En el parque todo es distinto a los otros lugares. Puedes
bajar al parque a leer por la tarde y comprobarlo. Si no te apetece leer
puedes dar un paseo. Los árboles te arropan protegiéndote del mundo
exterior, haciendo que te sientas parte del parque. A veces la gente sobra. Si
vas en invierno sentirás el frío golpear en tu cara. Es una sensación
agradable. La señora que da de comer a los gatos sigue yendo aunque llueva.
Siéntate, has andado mucho y debes descansar un poco más en el parque. En
verano no es bueno ir al parque porque se llena de gente. La gente cuando ve
que vas solo se compadece de ti, no se dan cuenta de que tú estás bien así.
Cuando en-tras en un grupo todo el mundo espera que seas como el grupo, como
una gran comuna. Yo no soy de ningún grupo, no encajo. Yo sólo bajo de vez
en cuando al parque a pa-sear o a leer. A veces alguien me saluda, no suelo
devolver el saludo, no quiero hacer amistad con la gente y que luego me
presenten a sus amigos y me metan en un grupo. Si pasa eso, un día te
levantas por la mañana, te miras al espejo y no te reconoces. Tu iden-tidad
entonces no es tuya, es la del grupo. En invierno es cuando me gusta ir al
parque. En otoño también. Ayer una chica se sentó en mi banco y se puso a
hablar conmigo. No pude ape-nas leer. Me dijo que era nueva en la cuidad y que
nos veríamos por el parque. Ahora tengo que buscar otro parque porque esa
chica busca amigos. Igual que me buscó a mí habrá hecho con muchos otros, y
si vuelvo a mi parque acabaré dentro del grupo que ella está creando.
Entonces ya no seré yo mismo y no me gusta la idea. El nuevo parque me pilla
un poco más lejos de mi casa, pero va menos gente y eso sí me gusta de
veras. Estuve esta mañana leyendo en él y luego dando un paseo. Sólo me he
cruzado con dos personas y ni me han saludado. Me gusta la gente de mi nuevo
parque. Llevo ya tres meses en mi nuevo parque y nunca me había hablado
nadie. Esta mañana una chica se me sentó mientras leía y sin mirarme se
puso a hablarme. - Mira al horizonte –me dijo- ¿qué ves?. - Me veo a mí.
- ¿A ti?. - Sí, ¿a quién si no?. - Eres un ególatra. - Todos lo somos,
pero sólo algunos lo admitimos. Yo antes me preocupaba de la gente, pero lo
hacía porque mi grupo hacía eso y esperaba de mí que hiciese lo mismo. - ¿Y
qué pasó con tu grupo?. - Ya no hay grupo. Ahora no tengo a nadie. Ahora por
fin soy yo mismo y vivo feliz. No sé si volveré a verla. Al irse me dio un
beso y no sé muy bien por qué lo hi-zo, pero tampoco importa. Al menos no
hizo planes, no me ofreció nada, eso está bien. Si la vuelvo a ver sé que
no formaremos un grupo y que seguiremos siendo nosotros mismos. Hace tres
meses que cambié de parque. Me gusta éste.