A un año del 11 de septiembre
El mundo bajo George W. Bush
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Tras el derrumbe de las Torres Gemelas, Estados Unidos descubrió su insospechada vulnerabilidad y, a la vez, el enorme alcance de poderío. La guerra contra el terrorismo y el unilateralismo impulsado por Washington consolidan un nuevo orden internacional, más turbulento y sangriento; mientras Bin Laden reagrupa a al-Qaeda y continúa con su "Yihad" contra los infieles.
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A las 8:46 a.m. en punto del próximo 11 de septiembre, el sonido de campanas y bocinas retumbarán en decenas de ciudades estadounidenses, al cumplirse un año del impacto del primer avión –secuestrado presuntamente por integristas musulmanes- contra las Torres Gemelas de Nueva York.
Lo mismo ocurrirá a las 10:05 a.m. y 23 minutos más tarde, cuando se recuerde el derrumbe de la torre sur del imponente World Trade Center y luego, la caída de la segunda torre. Siniestramente, el símbolo del capitalismo mundial –en el mismo vecindario de Wall Street- se transformó en unas horas en un cementerio humano, siendo bautizado después elocuentemente como "zona cero". En ese lugar coincidirá una caminata que finalizará con la lectura de los nombres de las 2.823 personas que perecieron en el epicentro cosmopolita del planeta. En el Pentágono, el presidente George Walker Bush recordará en una ceremonia televisada las 189 víctimas fatales del ataque integrista que golpeó el símbolo del poderío militar estadounidense.
Según varios analistas locales, en este primer aniversario abundarán las manifestaciones con alta cuota de patriotismo y patrioterismo, agitados por una previsible excesiva cobertura mediática. "El 11 de septiembre y sus secuelas han tenido el paradójico efecto de demostrar, en unos meses, tanto la insospechada vulnerabilidad de Estados Unidos como su insospechado poder", asegura Michael Hirsh, ex editor internacional de la revista Newsweek, en un amplio artículo aparecido en la última edición de la prestigiosa publicación Foreign Affairs.
BIN LADEN SIGUE VIVO
El multimillonario saudí y cabecilla del grupo islamista al-Qaeda (La Base), Osama Bin Laden, ha sobrevivido aparentemente al cerco militar desplegado desde octubre del año pasado por unos diez mil efectivos estadounidenses, principalmente en la región que abarca a Afganistán, Pakistán e India. Ni siquiera las poderosas descargas explosivas de los B-52 contra las montañas afganas de Tora Bora –donde presumiblemente se refugiaba a fines del año pasado-, fueron eficaces para lograr su eliminación. Pero –según palabras del propio mandatario estadounidense-, ¿ha fracasado Estados Unidos al no capturar a Bin Laden "vivo o muerto"?
Consultado por Ercilla, el investigador Jeffrey Frankel –de la Escuela de Administración John F. Kennedy de la Universidad de Harvard- declara que "la rápida caída de los Talibán (grupo integrista musulmán ligado a Bin Laden) en Afganistán, luego de la intervención militar, ha constituido el mayor éxito (...) Uno tampoco puede esperar ganarlo todo y no haber capturado a Bin Laden (por quien Washington aún ofrece 25 millones de dólares) no es necesariamente un signo de fracaso... la ‘guerra contra el terrorismo’ aún no finaliza".
El coronel en retiro Daniel Smith, miembro del directorio del Centro para Informaciones de Defensa -organización independiente de asuntos militares radicada en Washington-, expresa a esta revista que "ya que era temerario encontrar a Bin Laden ‘vivo o muerto’, es suficiente con contener sus actividades".
Según el siempre bien informado rotativo al-Quds al-Arabi, con sede en Londres, "el líder árabe (Bin Laden) retomó el completo control de al-Qaeda y ha conseguido reagrupar a la organización terrorista para cometer nuevos ataques". Abdel-Bari Atwan, uno de los pocos periodistas que han logrado entrevistarlo, puntualizó que "Bin Laden planeará nuevos ataques contra Estados Unidos que coincidirán con los bombardeos contra Irak, para así capitalizar las recientes declaraciones del mundo árabe contra un ataque de Washington a Bagdad". Este profesional precisó además que el cabecilla de al-Qaeda "quiere ser visto como el único árabe que se enfrenta abiertamente a Estados Unidos, cuando comience el ataque a Irak (ver recuadro)".
Una fuente de Inteligencia árabe, contactada por el matutino The Washington Post, detalló que esa organización terrorista pretende llevar a cabo sus próximas operaciones antes de fin del presente año. Y que incluso está entre sus planes asesinar a estadounidenses en las calles de Arabia Saudita, lo que polarizaría gravemente las ya tensas relaciones entre Ryad y Washington.
Como protagonista de este delirante espectáculo, Bin Laden ha vuelto a las pantallas televisivas. Su reestreno mediático comenzó con una carta difundida en el sitio de Internet islamonline.net el pasado 25 de agosto, atribuida al millonario saudí: "La aureola que se ha dibujado en torno a ese gran país (Estados Unidos) no vale ni el ala de un mosquito. No vale nada ante la fuerza de Dios y el apoyo que brinda a los creyentes y a sus fieles ‘muyahidines’ (combatientes)". La presunta misiva de Bin Laden –que habría sido escrita recientemente, según una fuente afgana de ese sitio web- predice luego la derrota de "las naciones infieles, con el tiránico Estados Unidos a la cabeza".
Pero el "golpe" noticioso en el beligerante nuevo escenario internacional lo aportó CNN. El corresponsal Nic Robertson obtuvo la primicia: 250 horas de grabación repartidas en 64 cintas de video, pertenecientes presuntamente al archivo audiovisual de al-Qaeda. La serie fue bautizada como "los videos del terror" y muestra experimentos de armas químicas con perros; instrucciones para preparar explosivos, cometer asesinatos y secuestros, y cientos de imágenes de Bin Laden y su círculo más cercano, grabadas aparentemente antes del pasado 11 de septiembre.
"Los videos no muestran ninguna diferencia (que no fuese conocida) en la capacidad de al-Qaeda. Quizá, sólo constituyen una advertencia para aquellas personas que legítimamente venden componentes químicos y explosivos, para que estén más alertas al tratar con potenciales y desconocidos clientes", comenta a Ercilla el coronel retirado Daniel Smith, quien en 1966 se graduó en la prestigiosa Academia Militar de West Point.
La amenaza latente de un nuevo atentado terrorista debiera tener en alerta a los altos funcionarios estadounidenses. Tom Ridge –quien meses después de los atentados asumió el cuestionado cargo de director de Seguridad Interna- reconoció en una extensa entrevista a BBC que existían células de al-Qaeda operando en Estados Unidos. Precisó que pese a la mayor seguridad en aviones y aeropuertos, no se puede descartar –por otro lado- el uso de armas químicas y biológicas contra la población.
GUERRA "PREVENTIVA"
Tras el ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono –que según una investigación judicial alemana fue planificado con más de un año de anticipación-, Washington está sumido en una tormentosa pugna de poder. De acuerdo al mismo Michael Hirsh, en su mencionado artículo de Foreign Affairs, "esta administración (Bush) está tanto en una guerra interna como en contra de los terroristas. Está atrapada en una pelea titánica entre el secretario de Estado, Colin Powell, y su limitado grupo de moderados multilateralistas; (el secretario de Defensa) Donald Rumsfeld junto a (el vicepresidente) Dick Cheney en un eje de realistas unilateralistas; y un tercer grupo de influyentes neoconservadores liderados por (el subsecretario de Defensa) Paul Wolfowitz. Así, el presidente aparentemente no puede decidir cuál visión del mundo adopta (...) El resultado es una parálisis ideológica, seguida por una parálisis de políticas".
Arturo Valenzuela, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, expresa a Ercilla que debido precisamente "a las tendencias unilateralistas de Bush, éste no ha asimilado que la lucha contra del terrorismo requerirá mayor cooperación con otros gobiernos, y no menos".
El periodista Michael Hirsh advierte además que Wolfowitz y sus adherentes han coincidido en los hechos con los exponentes del realismo unilateralista, "bajo el estandarte del neoimperialismo o ‘hegemonismo’. Esta creencia rescata la afirmación unilateralista de que el fuerte poderío, y sin rivales, de Estados Unidos, será el primer recurso no sólo para ganar la guerra contra el terror, sino para preservar indefinidamente el dominio estadounidense".
"Uno de los acontecimientos asombrosos de los últimos meses es la presentación de la guerra preventiva como un instrumento legítimo y moral de la política exterior estadounidense –denuncia por su parte Arthur Schlesinger, historiador y ex asesor del presidente John F. Kennedy-. Durante la guerra fría, a los defensores de la guerra preventiva (preventive war) se les despachaba como a un grupo de chiflados (...). Hoy día, por desgracia, parece que están en el poder en Estados Unidos".
Renombrados exponentes del Partido Republicano también han criticado la actual tendencia en la política exterior de Washington, asegurando -como el polémico Henry Kissinger- que ésta debe "transformar el poder en consenso, para que el orden internacional esté basado en acuerdos más que en una reacia resignación (de poder)".
El actual senador republicano Chuck Hagel haya sido probablemente mucho más claro, al advertir que Estados Unidos "necesita amigos". ¿Lo habrán escuchado en la Casa Blanca?
Andrés Pérez González
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(RECUADRO) LA PROXIMA GUERRA
La actual administración Bush ya ha decidido el próximo objetivo de su cuestionada "guerra contra el terrorismo": el régimen de Saddam Hussein en Irak. En las últimas semanas, los encargados de la alta política estadounidense -en la Casa Blanca, el Pentágono y el Congreso- han alimentado un candente debate que intenta preparar el terreno político para esa nueva misión.
George W. Bush declaró el pasado 29 de agosto que consultaría al Legislativo el inicio de la incursión militar contra el jerarca iraquí. Dos días antes, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, advirtió a sus aliados extranjeros que Washington "no esperará un apoyo unánime de otros países", saliendo al paso de las declaraciones del canciller alemán, Gerhard Schröder –candidato a la reelección en los comicios de mediados de septiembre-, quien se ha opuesto a una intervención armada. De igual modo, se opuso a las advertencias del presidente egipcio, Hosni Mubarak, de que un nuevo conflicto bélico acentuaría la inestabilidad en Oriente Medio. La aprensión de Mubarak fue elocuente: "Si Estados Unidos ataca a Irak y mata iraquíes, mientras Israel sigue matando palestinos, ningún líder árabe será capaz de controlar la explosión de ira de las masas".
Arturo Valenzuela, ex funcionario de la Administración Clinton, expresa a Ercilla: "Hay que preguntarse si un ataque, al no darle alternativas a Saddam, puede incentivar en vez de desincentivar el uso y producción de armas de destrucción masiva. En una guerra habría que asegurarse además de que efectivamente Saddam no pueda usar ese tipo de armas, que podría llevar a una guerra más generalizada en Medio Oriente, donde no se descarta el uso de armas nucleares por parte de Israel. Dadas estas circunstancias, creo que éste no es el momento de atacar a Irak. Y si se hiciera, debería ser con el aval del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y el apoyo más decidido de aliados claves y de Rusia".
El experimentado Scott Ritter, ex inspector de la ONU en Irak, advirtió en tanto que la Tercera Fuerza Expedicionaria de Marines, con base en California, está preparando "a 20 mil de sus efectivos para operaciones de combate terrestre en esa región para mediados de octubre (próximo)".
Pero a pesar de las reiterativas intenciones del vicepresidente Dick Cheney de que en el caso de Irak es "peor la inacción que la acción", George W. Bush parece no estar preocupado por los plazos. Pretendiendo enfriar la temperatura bélica, declaró lacónicamente desde su rancho en Tejas: "Soy un hombre paciente".
A.P.G.