Conflicto India-Paquistán
Obsesión por las armas
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Cachemira es un polvorín. Sólo basta –al cierre de esta edición- una sorpresiva incursión militar de India en la región bajo administración de Pakistán o un desesperado atentado de los integristas musulmanes en esa disputada zona para desatar la cuarta guerra entre esas dos potencias del sur de Asia. Ambas naciones poseen armamento nuclear.
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Pese a que nominalmente tanto en Pakistán como en India hablan inglés y urdu, ambos países no parecen entenderse. Especialmente, en lo que respecta a la conflictiva zona de Cachemira.
"No tiene que haber guerra", expresa Sheikh Mahboob (60), de la aldea de Kunda Galli en la región de Azad Cachemira ("Cachemira libre"), controlada por Pakistán. Debido a los incesantes intercambios de disparos entre las tropas fronterizas indias y paquistaníes, Mahboob ya casi no escucha. Agrega que "el general Pervez Musharraf (gobernante de facto en Pakistán) tiene razón en buscar una salida a este conflicto por medio del diálogo, pero (el presidente de India, Atal Behari) Vajpayee no lo escucha".
Es la juventud la que ya no está con ánimo de seguir intentando soluciones negociadas. "Teniendo en cuenta la obstinación del gobierno indio, no veo ninguna salida a través del diálogo", confiesa Mohamed Younas (30), del mismo pueblo.
Del lado indio, en Jammu-Cachemira, las versiones también son encontradas. El granjero Ishwar Das (80) comenta que "no está en él decidir, pero la guerra nunca es algo bueno"; mientras, su cuñada Prakasho Devi (75) precisa que "si no se detiene el terrorismo, ¿cómo se evita una guerra? Nosotros estamos en guerra".
Ellos engrosan las 60 mil personas que han debido abandonar sus hogares en Cachemira –región de mayoría musulmana- y buscar refugio lejos de la Línea de Control, como se denomina a los tres mil kilómetros fronterizos que dividen Pakistán e India (ver recuadro). Desde su independencia de Gran Bretaña en 1947, los dos países han protagonizado tres conflictos bélicos.
POLVORIN
La situación en el sur del Asia prosigue "altamente explosiva", debido precisamente a la calidad de potencia nuclear de ambos países. Según la edición del 2 de enero del rotativo paquistaní Dawn, no se descarta una invasión focalizada de Nueva Delhi a "Cachemira libre" para mejorar su punto de maniobra en caso de futuras negociaciones de paz con Islamabad.
No obstante, intentos de acercamiento se presenciaron esa misma jornada. Los ministros de Exteriores de ambas partes se estrecharon las manos y sonrieron en vísperas de un encuentro de la Asociación para la Cooperación Regional en el Sur del Asia (Saar, por sus siglas en inglés), programado para el primer fin de semana de enero en Katmandú, Nepal. Al cierre de esta edición, existen escasas probabilidades de una reunión entre Musharraf y Vajpayee, quienes estaban presentes en esa ciudad.
A pesar del tibio acercamiento, la violencia no cesa. Un supuesto militante integrista detonó ese 2 de enero dos granadas en las afueras del parlamento regional de Srinagar (Jammu-Cachemira), hiriendo a 24 personas y ocasionando la muerte a un policía indio.
En las últimas semanas, los enfrentamientos han cobrado varias decenas de víctimas fatales -entre soldados de ambos bandos, combatientes pro-pakistaníes, civiles y menores-, que se agregan a las 35 mil personas que han muerto desde 1989, cuando se inició la insurrección musulmana en la Cachemira india.
Ese "tira y afloja" entre India y Pakistán ensombrece la renovación del compromiso bilateral para no atacar instalaciones nucleares del vecino país, actualizada por décimo año consecutivo el primer día del 2002. Esa ratificación ocurre en medio de acusaciones de Islamabad, respecto a que la "concentración de tropas indias en la región de Cachemira excede con creces lo visto en el pasado" (de acuerdo al diario paquistaní The Nation, India realizaría además ejercicios militares a partir de la semana del 7 de enero).
Un editorial del prestigioso The Washington Post, fechado el pasado 30 de diciembre, acusa a Nueva Delhi de llevar a cabo una "escalada" de violencia, utilizando la movilización de tropas y armamento, el retiro de diplomáticos, cierre de fronteras y la evacuación de miles de civiles del área en conflicto inmediato, para maximizar su presión contra Islamabad.
El gobierno indio ha responsabilizado a su homólogo paquistaní de apoyar las acciones terroristas de los grupos fundamentalistas separatistas que combaten en Jammu-Cachemira. Y específicamente de haber estado en conocimiento del atentado al Parlamento indio, que el pasado 13 de diciembre dejó finalmente un saldo de 14 muertos, incluyendo a los cinco militantes integristas.
Anteriormente, en el último 1 de octubre, 38 personas murieron en un atentado con similares características perpetrado contra la asamblea legislativa en Srinagar, en la Cachemira bajo control de Nueva Delhi.
El gobernante paquistaní, Pervez Musharraf, ha rechazado las acusaciones. Dice que su país sólo brinda apoyo "moral y político" a la causa de los separatistas, llamándolos "luchadores de la libertad". Desde hace cinco décadas, Islamabad manifiesta la intención de que se realice una consulta popular en la Cachemira india para decidir su anexión al régimen musulmán. Nueva Delhi cree que la solución se halla exclusivamente en negociaciones bilaterales.
Mientras, Islamabad también traslada un fuerte contingente militar a esa frontera. La revista especializada de defensa Jane’s precisó que un tercio del total del 1.2 millón de efectivos indios está estacionado permanentemente en la convulsionada Cachemira. A juicio de expertos, hace 15 años que no se presenciaba un desplazamiento ni concentración similar de tropas.
BELICOSIDAD
Las estadísticas de pertrechos bélicos en esa región son decidoras. Nueva Delhi dobla a Islamabad en cuanto a efectivos militares, al número de tanques (cinco mil contra 2300 carros blindados) y a los aparatos de combate aéreos (700 contra 350, respectivamente).
Según Jane’s, Pakistán espera en estas semanas la llegada de la primera de las dos series de la última generación de aviones de combate chinos F-7. Este nuevo tipo de caza presenta un diseño actualizado del MIG-21; circuitos electrónicos superior a la aeronave J-7PG; y un motor más poderoso que el reciente invento de la Fuerza Aérea Paquistaní, el F-7MP "Skybolt".
El escenario de preguerra se hace aún más frágil con los mil millones de habitantes que posee India. De igual forma Pakistán, si bien no es tan poderoso como su rival, es una clara potencia en el mundo musulmán, que también alcanza a los mil millones de seguidores de Alá. Además, un quinto de la población de este planeta viven en esos dos países, generando bienes y servicios por 500 mil millones de dólares.
Lamentablemente, la política y la diplomacia no se despegan de ese nocivo ánimo de guerra, que es alimentado por los infaltables sectores intransigentes de cada país. "Hemos llegado al límite de nuestra tolerancia", declara Vajpayee, amenazante, a los pocos días de cometido el atentado contra el Parlamento indio. Y en un tono claramente combativo advierte que India "no espera que otros peleen por ella".
El semanario The Economist denuncia que "las presiones para que el mandatario indio desencadene un conflicto bélico deben ser fuertes. Su partido, Bharatiya Janata (BJP), es halcón por instinto".
George Fernandes, ministro de Defensa indio, tampoco quiso quedar ausente del torbellino de declaraciones prebélicas. "Podemos recibir un ataque y después volver a atacar. Pakistán estará finiquitada. Realmente no temo que una salida nuclear figure en un conflicto", asevera recientemente al matutino Hindustan Times.
Analistas militares, consultados por el diario británico The Times, puntualizan que en caso de una guerra convencional, las fuerzas de Nueva Delhi obtendrían rápidas victorias; en ese caso, Islamabad utilizaría como último recurso la bomba atómica.
"Toda persona en su sano juicio rechazaría la opción militar. Espero que no lleguemos a ese extremo", expresa en un tono liberal y moderado el general Musharraf. "Sin embargo, Pakistán ha adoptado todas las medidas para responder si es necesario. Si se le impone una guerra, Pakistán, sus Fuerzas Armadas y sus 140 millones de habitantes, están preparados para hacer frente a todas las consecuencias", estima.
PRAGMATISMO
Considerado un "paso en la dirección correcta" por el ministro de Exteriores de la India, Jaswant Singh, el mandatario paquistaní puso bajo arresto domiciliario el pasado 30 de diciembre a Hafiz Mohamed Saeed -líder del grupo fundamentalista Lashkar-e-Taiba ("Ejército de los puros")-, anteriormente a Maulana Azhar Masood –de Jaish-e-Mohamed ("Ejército de Mahoma")- y a otros 100 sospechosos de actividades contra intereses indios. Los dos grupos están estrechamente vinculados al poderoso Servicio de Inteligencia Interna (ISI), dependiente de Islamabad.
Estados Unidos y su gobernante han evidenciado una voluntaria ausencia, negándose hasta el cierre de esta edición a involucrarse más activamente en esta crisis. Sus altos funcionarios sólo se han limitado a conversar telefónicamente con las respectivas partes. Pero las amenazas bélicas no paran y continúa el temor de que cualquier "desinteligencia" de Nueva Delhi o Islamabad gatille el inicio de una guerra nuclear.
El especialista de la Universidad de Texas, Sumit Ganguly, precisa que es necesario el envío de una misión especial que posibilite "un acercamiento entre India y los sectores no violentos de Cachemira". El objetivo, asegura Ganguly, sería lograr una autonomía real de esa zona, permaneciendo bajo bandera india.
El Pentágono, en cambio, tiene puestos sus ojos en los movimientos de tropas que pueda ordenar Pakistán desde la frontera con Afganistán hacia la tensa Línea de Control con India, posibilitando así la huída de los restantes voluntarios de Al Qaeda y los sobrevivientes del régimen talibán.
Mientras aún está fresca la horrorífica imagen de Hiroshima y Nagasaki, el último tren desde Nueva Delhi hacia Lahore, en Pakistán, comienza su marcha el último día del 2001, debido al cierre de las comunicaciones terrestres entre ambos países. Suena paradójico, pero el ferrocarril es conocido como Expreso Samjhota, que significa "entendimiento".
Andrés Pérez González
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(RECUADRO) CACHEMIRA: EL CONTROL DEL AGUA
La región de Cachemira, de mayoría musulmana, está dividida en tres partes: India administra un 46%, conocido como provincia de Jammu-Cachemira con capitales en Srinagar y Jammu. Un 35% está controlado por Pakistán con el nombre Azad Kashmir ("Cachemira Libre"), cuya capital se ubica en Muzzafarabad, y el 19% restante se anexa a China, tras la guerra contra India en 1962 y a acuerdos con su aliado Pakistán. Entre la parte india y paquistaní se halla la Línea de Control, delimitada después del Acuerdo de Simla en 1972. Cachemira, con unos 14 millones de habitantes, posee pocos recursos minerales y su riqueza consiste en el control de las aguas fluviales que riegan Pakistán desde el Himalaya.
A.P.G.