¡ASI ERA MI PUEBLO!
Pepa E. Llinares
Calles estrechas y soleadas,
con casitas blancas como palomas de la paz.
Mar azul lleno de perfumes,
y brisa de algas marinas.
Playas de arena dorada y suave
Repletas de caracolas.
Patios llenos de luz y sol
con jazmines, dondiegos, madreselvas y galanes de noche.
Aromas de un sinfín de flores.
Pueblo tranquilo
pintoresco y lleno de encanto.
Huertas con naranjos y limoneros.
Con campos de almendros en flor y olivares
algarrobos que con su sombra
aliviaban esas horas de la tarde
cuando el sol calienta más.
Chimeneas humeantes
que con su aroma a café
te recordaba que era la media tarde.
Mañanas frescas y transparentes
acompañadas del tintineo de cabritas.
Esos bellos animalitos
que circulaban por las calles.
Era la hora de recoger leche fresca
que el pastor repartía
ordeñándola de casa en casa.
Ese olorcillo de pasta fresca
que más tarde , con su cesta de mimbre
la panadera la repartía por todas las casas:
Sequillos, rollets, Coca roñosa...
Todo para el desayuno diario.
¡Que tranquilo era mi pueblo!
¡Que paz se respiraba!
Mujeres trabajadoras
que tejían las redes de pesca
a lo largo de las calles,
mientras los niños
saltábamos jugando a no pisarlas.
Hombres de tez curtida por el sol
después de muchas horas en el mar
para poder llegar a puerto
con sus barcas repletas de peces.
Grandes capitanes de Almadrabas
como mi querido abuelo Pedro
que con sus hombres y barcas de pesca
faenaban en el mar
pescando atunes.
¡Asi era mi pueblo!...
Hoy, ya no queda casi nada.
Hoy, ya no es aquel diminuto pueblecito de pescadores.
Es una bella ciudad llena de rascacielos.
De gentes venidas de todas partes del mundo.
De luces y de colores.
De grandes avenidas y comercios.
Calles abarrotadas de personas de distintas lenguas
Ya no es aquel pueblecito tranquilo y pintoresco.
Es una gran ciudad.
Es la Capital de la Costa Blanca.
Donde vienen de todas partes del mundo
a buscar su clima, sus playas y sus diversiones.
Donde la gente mayor,
encuentra aquí un Paraíso soñado
Ya no van al mar para pescar como antaño.
Apenas quedan casitas de pescadores,
en su lugar, hay hoteles y torres altas.
Aquel pueblecito mío, pequeño... quedó lejos,
el progreso, lo convirtió en una gran ciudad
conocida por todo el mundo.
Pero hay cosas que no cambiaron:
Sus playas, sus gentes, y su nombre...
Benidorm
Feb.2002
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