Detención de Vladimiro Montesinos

Ambición, traición, dudas y suspicacias

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Tras 238 días de búsqueda, el hombre fuerte del destituido régimen de Alberto Fujimori fue capturado en Venezuela y prontamente expulsado a Perú. El "Rasputín" peruano arriesga pasar el resto de su vida en prisión, aunque no se puede descartar que su red de influencia entre en acción.

Por Andrés Pérez González,

Santiago de Chile

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Tras desconocer su paradero durante ocho meses –existiendo serias sospechas de que se refugiaba en Venezuela-, el ex jefe de facto del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) de Perú aseguró en su primer encuentro ante los jueces peruanos que en ese periodo se escondió en varias ciudades venezolanas. Para confirmar esa versión, sacó de su bolsillo algunos papeles, boletos de avión y recibos, escapándosele una figurilla religiosa de "Sarita Colonia", una especie de "santa" popular no reconocida por la Iglesia Católica y supuesta patrona de mafiosos y delincuentes.

Aparentemente, el hombre en las sombras del extinto régimen autoritario de Alberto Fujimori -prófugo de la justicia y autoexiliado en Japón- quiso nuevamente rebelarse contra el recuerdo de su padre, quien doctrinariamente lo obligaba a aprenderse las directrices de la desaparecida Unión Soviética. Tal fue el fanatismo de su progenitor que a este ex capitán del Ejército peruano le puso por nombre Vladimiro Ilich Lenin Montesinos Torres (56).

Desde su arribo a Lima el pasado 25 de junio, tras su sorpresiva captura en Caracas dos días antes, el "Rasputín" peruano no ha ocultado además su preocupación por ser asesinado. Bajo su camisa lleva puesto un chaleco antibalas y antes de comer no es raro que le solicite a algún guardia que pruebe los alimentos en su presencia antes de que él los ingiera. Su suerte no le puede ser más adversa: al cierre de esta edición, cumplía detención en un recinto de máxima seguridad de la Armada de ese país, construido por orden del mismo Montesinos entre 1992 y 1993, junto a Abimael Guzmán y Víctor Polay, respectivos líderes del grupo maoísta Sendero Luminoso y del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA).

CAPTURA

La captura de Montesinos estuvo condimentada con abundantes evidencias de ambición, traición, dudas y suspicacias. Terminada la euforia inicial con la que el controvertido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dio la primicia –cuando se celebraba en Caracas una cumbre de los países andinos- el caso se desperfiló ante un sospechoso hermetismo de parte de las autoridades venezolanas. A los pocos días, explotó la disputa por la autoría del arresto del hombre más buscado en Latinoamérica. Caracas se adjudicó toda la operación, mientras Lima dijo que también tuvo parte en el exitoso hallazgo junto a la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) de Washington. La polémica –al cierre de esta edición- aún no estaba aclarada, aunque amenazaba seriamente las relaciones entre ambos Estados.

Según el ministro del Interior de Perú, Antonio Ketín Vidal, la operación pudo llevarse a efecto debido a la colaboración de un ex agente de seguridad venezolano, José Guevara, quien estaba en contacto con Montesinos. Incluso, Guevara habría volado a Miami el pasado 15 de mayo para retirar 38 millones de dólares desde una cuenta en el Pacific Industrial Bank.

De acuerdo a esos antecedentes, los mismos funcionarios de esa entidad bancaria alertaron al FBI, procediendo el 23 de junio a la detención de Guevara. Éste, al verse acorralado por la justicia, decidió traicionarlo pidiendo a cambio la recompensa de cinco millones de dólares que el gobierno peruano ofrecía tentadoramente a quien entregara información para facilitar la captura del ex asesor presidencial.

Esta versión asevera que los guardaespaldas de Montesinos –advertidos por Guevara- también aceptaron entregar al prófugo. Para eso lo trasladarían a la embajada peruana en Caracas, diciéndole al ex jefe del SIN que lo refugiarían en otro lugar. Sin aportar mayor explicación, el ministro del Interior de Perú agregó que inexplicablemente Montesinos no llegó a esa sede diplomática de la capital venezolana, para caer en manos de la policía de Chávez.

Según el diario peruano La República, Montesinos declaró que a él no lo capturaron, sino que decidió entregarse porque "no soportaba ser detenido durante el gobierno de Alejandro Toledo, ya que ahora tendría más posibilidades para negociar". Añadió que habría contado con la protección en Venezuela de "un grupo de militares" que había conocido en 1992, luego del fallido intento de golpe de Estado organizado por Chávez y algunos uniformados. Las sospechas de complicidad del actual gobierno venezolano aumentaron al recordar la insistencia con que esa administración negaba que el otrora brazo derecho de Fujimori se hallara en su territorio. El propio presidente venezolano se puso el parche antes de la herida al declarar: "No faltará alguien que diga que apenas (Chávez) se reunió con El Cholo (el recién electo presidente peruano, Alejandro Toledo), entregó a Montesinos... vendió a Montesinos".

HECATOMBE

Según el prestigioso diario The New York Times, la súbita enemistad entre el hombre fuerte del régimen de Fujimori (1990-2000) y la entonces administración de Bill Clinton en la Casa Blanca se debió a una fallida campaña propagandística ideada por Montesinos para aparecer como "el" artífice de una interceptación de armas desde Jordania a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). En definitiva, los dividendos de ese tráfico de armamento iban a parar a los bolsillos del ex jefe del SIN.

Peter Kornbluh, investigador del National Security Archive de Washington, advirtió que "los funcionarios de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos van a pasar muchas noches despiertos, preocupados por la posibilidad de que haya videos de sus encuentros con él".

Y es que la principal defensa de Montesinos en estos momentos son unas 30.000 cintas audiovisuales (apodados "Vladivideos") que aún no caen en poder de la justicia de ese país andino, que sólo cuenta con 2.000 videos. "Esto va a ser una hecatombe. Yo tengo grabados videos desde el 90, en que aparecen empresarios, diplomáticos, norteamericanos, rusos, europeos, que si los saco se produciría una crisis internacional", reparó Montesinos.

A través de la extorsión, el lavado de dinero proveniente del tráfico de drogas y de armamentos, la corrupción administrativa y el asesinato, Montesinos habría amasado una fortuna de unos 264 millones de dólares, reveló una investigación del matutino conservador peruano El Comercio. Esto lo lleva a enfrentar actualmente 52 procesos judiciales y 140 investigaciones que implican a 553 personas, y un claro riesgo de pasar el resto de sus días en la cárcel.

Desde un primer momento, el ex asesor presidencial se ha mostrado dispuesto a hablar. Luce más delgado, calvo, canoso y con un inusual comportamiento cordial y ameno ante las autoridades.

Sus primeras declaraciones tampoco dejaron ileso a su ex jefe, Alberto Fujimori, quien escapó de Lima para refugiarse en Japón. Según Montesinos, el entonces presidente conocía todos sus movimientos y fue él mismo quien le ordenó grabar sus encuentros en las dependencias del SIN.

INCLINADOS ANTE EL PODER

Según el procurador judicial José Ugaz, las alternativas de Montesinos son sólo tres: callar, cooperar o desorientar. "Dada su personalidad, no es muy difícil suponer que opte por una mezcla de las tres en la búsqueda de la solución que más lo beneficie", manifestó Giovanna Peñaflor, analista del diario económico Gestión.

Roberto Lerner, columnista del mismo rotativo peruano, fue más allá de la interesada "personificación del mal" dirigida únicamente contra el ex hombre fuerte de Fujimori. En su artículo del 28 de junio destaca: "No debemos pasar por alto que la sociedad peruana toleró el autoritarismo que hizo posible el copamiento de todas sus instituciones". Añadió luego que "esas mismas instituciones y muchos de sus representantes colaboraron, defendieron y justificaron la existencia de un poder corrupto y corruptor. Que las instancias encargadas de vigilar, controlar y fiscalizar el ejercicio del poder, salvo honrosas excepciones, miraron hacia cualquier lado menos a las oficinas del SIN. Que los individuos de todos los niveles sociales, pero especialmente aquéllos con estudios, cultura y mundo, consideraron la presencia de Montesinos como un efecto secundario inevitable de la modernidad, en un país que no merece ni está preparado para la democracia. Que los interlocutores más calificados del Estado, los gremios empresariales y sus autoridades y representantes más significativos, se inclinaron hasta casi tocar el suelo ante el poder".

Por lo pronto, la inesperada captura y procesamiento de Montesinos ha generado entusiasmo en inversionistas extranjeros y agentes económicos. Sin embargo, aún queda pendiente la situación ante la justicia del ex presidente Fujimori y algo más importante, el escepticismo y descrédito de la mayoría de los peruanos ante un sistema político torpedeado por denuncias y acusaciones de corrupción, enriquecimiento y extremo abandono en materia social. @

publicado en portal PeriodistaDigital y semanario JungleWorld el 4 de julio del 2001

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