Elecciones en Alemania

¿Y ahora qué?

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La democratacristiana Angela Merkel no pudo frente al socialdemócrata Gerhard Schröder. La relativa mayoría obtenida en los resultados le ha dificultado formar un gobierno estable, sumiendo al “motor” de Europa en una confusa crisis.

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El influyente semanario alemán Der Spiegel tituló con una frase que recoge muy bien la situación política que vive ese gigante europeo tras la relativa mayoría alcanzada por la democratacristiana Angela Merkel: “ningún poder para nadie”. Y es que el sistema electoral germano sólo ha reflejado la incertidumbre y confusión de los votantes, dejando un margen de 0,9% en favor de Merkel (35,2%) sobre el socialdemócrata Gerhard Schröder (34,3%), quien intenta un tercer periodo para llevar adelante el programa de reformas conocido como Agenda 2010, que busca estabilizar el sistema de ayuda social con mayor flexibilización en el mercado laboral.

En ese inesperado escenario no han faltado las bromas respecto a la llamada “coalición Jamaica”, término de moda en esta Alemania poselectoral y que hace referencia a un eventual gobierno compuesto por los conservadores de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) junto a sus socios bávaros de la Unión Social Cristiana (CSU), el Partido Liberal de Alemania (FDP) y el Partido de los Verdes. Los primeros están caracterizados con el color negro, los segundos con el amarillo, mientras que los ecopacifistas con el verde, correspondiendo así a los colores de la bandera jamaiquina.

“No me imagino a Merkel fumándose un pito (de marihuana)”, ironizó Joschka Fischer, quien fuera por siete años el carismático ministro de Relaciones Exteriores de la coalición entre socialdemócratas y verdes. Agregó que tampoco se imaginaba a Merkel con dreadlocks en el cabello o bailando la música de Bob Marley, acentuando así la fama de aburrida que sigue a quien el ex canciller Helmut Kohl llamara paternalmente “la niña”. Luego de esas declaraciones, Fischer anunció inesperadamente que abandonaba la primera línea de la política germana, dejando con una estela de misterio su futuro político.

Programáticamente, los conservadores están unidos con los liberales en la necesidad de impulsar radicales reformas de mercado que intenten destrabar la congestión económica de esa potencia industrial. Ese “apresuramiento” los distancia de los verdes, que en su mayoría mantienen varias reticencias al modelo neoliberal. Diametrales diferencias mantienen además tanto respecto a la política nuclear, la reforma al sector salud y al sistema impositivo como a la inclusión de Turquía en la Unión Europea (los democratacristianos prefieren la categoría de socio estratégico). Si bien no han rechazado sentarse a conversar con la CDU/CSU, los verdes reconocen su escepticismo.

Junto a los liberales, el recién aglutinado Partido de Izquierda –conformado por ex comunistas y socialdemócratas desencantados– se posicionó con un 8,7% de las preferencias como un claro ganador en estos comicios, doblando el resultado obtenido en 2002 por el otrora Partido del Socialismo Democrático (PDS), los posestalinistas de la desaparecida Alemania Oriental. Levantando la consiga de “justicia social”, aunque catalogado por algunos como “conservadores” o “populistas de izquierda”, esta vez lograron movilizar adicionalmente, según cifras oficiales, a unos 400 mil sufragantes.

Casi al cumplirse 16 años de la estruendosa caída del Muro de Berlín, los alemanes siguen divididos, existiendo claras distinciones geográficas por los partidos mayoritarios. Así, el partido de Schröder ha quedado como primera fuerza política en las ciudades grandes y medianas y principalmente en el norte del país; la CDU, en las zonas rurales y en el sur. Es decir, la otrora división este-oeste ha dado paso a un eje norte-sur.

 

DEBACLE

 

Sin eufemismos, el tradicional rotativo germano Frankfurter Allgemeine Zeitung calificó el resultado de la elección como una “debacle” para la CDU/CSU y su abanderada a la Cancillería (Ejecutivo). El sensacionalista y popular Bild estimó que “la mujer del Este consiguió claramente menos votos que Edmund Stoiber (el líder de la bávara CSU) hace tres años. Ella ha ganado y, no obstante, ha perdido”. De hecho, al conocerse los primeros resultados de estos comicios celebrados el pasado 18 de septiembre, los adherentes democratacristianos lucían bastante desanimados, mientras que los socialdemócratas vivían algo parecido a una celebración.

Pese a la desazón inicial, Merkel recibió un espaldarazo días después al ser reelecta jefa de la bancada del grupo de partidos que la apoyan, liderando así junto a Stoiber las dificultosas negociaciones para formar gobierno.

No obstante, el politólogo Franz Walter, de la Universidad de Göttingen, sepultó el porvenir de los democratacristianos germanos al pronosticar en un artículo el “fin de la política del consenso y la consecuente y progresiva erosión de la CDU”.

La ratificación de Merkel al mando de las negociaciones, como la de Franz Müntefering en el SPD, fue entendida por varios analistas como una reacción de la clase política al clima de confusión desatado por el incierto panorama político poselectoral. Tanto es así, advierten los expertos, que la eventual conformación de un próximo gobierno podría demorar varias semanas.

 

¿“SEMAFORO” O GRAN COALICIÓN?

 

Si la “coalición Jamaica” pareciera ser la principal alternativa de los conservadores para que Merkel pueda optar al cetro de canciller –convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo–, los socialdemócratas optarían por la “coalición semáforo” con Schröder nuevamente a la cabeza e integrada junto a liberales y verdes. Desde antes de las elecciones, el FDP descartó categóricamente esa posibilidad. Aunque en política nunca está dicha la última palabra... Aún así esa fórmula enfrentaría una leve mayoría conservadora en el Bundesrat (Consejo Federal).

Pocos ven factible la opción por una alianza de minoría compuesta ya sea por democratacristianos y liberales o por socialdemócratas y verdes, ya que tanto la CDU como el SPD hablan de la necesidad de un gobierno “estable”, aduciendo una “responsabilidad política de Estado”.

Así las cosas, el poker de eventuales coaliciones tiene a más de alguien desorientado. Al menos unos días después de la votación, el matutino Die Tageszeitung dejó en claro que “la mayoría se inclina relativamente a la izquierda”.

En declaraciones a Spiegel Online, el electo parlamentario de izquierda Hüseyin-Kenan Aydin reconoció que en sectores sindicales ligados al Partido de Izquierda crece la disposición a apoyar un posible gobierno de minoría roji-verde. Eso debido a la persistencia de las alianzas ya establecidas (CDU/CSU y FDP versus SPD y Verdes), pavimentando el camino para futuras nuevas alianzas. Aunque los partidos históricos han descartado siquiera iniciar conversaciones con el Partido de Izquierda, según precisaron a Ercilla varias fuentes, al menos para los socialdemócratas éstos se han convertido en un “mal menor”.

Por otro lado, aunque son conocidas las desavenencias entre Schröder y Merkel tampoco se puede descartar una fórmula rotativa de gobierno al estilo “israelí”, dando paso a una “gran coalición” que de alguna manera garantice gobernabilidad para este coloso europeo.

Hay otros que ya pronostican que esa cohabitación sería simplemente desastrosa. Recuerdan que en 1966 la CDU/CSU se unieron al SPD y que también en esa oportunidad debieron enfrentar un alto desempleo y una grave crisis económica. Los liberales de ese entonces quedaron solos en la oposición, viendo como la discusión política ya no se realizaba en el Bundestag (Parlamento) sino en reuniones informales entre esas agrupaciones partidistas. Eso dio paso a una oposición extraparlamentaria (APO) que al radicalizarse ayudó al estallido de las movilizaciones de 1968.

Lo cierto es que alguien terminará por romper sus promesas, deberá olvidarse de sus principios y, atendiendo meramente a sus propósitos, seguirá  tras el escurridizo poder.

En declaraciones a Ercilla, el director del semanario berlinés Jungle World, Bernd Beier, dice que “de fondo está la discusión respecto a la reforma del Estado de bienestar, no se trata de una crisis del sistema electoral, que se resolverá el tiempo que demore la conformación del próximo gobierno. Probablemente se trate también de una crisis de los partidos tradicionales y del mismo concepto de partido. Eso de que el partido debe representar todos los intereses de la población... Es por ello que de facto ni Schröder ni Merkel han ganado”.

Con realismo político una ciudadana alemana sintetizó la lucha por la Cancillería, precisando –al ser consultada por el servicio televisivo de la Deutsche Welle– que “Merkel es incapaz, mientras que Schröder está ya incapacitado” para continuar conduciendo a Alemania.

Andrés Pérez González

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