George Walker Bush
La conversión de un cowboy
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No es un ideólogo ni un intelectual. Actúa más bien por instinto y convicción. La misma que lo llevó a abandonar las drogas, el cigarrillo y el alcohol –dejando atrás una seguidilla de malos negocios petroleros– para convertirse hace más de dos años en el presidente número 43 del país más poderoso del planeta.
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“Espero que algún día encuentre su objetivo en la vida”, escribió el hoy ex mandatario estadounidense George Herbert Bush, cuando su hijo George Walker cumplía 30 años de edad y ni siquiera tenía entre sus planes ocupar la misma Casa Blanca.
Conocido familiarmente como “Junior” (un apodo que le molesta) y políticamente como “Dubya” (pronunciación tejana de la letra W, por su segundo nombre), el presidente número 43 de Estados Unidos ha sabido asumir –para sorpresa de sus opositores– el mando de la hiperpotencia.
Pero su ingreso a la política estuvo repleto de tropiezos y azares.
Ya son un lugar común sus errores en asuntos de política exterior. Como cuando confundió Eslovaquia con Eslovenia y llamó “grecianos” a los griegos porque viven en Grecia. En otro recordado incidente no escatimó en usar improperios al referirse a un periodista de The New York Times, quien lo criticaba sistemáticamente, sin darse cuenta de que los micrófonos continuaban encendidos.
Pero esos traspiés públicos le granjearon precisamente esa imagen de “hombre común y corriente”, alejado del glamour y la sofisticación de Bill Clinton, su antecesor en Washington.
Es sabido, sin embargo, que su gran pasión no era la política, sino el béisbol. “Todavía me lo reprocha, porque dice que si lo hubiera dejado ser beisbolista, hoy sería multimillonario”, aseveró a fines del 2000 papá Bush, quien tuvo que enfrentar la Primera Guerra del Golfo. Al momento de esas declaraciones George Walker ya era presidente. Eso sí –de acuerdo a las cifras oficiales–, por menos de 600 votos de diferencia con su contrincante, el demócrata Al Gore.
BILLY THE KID
Un creciente número de detractores, en todo el mundo, lo considera un “Billy the Kid: sin ley, violento, solitario y propenso a disparar primero y hacer preguntas después. Sus adherentes (por otro lado) lo ven independiente, resuelto y directo, alguien que no busca problemas, pero que tampoco escapa de éstos”, expresó Paul Burka, editor de The Texas Monthly magazine, en una reciente edición dominical de The New York Times.
“Otra imagen es la de un toro que entra a un
restauran chino: rompe todo lo que tiene a su paso. Políticamente, esto
significa alianzas, amistades, Naciones Unidas, lo que sea”, declara a Ercilla
desde Washington el experto en asuntos militares Daniel Smith, un veterano de
Vietnam.
Nació el 6 de julio de 1946 en New Haven (Connecticut), pasando luego la mayor parte de su juventud en Midland y Houston (Texas). Asistió a la prestigiosa Universidad de Yale y también a Harvard, aunque en ninguna fue un alumno destacado. Los biógrafos han dicho que sus años estudiantiles estuvieron al margen de las tensiones desatadas por la Guerra de Vietnam. Y que las influyentes conexiones familiares le permitieron ingresar a la Guardia Nacional para pilotar un avión que no participaba en el conflicto. Sus principales preocupaciones eran la vida bohemia, el cigarrillo, las drogas y el alcohol.
Sólo el matrimonio con Laura Welch vino a transformar radicalmente su vida, iniciándose en el culto metodista. Desde que cumplió los 40 años evita caer en sus antiguos vicios, acostándose temprano y practicando deporte en su rancho.
Por otro lado, su carrera como empresario fue un fracaso. Su primera compañía petrolera, “Arbusto”, casi quiebra en los setenta si no hubieran intervenido las redes de influencia de la familia, de acuerdo a antecedentes aparecidos en la prensa estadounidense. “Spectrum 7”, su segunda empresa, tenía una deuda de tres millones de dólares, cuando Harken Energy Corporation la compró y, además, lo contrató para darle empleo.
Recién cuando su padre estaba instalado en Washington, en 1989, el actual mandatario inició su acercamiento a la alta política. “Soy la oveja negra de la familia”, le dijo un día con orgullo a la reina de Inglaterra, preguntándole enseguida “¿y quién es la oveja negra de su familia?”. Ya abandonado el protocolo, la aristócrata británica sólo atinó a responder “¿a usted qué le importa?”.
La compra del equipo de béisbol The Rangers le allanó, en 1994, el camino para acceder a la gobernación de Texas y a la reelección cuatro años después. Ya era la carta segura para posicionar a los Bush como otra dinastía política en Estados Unidos.
EL PREDICADOR
No es ningún secreto que el actual presidente acostumbra iniciar las reuniones de su gabinete con una plegaria y que tan sólo el fiscal general, John Ashcroft, le supera en la devoción cristiana. Notoriamente, su oratoria se asemeja además a la de un predicador.
“He visto en el pasado presidentes que usan la religión como un gancho político, pero eso no es lo que estamos presenciando –manifestó en una reciente edición de The New York Times David Gergen, funcionario en los gobiernos de Nixon, Ford, Reagan y Clinton–. Ha dejado en claro que él siente que la Providencia intervino para cambiar su vida y ahora él es, de alguna manera, un instrumento de la Providencia”.
Chalmers Johnson, autor de “Los costos y consecuencias del Imperio Americano”, aseveró incluso que el elemento religioso está presente para “cubrir el militarismo a ultranza”, refiriéndose al creciente presupuesto militar impulsado por la actual administración republicana.
A juicio de Nicholas Kristoff, columnista del mencionado diario neoyorquino, es “imposible entender al presidente Bush sin reconocer la centralidad de la fe (en su vida). Incluso, puede haber un elemento de mesianismo en el plan de invadir Irak y ‘rehacer’ el Medio Oriente”.
La mayoría de los expertos han concordado en que George W. Bush no es un ideólogo ni un intelectual, sino alguien que actúa por instinto. Los espectaculares atentados del 11 de septiembre de 2001 –cuando aún no cumplía un año en la Casa Blanca– pareciera que lo llevaron, en definitiva, a pavimentar la “Pax Americana”.
A.P.G.