40 meses (preludio profético)
Bebí para olvidar y olvidé. Tragué tanta
saliva que mi estómago se marchitó y mis enemigos celebraron una y mil veces
las victorias que aún estaban por llegar. Cosí en mi corazón una sonrisa
falsa y lo obligué, pistola en mano, a actuar en un teatrillo callejero que
tuvo que esperar más de un año para recibir la primera moneda.
Hoy, soy un huerfano humilde disfrazado de príncipe que ocupa un asiento
secundario en todos los banquetes. Le caigo bien al rey pero se que pronto se
olvidará de mí y seré arrojado con desprecio a las callejuelas oscuras de
donde nunca debí salir.
40 meses I
Soy un adicto al llanto,
y necesito de cada una de mis lágrimas para dar movimiento a mi rostro
congelado.
Soy un adicto al llanto,
y espero, con la tranquilidad del condenado, la sobredosis fatal del día en
que tenga la certeza de que no volveré a verte.
40 meses II
Soy un vegetal con un espíritu en mi interior que recorre incansable las
galerías abandonadas de mi estómago. Tengo la piel de goma y no controlo mis
ojos, las piernas me flaquean y me arrastro por el camino cada vez más
invisible de mi rutina obsoleta. Soy el negativo borroso de una fotografía
velada de mi sombra.
Hoy, miro a través de la ventana y descubro el decorado cartón-piedra de una
película barata que acaba de terminar su rodaje. Veo como todos los actores
se marchan y ,sentado en el suelo, espero a que en unos segundos alguien de un
portazo y desaparezca el único haz de luz que me mantiene con vida.
40 meses III
Vivo en el limbo de un presente putrefacto. El pasado y el futuro se han
derrumbado convirtiendome en un funambulista inexperto al que su familia entre
risas empuja hacia el alambre.
Soy un hombre rico cuyo palacio fue destruido en un terremoto y que intenta
desesperadamente construir una chabola sobre los escombros.
Hoy, sólo rezo a Dios porque no llueva.