Argentina
Un país deshidratado
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El gobierno del peronista Eduardo Duhalde maniobra contra el tiempo. Para ganarse la confianza del Fondo Monetario Internacional y recibir otro ansiado "salvavidas" financiero, el mandatario estrecha sus relaciones con la diplomacia estadounidense.
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¿Podrá el mandatario peronista Eduardo Duhalde apaciguar la "bronca" de los argentinos, nombrando al ídolo del fútbol -y su detractor- Diego Maradona funcionario de la Secretaría de Deportes y Turismo? ¿Calmará el descontento de los "piqueteros" (desempleados trasandinos) su anuncio de creación del demandado "millón de empleos"?
Pareciera ser que Duhalde gusta de declaraciones populistas. Y que se halla acorralado, maniobrando contra el tiempo en su intento por reconquistar la protección del cuestionado Fondo Monetario Internacional (FMI) y alinearse estrechamente a Washington, táctica ya encaminada por el ex presidente Carlos Menem.
El canciller Carlos Ruckauf hizo las maletas para entrevistarse con el secretario de Estado estadounidense, el moderado Colin Powell, y con el secretario del Tesoro, el receloso Paul O’Neill. Muchos tenían aún presente las declaraciones de ese último personero al semanario The Economist, realizadas en julio del 2001. Refieriéndose a la crisis argentina –desatada a mediados de 1998-, O’ Neill le bajó el dramatismo al asunto manifestando que ese país "entra y sale de problemas desde hace setenta años o más... Nadie los ha forzado a ser lo que son".
Rogelio García Lupo, destacado columnista del diario argentino Clarín, expresó a Ercilla que la visita de Ruckauf al exterior constituye "parte del ritual de los políticos latinoamericanos para recibir las bendiciones de Washington y regresar, aunque lo que Argentina necesita no son bendiciones, algo más hace falta".
PLAN ECONOMICO
En una acción inusual, el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano del Desarrollo le dieron un espaldarazo al gobierno argentino, anunciando en conjunto -el pasado 28 de enero- el desembolso de 2000 millones de dólares, que ya habían sido aprobados en diciembre último antes de que Argentina cayera en default.
Según las autoridades trasandinas, esta válvula de escape se destinará a programas sociales, mientras diariamente se suceden "cacerolazos" y concurridas manifestaciones. Sin embargo, para reactivar la devastada economía se requieren –de acuerdo a cálculos oficiales- unos 20 mil millones de dólares, para lo que el FMI exige la presentación de un plan económico a su juicio "coherente y sustentable".
A su paso por Washington, el canciller Ruckauf –quien no habla inglés- abogó por que la flotación del dólar respecto al peso argentino ocurra luego de la ansiada ayuda del FMI. El ministro entregó además una carta de Duhalde al mandatario George W. Bush, en la que le solicitaba "con la mayor premura fórmulas de asistencia rápida".
El presidente argentino tenía programado anunciar su plan económico el 2 de febrero. Antes de que sean efectivas esas medidas, una misión encabezada por el ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, debe negociar en detalle un acuerdo con las entidades financieras mundiales. Según expertos, las tratativas serán duras, pronosticándose que el FMI "apriete" pero no "ahorque" a Argentina.
La prensa de ese país ventiló que el plan del equipo de Duhalde pesificaría los créditos 1 a 1 hasta los 100 mil pesos argentinos; por encima de esa cifra la conversión del dólar se realizaría a 1,4 con un índice de ajuste periódico. Los depósitos se pesificarían a 1,4 y los plazos fijos mantendrían su valor mediante un mecanismo de indexación. Se compensaría además a los bancos a través de bonos emitidos por el Estado por un valor cercano a los nueve mil millones de pesos locales.
Así, las autoridades económicas trasandinas intentarían conjugar los reclamos del FMI y Estados Unidos de avanzar en la liberación total del precio del dólar y acelerar el término del "corralito" financiero (restricción a la disposición de ahorros y depósitos en efectivo en cuentas bancarias), con la prioridad argentina de resolver la cuestión cambiaria. La amenaza de la hiperinflación es gigantesca.
El pasado 30 de enero, la tensión en la City bonaerense se hizo notar cuando una "minicorrida" colocó al dólar sobre los 2 pesos luego de una semana estable, habiéndose cotizado anteriormente cerca de 1,8 (las primeras semanas de febrero, el Banco Central argentino intervendrá transitoriamente para estabilizar el valor de cotización de la moneda estadounidense, lo que se conoce como "flotación sucia"). El índice Merval, en tanto, aún acumulaba un repunte en enero del 41,85%.
El presupuesto –que debe ser aprobado por el Congreso del vecino país- también está en el centro de la atención. Se prevé que éste tendrá un déficit del orden de unos 1900 millones de dólares y una caída alrededor del 5% del producto. A esto se agregaría una inflación del 15% anual y una reducción del 6% en la recaudación fiscal respecto al año pasado. En una nota aparecida el pasado 29 de enero en Clarín, el periodista Pablo Calvo aseguró que Argentina está aún lejos de quitarse la etiqueta de "país deshidratado".
Para el analista Rogelio García Lupo, el futuro de ese país corre de la mano de los intereses de Washington. En esa perspectiva y antes de que se desatara el torbellino en Argentina, David Hale –responsable del Departamento de Economía Mundial del Zurich Financial Services, en un artículo para el Financial Times del 18 de julio del 2001- advirtió que era Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Estados Unidos, el llamado a desarrollar "la visión estratégica del teatro de operaciones de la defensa misilística que le dé a Argentina un papel (gravitante) en la política de seguridad nacional de los Estados Unidos".
Siendo enfático y utilizando un modo bien peronista al referirse a la crisis argentina, el ministro de Economía de ese país, Jorge Remes Lenicov, expresó en una reunión con empresarios: "Miren, ante esta crisis, o nos salvamos todos o no se salva nadie".
Andrés Pérez González