Argentina

De quilombo en quilombo

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Las vicisitudes energéticas y económicas del vecino país han puesto nuevamente en alerta al presidente Néstor Kirchner y “gasificado” las relaciones con Chile.

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Otra vez sacudido por un dificultoso escenario económico centrado en la “gasificación” de las políticas internas y externas, el gobernante argentino, Néstor Kirchner, visitaría Santiago este 14 de marzo, guiñándole así a La Moneda en lo que ya se vislumbra como otro obstáculo en las relaciones bilaterales, enturbiadas por fuertes recortes de gas trasandino comprometido para Chile. La gira, que sólo duraría unas 24 horas, había sido cancelada en tres ocasiones.

Desde Buenos aires, en declaraciones a Ercilla, el economista Abel Viglione –de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas– estima que los vínculos entre ambos países han quedado afectados dado que se trata de “un problema de ‘teoría de contratos’, donde una de las partes pierde reputación por no cumplir con lo acordado”.

Soslayando la crisis energética que golpeará nuestras economías, ambos mandatarios intentarán dar una señal de normalidad, al avanzar en la firma del acuerdo para la reinstauración del tren Mendoza-Los Andes, que debiera entrar en funcionamiento para la celebración del bicentenario (2010).

Según estimaciones del sector privado de Argentina, el invierno entrante deberán hacer frente a una carencia de gas de entre 6 y 9 millones de metros cúbicos por día. Analistas han advertido que la resolución de esta crisis es de carácter político. El rotativo Página 12 puntualiza que “el recurso más a mano de que dispone el Gobierno es el de suspender sus exportaciones a Chile, tal como hizo el año pasado, aun a costa de enturbiar las relaciones entre Néstor Kirchner y Ricardo Lagos, algo muy lejos del ánimo oficial. Otra es aumentar la importación del fuel oil desde Venezuela para que las usinas eléctricas dejen de quemar gas. Finalmente, se podría suspender la provisión a industrias con contratos interrumpibles”. Esas medidas debieran impedir la restricción de gas domiciliario.

Por lo demás, la administración Kirchner no ha logrado un acuerdo en materia de inversiones y tarifas con empresas del sector. Este tema deberá zanjarse en audiencias con privados fechadas entre el 20 de abril y 31 de mayo. La Casa Rosada desea establecer en el presente año un alza de entre un 15% y 30% para los consumidores comerciales e industriales. A partir del año próximo, éste se extendería a los residenciales, en porcentajes aún no definidores, aunque garantizando una tarifa social para los consumos mínimos.

 

PRECIOS, RIESGO Y DEUDA

 

Alerta ha causado también que en enero pasado el índice de inflación de la economía argentina aumentó un 1,5%. Y que en febrero éste se incrementara en un 1%. Además, el vecino país mantiene el estatus del país latinoamericano más riesgoso, con 5.075 (en comparación, el riesgo país de Chile se situó a principios de marzo en un nuevo mínimo histórico de 57 puntos base).

Pese a su acostumbrada retórica, Kirchner parece estar decidido a hacer las pases con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Por segunda vez ordenó el pago de un vencimiento que pudo haber sido prorrogado. La cifra ascendió a los 292,4 millones de dólares y a fines de marzo deberá desembolsar otros 370 millones de dólares.

Por cierto, Argentina le debe al Fondo 13.444 millones de dólares y otros 15.000 millones al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Pronto Kirchner necesitará que los organismos crediticios vuelvan a refinanciar la deuda soberana, que en vencimiento superaría este año los 13.000 millones de dólares.

Así, la reanudación de las turbulentas relaciones entre Buenos Aires y el FMI se logró tras el reciente canje de la deuda. Pero ¿hacia dónde se dirige Argentina? El economista Viglione no oculta cierto pesimismo: “Si lo tuviera que resumir en una frase, diría ‘a vivir con lo nuestro’. Aún habiendo salido del default, el país no tendrá acceso al mercado financiero global, por lo que se verá condicionada su tasa de crecimiento futura. Recuperará nivel de actividad haciendo uso de la capacidad instalada existente, y siempre y cuando no existan restricciones de oferta (por ejemplo, energía). Este será el comportamiento en el corto plazo, aunque personalmente no soy muy optimista respecto del largo plazo. Se deberán hacer muy bien los deberes para que un escenario futuro sea mejor”.

Andrés Pérez González

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