Chile-Bolivia
Sed de soluciones
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La Cancillería cree estar haciendo bien las cosas, sin descuidar la insistente ofensiva diplomática de La Paz por multilateralizar el conflicto. ¿Es Chile el nuevo Israel de América del Sur?, se preguntan algunos en la región.
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El reciente nombramiento de Emilio Ruiz-Tagle como nuevo cónsul general de Chile en Bolivia –poniendo término a los diez meses en que permaneció oficialmente acéfala la sede diplomática en La Paz– constituye una señal de acercamiento al débil gobierno de Carlos Mesa. No obstante, Ricardo Lagos puntualizó que éste no puede interpretarse como un “gesto” al vecino país.
Lo que sí está claro es que el gobierno chileno intentó dar un paso adelante ante la contundente ofensiva diplomática impulsada desde Palacio Quemado. El pasado 27 de enero, su ministro de Relaciones Exteriores, Juan Ignacio Siles, dio a conocer que el país altiplánico estaba “buscando los buenos oficios necesarios” para concretizar un eventual encuentro entre Mesa y Lagos.
Las palabras de Siles fueron inmediatamente calificadas por la Cancillería como “difusión propagandística”, destinadas al “consumo interno boliviano”, expresó el ministro subrogante Cristián Barros, puesto que pareciera que el mandatario chileno “jamás ha conversado con su par de Bolivia”. Aparentemente quedó en un saco roto la envalentonada propuesta presidencial, anunciada en la borrascosa Cumbre de Monterrey, de entablar “relaciones diplomáticas aquí y ahora”.
Por su parte y desde su cargo de vicepresidente, José Miguel Insulza llamó a “dejar de lado la pirotecnia para rearticular las relaciones chileno-bolivianas”.
Barros recordó, de todos modos, que en el próximo encuentro de vicecancilleres, programado para el 16 y 17 de febrero en Santiago, no existe tema tabú para tratar en la agenda.
Así las cosas, el pasado 29 de enero la ofensiva altiplánica llegaba al Vaticano, donde se presentaron los antecedentes históricos que originaron su condición de mediterraneidad. “Hicimos lo mismo que hizo Chile”, manifestó el encargado de la diplomacia boliviana, refiriéndose a una gestión anterior realizada por el embajador chileno en la sede pontificia, Máximo Pacheco, quien salió al paso de una incómoda nota aparecida en el diario Il Obsservatore Romano. “La ofensiva diplomática chilena también es multilateral a pesar de que reivindican el carácter bilateral”, resaltó por su parte Siles.
¿”ESTADO FALLIDO”?
Pero la grave crisis interna de Bolivia acrecienta la tensa espera que mantiene la administración Lagos. Según el analista en Defensa y asuntos latinoamericanos Rosendo Fraga, en un artículo aparecido en La Prensa de Argentina, el país altiplánico está al borde de convertirse en “el primer Estado fallido de América del Sur, dado que una nueva insurrección puede producir el colapso de la autoridad estatal en todo el territorio”.
Esa alerta tomó mayor relevancia ante la declaración de la Central Obrera Boliviana de convocar a una nueva huelga general indefinida en los próximos veinte días, en caso de que el presidente boliviano siga adelante con sus medidas de ajuste y no ceda a las reivindicaciones sociales que tumbaron, en octubre pasado, a Gonzalo Sánchez de Lozada.
Por su parte, el máximo dirigente del poderoso Movimiento al Socialismo, Evo Morales, denunció –el pasado 29 de enero– una conspiración orquestada por los adherentes de Sánchez de Lozada y apoyada por Estados Unidos. “Están pensando en un golpe de Estado”, aseveró Morales, precisando que el objetivo sería destituir al gobierno de Mesa para evitar otra eventual derrota en las elecciones municipales de este año y en las presidenciales del 2007.
En esas tormentosas relaciones político-diplomáticas, Morales prosigue con su campaña de boicot a los productos provenientes de Chile y su provocativa acusación de que Santiago es el “nuevo Israel de América del Sur”.
En ese escenario, la Dirección de Exportaciones de La Paz informó a mediados de enero que el saldo comercial sigue siendo favorable a Chile en unos 350 millones de dólares.
A la reciente rectificación del presidente mexicano, Vicente Fox, diciendo que no se había ofrecido a mediar en este conflicto, se agrega por otra parte la ratificación peruana del carácter bilateral de esta controversia, que fue nuevamente respaldada por Washington.
Mientras La Moneda espera que los acontecimientos se desenreden, la cuenta regresiva parece amenazar peligrosamente al gobierno de Carlos Mesa.
A.P.G.