Nunca he tenido una pistola. Quizá ha sido porque nunca he
necesitado una, pero lo cierto es que siempre me hubiese gustado llevar una
encima. Una pistola te proporciona algo más que una simple protección. Algo
más que la posibilidad de dar muerte a alguien; sí, eso que está tan
sobrevalorado y que, en algunas ocasiones, apenas tiene importancia. Una
pistola te puede dar la seguridad en ti mismo que necesitas. Cuando tenga una
pistola iré por la calle sin pensar en si ese individuo o ese otro me miran
demasiado y si no me irán a atracar o a dar una paliza. No, tengo cosas más
importantes en que pensar y estoy perdiendo el tiempo con esas tonterias.
Cuando tenga una pistola no tendré ese problema. Sí, aquéllos individuos
seguirán siendo susceptibles de atracarme o de pegarme una paliza, pero lo
serán siempre en potencia y nunca en ac-to. Imagínate la situación. -Oye
chavalote, no tendrás por ahí una librilla. -No. -Mira –sacando una
navaja- o me das ahora mismo todo lo que llevas o te rajo. -Creo –sacando tu
pistola y colocándosela en la zona genital- que como sigas por ese camino vas
a tener que mear con una plumilla, como los eunucos. Sí señor, una pistola
es lo que siempre hemos soñado los débiles. Es esa parcela de seguridad en
ti mismo que nunca has podido comprar y que ahora tienes al alcance de tu
mano. Hay gente que se compra un deportivo o que se alarga el pene para aumen-tar
la seguridad en si misma; yo me compraré una pistola. Si lo piensas un poco
no es más descabellado y peligroso que un deportivo o que una polla grande,
todo en esta vida tiene el don de poder dañar... con el deportivo puedes
tener un accidente y matar a al-guien, con la polla gorda puedes hacer daño a
alguna que otra mujer. Nadie es más o menos asesino sólo por el hecho de
tener una pistola. Lo bueno de tener una pistola no es sólo la seguridad que
vas a conseguir en ti mismo, también tendrás la seguridad de que, llegado el
caso, te puedas quitar de en me-dio sin demasiadas complicaciones. He tenido
dos intentos de suicidio, sé de lo que ha-blo. No es fácil suicidarse cuando
uno es un cobarde. A ver, elige una tarjetita, esto es como los concursos de
la tele; la roja es arrojarte a las vías del tren, la amarilla tirarte de un
puente o similar, la azul abrirte las venas y la verde el sueño eterno de la
sobredosis de tranquilizantes. ¿Qué?. ¿No te gusta?. Pues jódete, haberte
comprado una pistola. Eso me dije a mi mismo después del tren y lo mismo me
dije después de lo de las venas, pero ya no volveré a decirlo, la próxima
vez no voy a fallar. Piénsalo bien porque no vas a tener otra oportunidad de
pensarlo, porque igual la próxima vez estás bajo tierra y con una losa
encima o durmiendo con los peces como Luca Brasi. Piénsalo, vamos. ¿Ves?.
Ahora sí lo has entendido. Todo tiene su lado malo. Todo menos la pistola. Tírate
a las vías del tren, ¿y si no te pilla bien y sólo te hace daño?, recuerda
que eres un cobarde, no te gusta el dolor. Tírate de un puente... estamos en
las mismas. Ábrete las venas, uf, ¿qué me dices de esto? La muerte de los
artistas dicen... qué cojones tienen los artistas. ¿Unos tranquilizantes? No
gracias, a saber cómo se pasa mientras te mueres... ¿Y... un tirito en el
cielo de la boca? Mira hombre, eso igual sí me interesa, parece rápido e
indo-loro, además no te da tiempo a pensártelo mucho. Las cosas son mucho más
claras cuando uno las mira detenidamente. Lo importante no es no fallar, sino
darte cuenta del motivo y no fallar demasiadas veces. Cuando fallas mucho te
sientan en el banquillo y a saber cuándo te vuelven a dar una oportunidad.
Llegaste al club como suplente y lo sabes. Nunca te van a regalar una oportuni-dad,
no te van a dar minutos ni en amistosos. Aprovecha las pocas que te den.
Cuando salgas al campo tienes que tener confianza en ti mismo. No tienes un
deportivo. No tie-nes una polla grande... Sí, hijo de puta, claro que aprecio
la vida. Mi vida. La aprecio tanto que me voy a comprar una pistola para
defenderla de mierdas como tú. Es tan importante que llega-do el caso no
merece seguir sufriendo y la voy a defender de mi propia cobardía, pro-porcionándole
un método seguro y eficaz. Llegado el caso todo será rápido. Luego no hay
nada. Silencio. Tengo amigos y familia, claro que sí. No soy ningún bicho
raro ¿sabes?. Odio a la gente que me juzga nada más verme o nada más
escucharme. Lo hacen porque no vis-tes como ellos, no te peinas como ellos y
no piensas como ellos. ¿Qué es la vida? ¿Aca-so tiene tanta importancia cómo
la que tú le das? ¿Te has parado a pensarlo? No, no te has parado nunca a
pensarlo. Tú vistes como el ciudadano medio, tienes un trabajo me-dio que te
proporciona el salario medio, tienes una novia media por no decir del montón
y follas la media española que, por cierto, es bastante menor que la europea.
Mátate a pajas. ¿Acaso es así mejor?. Y qué si te crees mejor que yo,
claro que lo eres cabronazo, pero eso no tiene mérito, es fácil ganar a un
cojo en los cien metros. Sigues siendo una mierda por mucha más mierda que
sea yo respecto a ti. Odio que me juzguen. Mi pistola vale más que muchos de
ellos, no merece la pena gastar una bala por cada uno de ellos, me gustaría
poder matar a diez de un disparo; sí, eso sí sería realmente cojonudo. La
vida también sorprende con frecuencia... y pega duro. No voy a ser el único
que te sorprenda. Tú también deberías comprarte una, no se te ve muy seguro
con tu mierda de trabajo y la zorra de tu novia; sí, has oido bien, la zorra
de tu novia, esa que no vale ni para cubrir la media de polvos europea...
apenas llega a la española. No, cabrón, no estoy loco, quizá seas tú el
que lo esté; no me fío de nadie que se cree más cuerdo que yo, o más listo
que yo o mejor que yo. Sé que soy una puta mierda, y qué, ¿te da eso
derecho a restregármelo? ¿crees que puedes mostrarme tu compasión y tu buen
alma y ofrecerme tu ayuda? Te voy a decir una cosa, va a ser mejor que dejemos
esta conversación y que te vayas a tu casa si no quieres ser mi primera víctima.
Créeme, no me gustaría matarte y es porque te odio de veras; no, no quiero
matarte, ya estás muerto en vida y eso duele más. Tu novia me dijo una vez
que no le extrañaba que yo no tuviese pareja. Yo le dije que no me extrañaba
que no llegase a la media europea. Me dio una hostia. Bien, ahora ya tengo mi
pistola. Ahora no quieres saber nada de mi. La última vez que hablamos por
teléfono me lo colgaste. Que te jodan, tengo cosas más importan-tes en qué
pensar. Creo que la primera bala la voy a malgastar con mi jefe. Inútil, ese
va a ser el gatillo, cuando vuelva a llamarme inútil le pego un tiro en los
cojones, eso de que tanto alardea. Cojones. “Dime una cosa ¿sigues teniendo
tantos cojones?” eso le voy a decir cuando se los vuele. Ahora que tengo mi
pistola cada vez tengo menos amigos. No importan. Dos pá-jaros de un tiro.
Nadie que te deje por el simple hecho de que tienes una pistola te ha querido
nunca realmente, seguro que así es mejor. Solo. Tengo una pistola, no todo el
mundo puede decir eso, no todo el mundo puede tener la confianza en si mismo
que tengo yo ahora mismo, eso es lo realmente importante. El hijo de puta de
mi jefe me ha echado del trabajo. Me llamó inútil y le dije que su madre si
que lo fue en su momento. Vaya hostia que me ha dado el cabrón. No, no voy a
gastar una puta bala con él, voy a dejar que se pudra en su puta vida. La
semana que viene tengo una entrevista de trabajo, seguro que me hacen hacer el
gilipollas con trabajos en grupo y esas cosas, voy a llevar mi pistola y veré
si puedo sacarla. No es algo malo, a las empresas les gusta la gente segura de
sí misma. Voy a darles lo que quieren. No soy un monstruo ¿sabes?. No. Sólo
soy un producto fabricado con los in-gredientes que la sociedad ha desechado.