Escándalo de fondos alemanes salpica a Chile

En 1974, el Bundestag (parlamento) acordó que cada colectividad enviaría recursos hacia sus "partidos hermanos" en aquellos países que iniciaban un proceso de transición después de períodos autoritarios o que atravesaban etapas de represión política, según publica hoy el diario alemán Die Welt.

Andrés Pérez González

FOTO: Helmut Kohl: el ex canciller admitió la existencia del "sistema BND", el uso de recursos del servicio secreto alemán, y dijo recordar una caja fuerte en Suiza que contenía documentos donde se detallaba la procedencia, destino y uso de esos dineros.

 

El escándalo de financiamiento ilegal que estremece desde noviembre pasado al mundo político en Alemania terminó, finalmente, por salpicar a Chile. Según publica en su edición de hoy el influyente diario Die Welt, nuestro país se cuenta entre las cuatro naciones que recibieron, a partir de 1975 y hasta 1982, más de 26 millones de dólares enviados desde Alemania a través de los principales partidos políticos: la CDU (demócratacristianos) y el SPD (socialdemócratas).

El caso se conoce como los "fondos reptiles". Bajo el gobierno del canciller socialdemócrata Helmut Schmidt, el Bundestag (parlamento) acordó que cada una de las agrupaciones con representación legislativa enviarían recursos hacia sus "partidos hermanos" en aquellos países que iniciaban un proceso de transición después de períodos autoritarios o que precisamente atravesaban etapas de represión política. España tras la muerte del general Francisco Franco (1975), Portugal después de la revolución de los claveles (1974), Turquía, y Chile, durante el régimen del general (R) Augusto Pinochet.

Y aunque aún se desconoce cómo se repartieron los recursos entre esos cuatro países así como el destino que el dinero tuvo a nivel local, la revelación -hecha la semana pasada por el diario Sueddeutsche Zeitung-, cobró ribetes de escándalo.

Los recursos fueron tomados del presupuesto del Bundesnachrichtendienst (BND, el servicio secreto alemán) a instancias del entonces Secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger. El encargado de Richard Nixon para la política exterior visitó el parlamento alemán y explicó su petición: Estados Unidos deseaba evitar, a toda costa, el fortalecimiento de los comunistas en esos países, y solicitaba la ayuda de su aliado, Alemania.

Y si bien los círculos políticos germanos no cuestionan la existencia en si misma de esos fondos, sí ha pasado a ser un escándalo el destino final de esos millones de marcos. Según fuentes del BND, un 50 por ciento de los recursos asignados a la CDU no llegaron nunca a Chile o Portugal, sino que fueron depositados en una cuenta secreta en Suiza. Esos dineros, se presume, habrían vuelto luego a Alemania para ser utilizados en sus propias campañas políticas.

Según los propios partidos, los recursos eran entregados en efectivo por el BND. El rastro de la ayuda, sin embargo, se pierde ahí, porque según Die Welt no existió ningún tipo de control respecto a quién se entregaban los fondos y en qué objetivos eran usados. Una fuente del BND, sin embargo, contradice esa versión, y asegura que fueron los mismos hombres del servicio secreto quienes mediaron entre los partidos en Alemania y sus "hermanos" en el extranjero.

El ex canciller alemán, Helmut Kohl, admitió la existencia del "sistema BND", y dijo recordar una caja fuerte en Suiza que contenía documentos donde se detallaba la procedencia, destino y uso de esos dineros.

LOS AÑOS '80

Y si bien el caso se había circunscrito a la década de los '70, el testimonio de uno de los implicados en el escándalo de financiamiento ilegal de la CDU encendió aún más la mecha. Uwe Lüthje, ex tesorero general del partido, aseguró a Die Welt que los fondos del BND fueron reemplazados, apenas asumir Kohl el '82, por dineros del Servicio Exterior alemán. Kohl desconfiaba del servicio secreto, y para mantener la operación en secreto destinó directamente fondos del gobierno para mantener la ayuda financiera hacia algunos de esos países. De estas platas, las de los '80, aún no existen detalles de su monto y destino final.

El SPD, sin embargo, admitió que todos esos recursos fueron canalizados íntegramente para su uso hacia la fundación política Friedrich Ebert, presente en Chile y en los otros cuatro países. La actual tesorera del partido, Inge Wettig-Danielmeier, aseguró que la Fundación mantiene aún los recibos de esos dineros.

Lo que la CDU hizo con la ayuda internacional, sin embargo, es aún un misterio. La Fundación Konrad Adenauer, entidad independiente ligada a la Democracia Cristiana alemana, negó haber recibido esos fondos. Hans Blomaier -encargado de la fundación en Chile-, aseguró a La Tercera que ese organismo sólo recibe aportes del Ministerio de Cooperación Económica de Alemania y que la ley germana le impide utilizar los recursos para otro fin que no sea la formación política, menos aún financiar a otros partidos en el extranjero. La Fundación Adenauer, presente en Chile desde 1967, ha sido históricamente nexo entre los DC de Chile y Alemania desde la estrecha cooperación que existió entre ambos partidos durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva.

 

La otra vía de la "solidaridad política"

La colaboración de los partidos europeos a sus similares en Chile no es nueva. Durante la década del '80, bajo el concepto de "solidaridad política" con las colectividades opositoras al régimen militar, el líder del Partido Socialista Italiano, Bettino Craxi, envió fondos al Partido Socialista renovado -entonces separado de la corriente más ortodoxa que lideraba Clodomiro Almeyda- y a la Democracia Cristiana.

Los fondos se entregaban esencialmente a través de acuerdos de cooperación suscritos con organizaciones no gubernamentales (ONG), las que servían de puente para el traspaso hacia los partidos. La misma ruta se utilizó para financiar medios de comunicación contrarios al gobierno de Augusto Pinochet, como las revistas Apsi y Análisis y, posteriormente, el diario Fortín Mapocho.

Entre 1985 y 1989, desde Italia llegaron a Chile unos US$ 46 millones, según cifras que publicó en la época la revista Qué Pasa. Los recibieron entidades vinculadas a la Democracia Cristiana y el PS renovado. Como contraparte, el grupo de Almeyda -además de la cúpula del Partido Comunista chileno- acudieron a la Unión Soviética y a la desaparecida República Democrática Alemana.

Más que la institucionalidad de los partidos, quienes conseguían los fondos eran militantes destacados, quienes habían generado importantes vínculos con dirigentes europeos, en los años de exilio.

En julio de 1994, esos vínculos remecieron a las colectividades chilenas. Un exhorto de la justicia italiana llegó en esa fecha, con el propósito de aclarar el destino de dineros enviados desde Roma a entidades chilenas. El libelo, firmado por el juez Vittorio Paraggio, solicitaba las declaraciones de varios chilenos para aclarar delitos de malversación de fondos fiscales italianos. En Chile, varios dirigentes del PS renovado debieron prestar testimonio por esa vía, pero la investigación de la justicia romana no arrojó resultados concluyentes en contra de dirigentes chilenos.

publicado en La Tercera

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