Entrevista

 

Entrevista con Jacinto Molina alias Paul Naschy

 

Fecha de Nacimiento: 6 de Septiembre de 1934

Lugar: Madrid, España

¿Qué tal si empezamos dando pistas sobre cómo empezó todo esto de ser actor y todo lo demás?

Pues sí. Mira, después de terminar la carrera de Arquitectura, mis padres esperaban de mi una salida digamos honrosa para un miembro de una familia media burguesa... Pero yo tenía una vocación que era hacer cine, y la tenía desde muy pequeño. Mi madre me inculcó el amor al cine por una cosa que ya ni recordaréis y que eran los seriales, las películas de episodios como Los tambores de Fu-Manchu. Veías una película, terminaba el episodio y el sábado siguiente veías el segundo. Esto se esperaba con bastante expectación, porque generalmente al final del capítulo el "bueno" estaba a punto de perecer.

¿De qué año estamos hablando?

Pues en torno a los cuarenta. Entonces yo tendría ocho o nueve años. La posguerra fue una época muy difícil y recuerdo vagamente la ilusión con la que esperaba películas como El doctor Satán o El Tanque Humano, que fue tal vez uno de los primeros robots que pudimos ver en cine... Esos seriales estaban bastante relacionados con el cómic, ¿no? Sí, evidentemente también recuerdo El Capitán Marvel y El Escorpión de Oro, una serie fantástica en blanco y negro.

¿Qué tipo de público iba a ver ese cine?

Yo creo que era un público mayoritariamente infantil... Y básicamente ésa ha sido mi formación cinematográfica; por éso tampoco se puede pedir de mí que haga un cine que no siento. Yo respeto a la "Nouvelle Vague" y todas esas cosas, pero no las siento... Salvando las distancias, Spielberg también lo ha dicho, se ha formado mucho a nivel de ese cine, aunque más tarde. Luego me tocó la época de la Universal, pero desgraciadamente no venían muchas películas de ese tipo a España. Sí vino una muy emblemática: Frankenstein y el Hombre-Lobo... No eran películas aptas para menores, pero los seriales sí lo eran; pude entrar a verla porque me dejó el acomodador, y aquella película me fascinó, me impactó muchísimo.

¿Fue esa la primera película que viste del hombre-lobo?

Sí, por eso estoy tan fascinado por la Universal. Y hay un porqué: las vivencias de los niños son decisivas en el desarrollo de su vida posterior. Al igual que hubo otra gente que vivió el fenómeno de Gilda, yo estuve impactado por esa película. También logré colarme en Gilda, aún estando en pecado mortal, y me fascinó, pero en otro sentido. Después de ver Frankenstein y el Hombro Lobo me pasaba horas enteras dibujando sus caras.

Eso nos da pie a hablar de otra vocación tuya, la de dibujante.

Sí, he dibujado cómics. Y también he ilustrado carpetas de discos, como las de Elvis Presley cuando lo lanzaron en España,los clásicos Decca... Dibujaba desde muy pequeño.

Suponemos que entonces dibujarías cosas de terror, ¿no?

Pues es curioso, pero no. Era aficionado a dibujar grandes batallas, uniformes, banderas... Envié algunos dibujos a un amigo para ver si se podía hacer algo con ellos y paradójicamente me encargaron un western; entonces hice un personaje que se llamaba "Serpiente Negra", un pistolero. Pero no llegué a dibujar muchas historias. También escribí varias novelas de bolsillo, con el seudónimo de Jack Mills, pero tampoco eran de terror, la mayoría eran western. Por cierto, que en la última entrevista que mantuve con José Luis Garci me sugirió que escribiera un libro sobre cine, pero no de cine fantástico, sino sobre el western. Me pidió que eligiera los diez western más emblemáticos para mí y desde luego no pude olvidar Duelo al sol o Winchester 73... En estas películas recuerdo perfectamente los nombres de los pistoleros. También os puedo decir que a mí siempre me han gustado más los malos.

¿Hacer de malo?

No, me da igual hacer de malo o de bueno, pero en la pantalla me es mucho más atractivo el malo, y mucho más en el western, como aquella risa terrorífica que tenía Richard Widmark cuando hacía sus maldades. Era la época del pistolero maravilloso que hacía Jack Palance en Raíces profundas... En fin, todo esto te va creando una cultura. En una película que hice con el italiano Gianna Puccini, un western llamado La furia de Johnny Kid, estuve todo el rodaje corrigiendo la ambientación y los detalles del género, a pesar de tenerme que enfrentar por esto con el ambientador. Al final Puccini confió en mi porque se dio cuenta de que realmente yo tenía más idea que el ambientador.

Entonces, ¿has hecho también muchos western?

No, sólo hice uno, para mi desgracia. Pero a mí es que me pilló la época de la decadencia de este género. Intenté introducirme, escribí algunos guiones, pero ya no era la época. De todas formas, a mí me gusta mucho el western, pero no más que el fantástico.

Después de todo este aprendizaje en tu adolescencia ¿te decidiste por el cine?

No, luego vino una época marcada por el deporte. Era un atleta bastante completo; me entregaba mucho al deporte y al estudio. El cine me parecía una cosa tan alejada que la olvidé.

¿Sólo por eso?

No. También porque mi familia no era muy afín a las aventuras cinematográficas. Además, el deporte me ha gustado muchísimo, tanto o más que el cine, pero por desgracia el deporte con la edad se acaba... El cine para mí era una fascinación, pero como espectador. Yo era de los que se esfumaban de clase para ir a las sesiones matinales del cine Rex, por ejemplo. Allí tuve la suerte un día de descubrir a Terence Fisher con Drácula, a Cristopher Lee, a Peter Cushing... Quién me iba a decir a mí que con el tiempo yo iba a trabajar con Peter Cushing, o quién me iba a decir a mí que con el tiempo yo iba a trabajar con Boris Karloff.

¿Y con Christopher Lee?

No. Le conozco pero no he llegado a trabajar con él. Hubo proyectos. Es más, ahora cuando reinicie mi marcha voy a intentar trabajar con él, pero como él no quiere hacer terror, intentaré ofrecerle un papel que le resulte atractivo, porque está harto de hacer de Drácula y papeles de ese tipo; le han perjudicado más de lo que él cree. No es el caso de Peter Cushing, con el que he trabajado y a quien conocí bien. He ido a festivales con él y era un personaje encantador. Respecto a Boris Karloff, el problema es que yo le conocí con noventa años en el rodaje de Por las llanuras de España. Muy poco después murió.

Volvamos atrás.¿Cuando inicias realmente tu participación en el cine?

Yo me quedé estudiando en Madrid porque me habían suspendido una asignatura dura en la carrera de Arquitectura. Y ese verano leí en el periódico que necesitaban para la película Rey de Reyes extras especializados, es decir, gente que pudieran decir alguna frase y que dieran el tipo que buscaba el director, Nicholas Ray. Fui a Sevilla Films y había una cola tremenda, sobre todo de estudiantes como yo. Por aquel entonces yo estaba muy musculoso, y el ayudante de dirección español me vio y me dijo que pasara directamente al despacho de Nicholas Ray... Conocí el mundo fascinante del cine por la puerta de atrás.

¿Por qué fuiste? ¿Por curiosidad o por que querías dinero?

Tenía muchísima curiosidad, pero también necesitaba dinero. Nos pagaban quince mil pesetas semanales y cada vez que nos teníamos que afeitar la cabeza, cinco mil más. Pensad que todo aquello era el cine americano: comedores fastuosos... y me hice amigo de Jeffrey Hunter, que era el protagonista, un tipo simpatiquísimo. Un día vino a mí, empezamos a hablar y al final me fui con él en su coche porque quería conocer Madrid. Él me estuvo escribiendo luego desde Hollywood hasta que murió de una manera terrible...Todo esto del cine me gustó muchísimo y, aunque me pareció muy duro, estaba ganando dinero. Luego me llamaron para otra película, El príncipe encadenado, de Luis Lucía. Buscaban un tío fuerte y alguien les habló de mí. Estuve haciendo las dos películas a la vez, pero en esta segunda película lo pasé fatal: se estaba rodando en la Casa de Campo y hacía un frío tremendo. Así que al final se me ocurrió la feliz idea de no presentarme al rodaje. Al día siguiente me llamaron enfurecidos, pero yo no entendía todo aquello que me decían del "racord", algo imprescindible para completar las escenas rodadas... Al final me convencieron. También en Rey de Reyes al final lo pasé bastante mal, porque pillé una insolación haciendo de centurión romano.

Estamos en1960 y parece que tu carrera es imparable...

Sí, pero no volvería a actuar hasta 1966. Después de Rey de Reyes seguí con mis estudios y con el deporte, sobre todo con la halterofilia; seguía compitiendo aún cuando ya hacía cine. Estuve preseleccionado para tres Olimpiadas, fui a los Campeonatos del Mundo y de Europa, fui ocho veces campeón de España, tengo treinta y ocho récords nacionales absolutos batidos... Lo que quiero decir es que el cine ya se me olvidó, aunque compraba revistas de cine y seguía fascinado por él, sobre todo con Marlon Brando. Sin duda es mi actor preferido, el único que me ha hecho guardar cola en un cine para verlo.

¿Qué te interesaba más de las películas que veías en esa época, la historia o los actores?

Hombre, no nos dejemos engañar, era la época del "star-system". Hoy día llega el actor, pero también el conjunto de la película, el director... Antes era una película de Marlon Brando, de Gary Cooper, de James Stewart o de Boris Karloff. Cuando yo vi Frankenstein o Drácula no se me ocurrió fijarme en Terence Fisher o en James Whale. La gente joven entrábamos en el cine con el reclamo del actor.

¿Qué tipo de cine te gustaba más?

Por descontado, las películas de terror, pero también las de piratas, como aquellas maravillosas de Tyrone Power...

Por lo que vemos, a tí el costumbrismo no te interesaba mucho, ¿no?

No. No me interesó mucho.

¿Y la comedia?

Mucho menos. Tenía que ser muy buena para que me interesara. Una que me entusiasmó en su momento fue El quinteto de la muerte, con Alec Guiness. Es una de las mejores comedias negras que se han hecho. También recuerdo Con faldas y a lo loco, una película inolvidable. Pero la comedia es un género que, aunque yo luego lo he hecho, no me ha transmitido mucho. Yo creo que al ir al cine buscaba actores, pero también exigía un contexto que a mí me interesara. Brando es un caso especial, porque fue para muchos jóvenes de nuestra época un personaje casi totémico. Es dificil encontrar un actor tan simbólico como éste. No es normal porque, por ejemplo, para mí James Dean no tuvo suficiente entidad en España. Su leyenda fue promocionada desde Hollywood, pero sin la continuidad de Brando. Tampoco me perdía una película de Richard Widmark haciendo de aquellos villanos inolvidables en El beso de la muerte o en La calle sin nombre.

Pero el cine, a pesar de tu experiencia en Rey de Reyes, te seguía pareciendo lejano...

Es que mis condiciones en casa eran muy difíciles. Además, yo siempre he sido bastante realista y me daba cuenta de cómo demonios se metía uno en el cine. Hasta que un día me decidí a hacer cine de la manera más absurda: mis padres se plantearon que debía buscarme ya algo después de haber acabado la carrera. Tuve una discusión terrible con mi padre y me marché de casa. Trabajé en cuarenta cosas: fui dibujante proyectista en una fábrica de frío industrial, luchador profesional, etc... Estuve cerca de un año fuera de mi casa. En esta época también sufrí personalmente la tragedia de perder a mi novia en un accidente de tráfico; a raíz de éso decidí hacer lo que realmente me apeteciera hacer. Mi padre decidió un día visitarme en uno de esos combates de lucha libre que disputaba por aquella época, y cuál fue mi sorpresa cuando me dijo que si quería hacer cine, que lo hiciera. Mi padre era muy amigo de Pedro Lazaga y me dijo que nos dejáramos de historias, que iba a hablar con él. Por aquel entonces las dos únicas formas de acceder al cine eran a través de la Escuela Oficial de Cine o por el meritoriaje con un cineasta. Éste último fue mi caso: aprendería labores de dirección, producción, montaje, etc., con Pedro Lazaga, aunque a mí inicialmente lo que me gustaba era ser decorador... Sin embargo, yo tenía el problema de la halterofilia, tenía que seguir compitiendo y algunas veces no podía asistir a los rodajes con Pedro Lazaga. Pero fue un aprendizaje. Luego llegué a ser auxiliar de dirección de Gianni Puccini. Empecé a participar en muchos rodajes; con Mariano Ozores -aparte de que me guste o no su cine- aprendí muchísimo, porque eran rodajes muy rápidos y muy dificiles. Conocí a Gracita Morales, que por aquel entonces era la gran estrella del cine español, a José Luis López Vazquez, al que luego dirigiría en dos ocasiones, a Alberto Closas...

Pero en todos esos rodajes, ¿qué labor tenías?

Yo al principio era "chica para todo", porque por ejemplo Lazaga decía: "El bombero... ¿a quién ponemos de bombero?", y al rato decía: "Pues nada, poned a Molina de bombero." "¿Quién hace de padre del niño?... Pues Molina." En el rodaje de Operación Plus Ultra, el ayudante de dirección llegó a decir que la película tenía que llamarse "Operación Molina" por la cantidad de labores que ejercía.

Ahora sí: una vez que entraste ahí, fue no parar...

Sí. No parar, pero en ese sentido. Nunca me planteé ser actor. Pero entonces, y aquí viene el momento culminante de lo que va a marcar mi destino, empecé a conocer mejor las películas de la Hammer, su clasicismo. Este cine unido al terror de la Universal y a los seriales creaba dentro de mí una especie de amalgama extraña. Otra de las raíces de mis ideas está en lo que se llamó los "cócteles de monstruos", que decían que era la decadencia de la Universal, aunque yo no estoy nada de acuerdo. Para mí es el momento más esplendoroso de estos estudios: poder ver en una misma película a Boris Karloff, a Bela Lugosi y a Lon Chaney era el mayor lujo posible. Me encantaba su ingenuidad, su aspecto de cuento de hadas, ese blanco y negro irrepetible, todo eso me impactó. Con todo eso fui creando mi propia iconografía... Luego conocí a un director, productor y actor muy extraño que se llamaba Juan Logar. Él quería un tío bastante eficiente que supiera dirección y producción para una película de Enrique López Eguiluz. Había un papel de inspector de cierta enjundia, y me dijo que intentara hacerlo yo. Una noche empecé a hablar con Enrique y le comenté que últimamente se estaban haciendo muchas películas de vampiros, porque la película del hombre-lobo de Oliver Reed estaba prohibida en España. Yo recordaba los viejos tiempos de la Universal y le dije que por qué no hacíamos una película del hombre-lobo. Me dijo que era muy difícil éso de las transformaciones... Pero entonces empecé a escribir el guión de La marca del Hombre-lobo. Lo acabé y empecé a peregrinar con él y a toparme con la censura,sobre todo por los elementos religiosos que tenía y por los crímenes. Así que debía ser rodada en el extranjero... El caso es que ya te puedes imaginar que fue mal. Entonces llamé a Enrique López Eguiluz y le dije: "Oye, léete el guión por lo menos."

¿Cuánto tiempo tardaste en escribirlo?

Nada, muy poco. Tardaría a lo mejor quince días.

¿Te habías fijado previamente en cómo lo hacían otros guionistas?

Nadie me había enseñado, pero sí había visto cómo se confeccionaban. Sí, había visto otros guiones y sobre ellos me basé. Luego, tuve la habilidad, el instinto... Escribí el guión, se lo di a Enrique, y me dijo: "Oye, es bueno, me ha gustado. Me lo he leído de un tirón... Pero, claro, esto va a ser complicado." Y le contesté: "Bueno, al menos te gusta. Quién sabe, vamos a dejarlo ahí..." Y así lo dejé. Por entonces tenía trabajo, mi padres seguían dándome la vara con Arquitectura y tal...

Ahí habías vuelto con tus padres, ¿no?

Sí, era el año 66 ó 67... Y un buen día sonó el teléfono: "Hemos cogido una productora de aquí, Maxper, hemos mandado el guión a Alemania y los alemanes hacen la película. Ponen el capital y además la ruedan en 70 mm. y en tres dimensiones, que es un lujo." Luego, por lo caro que era no pudo hacerse...

¿Y cuándo llegó esa constestación?

Al poco... No sé, habrían pasado escasamente dos meses. Lo suficiente para llegar, leerlo y responder que sí, que les interesaba; no fue mucho. Y pensé, "qué maravilla, se va a hacer la película... " Así que en vista de que los alemanes tenían el dinero, se empezó a buscar localizaciones. Y entonces vino el problema del actor. ¿Quién hacía de Waldemar Daninsky? Yo, la verdad, no la pensaba hacer, porque creía que era un papel excesivamente complicado para mí. Y empezaron a hacer pruebas en Alemania y aquí, pero no encontraban al tipo... aquello no funcionaba. Se acudió incluso a Lon Chaney, pero respondió el representante diciendo que estaba enfermísimo, que estaba muy mayor, que estaba gordísimo y que, además, ya empezaba a sufrir cáncer de garganta. Que era imposible, vamos. La carta la conserva el productor, Maximiliano Pérez. El caso es que ya no era cuestión del director, que hubiera tragado con lo que fuera; eran los productores alemanes, que no les gustaban las pruebas. Todo esto yo lo estoy viendo un poco en la distancia... Un buen día hubo una reunión en la productora en la que repente el productor alemán se quedó mirándome y en la que me dijo: "Oye, ¿por qué no la haces tú?" "Y, ¿cómo me voy a enfrentar a esto, si tiene de todo? Es hombre-lobo pero también una persona normal que se enamora, que sufre..." "Ya, pero es que usted físicamente da el papel, lo puede hacer." "No sé..." Se marcharon y entonces me dijeron Enrique López Eguiluz y Maximiliano Pérez: "Oye, vamos a hacer unas pruebas, que si no, no se hace la película. Va pasando el tiempo y aquí hay una inversión hecha, así que por lo menos vamos a intentarlo." Entonces llamaron a uno de los mejores maquilladores de la época, José Luis Buz... y se planteó el problema de cómo hacer un hombre-lobo. Yo hice algún dibujo, más peludo que la última versión que hemos hecho, Licántropo, a cara descubierta. Hicimos las pruebas, pelo a pelo seis horas de maquillaje, primeramente de hombre-lobo y después de persona normal, hablando, interpretando...

¿No habías hecho antes un personaje parecido a ése?

No... había hecho de inspector, algunas cositas como en La escala del paraíso..., pero protagonista absoluto y con tanta responsabilidad, ni hablar. Y además, no era mi idea. Me encontré de repente con este embolado. La verdad es que yo no aspiré nunca a ser actor. Es la primera vez que lo digo, y lo digo sinceramente. Ni tampoco director. Mi idea desde siempre era ser decorador, pero ya vi que no había forma. Dios me iba desviando de ese camino; el destino me llevaba por otro lado. Recuerdo entonces que el primer día de rodaje fue en una tienda de antigüedades, que es donde empieza paradójicamente la película, y que me vino a buscar el coche de producción que traía a Geraldine Chaplin con su novio de entonces, Manolo Velasco, un director de fotografía que era el hermano de Concha Velasco, y que ella me dijo: "No he visto rodar nunca una película de este tipo, y como me gusta mucho el cine de terror, quiero ver cómo se rueda ésto." Fuimos al rodaje y estaba allí todo el mundo para ver qué pasaba. Y yo, dentro de lo que podía hacer, con una desenvoltura total. Ni me puse nervioso ni nada. Pensé: "Coño, esto no se me da mal." Pero al día siguiente había ya una escena complicada, que es cuando ya vengo destrozado, he cometido asesinatos..., y ellos estaban otra vez allí -igual que me pasó con Inquisición, la primera película que dirigí, en la que estaban todos los productores- y en ambas ocasiones, después de que vieran el primer día lo que había rodado, ya no volvieron. Y ese fue mi comienzo.

Y, ¿qué hay de tu seudónimo?

Una vez terminada la película -que, por cierto, pienso desde la perspectiva que da el tiempo que yo la hubiera rodado con más impacto..., pero esto es muy fácil decirlo ahora, claro-, cuando se terminó la película, decía, me llamaron desde Alemania para decirme que con el nombre de Jacinto Molina no había nada que hacer. ¡Cómo se iba a poner un nombre español en una película internacional, y de este género! "Así que tiene usted que o cambiarse el nombre, o se lo cambiamos nosotros, porque va a salir la cartelería, los afiches, la publicidad, etc., así que usted verá." "Pero bueno, ¿cuánto tiempo tengo?" "Pues mire usted, no mucho, porque hemos estado llamando a su casa toda la tarde y nadie ha cogido el teléfono." Serían las ocho de la tarde y yo acabababa de llegar, y en Alemania era tardísisimo. Entonces dije: "Denme ustedes media hora. Si se me ocurre algo, pues bien. Y si no, pues me ponen ustedes el nombre que quieran. A mí me da lo mismo, qué quiere usted que yo le diga."

¡Media hora...!

Sí. Pues veréis cómo fue la cosa: en un periódico que había en el salón de casa de mis padres ponía "Paulo VI, el papa..." -fíjate como relacionamos el destino. Era polaco, un papa... pues "Paul". Tampoco me rompí mucho la cabeza. Y, ¿qué apellido?... y me acordé de un campeón del mundo de halterofilia que se llamaba Naschy, que era húngaro... Pues ya estaba: Paul Naschy. Así que sonó el teléfono: "A ver, ¿qué se la ha ocurrido a usted?" "Paul Naschy." "Ah, pues está bien. Vale." Y ahí empezó... Así es de sencilla la historia... Ellos se dieron cuenta que poner "Jacinto Molina, La marca del Hombre-lobo", quedaba como un chiste malo. Y, claro, tú imáginate en aquella época en la que además el cine español estaba tan mal visto -y sigue estándolo, pero bueno-: se cambiaban todos los nombres. De repente veías "William no-sé-cuántos" y resulta que era Pepito Jiménez...

¿Es que antes se avergonzaban los actores de su apellido español cuando trabajaban fuera?

No era cuestión de vergüenza, sino de necesidad; no había otra alternativa, y sobre todo en unas películas de un género tan exótico como éste. Era un género que en España no tenía ninguna raíz.

¿Tampoco La torre de los siete jorobados?

Sí, era una película al estilo de la Universal, pero el desenlace era bastante lógico, así que tampoco es muy del género. Como mucho, recuerdo alguna comedieta con José Luis López Vázquez y Fernando Fernán Gómez en la que éste hacía de vampiro.

O sea, que lo vuestro fue un revulsivo.

Sí, y además marcaría después toda la penetración europea, se retomaría todo el fantaterror. La marca del Hombre-lobo fue un gran éxito. Fíjate si fue un éxito que treinta años después sigo haciendo de Waldemar Daninsky; es ya un personaje de culto. Yo inventé también el elemento de la cruz de plata de Magienza, elaborada con la plata del cáliz que utilizó Jesucristo en la Última Cena. Tenía también algo de homenaje a los cruzados y a los templarios... las balas de plata estaban ya bastante vistas. Lo que no se me había ocurrido antes y se me ha ocurrido ahora es homenajear en Licántropo de una manera tan descarada a la Universal, utilizando nombres clásicos que aparecían en todas estas películas. Por otra parte, las películas de la Universal eran asexuadas. El hombre lobo a lo más que estaba condicionado era a pegarse con alguien.Yo, sin embargo, me baso en historias ancestrales en las que al final, por ejemplo, le libere el amor, y eso crea un personaje más humano y más brutal, porque además Larry Talbot me desilusionó mucho cuando me enteré de que las escenas de acción las hacía un doble, un jugador de rugby. Lon Chaney era corpulento y alto, pero poco ágil. En mi caso yo sí hacía las escenas de acción. Precisamente el gran fracaso de Waldemar en La furia del hombre-lobo fue cuando por falta de dinero no me llamaron y contrataron a un especialista para que hiciera las escenas que faltaban del hombre-lobo. ¿Y qué ocurrió?, que no podía hacer planos cortos; luego, ni siquiera tenía mi ropa. Hablanos de Licántropo, tu última película después de trece años sin interpretar a Waldemar. Pues os explico. Yo sufrí un ataque al corazón gravísimo, y tardé tiempo en recuperarme. Para entretenerme se me ocurrió escribir un guión, aunque yo estaba muy débil. Por cierto, por aquellas fechas llamó Spielberg a mi casa; el teléfono lo cogió mi hijo, y cuando me dijo que era Spielberg creí que me estaba tomando el pelo, pero era él, pidiéndome material y que fuera a Los Ángeles. De hecho tengo una cita con él en Los Ángeles cuando se estrene la película.

Pero,¿qué quería Spielberg?

Quería material mío y hablar conmigo. Yo no le quise decir que había estado tan grave por si surgía algo...

¿Cómo es el guión de Licántropo?

Se me ocurrió escribir una película de Waldemar por todo lo alto, con la retirada de los alemanes, persecución de tribus zíngaras por los últimos SS... Es decir, muy basado en la historia. Salió una película supercara, había hasta tanques, se me disparó la imaginación. Me basé en una leyenda muy poco conocida pero muy emblemática, la de unas zíngaras de la tribu de los egipcianos, que tienen una cruz debajo del paladar, y que si tienen trillizos con una persona de otra raza, el tercero es un hombre-lobo. Es la famosa leyenda de las Matillas. La película tiene muchos homenajes. Le llevé el guión a Primitivo Rodríguez cuando estuve mejor y me dijo: "Esto es carísimo, pero voy a intentar montarlo." La película iba a dirigirla yo. La llevó a Televisión Española y le dieron un dinero importante para hacerla, cuarenta y cinco millones. Además. yo le puse en contacto con un coproductor belga, que leyó el guión y dijo que la hacían. Traducimos el guión y lo enviamos a Estados Unidos, y también entraron ellos. Los del Ministerio ni se presentaron... La película costó ciento veinte millones. Con ese dinero no me quedó más remedio que cortar algunas cosas del guión. Luego el productor decidió que la dirigiera su hermano, que ya había hecho una película llamada El cepo...

Háblanos de algunas películas de terror españolas o extranjeras que te hayan llamado la atención últimamente.

Españolas, no ha habido nada.

¿Qué opinas del cine de Jesús Franco?

Prefiero no opinar, no juzgarle.

¿Has trabajado con él alguna vez?

No, nunca. Yo ni le conozco. Sólo le vi de lejos en un estudio. He visto bastantes películas de él, pero yo, como soy muy respetuoso con la gente, prefiero no dar mi opinión ni favorable ni desfavorable. De todas formas, dentro del fantástico español, aparte de las películas que haya hecho yo, mejores o peores, hay casos interesantes como una de Jorge Grau, Pánico en el Transiberiano, pero son películas con muchos más medios de los que yo tuve.

¿Has trabajado siempre con poco dinero?

Salvo en La bestia y la espada mágica, sí.

Oye, ¿dónde podemos ver tus películas?

Algunas las ponen bastante por televisión, como La noche de Walpurgis. La mayoría se pueden encontrar en la Filmoteca. El huerto del francés también es una película espléndida que la han proyectado hace poco en Málaga. Cuenta con un reparto en el que está Pepe Nieto, Pepe Calvo... y luego, claro, María José Cantudo, Ágata Lys y Silvia Tortosa, pero qué le vamos a hacer, eran las estrellas de la época. Pero la película es muy buena. La película la hice porque no sabía bien la procedencia de la expresión ésa de "te voy a llevar al huerto". Investigué y ¡joder lo que descubrí!: la historia del huerto francés es una historia impresionante de crímenes, de un "serial killer..."

 

 

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