Crisis
Lo que a Argentina no se le perdona
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Tras la súbita fiebre por el dólar, el Gobierno de Eduardo Duhalde hace malabares para evitar el brote inflacionario en Argentina. Mientras, Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional continúan reticentes a financiar el cuestionado plan de ajuste, aporte que se concretaría a mediados del presente año.
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La policía no quiso intervenir. La pobreza, el desempleo y el hambre apremiaban en esa multitud que el pasado 26 de marzo asaltó un camión, en la provincia argentina de Rosario, faenó algunas vacas que estaban en su interior y las repartieron entre los involucrados. Las imágenes, transmitidas por el programa "Detrás de las Noticias" del canal América 2, fueron descritas como dantescas.
En la City bonaerense, en cambio, otra multitud de argentinos aceptaba la patética rutina de conformar extensas filas para comprar dólares. En las jornadas cambiarias entre el 22 y 26 de marzo, la temperatura ascendió peligrosamente, constituyéndose en una verdadera fiebre que hizo saltar al dólar –en ese periodo- de 2,60 a los 3,90 pesos, implicando un repentino alza del 50%. Antes del cierre de la jornada de ese lunes 25, la moneda estadounidense hizo incluso cumbre al tocar los 4 pesos por unidad. "La hiperinflación la teníamos en la esquina", comentó a Ercilla el economista Ernesto Kritz, de SEL Consultores.
Al cierre de esta edición, la unidad de billete verde se cotizaba a 2,75 pesos para la compra y a 2,85 para la venta en las sedes porteñas de los bancos. La histeria disminuyó, a pesar de que cada día el sistema financiero trasandino pierde unos 50 millones de dólares.
"¿CÓMO SE GESTÓ ESTE FRANKENSTEIN?"
A juicio de Alfredo Zaiat, del rotativo Página12, "el monstruo en que se ha convertido el mercado cambiario atemoriza a la mayoría de la sociedad que sigue la cotización del billete como espectadores de un partido en el que se saben perdedores". Apuntó sus críticas de la súbita alza de la divisa norteamerica al Gobierno de Eduardo Duhalde, aseverando –en un artículo aparecido el 26 de marzo- que se debió a la "impericia de un equipo económico que ha perdido la brújula", preguntándose con un dejo tragicómico: "¿Cómo se gestó este Frankenstein?"
Roberto Dvoskin, director del Departamento de Administración de Empresas de la Universidad de San Andrés de Buenos Aires, también está disgutado con el devenir del descalabro argentino, desatado desde mediados de diciembre cuando el ex mandatario Fernando de la Rúa abandonó la Casa Rosada en helicóptero. Y expresó a Ercilla que el actual presidente "no tiene un plan económico, está armando un rompecabezas en donde ni siquiera sabe cuáles son todas las piezas".
Según el diario Clarín, en las últimas semanas la apuesta del ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, consistió en "secar" de pesos la plaza financiera para evitar que la liquidez continuara trasladándose al precio de la moneda estadounidense.
La estrategia buscó reducir el extendido spread (diferencia entre compra y venta), generado durante este último remezón cambiario. A través de 27 entidades financieras, el Banco Central trasandino ofreció desde ese lunes 25 el preciado billete verde a un valor menor al exhibido en las restantes casas de cambio, no ajustadas a este pacto, las que corren el riesgo de quedarse sin dólares para vender, ya que la autoridad financiera del vecino país no provee liquidez al mercado libre.
En contacto con Ercilla, el director del Centro de Estudios Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, aseguró rotundamente que "el dólar encima de 3 pesos implica el fracaso de la estrategia económica de la administración Duhalde", que postuló un cambio alrededor de 1,60 pesos. A su juicio, la intención del gobierno no es otra que "tratar de evitar nuevas alzas de la moneda estadounidense durante los tres días hábiles de la Semana Santa, presionando con instrumentos coercitivos sobre el precio de la divisa, buscando así llegar hasta los cinco días feriados que tendrán lugar en la Argentina entre el 28 de marzo y el 2 de abril, para en ese lapso definir una nueva estrategia".
De acuerdo a Clarín, la liquidación de exportaciones es una de las dos vías por las que el Banco Central espera incrementar el stock de dólares. La otra apuesta es el aporte de organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), alternativa que no parece concretarse hasta mediados del presente año.
El mismo secretario del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, Paul O’Neill, lo corroboró en el marco de la pasada Conferencia Internacional de Desarrollo y Financiación –desarrollada a mediados de marzo en Monterrey, México- al declarar que "quizás dentro de los próximos tres meses haya una esperanza de que esto (la crisis argentina) realmente se arregle".
Una fuente de la City bonaerense -citada por Página12- reconoció que el control del precio del dólar fue "la primera gran batalla ganada por Remes Lenicov", constituyendo un valioso tiempo ganado ante la nueva misión del FMI que tiene pronosticado llegar a Buenos Aires este 1 de abril.
BASTA YA
El mandatario argentino ha intentado comportarse como un alumno aplicado ante las draconianas exigencias de las entidades financieras internacionales. Pero ese traje no le queda. Luego de tres meses de gestión, no cuenta con credibilidad política interna ni externa. Sus esfuerzos aún no dan resultados. Esto a pesar del acuerdo fiscal logrado con los poderosos gobernadores provinciales y a sus intentos por resaltar las bondades de un austero presupuesto para el 2002, sumados a la política de flotación cambiaria y a las propuestas de reformar íntegramente el sistema político, reduciendo los excesivos costos de gestión gubernamental.
"Me parece que hay problemas importantes entre lo que piensa (el ministerio de) Economía, que trata de organizar un programa que satisfaga los requerimientos de la comunidad financiera internacional, y la coalición política que respalda a Duhalde (principalmante en la provincia de Buenos Aires). Ese es el problema, si Duhalde hace lo que hay que hacer para conseguir la ayuda internacional, tiene que romper con su coalición política", expresó a Ercilla el analista de SEL Consultores, Ernesto Kritz.
Por otra parte, una fuente de la Cámara Argentina de la Construcción –consultada el 26 de marzo por el diario La Nación de Buenos Aires- denunció la ausencia de "seguridad jurídica y disposiciones legales... si acordás algo con alguna autoridad, corrés el riesgo de no poder cumplir el contrato...". Otro alto ejecutivo agregó: "con este gobierno no tenemos feedback. La situación es patética".
El FMI y los restantes órganos financieros, en tanto, ya dijeron "basta". Negándose a liberar más créditos con la misma facilidad que en la década pasada, cuando el ex mandatario Carlos Menem gobernaba a Argentina en abundante "pizza y champagne".
Pocos ignoran, además, la propia responsabilidad de esas entidades mundiales en la actual crisis trasandina. "En los últimos diez años Argentina no logró resolver sus problemas fiscales; primero, lo resolvimos vía emisión monetaria y luego por medio de préstamos. También está el error del FMI, que en los últimos seis años aprobó esos préstamos descomunales... Tampoco le exigió a la Argentina, en un momento más fácil, que ajuste sus cuentas. Esperó que la situación fuera muy grave, porque el Fondo también se beneficiaba con estas altas tasas de interés que se pagaba a los acreedores externos. Acá hay un juego peligroso entre deudor y acreedor", declaró a esta revista Roberto Dvoskin, de la Universidad de San Andrés.
Algunos detractores a la gestión del enviado del FMI a Argentina, el indio Anoop Singh, advirtieron que se trata del mismo plan que él aplicó en Indonesia en 1998, impulsando contracción fiscal y libre flotación de la moneda local, lo que generó un descenso del producto del 13%, una inflación del 58% y una crisis institucional que aún no finaliza.
PESIMO ANTECEDENTE
Oscar Martínez, analista de Clarín, dio en el clavo: "lo que no se perdona a la Argentina es que haya declarado el default de su deuda (141 mil millones de dólares) en medio de los aplausos de senadores y diputados. Sería un pésimo antecedente a nivel internacional que una nación deje de pagar ‘públicamente’ y le vaya bien", precisó en un artículo aparecido el 26 de marzo.
"No creo que la Argentina reviente, pero tampoco le va a salir gratis (recuperarse de la crisis)", insistió el economista Roberto Dvoskin.
Para evitar que la crisis argentina contagie a sus vecinos, el FMI puso a disposición de Brasil una ayuda financiera de 5.000 millones de dólares al aprobar un acuerdo crediticio con ese país por 15.000 millones. En tanto, Uruguay obtuvo un crédito contingente por 743 millones de dólares, lo que constituye un respiro para Montevideo, fuertemente golpeado por el descalabro trasandino debido a su cercanía geográfica y vínculos comerciales.
La solución al caos en Argentina no es una tarea sencilla. "Todos buscan una salida individual a una crisis que no se consigue resolver desde lo colectivo. Las colas, en realidad, reflejan la desconfianza y la incertidumbre de la gente. No sólo en el gobierno de turno, sino en algo más profundo, como es la falta de un proyecto de país que los englobe", denunció en el recién citado artículo de Clarín, Oscar Martínez.
La mentada "refundación" de la república argentina –como sanación a la corrupción institucional- continúa en el papel, augurándosele cientos de obstáculos para su puesta en marcha. Mientras, las asambleas populares y los piqueteros prosiguen su "revolución", que proclama su lucha "hasta que se vayan todos", refiriéndose a la clase política. Al menos, como mencionó la periodista argentina Silvia Naishtat, "la crisis deja valores que prometen un cambio más profundo en la sociedad. La clase media volvió a rescatar la conversación con los amigos, los grupos barriales... y hasta el trueque".
Andrés Pérez González
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(RECUADRO) CLASE MEDIA: "NOS QUEDAMOS SIN PROYECTO"
Hace tiempo que nada es lo mismo en Argentina. La publicidad, por ejemplo, ha cambiado sus estrategias de venta, derivando a contenidos que resaltan el valor de la solidaridad y a formatos más modestos. Se asegura que los envases de los productos serán más pequeños, porque "las compras son de a cuentagotas".
En un estudio divulgado recientemente por SEL Consultores, se concluye que la vida de la antes flamante clase media trasandina es ahora 27% más cara que hace tres meses. El precio de los alimentos aumentó casi el 60% y la ropa cerca del 25%. En marzo, una bebida gaseosa, una botella de vino, un paquete de arroz o una lata de arvejas tenían en promedio un alza del 50,7%.
El comportamiento de la clase media está en franca observación. Desde el pasado 24 de enero, el economista argentino Fernando Moiguer analizó en unos 800 casos los hábitos de ese segmento social, determinando –entre otros aspectos- que "si antes el imaginario era la movilidad social ascendente, ahora es la movilidad social descendente (‘mis hijos estarán peor que yo’), asomándose un nuevo temor: ‘no hay futuro, nos quedamos sin proyecto’".
A.P.G.