Bolivia-Chile
¿Somos novios?
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La salida desde Palacio Quemado de Carlos Mesa ha posibilitado destrabar los temas pendientes de la agenda bilateral. El aparente pragmatismo puede concluir, no obstante, al acercarse las elecciones de diciembre próximo en ambos países.
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En los ya recorridos dos meses de gobierno, el transitorio presidente boliviano, Eduardo Rodríguez, ha sabido reinstalar el pragmatismo en la siempre entrampada agenda bilateral con Chile. Las primeras interpretaciones aventuran un mejoramiento en las relaciones diplomáticas entre La Paz y Santiago.
Así las cosas, el pasado 8 y 9 de agosto tuvo lugar en la capital altiplánica la primera reunión entre las respectivas cancillerías, destinada a intentar consensuar una calendarizarión de actividades que pueda facilitar el trabajo diplomático de las próximas administraciones.
Inesperadamente, desde el alto mando de las Fuerzas Armadas de Bolivia se
impulsó este reciente clima de distensión. Días antes de la mencionada cita, el
almirante Marco Antonio Justiniano –máximo comandante
castrense– propuso nada menos que revisar la postura de su gobierno respecto de
Chile para avanzar en una solución al histórico diferendo marítimo.
“Nosotros somos los necesitados en toda esta situación y
debemos buscar una fórmula que nos permita un acercamiento con alguna posibilidad
de éxito y resguardando, sobre todo, los intereses del país”, declaró
Justiniano al diario local La Prensa, no descartando otras alternativas
estratégicas frente a la fórmula de “gas por mar”.
Por cierto, recientes estudios encargados por el Ejecutivo
boliviano detallan que la falta de acceso al Pacífico representa una pérdida
anual de entre un 0,7 y 1% de su producto interno bruto (PIB).
Y no se trató de un caso aislado o fortuito. Anteriormente, el jefe del
Ejército, general Marcelo Antezana, pidió poner fin a las
“susceptibilidades” entre Bolivia y Chile, y reflejar en el ámbito diplomático
las excelentes relaciones entre ambas fuerzas militares.
El propio Antezana se personó el pasado 21 de julio en las operaciones de desminado realizadas en la zona fronteriza chilena, tachando luego de “absurda” la hipótesis de una invasión militar de parte de Chile (se estima que en la zona chilena de Tambo Quemado se encuentran sembradas 3.300 minas antipersonal y otras 1.100 minas antitanque. Ese número de artefactos explosivos forma parte de 22.988 sembradas en 44 campos a lo largo del límite fronterizo con Bolivia).
El presidente Ricardo Lagos no quiso desperdiciar lo que podría constituir un cambio en la tradicional postura nacionalista con que Bolivia enfrenta a su vecino del Pacífico: “Es muy importante poder colocar las relaciones entre Chile y Bolivia en un plano de amistad y comprensión recíproca de uno respecto de otro, y ojalá esto pueda ser indicador de una relación más adecuada”. Y agregó que “la solución a temas que vienen del pasado se afinca en la capacidad que tengamos de colocar una agenda de futuro entre ambos países”.
En ese sentido, el canciller boliviano, Armando Loaiza,
reconoció que su gestión intenta crear un “clima propicio” para incorporar la
demanda marítima en una etapa posterior de las conversaciones bilaterales.
¿NUEVOS VIENTOS?
Sin tapujos, el cónsul boliviano en Chile, Víctor Rico –participante del mencionado encuentro entre los ministerios de Relaciones Exteriores de los respectivos países–, reconoció que en el aspecto comercial es importante que su país logre equilibrar la balanza comercial, intentando la entrada de azúcar, aceites, productos cárnicos y madera. Esos aspectos deberán tratarse a un nivel técnico entre el 17 y 19 de este mismo mes en otros encuentros programados en La Paz y Santa Cruz.
El ex guerrillero boliviano reconvertido en analista político Álvaro García Linera –quien aún no se define si acepta acompañar en los comicios a Evo Morales como su vicepresidente– cree que ya comenzaron a “soplar vientos nuevos en sectores políticos y del Ejército en relación a Chile”.
Para la primera semana de octubre está programado en Iquique el primer encuentro de carácter político entre ambos gobiernos. Precisamente el canciller altiplánico destacó la apertura del gobierno de Lagos para otorgar a Bolivia las más amplias facilidades para el uso del muelle fiscal de Iquique, relacionadas con el almacenamiento de la carga boliviana y la rebaja de la tarifa por el uso de la terminal portuaria, que están establecidos en el Tratado de 1904. Así a partir del próximo año, Bolivia concretaría su presencia en el puerto chileno de Iquique.
Pero, ¿se trata de un nuevo volador de luces o de un tímido noviazgo?
Al parecer, el escenario político y electoral se inclinaría en definitiva hacia el primer postulado de la pregunta.
Al finalizar la mencionada reunión técnica, La Paz anunciaba como un
éxito que Chile había aceptado discutir los reclamos por la mediterraneidad;
mientras, Santiago puntualizaba que dentro de la agenda abierta se incluía el “tema marítimo” y no necesariamente la demanda por una salida
al Pacífico. El canciller chileno, Ignacio Walker, llegó a decir que “en el
marco conceptual no hay nada nuevo”, lo que constituiría un triunfo para la
opción chilena.
Walker reconoció, de todos modos, que lo que sí se acordó es una agenda sin exclusiones: “Esto significa que nosotros no nos vamos a enojar cuando Bolivia presente alguna aspiración, pero significa también que Bolivia sabe cuál es la posición chilena sobre el tema”. Según el canciller, lo importante es que se esté construyendo “una agenda de futuro” entre ambos países.
FACTOR CHILE
Desde La Paz, el especialista regional Michael Radseck
–del Instituto de Asuntos Iberoamericanos de la Universidad de Hamburgo– aporta
una perspectiva independiente. En declaraciones a Ercilla dice
que “a pesar del optimismo, no veo un real cambio, en las relaciones entre los
dos países, quizás éste sea sólo táctico. El boliviano quiere que se discuta la
salida al mar, y todo lo otro es absolutamente secundario. A pesar de eso, se
distingue cierta huella de pragmatismo en el ministerio de Relaciones
Exteriores boliviano y en la presidencia de (Eduardo) Rodríguez. (El renunciado
Carlos) Mesa estancó las relaciones con el referéndum de ‘gas por mar’”.
El experto electoral Carlos Toranzo, del Instituto
Latinoamericano de Investigaciones Sociales (think tank ligado a la
socialdemocracia alemana), manifiesta por su parte que de momento la agenda
política en el vecino país está extrañamente “deschilenizada”. Y a su juicio,
debido al breve gobierno de Rodríguez, el “factor Chile” no debería jugar un
papel especial. “Esto puede naturalmente cambiar, atendiendo al desarrollo de
la campaña electoral”, puntualiza el investigador.
Quizás sea el Movimiento al Socialismo, de Evo
Morales, el que utilice la siempre electoralmente rentable imagen del “enemigo
chileno”, considerando su discurso populista y etnonacionalista. Por lo pronto,
la agenda política de Bolivia está dominada mayormente por la formación de las
coaliciones electorales y los forcejeos por los ingresos de los controvertidos
impuestos añadidos a los hidrocarburos.
Entonces, no sería ninguna sorpresa que el tímido
noviazgo boliviano-chileno pueda concluir de un momento a otro. Y es que nada
bien cayó entre la clase política altiplánica la reciente aclaración de Walker
a su homólogo Loaiza, siendo ésta criticada –el pasado 11 de agosto–
principalmente por los parlamentarios Manuel Morales, del Movimiento al
Socialismo (MAS); Eloy Luján, de Nueva Fuerza Republicana (NFR), y Hugo
Carvajal, del socialdemócrata Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR).
Al actual gobierno transitorio, el diputado
Morales le recomendó abstenerse de cualquier decisión
en la materia y de su política de acercamiento a Chile, porque está “más
perdido que ciego en balacera”.
Por su parte, el senador Carvajal respaldó la labor
realizada por Loaiza y la estrategia paralela de avance en asuntos económicos,
comerciales y culturales, sin abandonar la demanda histórica.
El diputado Luján, de la centrista NFR, estimó que
el desmentido de Walker ha sido un duro revés para el canciller Loaiza, quien
cometió –en su opinión– un error de apreciación sobre
supuestos atisbos de cambio en la política chilena, y se apresuró en informar
que Santiago había aceptado discutir el crucial tema.
Así las cosas, hay que seguir observando la evolución política de lo que el columnista boliviano Manfredo Kempff considera “la nación más cerril, turbulenta y revolucionaria de esta parte de América”.