Estados Unidos

American way of war

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Tras la muerte de los dos hijos varones de Saddam Hussein, las tropas estadounidenses reforzaron la caza del “as de espada”; mientras continúa la resistencia contra las fuerzas de ocupación. Es tiempo de guerra y los detractores de la actual Administración Bush comienzan a decir adiós a la apacibilidad del American way of life.

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La muerte de Uday y Qusay Hussein, los cuestionados hijos de Saddam, no ha solucionado los actuales problemas en el diario vivir de los iraquíes. “Necesitamos agua y electricidad –espetó Bassem Younis, un cristiano dueño de una pequeña tienda comercial en Bagdad–. En la noche sólo tenemos dos horas de electricidad. Era mejor antes de la guerra”.

Mohammed Jassen, un desempleado ingeniero eléctrico sunita, agregó a la misma enviada especial de USA Today, Glen Carey, que necesitan con urgencia trabajo: “Si no tengo trabajo o una mejor vida, lucharé contra los estadounidenses. Y así lo harán muchos iraquíes”.

Así, la labor de Paul Bremer –el máximo responsable civil de Washington en Bagdad– continúa cuesta arriba. Los plazos para el restablecimiento de los servicios básicos se alargan una y otra vez, esperándose para unos 60 días más que se regrese a las condiciones previas a la guerra.

Progresivamente, la población iraquí está más impaciente y desencantada. Mientras tanto, la resistencia contra los efectivos estadounidenses alcanza ribetes de una desatada guerrilla radicalmente descentralizada.

Seis días después del confuso enfrentamiento que costó la vida a Uday y Qusay (el pasado 22 de julio), dos soldados estadounidenses perecieron por el estallido de una granada lanzada sorpresivamente contra el vehículo todoterreno humvee, en un tranquilo barrio bagdadí. Este reemplazante del conocido jeep de la Segunda Guerra Mundial cuenta con sofisticados aparatos tecnológicos, pero carece del blindaje necesario para hacer frente a los fedayines y otros elementos de la resistencia antiestadounidense.

Con esos dos efectivos se elevaba, por entonces, a más de 50 el número de “bajas” militares de Estados Unidos, desde que el pasado 1 de mayo George W. Bush declarara el término de las operaciones bélicas. 16 de esas víctimas habían muerto sólo en la última semana de julio.

Para el general estadounidense Ricardo Sánchez (de origen mexicano), encargado de las unidades desplegadas en Irak, el constante accionar de las células guerrilleras se debe a que ese país “se ha convertido en un imán para los terroristas extranjeros”. Inclusive, el siempre cuestionado Paul Wolfowitz –subsecretario de Defensa estadounidense– sugirió el pasado 29 de julio que los elementos movilizados sumarían unos 20 mil.

 

¿ENFRENTAMIENTO?

 

Cuesta explicarse cómo unos 200 efectivos de la especializada Task Force 20 de Estados Unidos demoraron casi cuatro horas en romper el fuego de apenas cuatro iraquíes escondidos en una casa de la norteña ciudad de Mosul, a unos 400 kilómetros de Bagdad. El AK-47 fue el único arma que utilizaron Uday (39), Qusay (37), Mustafá (el hijo de este último, de sólo 14 años) y un guardaespaldas para detener a los soldados del Ejército más poderoso del planeta, en ese confuso enfrentamiento.

En el artículo de portada de fines de julio, Newsweek aseveraba que Washington quería dejar en claro que “la resistencia al nuevo orden era fútil”. Y probablemente por esa razón, los hijos y el nieto de Saddam no permanecieron con vida.

Todo apunta a que los herederos del llamado “Carnicero de Bagdad” fueron víctima de un chivatazo. De acuerdo a la mencionada publicación, a las 6.30 de ese 22 de julio el empresario Nawaf al-Zaidan –quien hospedaba al número dos y tres del desaparecido régimen– llevó a su familia a un restaurant, regresando a eso de la 7.30 junto a su hijo de 10 años. A las 10 de la mañana aparecieron los efectivos especiales estadounidenses, tocando a la puerta. Nawaf y su hijo fueron sacados a la fuerza del lugar, que en cuestión de minutos se convertiría en un campo de batalla.

Como los perseguidos no dieron respuesta al llamado de rendición –siempre según Newsweek–, algunos soldados fueron tras ellos por las escaleras, encontrándose con el fuerte tronar de las AK-47 que dejó heridos a tres efectivos y obligó un momentáneo repliegue.

El coronel Joe Anderson, a cargo del equipo de la Segunda Brigada de Combate Aerotranspotada, ordenó “ablandar” al enemigo, utilizando granadas y misiles disparados desde helicópteros Kiowa. Nuevamente intentaron ingresar, siendo repelidos por los desesperados hijos de Saddam. La furia del aparato militar estadounidense se dejó caer otra vez sobre esa residencia. Y fue la definitiva. Los cuerpos acribillados de Uday, Qusay y el guardaespaldas fueron hallados en el baño. Mustafá yacía muerto bajo una cama, desde donde presuntamente también disparaba su AK-47.

“¿Por qué han bombardeado tu casa?”, le preguntó Mukhlis al Jibouri a su vecino y amigo Nawaf, una vez finalizada la operación, respondiendo éste algo alterado: “¡Uday y Qusay han estado en mi casa por 23 días! Me sorprendieron. Llegaron y golpearon a la puerta”.

Precisamente este empresario es el principal sospechoso de haber revelado a los estadounidenses la identidad de sus importantes huéspedes. Y probablemente los 30 millones de dólares en recompensa (15 millones por cada hijo de Saddam) influyeron en su decisión. Newsweek aseguraba que ésta podría pagarse con el mismo dinero que Uday y Qusay trasladaban con ellos: unos 100 millones de dólares.

Resulta incomprensible para un oficial británico que las tropas del asalto no hubieran forzado la salida del inmueble, de esos altos personeros del pasado régimen, con asfixiantes gases de humo, privilegiando así mantenerlos con vida para luego juzgarlos. La parte estadounidense duda de que los últimos herederos de la dinastía Hussein pudieran haber servido como puente para acceder al otrora máximo líder. “Un juicio se hubiera vuelto rápidamente un circo y hubiera agitado aún más resistencia”, sugirió una fuente militar estadounidense al influyente semanario.

Newsweek incluyó en ese citado reportaje la demoledora frase: “Así termina el reinado del terror de dos memorables monstruos”. Consultado por Ercilla, y en su acostumbrado lacónico estilo, el polémico columnista estadounidense Daniel Pipes asiente diciendo “es una excelente descripción de ellos”. Desde Washington, el analista en Inteligencia Daniel Smith dice a esta misma revista que “si bien el término es impreciso, es al menos evocador”.

 

“PARANOIA”

 

A pesar de las distintas pruebas presentadas por Estados Unidos que corroboraban la identidad de Uday y Qusay –e inclusive la visita de corresponsales a la improvisada morgue dispuesta en el Aeropuerto Internacional Bagdad–, la población iraquí preserva sus dudas y escepticismo.

Según el vendedor Ahmed Hazim, de la misma ciudad en que fallecieron los hijos de Saddam, el fuego que veía cerca de su lugar de trabajo no era más que una coartada orquestada entre Estados Unidos y la familia de Hussein. “En realidad, esto es como un pasaporte para Uday y Qusay para abandonar el país”, expresó.

Algunos tienen aún presente cómo al término de la Primera Guerra del Golfo (1991) Washington decidió no deponer a Saddam y no olvidan la fluida colaboración durante la Guerra Irán-Irak. En esa ocasión, el actual secretario de Defensa de Estados Unidos, el “halcón” Donald Rumsfeld, sirvió de enviado especial de Ronald Reagan, entrevistándose personalmente con el entonces máximo líder iraquí.

Stephen Zunes, politólogo de la Universidad de San Francisco, dice a Ercilla que tampoco hay que desechar “la rumoreada colaboración que brindó la CIA para que Hussein llegara al poder en 1979”.

Ante otra consulta de esta revista, William Hartung –investigador del World Policy Institute de Nueva York– cree que Saddam correrá la misma suerte de sus hijos: “La muerte de Hussein dejará esta historia inconveniente fuera de escena”.

En las calles de Tikrit, Mosul o Bagdad, de acuerdo a los corresponsales extranjeros, muchos han dicho que tienen que “ver con sus propios ojos” para aceptar la muerte de Uday y Qusay. Desde Tikrit, la localidad natal de Hussein, el comerciante Fadhil Awda aseguró que de ser cierto “sentiría aún más orgullo, ya que murieron resistiendo durante horas ante fuerzas muy desiguales”.

Para Ikhlas Sibu, una dueña de casa de Bagdad, “si los dos hijos (de Saddam) están realmente muertos, me sentiría más segura. Pero me temo que ellos no están muertos. De todos modos, no habrá seguridad hasta que Saddam esté muerto. Él nos enseñó a ser paranoicos”.

 

AS DE ESPADA

 

Saddam Hussein es el “as de espada” en el naipe que Estados Unidos repartió entre sus soldados en Irak. En una nueva grabación de sonido difundida el pasado 29 de julio por el canal satelital de TV Al Arabiya, el “Carnicero de Bagdad” hizo mención a la muerte de Uday y Qusay.

“Hermanos e hijos, me lamento ante ustedes y les comunico la feliz noticia... que las almas de otro grupo de mártires han ascendido hasta su creador”, declaraba la calmada voz en árabe, al comienzo de los nueve minutos de transmisión. “Amados iraquíes, sus hermanos Uday y Qusay, y Mustafá, el hijo de Qusay, subieron al estrado de testigos, lo que complace a Dios”.

La grabación reparó también en la prolongada y “valiente batalla”, intentando con eso fortalecer la resistencia iraquí. Según fuentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la voz  pertenecería “probablemente” al ex dictador.

A pesar de que aparentemente las tropas de ocupación están cada vez más cerca de Hussein, éste se las ha arreglado para hacer llegar sus grabaciones a Al Arabiya. Quizás, no está tan solo como les gustaría a los estadounidenses.

Pareciera, eso sí, que el ex hombre fuerte de Irak debe cambiar continuamente de refugio. “Estimamos que él (Saddam) no se está quedando más de cuatro horas en el mismo lugar –aseguró la portavoz de la Cuarta División de Infantería, mayor Josslyn Aberle–. Pero él ha sido un maestro del escondite toda su vida”.

“Lo que tratamos de hacer es aumentar la presión para forzarlo a cometer un error, atraparlo cuando se desplace entre uno y otro lugar”, expresó por su parte el capitán Jeff Fitzgibbons, un vocero militar estadounidense en Bagdad.

El general iraquí Alí Hadi apunta sus dardos hacia el ex jerarca. “Fue él, durante sus 23 años de tiranía, quien pervirtió a nuestro pueblo, transformándolo en un pueblo de delatores. Hasta ahora sobrevive pagando a los que lo ocultan y todavía tiene mucho dinero, pero los estadounidenses ofrecen 25 millones por su cabeza y no tardará en aparecer algún pariente suyo que quiera cobrar su recompensa”.

En Washington, todos esperan la pronta captura –¿vivo o muerto?– de Saddam. El ya citado Paul Wolfowitz dijo recientemente a la cadena NBC que “no hay duda de que atrapar a Saddam Hussein tendrá más efecto que ninguna otra cosa que podamos hacer”.

En otras palabras, los altos funcionarios estadounidenses quieren revertir prontamente la creciente ola de críticas por el manejo del conflicto en Irak y la instauración de la “guerra preventiva”, declarada por Washington tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Por otra parte, el apoyo a Hussein no es lo que motiva los ataques contra la tropa extranjera. Según la versión de un grupo de fedayines dada a la revista Time, “nosotros lo hacemos porque ellos nos degradan, ellos ocupan nuestra tierra”. La misma fuente reconoció que la resistencia opera de forma absolutamente autónoma, sin obedecer a algún mando central.

Mientras tanto y siempre bajo el amparo de la administración civil estadounidense, el Consejo de Gobierno Iraquí –compuesto por 25 miembros repartidos entre las distintas etnias y religiones– demoró más de dos semanas en ponerse de acuerdo y nombrar un Comité de Presidencia rotativo de nueve integrantes. Aunque el cargo propiamente de presidente será asumido sólo por un mes y recayó en primera instancia en Ibrahim al Yafari, jefe del partido islamista chiíta Dawa (llamamiento), cuya colectividad fue fuertemente perseguida por el antiguo régimen.

Entre los miembros del Comité de Presidencia sobresale el cuestionado Ahmed Chalabi, jefe del Congreso Nacional Iraquí, una agrupación de exiliados con estrechos vínculos con los “halcones” de Washington.

Muchos han cuestionado la legitimidad del Consejo de Gobierno, el compuesto por 25 miembros, ya que si bien tiene la facultad de nombrar ministros, aprobar el presupuesto para el próximo año y decidir sobre las políticas económicas y las reformas electorales en una futura Constitución, la decisión final sigue estando en Paul Bremer, el representante máximo de George W. Bush en Bagdad.

 

EL PENTAGONO PAGA

 

De acuerdo a The Washington Post, el Pentágono pagará más de 230 millones de dólares para el transporte y apoyo logístico de una división multinacional de 9.000 soldados en la ocupación en Irak –que estarán encabezados por Polonia, que desplegará 2.400 efectivos–, citando al alto funcionario de la secretaria de Defensa estadounidense Dov Zakheim.

Según el mismo rotativo, España –que contribuirá con 1.300 soldados– decidió cubrir por sí sola sus propios gastos.

La fuerza multinacional estará compuesta, además, por batallones provenientes de países de la ex órbita soviética como Hungría, Ucrania, Rumania, Letonia, Estonia y Eslovaquia; los centroamericanos El Salvador, República Dominicana, Honduras y Nicaragua; y los asiáticos Mongolia y Filipinas. Estos operarán en cuatro provincias al sur de la capital, ocupadas actualmente por marines estadounidenses. Mientras, el Pentágono aún no se pronuncia por una fecha de retorno escalonado de los más de 148 mil efectivos que continúan en la zona.

A juicio del analista Charles Krauthammer, en un artículo aparecido a fines de julio en Time, Estados Unidos está “en medio de una revolución” estratégica-militar, abandonando lugares “donde no es querido”. Así, el Pentágono tendría programado un pronto retiro de sus fuerzas de la “vieja Europa” hacia la “nueva Europa”, como denominó hace un tiempo Donald Rumsfeld a algunos países de la antigua Cortina de Hierro.

La doctrina Rumsfeld insiste en la idea de desplegar bases militares pequeñas, de rápido movimiento y localizadas en nuevos puntos estratégicos. Para Krauthammer, los estadounidenses están “en medio de un gran redesplazamiento que no solamente retocará el mapa del mundo, sino que determinará el piso en el que asimismo se ha movido la historia”.

El citado William Hartung, del World Policy Institute, cree que “la política neoconservadora de Bush pareciera ser ‘todo es guerra todo el tiempo’. Si ya han depuesto dos regímenes (en Afganistán e Irak) en menos de tres años de administración. Esta administración es una deshonra para lo que realmente debiera ser el American way of life; democracia constitucional, trabajo conjunto con otras naciones, promoción de las normas de la ley y no las de las balas”.

También en declaraciones a esta revista, el mencionado experto Daniel Smith –veterano de Vietnam– dice que “de algún modo el American way of life ha significado guerra. En promedio, Estados Unidos ha tenido una guerra cada 20 años”.

American Way of War fue el influyente libro del historiador militar Russel Weigley, que en 1978 describió como “guerra de agotamiento” la emergente estrategia utilizada en diversos conflictos por Washington, apoyada por su poderío militar y una gran población.

Consultado por Ercilla, Thomas Donnelly –experto en Defensa y Seguridad Nacional del ultraconservador American Enterprise Institute (think tank que abastece de funcionarios a la actual Administración Bush)– dice que “luego de la campaña en Afganistán e Irak, algunos analistas quieren determinar que existe un ‘nuevo’ modo de guerra estadounidense que enfatiza, entre otros aspectos, la rapidez y maniobrabilidad. En mi opinión, esto ha sido una simplificación exagerada”.

George Monbiot, incisivo columnista del diario británico The Guardian, denunció en su reciente artículo America is a religion que “ahora quienes cuestionan la política exterior de George W. Bush ya no son solamente detractores; ellos son blasfemos o ‘antiestadounidenses’. Esos Estados extranjeros que intentan cambiar esta política están perdiendo el tiempo: usted puede negociar con políticos, pero no con sacerdotes. Estados Unidos tiene una misión divina, como lo sugirió Bush en enero pasado: ‘defender las esperanzas de toda la humanidad’, y salvar a los desafortunados que desean otra cosa al American way of life”.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO)            ENIGMATICA MUERTE

Antes de iniciar sus vacaciones veraniegas en Barbados, el cuestionado primer ministro británico, Tony Blair, realizó el pasado 30 de julio la acostumbrada conferencia de prensa mensual. Pero nada dijo respecto a la enigmática muerte del asesor del ministerio de Defensa, el microbiólogo David Kelly, quien quedó en medio de una agresiva pugna entre Downing Street 10 y la siempre bien posicionada BBC. Kelly habría sido la fuente anónima que sustentó un artículo de prensa que acusaba al gobierno de exagerar la real amenaza armamentista del extinto régimen iraquí.

El ministerio de Defensa hizo público su nombre como probable fuente de información de la BBC, entablando una agobiante presión contra el especialista. Kelly debió enfrentar además una comisión parlamentaria creada para este caso. En esa ocasión dijo que no creía ser la fuente a la que hacía mención la BBC. Su cuerpo fue hallado, el pasado 18 de julio, en los alrededores de su residencia en Oxford con un corte en la muñeca izquierda. Dos días después, la BBC confirmó que este ex inspector de armas en Irak era su “alta” fuente en el Gobierno, y recién este 1 de agosto la justicia británica abrió una investigación para dilucidar las causas de su muerte. ¿Mintió Kelly ante la comisión parlamentaria? ¿Por qué reveló su nombre el ministerio de Defensa? Por lo demás, sus familiares y amigos se resisten a la idea del suicidio. Dicen que no iba con su personalidad.

A.P.G.

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