Campaña electoral en EE.UU.

Bajo el signo del padre

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George W. Bush está preocupado. Y no sólo por la seguidilla de triunfos de John F. Kerry en el proceso de primarias del Partido Demócrata y, por cierto, sus heroicas credenciales de ex combatiente de Vietnam. Como le ocurrió a su padre tras la Guerra del Golfo, tímidamente resuena eso de “it is the economy, stupid”.

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Ni siquiera el “Capitán América” apoya a la actual Administración Bush. El héroe de historietas que usa un traje con los colores de la bandera de Estados Unidos, y que apareció por primera vez en 1941 venciendo al mismísimo Adolf Hitler, ha decidido dar la espalda a los neoconservadores alojados en la Casa Blanca.

Así, en el último número de esa serie, el “Centinela de la Libertad” es reclutado por el Departamento de Seguridad Nacional de su país para supervisar la situación de los prisioneros de Guantánamo, la base militar estadounidense en territorio cubano, donde en la realidad permanecen –sin procesos judiciales de por medio– unos 600 extranjeros ligados a Al Qaeda, aún después de dos años de la caída de los Talibán en Afganistán.

En esas circunstancias, debe lidiar con malhumorados marines y luchar por los derechos de esos detenidos. Todo un golpe al patrioterismo estadounidense, atrincherado en el ala dura del oficialista Partido Republicano.

El progresivo y firme avance de la candidatura de John F. Kerry, quien lidera holgadamente el proceso de primarias del Partido Demócrata, sus espectaculares credenciales como veterano de Vietnam y la favorable cobertura mediática de su precampaña, obligaron –en definitiva– a que George W. Bush haya bajado de su pedestal presidencial.

En las recientes semanas de febrero, Bush y su comitiva han interrumpido su programa en varias ocasiones para realizar visitas “espontáneas” a algún grupo de ciudadanos reunidos en restaurantes. Según observadores locales, esa nueva estrategia es una reminiscencia de la campaña presidencial del 2000, cuando el entonces gobernador de Texas se dejaba caer en esos lugares para obtener mayor exposición entre el ciudadano medio. “Es una buena oportunidad para visitar a los estadounidenses y obtener algo de buena comida”, fue la explicación del vocero presidencial, Scott McClellan.

 

MEET THE PRESS

 

A todas luces el actual presidente estadounidense no se lleva bien con los periodistas. Más aún si éstos cumplen su labor y son incisivos. En una inusual entrevista al programa dominical Meet the Press, de la cadena televisiva NBC, Bush quedó bastante mal parado –cuando faltan nueve meses para los comicios presidenciales– al atender las consultas de Tim Russert.

“Tengo una visión sobre lo que quiero hacer por el país. Sé exactamente adónde quiero llevarlos: quiero llevar este mundo hacia más paz y libertad”, postuló el siempre controvertido gobernante, quien hace frente a un momento de baja popularidad y al ascenso en los sondeos de los demócratas.

Dijo, además, que aunque no se hayan encontrado armas de destrucción masiva en Irak, Saddam Hussein tenía la capacidad de fabricarlas: “Averiguaremos qué fue de las armas que creíamos que estaban allí, porque podrían haber sido destruidas en la guerra o estar escondidas, o haber sido transportadas a otro país”.

Al ser consultado por Russert por qué los votantes estadounidenses debían reelegirlo, considerando que bajo su Administración se han perdido 2,2 millones de empleos y un inicial superávit presupuestario ha mutado a un déficit récord de 521 mil millones de dólares, Bush adujo que él había heredado el desplome bursátil y que los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la guerra de Irak sometieron a la economía estadounidense a un “tremendo stress”. Manifestó, de todos modos, que la recuperación estaba en camino.

Respecto al ex jerarca iraquí reiteró que “Saddam era peligroso, no iba a dejarle en el poder y confiar en un loco”. Russert no dejó escapar la ocasión y le aclaró al presidente que “hay otros (locos) en el mundo, como Fidel Castro, el dictador de Corea del Norte... ¿Por qué Irak?”. Ya con ligera incomodidad, Bush aseguró que en Irak “habíamos agotado la presión diplomática”.

Por otro lado, el gobernante de la hiperpotencia dijo apreciar el optimismo de quienes creen que está pronta la detención del mítico Osama Bin Laden, cabecilla de la red integrista Al Qaeda.

El politólogo Lawrence Reardon, de la Universidad de New Hampshire, declara a Ercilla que “los estrategas electorales están atentos a la ‘sorpresa’ de octubre. Y si Bin Laden es capturado, esto ayudará ciertamente a las esperanzas de reelección de Bush. De todos modos, la captura de Saddam Hussein le dio sólo un brío momentáneo”.

Desde la  Universidad de San Francisco, el cientista político Stephen Zunes también responde las consultas de esta revista: “Yo asumo que Bin Laden será capturado o muerto tan pronto como sea localizado. Pese a que su detención catapultará las posibilidades de Bush, ésta no será necesariamente decisiva”.

El mencionado round entre Bush y Russert prosiguió: ¿Ha sido ésta una guerra por elección o por necesidad?, le espetó el entrevistador de Meet the Press. “¿Cómo por elección? ¡Por necesidad!”, contestó ya irritado Bush.

 

EN PROBLEMAS

 

El experto electoral estadounidense Larry Sabato asegura que “ése no era un jefe del Ejecutivo seguro y confiado de sí mismo, el que vimos en Meet the Press el pasado domingo (08). Este era claramente un presidente a la defensiva en asuntos serios, tanto de política exterior como doméstica”.

En las conservadoras páginas de Wall Street Journal, Peggy Nooman –escritora de discursos para Ronald Reagan– reconoció el pasado 9 de febrero que el político texano presentó una imagen “cansada, insegura y a menudo torpe”, además de ofrecer “respuestas repetitivas que cuando trataba de clarificar, empeoraban”.

Ya un reciente sondeo de la consultora Gallup detalló que un 55% de los estadounidenses tiene “reservas” sobre el actual presidente y sólo un 44% confía en su capacidad como dirigente.

Tímidamente el alineamiento detrás de Bush parece desmoronarse. Bill O’Really, presentador estrella de la cadena de televisión Fox News, también tuvo que reconocer su escepticismo respecto a la Administración Bush, dando además disculpas por su apoyo –antes del conflicto en Irak– a las denuncias de existencia de armas de destrucción masiva.

“Yo estaba equivocado. Esto no me agrada del todo, pero creo que todos los estadounidenses debieran estar también preocupados”, agregó O’Reilly, aunque aclaró –en esa entrevista a Good Morning America de ABC– que no cree que el presidente haya mentido intencionalmente. Sus dardos los dirigió, eso sí, contra George Tenet, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), quien está en ese puesto desde el gobierno de Bill Clinton. “Yo no sé cómo Tenet aún está en ese trabajo”, aseveró.

En un artículo publicado el pasado 12 de febrero en el rotativo catalán La Vanguardia, William Polk –funcionario de Washington durante la Administración Kennedy– puntualizó que “el problema no es que la CIA se equivocara, sino que fuera sustituida. Fue sustituida por una nueva oficina creada para que proporcionara más ‘apoyo’ a la ya decidida dirección política. Esta Oficina de Planes Especiales se creó bajo la égida del vicesecretario de Defensa Paul Wolfowitz y el subsecretario Douglas Feith. A las órdenes de Stephen Cambone, subsecretario de Defensa para Asuntos de Inteligencia y el hombre que tomó la iniciativa en la campaña para justificar el ataque contra Irak, Abraham Shulsky, uno de los más importantes pero menos conocidos miembros de la pequeña banda de neoconservadores”.

La notoria inquietud republicana contrasta con el creciente entusiasmo entre los simpatizantes del Partido Demócrata, imbuidos por la consigna Anybody but Bush (cualquiera menos Bush).

John Samples, especialista en elecciones del Cato Institute (think tank estadounidense de pensamiento ultraliberal), manifiesta a Ercilla que “ciertamente la base demócrata está dispuesta a votar por cualquier demócrata menos a Bush. Pero ese grupo de votantes representa sólo el 20% del electorado. La población estadounidense está equitativamente dividida en tres grupos: demócratas, republicanos y gente que no se preocupa mucho de política. Este tercer grupo puede decidir la elección, basado en la salud de la economía. Ese es el porqué Bush puede probablemente ganar”.

El ya mencionado experto Larry Sabato tiene una opinión diferente: “Bush está en problemas. Es difícil decir con exactitud cuán grave es su problema, pero la ausencia de armas de destrucción masiva, la continua muerte de tropas estadounidenses en Irak, la vacilante recuperación y todo el resto de infortunios del presidente, han puesto a este Bush contra las cuerdas en un año electoral”.

 

VIETNAM

 

Por si fuera poco, Bush ha tenido que defender su limitado expediente militar como piloto de la Guardia Nacional en la reserva en Texas. Esto frente al heroico historial en Vietnam del senador por Massachusetts John F. Kerry, principal precandidato demócrata.

Ante las acusaciones de que por vínculos políticos-familiares logró evadir gran parte de su servicio militar en 1972, el gobernante del país más poderoso del planeta insistió en que cumplió con su obligación: “si mi unidad de la Guardia Nacional hubiera sido activada, yo también hubiera ido a Vietnam”.

En la anterior campaña presidencial, este caso tuvo poca repercusión cuando el diario The Boston Globe publicó una investigación en la que advertía de la inexistencia de pruebas de que Bush hijo se haya presentado para la instrucción entre mayo de 1972 y octubre de 1973.

En un memorando solicitado por la Casa Blanca, el teniente coronel Albert Lloyd, experto en personal de la Guardia Nacional, aseguró que el mandatario recibió 56 puntos anuales (se requieren 50) y “completó su obligación militar de una manera satisfactoria”. Incluso, habría sido dado de baja con honores.

Nuevamente Scott McClellan, vocero de la Casa Blanca, intentó blindar a su jefe político. Respecto al hecho, difundido en la prensa local, de que nadie dentro de la Guardia Nacional se acuerda de Bush, este alto funcionario adujo que “estamos hablando de hace unos 30 años”.

 

KERRY

 

Así las cosas, J.F. Kerry continúa en línea recta –por ahora– su ascenso a Washington. Al retiro de otro de los competidores demócratas, el abanderado de los Clinton, el general retirado Wesley Clark, se suman los recientes triunfos de Kerry en las primarias de Tennessee y Virginia, obteniendo un 52% y 41% de las preferencias en los respectivos “caucus” (asambleas partidistas). El senador por Carolina del Norte John Edwards lo escoltaba con un 27 y 26%, respectivamente, mencionándose ya su nombre para la vicepresidencia.

Sucesivamente, este veterano de Vietnam ha ganado en 12 de los 14 estados donde se han realizado primarias. Cuando el desaliñado fenómeno Howard Dean se bate en aparente retirada, Kerry aparece francamente imparable.

Y es que –apuntaba en un reciente reportaje el semanario alemán Der Spiegel– Missouri, Arizona, Dakota del Norte, Delaware y Nuevo México representan “un microcosmos de la pluralidad étnica y social de Estados Unidos. El hecho de que lleve la delantera sin distinción en esos estados hace a Kerry el único candidato con atractivo nacional”.

El próximo caucus, a realizarse este 17 de febrero en Wisconsin, constituye un trampolín al definitorio “supermartes” del 2 de marzo, cuando se decidirán los 1151 delegados en los estados de California, Nueva York, Ohio, Georgia, Maryland y en otros cinco más. Para resultar nominado, en el congreso partidista a efectuarse en julio, el abanderado necesitará al menos unos dos mil representantes.

Muchos dirigentes demócratas ya reconocen que Kerry se posiciona como el candidato de consenso que impulsará, luego, el bloque anti-Bush. Hay evidencia considerable, dijeron asesores de campaña demócratas a The New York Times, que los simpatizantes de ese partido están votando por Kerry aun cuando no simpatizan en especial con él y no están de acuerdo en algunos temas.

“Ahora John F. Kerry se ha convertido en John ‘L.’ Kerry, con un ‘L’ de Lázaro. Al margen del milagro religioso, ¿cómo lo hizo? Con otra ‘L’ de ‘luck’ (suerte en inglés) –explicita siempre en su estilo el experto electoral Larry Sabato–. Sí, él es experimentado, entiende los matices de la política y tiene un gran historial de vida. Pero la habilidad de Kerry para escoger el momento oportuno ha sido impecable. El creció mientras (Howard) Dean caía”.

 

LA ESTRATEGIA DE BUSH

 

A partir de marzo, los estrategas para la reelección de Bush tienen previsto lanzar una serie de spots televisivos que criticarán a su rival demócrata, presuntamente Kerry.

El ya citado cientista político de la Universidad de New Hampshire, Lawrence Reardon, expresa a esta revista que la campaña electoral republicana buscará presentar “un presidente de (tiempos de) guerra, que necesita tomar decisiones difíciles. La economía es fuerte, Estados Unidos es fuerte, y por eso hemos sido exitosos en Irak y en el mundo. El usará decenas de millones de dólares en estados claves como Florida, Missouri, New Hampshire y Virginia para convencer a sus electores de que John Kerry es un liberal de Massachusetts, que aumentará los impuestos de la gente... otro Michael Dukakis, el nominado demócrata en 1988 que fue derrotado por su padre”.

El también mencionado Stephen Zunes, politólogo de la Universidad de San Francisco, dice que la estrategia de Bush intentará “hacer ver al candidato demócrata, probablemente el centrista Kerry, como un izquierdista; exagerará las realizaciones de su Administración y dará a entender que las críticas a la política exterior de Bush constituyen una falta de patriotismo”.

En entrevista con The Angeles Times, aparecida el pasado 9 de febrero, el jefe de campaña de Bush, Ken Mehlman, reconoció que apuntarán al historial de votos en el Senado de Kerry –en el probable caso de que éste sea el abanderado opositor–, acusándolo de avalar la reducción en el gasto de Defensa e Inteligencia, y por haberse opuesto a la Guerra del Golfo en 1991.

 

¿COMO SU PADRE?

 

George W. Bush puede correr la misma suerte que su progenitor, quien luego de la victoriosa operación Tormenta del Desierto perdió en las urnas ante el entonces gobernador de Arkansas, Bill Clinton.

Recordando la famosa frase electoral de Clinton “it is the economy, stupid” (es la economía, estúpido), el politólogo Lawrence Reardon asegura que entonces había una sensación de que el otrora presidente G.H.W. Bush “estaba divorciado de la dura realidad económica. Esa fue una medida significativa de la inquietud de la gente por la economía”.

A juicio del también citado John Samples, del Cato Institute, “todo indica que para el día de la elección Bush Jr. tendrá una economía fuerte y que será reelecto con alguna distancia. El arremeterá fuerte en materia de Seguridad Nacional y dejará que el crecimiento de la economía haga el resto, mientras hace algo de ruido en favor del conservadurismo social, como su oposición al matrimonio entre gays”.

Sin embargo, y con una tasa de desempleo que alcanza el 5,6%, Bush está próximo a convertirse en el primer presidente desde Herbert Hoover (1929-1933), que durante su Administración pierde más puestos de trabajo de los que recibió al asumir. Y Hoover fue el presidente que debió lidiar nada menos que con el crash económico de 1929.

Así las cosas, y de acuerdo a la edición del 9 de febrero de The Washington Post, el actual gobierno republicano está decidido a lanzar un ambicioso plan de promoción de la democracia en el “gran Medio Oriente”. Citando a altas fuentes de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, se advierte que la hiperpotencia quiere adaptar “un modelo que se usó para la promoción de las libertades en la Unión Soviética y en Europa Oriental”.

El artículo ventilaba que “jerarcas del gobierno de Bush han comenzado conversaciones con aliados europeos claves acerca de un plan maestro que se presentará el próximo verano (boreal) en la cumbre del Grupo de los Ocho (G-8)”, de la que Bush será el anfitrión. Definitivamente, todo sea por dar un sorpresivo y certero golpe electoral.

El politólogo Larry Sabato insiste en que “dado que se espera una campaña altamente negativa, de ambas partes; los estadounidenses se familiarizarán de las debilidades de Bush y de Kerry, con demasiados detalles para un estómago estable y nervios calmados”. Ya el pasado 12 de febrero, Drudgereport –el sitio web de noticias que reveló el escándalo entre el entonces presidente Clinton y Monica Lewinsky– aseguraba que “el senador John Kerry está intentando frenar la publicación de una historia de infidelidad familiar que, según sus adversarios políticos, podría marcar su ruina”.

Por lo pronto, ventila Der Spiegel, hay rumores en Washington de que “los principales maestros de ceremonia de la Guerra de Irak, desde Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz hasta Colin Powell y Condoleezza Rice, no están dispuestos a participar en una segunda Administración Bush”. Algo es algo.

Andrés Pérez González

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