Crisis argentina

Un debut a media luz

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Es la hora de la verdad. Expectante ante la puesta en marcha de la libre flotación del peso argentino, el gobierno de Eduardo Duhalde reimpulsó los encuentros técnicos con las entidades financieras internacionales, puestas éstas en entredicho por su capacidad para resolver crisis económicas en países emergentes.

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La severa crisis que sacude a Argentina terminó afectando incluso el deseo sexual de su población. De acuerdo a una encuesta de la consultora D’Alesio Harris, reproducida por el diario argentino La Nación, las continuas colas en los bancos y la incertidumbre generalizada afectaron las relaciones de pareja del 85% de los trasandinos.

Y es que el vecino país continúa al borde de un caos absoluto. En reiteradas ocasiones, Buenos Aires despierta sitiada desde el sur, ante los cortes de caminos protagonizados por inagotables "piqueteros" (trabajadores y desempleados trasandinos).

Eso ocurrió el pasado 11 de febrero al finalizar once años de vigencia de la artificiosa Ley de Convertibilidad, que impuso la paridad del peso argentino respecto a la moneda estadounidense. En vísperas de esa esperada jornada, unos siete mil "piqueteros" impidieron el acceso a la capital argentina. Las intervenciones se retomaron el miércoles 13, programándose para el 16 de febrero una nueva movilización hacia Plaza de Mayo.

A la libre flotación de la moneda local, el equipo económico del polémico mandatario Eduardo Duhalde incluyó en su plan anti-crisis –difundido el pasado 3 de febrero- la flexibilización del odiado "corralito" (limitación de retiros bancarios, declarado dos días antes "inconstitucional" por la controvertida Corte Suprema) y la "pesificación" total de la economía. Al cierre de esa sesión inaugural, los índices bursátiles descendieron un 10,68% y el dólar se cotizó finalmente a 2,10 pesos tras reponerse de los iniciales 2,34 pesos argentinos.

"¿A CUANTO ESTA LA LECHUGA?"

A las dos de la madrugada de ese 11 de febrero, algunos bonaerenses ya estaban en las puertas de las casas de cambio. El temor radicaba en que la liberalización del tipo de cambio depreciara aún más la moneda local, desatando un alza de precios y desabastecimiento.

"¿A cuánto está la lechuga?", preguntaban algunos transeúntes, refieriéndose al valor del billete verde. Contrariando los negativos augurios, los argentinos optaron por vender sus dólares –y no comprar- para así pagar impuestos, facturas, deudas o alimentos. No hubo estampida.

Los primeros días del plan económico fueron calificados como un estreno "mentiroso", según un operador de un banco en declaraciones a Clarín. "Ni los importadores ni exportadores aparecieron, como habían prometido. Es imposible sacar conclusiones", agregó.

Acostumbrados a extraer de esta crisis nuevos términos pseudo-técnicos, la prensa argentina ya puso su atención en los "agrodólares". Básicamente se trata de la ausencia en las operaciones cambiarias de los exportadores de cereales, sector que habría acordado con el gobierno liquidar 20 millones de dólares por jornada tras el fin de la paridad cambiaria.

En los primeros cuatro días de "sinceramiento" económico, las casas de cambio vendieron el dólar a unos 2 pesos en promedio. Desde su programa radial "Conversando con el Presidente", Eduardo Duhalde se mostró esperanzado. Dijo que en el transcurso de las semanas la moneda estadounidense "bajará aún más y estará entre 1,40 y 1,70".

En contacto con Ercilla, el analista Abel Viglione de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL, que integra además el neoliberal y fugaz ex ministro de Economía Ricardo López Murphy) subestima las recientes medidas gubernamentales, asegurando que "ningún instrumento de política económica puede arreglar la situación en Argentina, mientras se mantenga el quiebre de instituciones y la ruptura de contratos en el sector público y privado".

La fragilidad de la economía trasandina es evidente. Un informe del Banco Santander -difundido recientemente en Nueva York- prevé al final de año una cotización del dólar a 3,50 pesos y una caída del 10% del producto, duplicando la estimación realizada por el Ejecutivo en el proyecto de presupuesto enviado al Congreso. A fines de febrero, según Viglione, el desempleo incluso puede acercarse al 30%.

MOLESTIA DEL FMI

El diario español El País no dejó pasar en su edición del 11 de febrero las declaraciones del embajador trasandino en Washington, Guillermo González. Y aseguró que el diplomático debía "sentirse casi como el operador de telégrafo del Titanic, cuando el jueves (07) reclamó ayuda al Gobierno de Estados Unidos en estos términos: ‘El mensaje y el respaldo político lo agradecemos y reconocemos, pero éste es el momento de pasar a la acción directa y concreta, porque la situación es muy compleja y más adelante no habrá tiempo para el arrepentimiento’".

Así, el grave derrumbe que está sufriendo la tercera economía de América Latina parece que se resuelve en Washington y no en Buenos Aires. Tras la visita a fines de enero del ministro de Exteriores argentino, Carlos Ruckauf, las instituciones financieras internacionales recibieron a mediados de febrero a Remes Lenicov.

Según el economista estadounidense Jeffrey Frankel de la Universidad de Harvard, consultado por Ercilla, Washington "no tiene los mismos intereses geopolíticos en Argentina que en Rusia, Turquía o Pakistán. Sin embargo, dada la gran extensión de las reformas desarrolladas en Argentina en la década de los ’90 (estabilización monetaria, liberalización y privatización), en Estados Unidos muchos creemos que es importante que ese país tenga éxito; en parte como un ejemplo para otros países latinoamericanos que, de otra manera, concluirían incorrectamente que esas reformas son indeseables".

Expertos advirtieron que los organismos financieros multilaterales ven con preocupación el impacto que el proyectado presupuesto generará en las provincias trasandinas, lo que se suma a la ausencia de un sistema impositivo confiable. "Los requerimientos fundamentales del Fondo Monetario Internacional (FMI) son ésos, sobre todo para que el país pueda establecer luego un programa de pagos a sus acreedores. El default no puede ser eterno", aseveró recientemente Joaquín Morales Solá en el rotativo conservador argentino La Nación.

En ese sentido, The Wall Street Journal puntualizó en su edición del 14 de febrero que para "reestructurar el sistema bancario y que los ahorristas recuperen al menos parte de sus depósitos, Argentina necesita ayuda financiera que también debería permitirle comenzar a renegociar su deuda pública, de 141.000 millones de dólares, sobre la que declaró una cesación de pagos en diciembre". Morales Solá advirtió, por su parte, que "el mundo está también cansado de un país que ha pedido más de lo que puede devolver y que no logra disciplinar sus propios gastos".

En declaraciones a Clarín, el economista Daniel Tillotson de la renombrada firma de inversiones Prudential Securities no cree que halla apuro en Washington. "Más bien hay que armarse de mucha paciencia. Esto viene para largo", estimó.

El prestigioso semanario The Economist, en tanto, puso la situación de la siguiente manera: cualquier dinero que el FMI otorgue a Argentina estará en riesgo. Pero de no hacerlo, el organismo internacional será catalogado como uno de los responsables del derrumbe del país trasandino.

"Lo que está en juego no es sólo la viabilidad de la economía argentina, sino mucho más: la credibilidad de las instituciones financieras internacionales para resolver las crisis económicas de los países en vías de desarrollo", precisó por su parte Rodrigo Moreno Garceran, investigador del Instituto de Crédito Oficial de España.

PLAN SECRETO

Así las cosas, incluso Juan Pablo II les solicitó a los políticos argentinos "un serio examen de conciencia" sobre las responsabilidades en la crisis institucional y lanzó un pedido a la población para que supere el torbellino financiero sin "violencia, muertes ni saqueos".

A pesar de que aún es arriesgado ventilar una impresión cabal de la crítica realidad argentina, el editor de The Economist Michael Reid estimó que "hay algunos motivos para pensar que no habrá una devaluación tan incontrolable: el gobierno tiene reservas, hay una escasez de pesos muy fuerte en la economía y la demanda está muy baja por la recesión".

El rotativo de centro-izquierda Página12, en su edición del 13 de febrero, aseguró que "si en los primeros dos días de dólar libre el mercado no fue un caos, contrariando incluso los pronósticos privados de algunos funcionarios, se debió a la existencia de un pacto secreto entre el Gobierno y los principales bancos".

Según el acuerdo de palabra, precisó el matutino, las entidades financieras están vendiendo divisas en el mercado por un total de 800 millones de dólares. "Con la maniobra, los bancos podrían embolsar una ganancia de 400 millones de pesos como mínimo", indicó. El objetivo es mantener "planchado" el tipo de cambio hasta comienzos de marzo, cuando se espera la llegada de una misión técnica del FMI que entregue una señal concreta de ayuda financiera a la convulsionada Argentina.

Así, el Banco Central argentino permanece alerta, no interviniendo al cierre de esta edición en la liberalización de sus reservas, medida que se conoce como "flotación sucia" y que tiene como propósito hallar un valor de referencia para todo el sistema financiero.

El peligro hiperinflacionario, además, continúa latente. Roberto Dvoskin, director del Departamento de Administración de Empresas de la Universidad de San Andrés en Buenos Aires pronosticó para Ercilla que la tasa de inflación de febrero estaría entre los 6 ó 7 puntos. Agregó, por otra parte, que "el argentino medio está totalmente dolarizado".

Sumándose a las declaraciones del economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Guillermo Calvo –quien no descartó la "dolarización" como una medida de salvataje-; el analista de FIEL Abel Viglione asegura que ésta se impondrá "de hecho, más que por derecho". A su juicio, la población está acostumbrada al uso del dólar y el gobierno de Duhalde no podrá obligarla a que "piense en pesos".

Y concluyó apesadumbrado: "¿A dónde vamos? No tengo idea".

Andrés Pérez González

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(RECUADRO) ¿SEGUNDA REPUBLICA?

Mientras la Cámara de Diputados intenta enjuiciar a la vilipendiada Corte Suprema de Argentina, el gobierno del peronista Eduardo Duhalde se muestra obsesionado con lo que llaman el nacimiento de la "Segunda República". Para eso, la Casa Rosada acordó con 23 de las 24 provincias (sólo estuvo ausente San Luis, provincia controlada por el efímero ex mandatario Adolfo Rodríguez Saá) el recorte del 25% de los gastos del sistema político y del número de legisladores (existen 257 diputados nacionales, 1.223 provinciales y 8.100 concejales). La implementación requerirá de una reforma constitucional y de leyes nacionales y provinciales. Además, se cerrarán 21 embajadas y 13 consulados en distintos puntos del globo. El consulado en Santiago se incluye en el ajuste de gastos impulsado por la Cancillería trasandina. Un editorial del diario español El Mundo, del 12 de febrero, describe la medida más como "un gesto simbólico de cara a la galería que una medida eficaz".

En la base de la pirámide social argentina se mantiene la agitación, agudizándose el "plan de lucha" de los "piqueteros". Incluso, según reconoce a Ercilla un dirigente del Frente de Trabajadores Combativos, la amenaza de "la guerra civil está latente". "Si hay que utilizar los fierros (armamento), lo haremos. Los piqueteros ya no tenemos nada más que perder", declara.

A.P.G.

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