Había pasado tres días, cinco horas y treinta y siete minutos que Luis estaba ingresado en prisión. La verdad, no entendía por qué estaba allí, y ni siquiera por qué le habían condenado por algo que no había hecho, pero él creía en la justicia y tenia el consuelo de su madre y su novia que mediante una carta le habían dado esperanza para que siguiera adelante y demostrara su inocencia ante un crimen tan escalofriante que había revolucionado todo Estados unidos, ademas contaba con el apoyo  de las ONG que estaban en contra de la condena a muerta y cadena perpetua. Pero de su mente no se le quitaba aquel 7 de octubre con un frió tremendo se acerco al bar de su barrio donde pidió un café y se sentó cómodamente a leer el periódico, pero estaba en el destino que un hombre de pelo rubio, ojos negros y una enorme cicatriz con carácter violento se pusiera a pegar tiros a todo los que estábamos tranquilamente en el bar, gracias a dios se pudo agachar  y milagrosamente fui el único que sobrevivió, cuando llego la policía, para ellos lo hechos estaban claro. El hombre sentado a la derecha y con la pistola que curiosamente había tirado el asesino a su lado era el culpable de once personas muertas. Si leerle el derecho lo esposaron y lo metieron en el coche, desde aquel momento no volvió a ver la luz del sol. Llego el día del juicio por fin el día que tanto había esperado había llegado, su familia, su amigo, su novia....todos esperaban la justicia, lo que no esperaban ninguno era que el hombre de pelo rubio, ojos negros y enorme cicatriz, es decir el asesino de once personas  era el juez.


 

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