezará el concejo de transición acordado a principios de diciembre en un encuentro de Bonn, donde participaron distintas etnias afganas. A Karzai se lo vincula al ex monarca Mohammad Zahir Shah (87), quien es considerado una figura de consenso.
Junto a los restantes miembros, Karzai asumirá sus funciones el próximo 22 de diciembre y en un plazo de seis meses deberá convocar a una Loya Jirga (tradicional concejo de líderes tribales), que deberá conformar una asamblea constituyente y llamar a elecciones a más tardar el 2003.
El respiro generado por ese acuerdo fue prontamente interrumpido por el poderoso caudillo uzbeko, Rashid Dostum, integrante de la Alianza del Norte y "señor" de la estratégica Mazar-i-Sharif. Dostum, amenazante, expresó su molestia porque su etnia –a su juicio- no estuvo satisfactoriamente representada en Alemania. Fue más allá y dijo que boicotearía el futuro gabinete de transición. Observadores aseguraron que la disconformidad de este cabecilla uzbeko se debió a que no fue nombrado canciller en la entrante administración.
A comienzos de diciembre, los acontecimientos de esta "guerra contra el terrorismo" volvieron a remecer Estados Unidos. El semanario Newsweek identificó como John Walker (20) al primer voluntario estadounidense entre los Taliban, quien además sobrevivió al motín de Mazar-i-Sharif. Sectores conservadores no han titubeado en llamarlo "traidor" y en pedir su condena a muerte.
Por otra parte, el paradero de Osama Bin Laden permanecía incierto al cierre de esta edición. Aunque los aviones estadounidenses B-52 y las tropas afganas habían desplegado últimamente constantes ofensivas en la zona de Tora Bora ("viuda negra"), al sureste de Afganistán, donde podría estar refugiado en un complejo sistema de cavernas el "terrorista número uno" para Estados Unidos.
IRAK
En el Pentágono el triunfo de los sectores más conservadores ha logrado una aparente consolidación. Su efectivo lobby comunicacional colocó en la agenda pública el siguiente objetivo militar estadounidense: presuntamente, el régimen de Saddam Hussein en Irak. Y el mismo presidente estadounidense, George W. Bush -animado por el favorable ritmo bélico en Afganistán- resucitó hace unas semanas el viejo argumento de que el jerarca iraquí acumulaba armas de destrucción masiva.
El republicano moderado Colin Powell, actual secretario de Estado, quedó relegado a un secundo plano. Su influencia se ha visto afectada en beneficio del subsecretario de Defensa de la Casa Blanca, el polémico Paul D. Wolfowitz. En el programa Face the Nation de la cadena CBS, Powell declaró que el mandatario norteamericano "no ha tomado ninguna decisión respecto a la siguiente fase de la guerra al terrorismo". Sin embargo, Wolfowitz -premeditadamente y en otra entrevista- acaparó la atención al insistir que "cuando eliminemos a Al Qaeda (la red terrorista liderada por Bin Laden) en Afganistán, aún tendremos mucho trabajo por delante".
El semanario británico The Observer reforzó la tesis de que el próximo objetivo de la campaña militar estadounidense sería Irak. En su edición del pasado 2 de diciembre precisó que Washington intenta deponer el régimen de Hussein en Bagdad, apoyando militarmente a la oposición. El plan contaría como aliados a los rebeldes kurdos del norte de Irak, a los grupos radicales sunitas en la capital iraquí y a la oposición shiíta en el sur de ese país.
Andrés Pérez González