Bolivia
Añejas rencillas
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Mientras la protesta social pareciera resurgir en Bolivia, el mandatario Carlos Mesa se muestra partidario de una cumbre entre Perú, Chile y Bolivia para solucionar presuntos problemas trilaterales.
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Bolivia continúa –penosamente– su trayecto para convertirse en un “Estado fallido”. Y esto, de acuerdo a varios analistas internacionales, porque nada sustancial ha ocurrido que cambie ese presagio.
En una reciente entrevista con TVN y respecto a la decisión de las autoridades altiplánicas de no vender “una molécula de gas” a Chile, el mandatario Carlos Mesa reivindicó la voluntad soberana de su país para “establecer a quien le vende y a quien no sus recursos naturales. Y, por supuesto, se trata de un contexto histórico, aquí no se ha producido un exabrupto a partir de la nada, se ha producido una decisión que está referida a los últimos acontecimientos que ha vivido mi país y a una larga historia, lamentablemente, de desencuentros entre Chile y Bolivia a partir de la guerra de 1879”.
Así las cosas, la más que centenaria reivindicación histórica boliviana por la pérdida de acceso a la costa del Pacífico continúa desatando las ambiciones de las élites de turno.
Mesa anunció con fuerza su deseo de convocar a una cumbre entre su país, Perú y Chile para limar las recientes asperezas, intentando dar solución a los presuntos problemas limítrofes pendientes.
El mandatario reconoció que su planteamiento tiene como base “un espacio que tenga continuidad territorial, que por supuesto sea soberano, que tenga acceso al mar y sea útil”. Es decir, valida como propuesta mínima el corredor negociado bilateralmente en 1975 entre Augusto Pinochet y Hugo Banzer.
En la misma entrevista enfatizó que Chile, Perú y Bolivia son países complementarios, cuyo destino debe ser común. Y es en ese contexto que Chile estaría obligado a abordar la reivindicación boliviana.
“CALMANTE”
En todo caso, existen voces críticas desde los mismos sectores radicalizados altiplánicos. El diputado aimara Felipe Quispe, del Movimiento Indigenista Pachakuti, comenta a Ercilla que esa reivindicación “siempre la han utilizado como punta de lanza para concientizar a la población boliviana. Todos los políticos que han pasado por el Palacio de Gobierno siempre han manejado el tema del mar, y ahora mismo se está manejando, así que no va haber ningún tipo de reivindicaciones marítimas, sino que simplemente es un calmante que se inyecta a la población”.
También en declaraciones a esta revista, el cada vez mejor posicionado Evo Morales –del Movimiento Al Socialismo (MAS)– dice que “en todo caso una salida al mar pues ayuda bastante en la solución de nuestros problemas económicos y sobretodo es una cuestión geopolítica”. De ahí su sintonía con la diplomacia boliviana que en los últimos meses ha presionado para que se aborde este tema en todo encuentro latinoamericano.
Aún así, la torpedeada ministra de Relaciones Exteriores de Chile, la presidenciable Soledad Alvear, descartó que en la próxima reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA) –fechada para el próximo 6 y 8 de junio– se incluya en la agenda la cuestión de la mediterraneidad boliviana. No obstante, la gravedad de las relaciones vecinales lleva a algunos analistas militares locales a no descartar que se convoque próximamente al siempre cuestionado Consejo de Seguridad Nacional (Cosena).
Mientras en el país altiplánico comienza tímidamente una seguidilla de nuevas movilizaciones sociales, sus autoridades han manifestado su rechazo a la creciente demanda por nacionalizar los hidrocarburos. Según el ministro de esa cartera, Xavier Nogales, la consecuente expropiación le significaría al Estado boliviano –que mantiene al 80% de la población bajo la línea de pobreza– no menos de ocho mil millones de dólares.
La situación interna sigue siendo extremadamente sensible. Evo Morales manifiesta a Ercilla que “lamentablemente los partidos neoliberales derrotados en octubre del año pasado conspiran con el apoyo de la Casa Blanca pues contra la democracia, conspiran contra el MAS, contra los movimientos sociales... algunos sectores tan fascistas dentro de las Fuerzas Armadas están en esos planes”.
Es por ello que al finalizar la entrevista con TVN, Mesa tuvo que confesar: “espero terminar mi mandato el 2007 recordado como un presidente que hizo su trabajo en uno de los momentos más difíciles del país”.
A.P.G.