Conflicto India-Pakistán
La hora de la intransigencia
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Una psicosis bélica se expande en India y Pakistán, dos potencias nucleares del sur asiático enfrentadas por la región de Cachemira. Al cierre de esta edición Nueva Delhi persiste en su rechazo al diálogo, mientras Islamabad se equilibra con dificultad en la cuerda floja.
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"La gente dice que usted vino a tranquilizarnos, ˇpero nosotros hemos estado lo suficientemente serenos en los últimos cincuenta años!", reparó con coraje Pramod Mahajan, ministro indio para Asuntos Parlamentarios, al recibir en Nueva Delhi al primer ministro británico, Tony Blair, a comienzos de enero.
La arremetida de este "halcón" fue seguida por el mandatario indio, Atal Behari Vajpayee, quien advirtió a Blair que no aceptaría ningún "sermón" respecto a la disputa que mantiene con su vecino Pakistán por la región himalaya de Cachemira desde 1947, cuando ambos países se independizaron del extinto imperio británico.
Las declaraciones de esos altos personeros indios no pasaron desapercibidas, cuando precisamente en la frontera indio-paquistaní se vive una "psicosis bélica" en la población civil, según el experimentado periodista Ahmed Rashid.
De acuerdo a Islamabad, en la llamada Línea de Control –los tres mil kilómetros que dividen Cachemira, región de mayoría musulmana- se hallan unos 200 mil soldados paquistaníes, mientras los efectivos indios superarían los 500 mil. A pesar de las intensas nevadas en el lugar, los disparos cruzados son cotidianos.
La tensión se mantenía en alerta roja, principalmente porque se trata de dos potencias nucleares que ya se han enfrentado en tres conflictos bélicos.
La disputa no está ajena a complejidades. Tras el atentado del pasado 13 de diciembre contra el Parlamento indio, muchos olvidan que la población musulmana en India llega incluso a superar a los habitantes de Pakistán -de mayoría islámica-, que ascienden a 134 millones de personas.
Ante ese nebuloso clima y mientras el nacionalista indio Vajpayee rechazaba al cierre de esta edición toda posibilidad de negociación, el gobernante de facto paquistaní, Pervez Musharaf, se debatía en la cuerda floja.
"LA PUNTA DEL ICEBERG"
El general Musharaf se mostró decidido a romper los lazos que las Fuerzas Armadas de su país estrecharon en las últimas décadas con los sectores integristas islámicos. En un discurso televisado el pasado 12 de enero, el mandatario paquistaní declaró fuera de la ley a cinco organizaciones fundamentalistas, deteniendo al cierre de esta edición a unos 2000 activistas.
"Es un pequeño paso, es sólo la punta del iceberg. Me gustaría que esa medida fuera seguida por India, asumiendo algún compromiso para finalizar los atropellos a los derechos humanos en Cachemira", declaró a Ercilla la experta Cynthia Mahmood, del Institute for International Peace Studies de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos.
Pero Nueva Delhi no se dio por aludida y se limitó a exigir a Islamabad que sus dichos -respecto al rechazo del terrorismo en cualquier lugar-, se convirtieran en hechos antes de iniciar la retirada de sus tropas.
Analistas han denunciado la tentativa india de castigar a Pakistán por el apoyo dispensado a los separatistas cachemires desde 1989, cuando se inició la insurrección musulmana. "En mi opinión, India utilizará el pretexto de la lucha contra el terrorismo (desencadenada tras los sucesos del 11 de septiembre en Estados Unidos) para provocar una guerra", insistió Cynthia Mahmood.
Ante la visita a la zona del secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, algunas voces comienzan a advertir el "innecesario despliegue militar que ha consumido el futuro de ambos países", manteniendo a su población en el hambre y la pobreza, estimó Farid Malik, columnista del rotativo paquistaní The Nation en un artículo aparecido el pasado 15 de enero. Por otra parte, "es muy posible algún tipo de atentado islamista contra Musharaf. Ese es un gran peligro", advirtió a esta revista la especialista estadounidense.
En tanto, Mohamed Tabassun (37) –un constructor de caminos de la localidad de Mang, en la Cachemira bajo control paquistaní- destacó el "patriotismo" de la población; sin embargo, precisó que "esta no es nuestra guerra. Este es un conflicto entre dos países. Ni el ejército indio ni el paquistaní son buenos para nosotros".
Andrés Pérez González