Elecciones EE.UU.

La bipolaridad de Rambo

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Sin importar quién gobierne después de las elecciones de noviembre, el statu quo continuará dominando la política de Estados Unidos hacia América Latina. Es que las turbulencias en Irak y la “guerra contra el terrorismo” tienen asegurada una máxima prioridad en la administración de la hiperpotencia.

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El reconocido politólogo estadounidense Joseph Nye no se cansa de insistir en la necesaria diferenciación entre “poder blando” y “poder duro”. El primero podría vincularse en Estados Unidos al característico discurso multilateralista ligado al Partido Demócrata; mientras el segundo, al predominio apologético de la Realpolitik entre los neoconservadores anclados en el Partido Republicano.

Eso queda reflejado, precisamente, en la reciente participación de George W. Bush en la Asamblea General de Naciones Unidas. El editorial del pasado 22 de septiembre de The New York Times –un día después de la incursión del cuestionado mandatario ante esa máxima entidad internacional– le criticó que “incluso en los asuntos de común acuerdo,  como la lucha global contra el Sida o en aligerar la fuerte presión de la deuda del Tercer Mundo, Mr. Bush parecía más interesado en exaltar sus propias políticas que en asumir el liderazgo por un esfuerzo internacional. El discurso hubiera provocado alabanzas en la Convención Nacional Republicana, pero no tuvo efecto en una sala repleta de líderes mundiales con cara-de-piedra”.

En lugar de intentar el entendimiento con la denominada comunidad internacional –por medio la “seducción” de los american values ligados al “poder blando”–, Bush se mostró “inexplicablemente desafiante” en un discurso de campaña, estimó el citado editorial. En esa ocasión, este controvertido republicano –quien postula a la reelección este 2 de noviembre– restó valor a las declaraciones del secretario general de la ONU, Kofi Annan, respecto a la “ilegalidad” de la invasión en Irak. Optó, en cambio, por solicitar mayor participación de ese organismo en el convulsionado país mesopotámico.

 

RECTA FINAL

 

Y es que el persistente conflicto en Irak seguirá monopolizando las restantes cinco semanas de campaña electoral en el país más poderoso del planeta.

Intentando corregir rumbo –ya que en el último mes se ha anclado cinco o hasta nueve puntos por debajo de su contrincante republicano–, el abanderado demócrata, John F. Kerry, hace gala de una flamante batería antibélica.

“El presidente (Bush) sostiene que Irak es la pieza central de su guerra contra el terrorismo. De hecho, Irak fue una profunda desviación de esa guerra y de esa batalla contra el mayor de nuestros enemigos, Osama Bin Laden. La invasión de Irak ha creado una crisis de proporciones históricas y si no cambiamos el curso la perspectiva es de una guerra sin final a la vista”, alertó Kerry un día antes del discurso de Bush en la ONU, desmarcándose de su anterior estrategia retóricamente más moderada.

Es así que no deja de tener razón David Sanger –destacado analista del influyente The New York Times–, al advertir que “escuchando al presidente Bush y a John Kerry argumentar amargamente en los dos últimos días sobre la misión estadounidense en Irak, habría que sorprenderse si ellos están hablando de la misma guerra e inclusive del mismo país (...) Y no es ningún accidente –puntualizó en el texto publicado el pasado 22 de septiembre–. Esas imágenes diametralmente opuestas reflejan estrategias diametralmente opuestas para las últimas semanas de campaña presidencial”.

A su juicio, Bush y los suyos centrarán el debate en la decisión de “liberar” a Irak de un dictador como Saddam Hussein, haciendo hincapié en que si Kerry hubiera sido presidente en los últimos cuatro años, el “Carnicero de Bagdad” seguiría al mando. Por su parte Kerry abordaría también la cuestión de Irak, pero enfocándose en el manejo “arrogante e incompetente” de la actual Administración.

No obstante su oportunista retórica pacifista, Kerry no puede dejar a un lado su errático comportamiento legislativo: en 1991 votó en contra de la Guerra del Golfo (cuando se contaba con el visto bueno de la comunidad internacional), y una década después estuvo a favor de una incursión militar “ilegal” en Irak.

El influjo mediático de esta elección tendrá su momento más álgido cuando se enfrenten Bush y Kerry. Sus equipos ya acordaron realizar tres debates televisivos. Este 30 de septiembre tendrá lugar el primer encuentro en Coral Gables (Florida), centrado en asuntos de política exterior y seguridad interior. Luego, el 8 de octubre se realizará el segundo cara a cara en Saint Louis (Missouri), donde no habrá restricción temática. El último debate tendrá como sede la ciudad de Tempe (Arizona), este 13 de octubre, y abordará cuestiones económicas y de política interior.

 

STATU QUO

 

En tiempos de incertidumbre –permanentes para el poder–, el statu quo es “amo y señor”. Así, no sorprende mayormente que Luiz Inacio Lula da Silva, el otrora combativo dirigente sindical reconvertido en presidente de Brasil, considere que a su país le conviene que gane Bush en noviembre próximo. Esto a pesar, según lo revelado por Folha de Sao Paulo, de que el izquierdista y oficialista Partido de los Trabajadores (PT) no oculta su retórica anti-Bush.

Recientemente un artículo del rotativo mexicano Crónica, titulado “Quien gane en Estados Unidos no cambiará las relaciones con México”, aseveraba que los países de América Latina no deben esperar que “Bush o Kerry conviertan en una prioridad las relaciones con sus vecinos del sur, ya que la atención estará puesta en la amenaza terrorista y en hallar una salida a la situación en Irak”.

Atendiendo a Ercilla, la especialista regional de la estadounidense Universidad de New Hampshire, Mary Fran Malone, manifiesta que “mientras Kerry y Bush difieren notoriamente en términos de sus aproximaciones ideológicas en relaciones internacionales, particularmente con los países de América latina, ambos estarán obligados por el statu quo actual. La guerra en Irak y la guerra contra el terrorismo han monopolizado los recursos de Estados Unidos, y en los próximos años Medio Oriente continuará consumiendo atención y recursos, sin importar quien es presidente. Ya que no hay una manera fácil o rápida para que Estados Unidos se destrabe del caos en Irak, Estados Unidos no prestará mayor atención a otras regiones por algún tiempo”.

A juicio de esta doctora en ciencias políticas, las únicas excepciones –en relación a la política de Washington con su “patio trasero”– serían México y Venezuela. El país azteca tiene prioridad debido a su participación en el Nafta y a cuestiones de inmigración y seguridad fronteriza; mientras que Venezuela por su producción de petróleo y estrechas relaciones comerciales con la hiperpotencia.

Los analistas consultados reconocen que potencialmente Kerry puede impulsar una opción más proteccionista, debido a su relación con importantes sindicatos. “Aunque Kerry gane la presidencia, tanto la Cámara de Representantes como el Senado estarán probablemente controlados por los republicanos. Así, cualquier legislación proteccionista sería probablemente bloqueada por los republicanos, y continuaría el statu quo”, aclara Malone.

Mark Falcoff, especialista en América latina del think tank American Enterprise Institute, asegura a Ercilla que el resultado de los comicios tampoco constituirá “mayor diferencia para la Administración Lagos”.

Pese a que la próxima elección “no tendrá gran impacto en Chile y en la Administración Lagos –recalca por su parte la politóloga Malone–, la diferencia potencial estaría en las distintas perspectivas que los candidatos tienen en política exterior. Kerry tiene gran interés en formar coaliciones con otros países y trabajar constructivamente con organizaciones internacionales. Así Kerry estaría más dispuesto a utilizar, por ejemplo, la Organización de Estados Americanos (OEA). Aspiraría además a construir consensos ente los países, incluyendo a Chile. Desde que Chile emergiera como la economía más próspera y una democracia estable en América latina, es un líder natural en los foros internacionales concernientes a las Américas. Chile podría desempeñar un papel como socio de Estados Unidos en organizaciones como la OEA. Bajo Bush, Estados Unidos continuará actuando unilateralmente e ignorando o minando esas organizaciones internacionales”.

En definitiva, tanto el “poder blando” como el “poder duro” forman parte de un único poder: Estados Unidos. Quizás con un eventual triunfo de Kerry los impulsos belicistas de Rambo quedarán meramente en stand by, siendo el turno del glamour propio de los demócratas. Eso es parte, precisamente, de la bipolaridad de la hiperpotencia.

Andrés Pérez González

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