Proyecto
Periodismo Independiente Alternativo
La esencia humana perfecta
por Pablo Felipe Pérez.
A ella nadie la enseño a ser una honorable madre. Hablo de la mamá de Agustín, un excelente amigo de la infancia. Era una gran señora que supo serlo a pesar de ser viuda antes de nacer Agustín.
Desde niño él conversaba por horas con ella. Pero algo quedo muy grabado en la memoria de Agustín, que nunca pudo olvidar.
Un día se sentó, como siempre, en una poltrona herencia de su abuela Margarita. Lugar donde Agustín se acomodaba, frente a su madre, para conversar.
Ellos charlaban de muchos temas e inquietudes. Pero lo que marcaría, sus entendederas, fue el día que su madre le comentó que ella pensaba del amor.
Por esa época, mi amigo, tenía unos siete u ocho años de edad. Quizá pocos de vida para descifrar conceptos tan altos. Una opinión que él recibía por primera vez en su cerebro virgen. Pero... no por eso se le olvido el asunto.
La madre, en esa oportunidad le dijo:
- Cada persona tiene él deber de brindar amor y esto es posible; porque en el alma está la esencia humana perfecta. Así de simple.
Con el tiempo, esa esencia humana perfecta, abarrotaría el cerebro de Agustín con muchas interrogantes. Interrogantes que llegaron a su máxima expresión cuando él entra a la segunda enseñanza. Allí se le informó que recibiría una asignatura llamada química. Se podrán imaginar ustedes. Agustín pensó que le hablarían de que era la esencia humana, el amor, como poder encontrar chicas; cuya esencia humana perfecta fuera compatible con él.
La química, para Agustín y otros compañeros de clase, era fastidiosa. Él esperaba que en cualquier momento el profesor hablaría del amor y las chicas. Su desesperación estaba al borde del suicidio. Pero no perdía las esperanzas de encontrar respuesta a su inquietud y poder descubrir como encontrar su pareja ideal.
A pesar del respeto, que sentía por su madre, siempre que tenía la oportunidad le preguntaba qué quería decir con: "la esencia humana perfecta". Pero su mamá callaba, cosa poco común en ella, pues cuando comenzaba a hablar nadie podía detenerla. A tanta insistencia, un día le dijo a su hijo:
- Agustín, tiene usted que tener paciencia. Todo llega en su debido momento. Recuerda que no por más correr se llega primero a la meta. Hay que correr, eso sí, pero con sabiduría.
Siempre que mi amigo le preguntaba, ella le respondía lo mismo con una paciencia sublime.
Yo no pude seguir de cerca que acontecía a Agustín y su búsqueda de la esencia humana perfecta. Los motivos, mi familia y yo nos trasladamos para residir en otra ciudad. Esto motivo tener que asistir a otra escuela.
Pero la vida da muchas vueltas y con el tiempo pude saber de las vivencias de Agustín; gracias a mi encuentro con un antiguo compañero de clase, que conocía muy bien a Agustín.
Él fue quien me comenta lo que ahora les platico a ustedes. Dice este conocido, que:
- Un día les fue anunciado a los alumnos que tendrían un nuevo profesor de química. Era nuevo en la institución y venía de la capital. No solo para Agustín era un acontecimiento, sino para todos sus compañeros.
- El nuevo profesor daba la impresión de ser buena persona. Alto y de alargadas piernas. Además, activo y fuerte. Sus ojos tenían una gran profundidad para escrutar. Poseía nariz aguileña. Los labios torcidos a un lado, descubrían cuando se reía una dentadura perfecta; aunque algo manchados por la nicotina de los cigarrillos que fumaba. Su rostro contrastaba sobremanera con la protuberancia de su quijada. El cabello era largo, de color castaño oscuro y acariciaba sus hombros. En fin, era un tipo de hombre guapo que tenía carácter y plena virilidad. Se podía pensar que navegaba contra el sistema establecido por la institución.
- Además, la imagen del profesor, representaba la rebeldía de una sociedad que añora equidad y se resistía aceptar las normas impuestas; por los ricos del país. Algunos profesores del instituto, la mayoría próxima a jubilarse, no aceptaban al nuevo profesor; porque sus alumnos eran hijos de "papá y mamá.
Luego de una pausa lenta, mi antiguo compañero de clases continuo diciendo:
- En la escuela se comentaba que la esposa del profesor había muerto, a los cinco años de casados; pero el profesor aún la seguía amando, a pesar de haber transcurrido unos quince años de ser viudo. Decían, también, que fue una mujer perfecta, como hecha especialmente para él. Alicia, que era su nombre, tuvo la virtud de ser vigorosa, práctica, resuelta y bella.
- El profesor, desde el primer día, nos transmitió mucha confianza y fe. En verdad fue un excelente profesor y respetado por todos sus alumnos. Algunas semanas después, Agustín le pregunto sobre la esencia humana perfecta. El profesor se sonrió y con una mirada amorosa le dijo que le contestaría al día siguiente. Porque había terminado el turno de clase.
Yo no salía de mi expectativa, pero trate de no interrumpir a Diego; que era como se llamaba el compañero de clases de Agustín. Que luego de beber algunos sorbos de jugo de naranja, que mi abuela le había servido, dijo:
- Agustín me había platicado que la noche anterior no había podido dormir. Solo pensaba en que le diría el profesor al día siguiente.
- Y llegó el día, la hora de encontrar respuestas a su interrogante. Interrogante que lo había torturado mucho tiempo, fundamentalmente al ver que las chicas lo rechazaban; mientras con el resto de sus compañeros conversaban todas esas cosas de los jóvenes. La mayoría teníamos novias y hasta algunos se daban el lujo de tener más de una. Pero había llegado el día para Agustín, nuestro amigo.
- Todos en la clase nos sentamos, en tanto que Agustín estaba pendiente de la entrada del profesor. Los minutos y segundos pasaban como eternidad; y nada del profesor. Pero al fin hizo su entrada con paso firme, seguro.
- Luego de su habitual saludo, comenzó a tomar la asistencia de los presentes en su clase. Pero la impaciencia de Agustín era evidente. Luego de mencionar al último alumno, Agustín trató de hablarle, pero él lo interrumpió, con su siempre amable sonrisa, y le dijo:
"No se preocupe Agustín, la respuesta a su inquietud se la voy a dar antes de comenzar la clase". "Y conste que la respuesta a usted, es también una para muchos de sus compañeros".
- Un silencio nervioso se apoderó de todos en el aula. El eco lejano de unos pasos que transitaban por algún salón del instituto, y llegaba perezoso a nuestros oídos; como tratando de romper la tensión reinante. Todos estábamos pendientes de saber que explicaría el profesor sobre la esencia humana perfecta.
El profesor luego de dar algunas zancadas y de mirar fijamente a cada uno de los presentes; hinchó de aire insonoro sus pulmones y dijo:
- " Bien. Agustín me ha pedido le explique que es la esencia humana perfecta en el amor. Estoy seguro que el no es el único que lo desconoce. Y he querido también comentárselos a todos ustedes".
- El profesor miró con sabiduría a Agustín y continuo hablando:
- " Para que una persona sienta en su ser la existencia de la esencia humana perfecta y compartirla con otras personas; debe tener una actitud consecuente con todo su entorno y olvidar lo particular". "Es decir, para que exista amor en la convivencia de cada día, deben respetarse incondicionalmente cuatro principios bien definidos".
- Se acercó, el profesor, zancada traas zancada, hasta cerca del pizarrón y puntualizó:
- "Primer Principio: La persona debe tener un verdadero espíritu de colaboración y solidaridad con todos los hombres y mujeres. Esto solo es posible si existen unas rectas relacione humanas y una activa buena voluntad universal".
- "Segundo Principio: No debe existir violencia en nuestros actos, en cualquiera de sus manifestaciones. Se debe actuar con alto sentido de respeto y justicia. Además, reconocer los derechos y necesidades de todos los seres que pueblan nuestro planeta. Si practicamos este principio colaboramos para que no exista violencia en nuestras vidas".
- "Tercer Principio: Sistemáticamente debemos llevar a la práctica la sinceridad y el servicio al bien común universal. Es decir, lo que consideramos bueno y queremos para cada uno de nosotros y nuestros seres queridos; es también bueno y lo desean los demás".
- "Cuarto Principio: El hombre durante siglos ha tratado de vivir en una sociedad justa, incluyente y progresista. Esto será posible en la medida que todos exterioricemos, unidos a la totalidad, una enseñanza positiva desde el alma; que permita a todas las personas alcanzar una verdadera educación y conocimiento de la historia de cada pueblo. Con profundo concepto ético de la verdad. Como la verdad que conocen los sabios maestros y a los que sirven con amor".
- "Estos principios, queridos amigos, son las bases para el crecimiento de toda la humanidad y para poder encontrar dentro de nuestros corazones la verdadera esencia humana perfecta". "Con ella podemos recibir y dar amor a montones. Si logramos esto, Agustín, podrás tener a vuestro lado a la compañera que tanto deseas encontrar en la vida". "Además, también entregamos el amor necesario en el gran lago de lágrimas y conflictos que abruma a nuestro mundo". "Es la única alternativa viable para que podamos todos vivir en armonía; junto al resto del universo".
- Un día - continúo hablando Diego - en lugar de entrar el profesor al aula, entró el subdirector de la escuela. Con el talante de los que miran por encima de los hombros. Miro a todos los presentes y dijo con voz disciplinada:
- "Les informo que desde hoy el profesor Simón (que era como se llamaba el profesor de Química), no les impartirá clases". "Se traslado a otra institución que lo solicitó. A partir de hoy tienen otro profesor".
- Todos los alumnos sentimos mucha tristes con la noticia y sé que muchos, como era el caso de Agustín, sentían más la tristeza. Porque Simón había sido nuestro amigo y confidente.
Diego tomo un poco de jugo y respirando con nostalgia continua diciendo:
- Pocas semanas después se comento que el profesor Simón era miembro de un
movimiento pacifista y que él tenía ideas muy progresistas. Era evidente, para algunos de sus alumnos, cual había sido el motivo real del traslado.
Luego de decir esto, Diego terminó de beber el jugo de naranja y nos despedimos efusivamente.
La historia que me acababan de contar, me dejó una gran controversia interior por algún tiempo. Fue la primera vez que alguien definía con honestidad que vivimos en una sociedad donde la insinceridad es algo frecuente. Aprendí que el desafío, decididamente, consiste en que la humanidad toda debe corregir sus males con amor desde el alma, sin traumatismo y violencia.
Han pasado varios años. Nunca más supe de Agustín o Diego. Mis padres se encuentran en el cielo, descansando en paz junto a Dios, al menos eso creo.
En algunas ocasiones pienso en las palabras que dijera el profesor Simón. Él encendió la llama necesaria para buscar el cómo ser mejor en la vida. Su enseñanza la he compartido con mis hermanos y amigos; muchos hasta son abuelos como yo.
Por años fui profesor de historia. Y por años siempre el primer día de clases comenzaba exponiendo la importancia de la esencia humana perfecta; como me lo contó Diego y pienso lo dijo el profesor Simón. Aunque mis alumnos no me lo pedían, esa introducción yo se las daba. Como única alternativa sabia para vivir en un mundo superior.¡Sí señor!
Sé de que muchos de los estudiantes asimilaron la explicación sobre la esencia humana perfecta; y sé también, muchos se convirtieron en excelentes padres y ejemplos de convivencia ciudadana.
En algunas oportunidades he pensado que debí nacer en otro planeta, de esos que dicen hay en el universo. Mi mundo está en algún lugar que no conozco pero sé que existe. Por eso siempre lo he buscado. Eso si, desde el alma.
Actualmente, en nuestro planeta, la proporción de personas como el profesor Simón es insuficiente; para luchar contra tanta malignidad y enemistad. Como aquellos, según me contaron un día, que lo asesinaron en mayo de 1968; nunca los juzgaron por "falta de pruebas". En verdad no lo he entendido. Y aún hoy entiendo menos.
La verdad es que el tiempo no pasa estéril; la prueba es que ahora soy como un fardo relleno de osamenta artrítica. Solitario me queda convivir y continuar aportando mucho amor y tolerancia, en este mundo que marcha a su "autodestrucción". Estoy feliz, porque con benevolencia entregue a mis alumnos, a mis amigos y a mi familia toda mi alma; con agrado y ejemplo, les enseñé como vivir aplicando la filosofía de la Noviolencia.
Quizá sea el tiempo de que otras personas entreguen su esencia humana perfecta; personas que tengan más tiempo para aplicarla hacia el futuro. Porque para mí, con la
satisfacción del deber cumplido, pienso llega la hora de la muerte física; y sé que mi alma estará junto a Dios.
Consejo sabio: ¡Si buscas con sabiduría encontraras!
Abrazo fraternal desde el Alma, con los mejores pensamientos.
Pablo Felipe Pérez
Apartado Aéreo No. 56381. Medellín, Colombia.
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