|
Camino de Santiago por la Vía de La Plata |
|
Peregrinos Canarios |
|
Quinta Etapa |
|
CARCABOSO - CALZADA DE BÉJAR |
|
11/08/01 - 64 km |
|
Velocidad media : 15,08 km/h |
|
Tiempo empleado : 4 h , 25 min, 46 seg. |
|
Velocidad máx : 40 km/h |
Nos levantamos más bien tarde, recogimos la ropa que doña Elena nos había lavado y doblado, con esmero y afecto, y disfrutamos de un suculento desayuno a base de tostadas, churros recién hechos y magdalenas, en el Bar Pacense, y todo ello acompañado de la simpática conversación de la encantadora propietaria. Así que la salida se retrasó en más de una hora. Pagamos 7.500 pesetas en total, el servicio incluyó: habitación, ducha, lavado de ropa y desayuno, todo un lujo.
|
Cuando nos disponíamos a iniciar la etapa se
unieron a nosotros dos nuevos amigos, una pareja maña: José Antonio y
Natalí, los cuales ya llevaban en el cuerpo unas cuantas horas de
pedaleo. Partimos hacia Ventaquemada por una carretera secundaria, poco transitada, y eso suponía el poder circular de manera más tranquila, sin el agobio y la preocupación de los sorpresivos vehículos de motor. Un kilómetro antes de Ventaquemada, que es sólo una finca, existe una fuente donde poder refrescarse. A partir de Ventaquemada circulamos sobre tierra hasta llegar al Arco de Cáparra, último vestigio de la antigu ciudad romana de Cáparra, que llegó a tener una extensión de 16 has. Aprovechando la pertinente parada, nos hicimos la consabida foto y aliviamos el gaznate con un buen trago de agua En ese momento Jesús nos advierte de que, sin darse cuenta, se había traído la llave de la habitación del hostal de doña Elena; despistes así suelen ocurrir... |
| Proseguimos la ruta hacia el norte por la
carretera y, a unos trescientos metros, giramos a la derecha por una
pista forestal inmersa en el valle del río Ambroz; la senda continúa
hasta llegar de nuevo a una carretera en las proximidades de un puente.
Desde allí, rodando por el asfalto derretido, seguimos mareando la
catalina y los piñones durante 9 km. hasta llegar a Aldea Nueva del
Camino. Aplacamos las quejas de nuestros estómagos a base de bocatas y,
por primera vez, nos tumbamos sobre el césped de un parque cercano para
saborear el placer de una merecida y reparadora siesta. Reanudamos la marcha a las seis menos cuarto de la tarde, por carretera, hasta Baños de Montemayor; los amigos maños siguen con nosotros. A la salida del pueblo se sube por una verdadera calzada romana, y la presencia de un cruceiro nos confirma que estamos en el buen camino. Hay que elevarse sobre el sillín par afrontar la empinada rampa de 1,100 km enlosada con piedras milenarias; al final de la subida la recompensa: una fuente que mana abundante y fresca agua, un regalo para los peregrinos. |
|