Armas nucleares

La democratización del terror

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¿Es posible un 11 de septiembre atómico? Y es que sumado a las actuales potencias nucleares, diversos grupos terroristas tienen a su alcance bombas “sucias” que harían, nuevamente, realidad la ficción. Pareciera que los años de Guerra Fría siguen presentes.

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Lamentablemente no se trata de un argumento novelesco como el que 25 años atrás idearon los célebres escritores Dominique Lapierre y Larry Collins en El Quinto Jinete. Esa obra comienza con una supuesta carta del entonces enemigo número uno de Washington, el jerarca libio Muammar al Gaddafi, amenazando al gobierno estadounidense con explosionar una bomba atómica en Nueva York, centro cosmopolita y financiero del planeta. Premonitoriamente uno de los capítulos se titula “Los rascacielos volarán por los aires”, vaticinando lo que veinte años después fueron los espectaculares atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, orquestados por el mítico multimillonario saudí Osama Bin Laden.

Nuevamente la ficción puede ridiculizar lo que se entiende por realidad. ¿Es posible un 11 de septiembre atómico? De acuerdo a lo expresado recientemente por el egipcio Mohammed El Baradei, director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA, dependiente de Naciones Unidas), el riesgo de utilización de armas nucleares es mayor que nunca.

Ya a mediados del año pasado, el experto Abel González –director de la División de Radiación y Seguridad de Residuos de la misma AIEA– dijo en una conferencia internacional en Suiza: “No tengo pruebas, sino sospechas de que movimientos organizados están obteniendo material radiactivo para acciones terroristas”.

Al margen de la extinción de la Unión Soviética, los tenebrosos años de la Guerra Fría parecieran que no se han ido del todo. El 18 de diciembre pasado, Andrei Malyshev –presidente de Gosatomnadzor, la agencia de regulación nuclear de la actual Rusia– reconoció que durante los diez primeros meses del 2003 hubo cuatro robos de material radioactivo en ese país.

La AIEA ha seguido insistiendo en la posibilidad real de que un grupo detone una bomba “sucia” (ver recuadro) en algún lugar repleto de gente. “Creemos que existe un alto riesgo de que algo ocurra, pero también pensamos que el impacto (en número de víctimas mortales) sería bajo”, aclaró entonces el experto Abel González.

 

AMENAZA MUNDIAL

 

El gobernante más poderoso del planeta, George W. Bush, calificó la proliferación atómica y su consecuente utilización terrorista como “la mayor amenaza a la que hoy se enfrenta la humanidad”. El pasado 11 de febrero, el mandatario estadounidense advirtió además que no tolerará que terroristas o regímenes “hostiles” amenacen al mundo con armas de destrucción masiva: “los encontraremos, no descansaremos hasta que los capturemos”.

Por su parte la AIEA advierte lacónicamente que de no hacer algo, caminamos hacia la catástrofe.

Matthew Bunn, destacado investigador en el proyecto Tratando con el Átomo de la Universidad de Harvard, se hace un tiempo en su apretada agenda para responder las consultas de Ercilla. Dice que “estudios tras estudios han confirmado que un grupo terrorista competente puede hacer una bomba nuclear, potencialmente comparable a la que borró a Hiroshima. La misma AIEA ha documentado 18 casos de robo de uranio altamente enriquecido o de plutonio (ingredientes esenciales de una bomba nuclear), desde el colapso de la Unión Soviética”.

En un informe confidencial remitido a los 35 miembros de la junta de gobernadores, órgano ejecutivo de la AIEA (que se reunirán este 8 de marzo en Viena), se ventila –de acuerdo a lo filtrado a la prensa– que Libia llegó a producir pequeñas cantidades de plutonio de “calidad militar”. Al no informar de esos movimientos, no cumplió con sus obligaciones contraídas con la AIEA. De todos modos, Gaddafi ya se congració con los líderes de Washington y Londres al anunciar sorpresivamente hace unos meses que desmantelará todos sus programas de armas de destrucción masiva.

 

OSAMA

 

Conocido como el padre de la bomba atómica paquistaní, el científico Abdul Qadeer Khan debió recientemente admitir sus coqueteos con Trípoli, Teherán y Pyongyang, que revelan la fragilidad del sistema internacional de control nuclear. El gobernante de facto de Paquistán, Pervez Musharraf, lo perdonó, no olvidando el plus geoestratégico de su país al ser un recién llegado en el selecto club atómico, junto a su vecino y archienemigo: India.

La incógnita se agiganta ante la perturbadora posibilidad de que entre los clientes de Khan hubiera estado el intransigente Osama Bin Laden.

Según Matthew Bunn, el jefe de Al Qaeda “quiere hacerse con armas atómicas para utilizarlas contra países occidentales, y ha intentado repetidamente comprar material y reclutar a los expertos necesarios para fabricarlas”.

Un año después de los televisados atentados terroristas contra Estados Unidos, el Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional (un organismo privado estadounidense) no encontró evidencias confiables de que Osama tuviese la bomba atómica.

“Existen informes de prensa que detallan que, de acuerdo a las conclusiones de la Inteligencia británica, Al Qaeda tiene actualmente la capacidad de usar una bomba ‘sucia’. Yo no tengo una confirmación independiente de eso –puntualiza a esta revista el citado experto Matthew Bunn–. No hay evidencias de que ya tengan una bomba nuclear... aunque tampoco es descartable. Documentos recogidos de casas de seguridad de Al Qaeda en Afganistán revelan un amplio y extensivo esfuerzo investigativo en armas nucleares... y presumiblemente se llevaron consigo los documentos más comprometedores”.

Atendiendo nuevamente a Ercilla desde Washington, el experto en asuntos militares Daniel Smith no cree que “Bin Laden u otra organización posea un arma nuclear. Una o más pueden tener alguna fuente de radiación, pero ésta sería relativamente pequeña y ciertamente no conducente a fabricar una bomba nuclear, pero sí una bomba ‘sucia’”.

Pero no pocos reconocen su preocupación por el destino de Paquistán. Matthew Bunn asevera que “si las tensiones con India vuelven a resurgir, esa confrontación de vecinos-con-armas-nucleares plantea uno de los mayores peligros mundiales respecto al uso de armamento nuclear. Los últimos acontecimientos han demostrado que al interior del programa nuclear paquistaní están dispuestos a vender tecnología de armamento nuclear, sea tanto por dinero como por fervor islámico. Ambos impulsos los pueden llevar a ayudar a un grupo terrorista como Al Qaeda (...) y dada la fuerza de las facciones extremistas islámicas en Paquistán existe cierto riesgo de colapso del presente gobierno, por uno de línea integrista dura, simpatizante de Al Qaeda”.

Escéptico, Daniel Smith manifiesta que “al margen de que otros países continúen sus esfuerzos por conseguir equipamiento, planos y uranio, la ‘evidencia’ de que (el mencionado científico paquistaní Abdul Qadeer) Khan halla entregado alguna información no disponible en Internet a los terroristas, es circunstancial y está basada en un viaje a Afganistán cuando los Taliban aún controlaban ese país”.

Más allá del seguimiento de lo que ocurra, por otro lado, en Irán y Corea del Norte, vale recordar quizá las palabras del experto en relaciones internacionales Andrew Mack –ex director de Planificación Estratégica del secretariado general de la ONU–, quien reconoció hace ya unos años que si bien “en principio hay muchas razones para preocuparse, en particular por el dilema de las armas nucleares perdidas (loose nukes) en Rusia, también es cierto que luego de haber perdido a su enemigo tradicional (la URSS), los militares estadounidenses tienen que encontrar uno nuevo. Muchas veces, para preservar el presupuesto es necesario atraer la atención de la administración y para eso se infla la amenaza que proviene de las armas de destrucción masiva (atómicas, químicas y biológicas)”.

Y cuando ni siquiera se halla ese bullado tipo de armamento en Irak –que justificó en parte el derrocamiento de Saddam Hussein–, otra patética duda queda rondando en este nuevo orden internacional.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO)            LA BOMBA “SUCIA”

Está compuesta por la siniestra combinación de explosivo convencional y material altamente radiactivo, denominándose también “artefacto de dispersión radiológica”. No se trata necesariamente de plutonio o uranio enriquecido, esenciales para la fabricación de una bomba nuclear clásica, sino eventualmente de cesio 137 en polvo, cobalto 60 granulado, iridio 192 o estroncio 90. Lo tétrico es que esas últimas sustancias se utilizan en hospitales, centros de investigación y en varias industrias. En la mayoría de los casos se trata de recintos mal protegidos. La explosión genera un golpe de calor tan intenso que vaporiza o convierte en aerosol dicho material radiactivo y lo dispersa por una zona muy extensa.

A.P.G.

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