LOS ROQUES – JUNIO 2004
Después de un mes de Abril tan ajetreado, Fernando nos tuvo en ascuas todo el mes de Mayo y parte de Junio con un prometido viaje a Los Roques saliendo desde La Guaira en un “live aboard”. Diversos problemas hicieron imposible esta opción y nos ofreció la alternativa de quedarnos en una posada en el Gran Roque y hacer salidas diarias con el apoyo de “Sesto Continente”.
Así que el 24 de Junio de 2004 nos encontramos a las 5 AM en la terminal auxiliar del aeropuerto de Maiquetía para iniciar la estadía de cuatro días en Los Roques, aprovechando el puente que una segunda fiesta patria venezolana nos proporcionaba este mes.
El grupo de los martillos ha ido menguando y es que tanto viaje no hay cuerpo ni cartera que lo resista. En esta oportunidad nos unimos los Aguirre con Mariana, Eduardo, Sara, Pati y Javi, los Sánchez con Rosa, Pedro y Daniela, y por último Mildred y nuestro organizador, guía, instructor y sin embargo amigo: Fernando. Algunos de nosotros, seguíamos gastando los últimos cartuchos caribeños.
Pero además se nos unieron nuevos amigos: Maria Graciela, Ender y dos Dive Master: Jean Piero de Epsilon Dive Center y Dani de Sesto Continente. O sea, casi mas jefes que indios, así que cero stress con eso de “donde c... está er divemaster”.
En el aeropuerto auxiliar uno camina por la plataforma hasta el avión y pudimos ver un grupo muy numeroso de estudiantes que esperaban por embarcar en viaje patrocinado por el gobierno a la isla de Fidel, entonando canciones y gritos de campamento vacacional.
Al llegar a nuestro avión, risas nerviosas y perplejidad porque el tamaño aparente del aparato se prestaba a serias dudas sobre si el monoplano iba a ser capaz de alzarse con el peso de todos nosotros, el equipaje y los equipos de buceo. Como yo ya barruntaba que el aeroplano no iba a llegarle ni a la rueda al camastrón, dejé los cinturones de plomo en casa por si las moscas.
La avioneta no disponía de pasillo, sino que
tenía varias filas de asientos dobles a los que se accedía por puertas
laterales alternadas a izquierda y derecha del fuselaje, una por fila de
asiento.
Los catorce nos acomodamos como pudimos: A Rosa no le daba la falda
para subirse a su puesto. Mi morral fue a parar a un espacio, atrás con el
resto del equipaje que se repartió entre este hueco y un portamaletas en la
parte delantera del fuselaje.
La salida del bimotor fue puntual para lo que se acostumbra por estos pagos, así que a las 6:20 estábamos despegando. Cincuenta minutos entre mar y nubes nos separaban de nuestro destino.
Le entramos al archipiélago por la Boca de Cote, punto fácilmente identificable por presentar una vía de agua fresca que rompe la continuidad de la barrera en su lado sureste y por un cayo frondoso en uno de los extremos de la boca, conocido como La Maceta de Cote. Desde la altura se distingue claramente la pradera interna a cinco metros de profundidad y el talud o escalón longitudinal a la boca, transformando los colores de turquesa en un azul marino profundo. En este punto bucearíamos en la mañana del Sábado.

Desde la barrera sur, el avión desciende en la aproximación a Gran Roque y permite distinguir perfectamente los cayos, la vegetación, las lagunas y los fondos coralinos o arenosos. En cinco minutos entrábamos directos a la pista y tocábamos tierra suavemente.
Una vez pasamos por el puesto de guarda y pagamos el impuesto de entrada al Parque Nacional, nos aguardaban tres lugareños con las correspondientes carretillas, “dispuestos” a acarrearnos los bultos a la posada. El ejercicio de montar tanto “coroto” entre sólo tres porteadores debió quedar en los anales de las obras de ingenio.
En el trayecto, nos paramos a desayunar una
exquisitas empanadas en un quiosco al aire libre: carne, cazón y queso, según
el gusto o el apetito. De los acarreadores, dos siguieron derechos a nuestro
alojamiento y uno se quedó para que no nos “perdiéramos”. Un viejito
desdentado, al que no se le entendía un c..., pero parlanchín hasta por los
codos, sonriente y simpático. 
Al cabo de un rato regresaban los otros dos porteadores pidiéndole el pago a Fernando. Luego de una breve discusión, porque el servicio debió ser provisto por la posada, Fernando les pagó con la intención de reclamar el correspondiente reembolso.


Con la panza llena, llegamos a nuestras habitaciones, en la posada Cacao. Un porche lleno de plantas y flores, con la fachada en blanco y azul. Tras el umbral, el espacio multi-funcional que hacia de recepción, sala de estar y restaurante. Integrado en el mismo sitio, un mostrador y la cocina a la vista, lo cual es muy agradable, porque se comparte mucho más con las personas que nos atendían y que siempre estaban dispuestas a lo que necesitásemos, especialmente el encargado del lugar, Mom. Al fondo, un pasillo abierto al cielo que daba acceso a las diferentes habitaciones y terminaba en una escalera hacia una terraza con hamacas y vistas del entorno. Ender durmió todas las noches en la terraza porque prefería sentir la brisa o más bien el relente.
Después de desempacar, nos dispusimos a trasladarnos a la operadora de Sesto Contienente, situada junto al mar, un poco más allá de las últimas casas del núcleo principal del pueblo. La operadora dispone de alojamiento para los instructores, oficinas, baño, embarcadero, compresor y facilidades para lavar y secar los equipos, así como para guardarlos allí mismo de un día para el siguiente. Esto último es una gran comodidad, ya que en general las habitaciones de las posadas no disponen de mucho espacio extra. La nota negativa tuvo que ver con el compresor que lo tuvieron dañado los tres días, ocasionando un retraso con las salidas debido a que estaban llenando tanques en otra operadora y alguien se quejó el segundo día de dolor de cabeza, achacándolo a impureza en el aire de su tanque. De todos modos no fue demasiado problema considerando que en Los Roques cualquier inconveniente es difícil de resolver por el aislamiento y la falta de infraestructura. Por otro lado, precisamente se busca eso mismo en un parque natural, porque de lo contrario mejor hubiéramos ido a otro sitio más desarrollado.

Rommel, Gerente de Sesto Continente en Los Roques y un Dive Master muy reconocido en Venezuela por su desempeño y habilidad para localizar vida acuática y mostrarla, nos recibió y nos dio el briefing en tierra para que no tuviéramos problemas con las instalaciones y conociéramos de antemano el plan del día. Todo el mundo atendía, menos Daniela que estaba más pendiente de los dos perros que guardan la operadora que de las instrucciones. Los perros: un Pastor Alemán y un San Bernardo que daba angustia de verlo con tanto pelo en esa playa de arena ardiente en lugar de la blanca nieve más adecuada para dicha raza,.

Sobre las 10:30 nos embarcamos en Sexto I, un amplio barco de dos motores bajo cubierta, con asientos metálicos preparados para el alojamiento de tanques, armado de equipo y alistamiento del submarinista. La entrada al agua por el procedimiento de salto de gigante desde una plataforma en la popa y la subida por una amplia y robusta escalera en la misma plataforma.

El primer buceo de la mañana para tomar contacto sería en un sitio fácil conocido como La Buceadora. Todos hubiéramos preferido primero la Guasa que es más profunda, pero las normas de seguridad aconsejan un control previo de buzos y equipos en un lugar que no presente muchos problemas. En diez minutos llegamos a la ensenada protegida.
Comenzamos a equiparnos y a saltar, agrupándonos en superficie alrededor de la boya de amarre. Iniciamos el descenso y esperamos de nuevo a agruparnos en el fondo a 40 ft para asegurar que todos hubiésemos logrado un descenso adecuado en cuanto a compensación, ajuste del equipo y relajación del posible estrés que pudiera presentarse por ser la primera inmersión del viaje.

Dirigidos por Fernando, el recorrido fue por la parte más baja del arrecife en el límite con la arena, buscando rayas y otros peces de fondo, manteniendo el coral y las rocas desprendidas durante siglos de la pared del Gran Roque a nuestra derecha.
Encontramos la fauna habitual en estas zonas, pero abundaban los meros de diversas clases y tamaños. A las primeras de cambio, Fernando nos indicó uno bien grande perdiéndose en el azul; pero luego vimos varios meros tigre o aguají, meros cuna o boca amarilla y jaboncillos. Por supuesto mariposas como las bandeadas de la foto 12, esponjas de vaso y tonel, roncadores resguardados en las sombras bajo las rocas y un ángel francés de buen tamaño.

Una vez llegamos a 1.500 psi ó 100 bares, iniciamos el regreso entre las rocas, manteniendo la pared a nuestra izquierda y por supuesto a profundidades menores. Observamos peces perro, trompetas, candiles. También la morena moteada y un cangrejo araña que probablemente estaba dispuesto a desparasitarla (foto 18).
Encontramos una langosta tan escondida que tuve que hacer malabares para no poder fotografiarle más que las patas y las antenas, y de paso, llevarme una quemada en el borde de la oreja con alguna rama de coral. De todos modos, nada grave que no pudiese aliviar un poco de vinagre que nuestro capitán, Chuqui, me facilitó una vez en llegamos a cubierta y nos quitamos los equipos. Gajes de la fotografía submarina.


Datos de la Inmersión: La Buceadora
Fecha: Jueves, 24-06-2004 Hora: 11:10 Intervalo:
Profundidad Máxima: 83 ft / 25,3 m Profundidad Media: 50 ft / 15,2 m
Tiempo Total: 41 min Temp.Mín: 76°F / 24,4°C
Consumo: 2132 psi / 147,1 bares
Alarmas: Ascenso

Para el intervalo de superficie nos llevaron a Cayo Madriskey, donde nos esperaba Mariana con sus hijos para así poder compartir el almuerzo con todo el grupo. El menú: Sándwich de pescado, ensalada de guisantes con maíz, atún y pasta corta y sandía de postre.
Durante el intervalo discutimos con el capitán porque proponía repetir la Buceadora o hacer Madriskey, a lo cual nos negamos, porque todos sabíamos que una de las mejores inmersiones de Los Roques es la Piedra de la Guasa y no la íbamos a perder. Nos costó poco ganar, con el compromiso de no llegar o sobrepasar los 30 metros que fácilmente se alcanzan en este punto, de modo que respetásemos la regla que aconseja no aumentar las profundidades en las inmersiones sucesivas de un mismo día.
Nos dirigimos al punto por el lado Norte del Gran Roque, ya que el sitio de buceo está como a 200 ó 300 metros de la punta oeste del Gran Roque, en medio del mar y sin protección. Cuando hay oleaje y corriente, esta inmersión que además es profunda, es para submarinistas avanzados exclusivamente. En esos casos, es obligado usar una línea de seguridad para que los buzos se reúnan y mantengan sobre el punto, para a continuación dejarse hundir a toda velocidad para mantener el grupo unido. La alternativa es saltar al agua a toda velocidad y hundirse inmediatamente para esperar al grupo a resguardo en el fondo.
La Guasa está compuesta por dos pináculos. El mas elevado, tiene su cima a 7 metros de profundidad y es donde se ancló la boya de amarre. Junto a este cerro submarino, se encuentra otro mucho más pequeño cuya cúspide debe estar sobre los 20 metros. La base está sobre los 30 metros o más. Si hay oportunidad, que no fue nuestro caso, se pueden recorrer los dos ascendiendo haciendo un ocho, hasta que se sobrepasa el primer montículo, para terminar subiendo en espiral hasta el amarre, donde se puede uno sujetar como una bandera para la parada de seguridad. En una oportunidad anterior, una barracuda corsaria enorme, se mantenía delante de nosotros completamente estática nadando contra la corriente y comiéndose todo pescadito que era arrastrado hacia ella.
Este día no había nada de corriente y muy poco oleaje, así que tranquilamente nos agrupamos alrededor de la boya. Iniciamos la bajada al unísono, pero Daniela tenía el BC muy flojo y traté de arreglárselo manteniéndonos entre dos aguas. No había forma de apretarlo más y de todo modos Dani me dijo que estaba bien así. Con esta distracción, fue el dolor de oídos los que nos hizo percatarnos que habíamos seguido descendiendo sin compensarlos y estábamos a 12 metros, así que ascendimos con precaución hasta los 7 m para relajar las trompas y facilitar la maniobra de igualar el tímpano. Fernando, siempre atento, vino a buscarnos, pero ya lo teníamos todo bajo control y nos reunimos con los demás a los 27 metros.

Gran cantidad de fauna y de buen tamaño, pero la visibilidad no estaba tan buena como suele ser, así que la sesión fotográfica no fue muy productiva. Pero nuestros ojos recogieron grandes meros tigre, pargos, un globo gordote y un carite que nos seguía nadando nervioso de un lado a otro a gran velocidad.


Subiendo en espiral, llegamos al tope de la Guasa y nos arracimamos en el cabo de amarre a nuestra parada recomendada. Fernando daba vueltas fotografiando la gran cantidad de Chopas y Damiselas que revoloteaban a nuestro alrededor. Un par de veces me solté para acompañarlo en la tarea, pero regresaba a la maroma ya que estábamos bastante movidos en ese punto. El ascenso y subida al barco transcurrió normalmente.
Datos de la Inmersión: La Guasa
Fecha: Jueves, 24-06-2004 Hora: 15:02 Intervalo: 03:07
Profundidad Máxima: 91 ft / 27,7 m Profundidad Media: 52 ft / 15,8 m
Tiempo Total: 37 min Temp.Mín: 76°F / 24,4°C
Consumo: 2118 psi / 146,1 bares
Alarmas: Ninguna
Al llegar a la operadora y salir del barco, mi SeaLife RefMaster con
todo y Flash se me cayó golpeando contra las tablas del muelle. El Flash lleva
un contrapeso de plomo en el interior que compensa la flotabilidad positiva del
conjunto, pero su peso fuera del agua hizo que el impacto fuese muy fuerte.
Pensé que aun así no habría pasado nada y metí la cámara en el tanque de agua
dulce para desalinizar equipos de fotografía. Mas tarde en la posada, comprobé
que la caja había perdido su estanqueidad ya que le había entrado un poco de
agua, así que rápidamente saque las baterías y le aplique cuidadosamente
secador de pelo para eliminar gotas de agua y humedad a la cámara y la caja. En
la noche me atreví a ponerle de nuevo las baterías y afortunadamente seguía
funcionando.
En la tarde salimos a dar una vuelta por el pueblito y llegamos hasta la plaza. Al final de ésta a la derecha, por la calle que sale camino del aeropuerto, hay una tiendita, bar y pub playero, todo a la vez, que es una delicia (Bar Acuarela). Allí nos encontramos con el resto del grupo cómodamente sentados en unos puff sobre la arena, con una mesita en medio con sus bebidas y todo alrededor iluminado con una especie de antorchas eléctricas de carga solar clavadas en el suelo. Solo faltaba Ender que se quedó dormido en su chinchorro de la terraza de Cacao.
Nos incorporamos a la reunión con la intención de probar la misma
bebida, mojito cubano, acompañados de palomitas de maíz, aprovechando el 2x1
del happy hour. Los mojitos deliciosos, pero las cotufas nunca llegaron por más
que las reclamamos. En esta agradable compañía compartimos también la puesta de
sol, para después regresar a Cacao a por la cena.
Nos dispusieron una sola mesa corrida para todo el grupo (cero royo pero éramos 13). El menú exquisito: crema de auyama, pescado en salsa de hongos con papas asadas más ensalada y mouse de parchita (Que casualidad). Con el café nos plantamos delante de una Televisión a ver las fotos tomadas durante el día.
Aunque el sueño iba haciendo mella en la mayoría, todavía nos acercamos
a la plaza, pues durante un rato habíamos escuchado tambores. Para cuando
llegamos no había nada o fue ilusión. El caso es que nos fuimos a dormir, salvo
algún que otro parrandero que no iba a dejar de estrenar el Rascatekey.
2° Día: Viernes 25 de Junio de 2004
Nuestro anfitrión de la posada Cacao, Mom, nos ofreció para empezar el día un suculento desayuno a base de huevos revueltos, jamón, queso, arepas, zumos de frutas naturales y café.
Sobre las nueve y media nos fuimos para la operadora donde nos embarcaríamos para dirigirnos al extremo más occidental de la barrera sur del archipiélago. Rommel nos dio el briefing del día y asignó de nuevo a Dani como guía y Chuqui sería de nuevo el Capitán de la embarcación.
Nuestro barco hoy iba a ser el POLARCA, un
enorme “dingui” de unos 30 pies, con una estructura de aluminio muy resistente
que soporta un toldo y dos escaleras situadas en cada borda a popa. Aunque es
un bote inflable,
tiene una quilla de fibra suficientemente rígida y dos motores de 130
HP que le dan mucha potencia y velocidad, alcanzando los 25 nudos continuos.
Por otro lado, al llevar los motores al mínimo, deja de planear y desacelera
inmediatamente, lo que la hace muy maniobrable. Lo único malo que cuando hay un
poco de mar picada, uno tiene que sentarse en el piso, porque sobre los
flotadores se corre el riego de salir por los aires al rebotar sobre ellos.
Aunque la travesía hasta CAYO SAL no nos debiera haber llevado más de una hora, tuvimos inconvenientes con uno de los motores que se paraba. Entre que teníamos que desplazarnos con un solo motor y que los guías y el capitán trataban de resolver el problema, nos pegamos casi dos horas en el camino. El problema estaba en el filtro de gasolina, que a la vez actúa como separador por gravedad del agua que pudiera venir con la gasolina. El combustible llega a Los Roques en pipote o toneles y en bodegas no siempre estancas, con lo que frecuentemente se mezcla en el camino con agua de mar y suciedad. Entre Dani y Fernando estuvieron purgando el filtro con un dispositivo que trae el conducto de gasolina para bombear manualmente, pero la cosa no era fácil por el acceso complicado al dispositivo y por la cantidad de agua que tenía acumulada. Tuvieron que repetir varias veces el procedimiento y al final, desistieron. Mientras que estábamos en la primera inmersión, Chuqui se encargo de derivar provisionalmente los dos motores de la otra toma de gasolina que sí estaba limpia y para el resto del día funcionaron ambos sin problemas.
La primera inmersión del día sería en CUEVAS DE CAYO SAL, un conjunto de cinco o seis cuevas u amplias oquedades, situadas espaciadamente a lo largo del talud del arrecife. Durante el briefing nos explicaron todos los detalles que se podrán leer mas adelante, que convierten esta inmersión en una de las más excitantes que había hecho hasta la fecha. Lástima que no me lleve el Laptop para bajar todas las inmersiones y perdí los perfiles de las primeras, pero es que no se puede llevar tanto “perol”.
Primero armamos los equipos en la punta protegida del Cayo Sal, para una vez equipados, dirigir el bote hacia el lado oceánico de la barrera sobre el punto de bajada. En tres minutos estábamos en la posición.
Sentados sobre los flotadores del dingui,
saltamos de espalda simultáneamente en grupos de cuatro. Rápidamente estábamos
todos en el agua e iniciamos el descenso sobre una pradera entre cinco a siete
metros.
La corriente nos había sacado un poco del punto de inicio y para
llegar a la primera cueva tuvimos que aletear con fuerza. En la pradera se
podía ver como todo el coral blando, gorgonias, esponjas de tubo, abanicos,
etc., permanecían todos doblados en sentido contrario a nuestra marcha. La
visibilidad 20/20, permitía observar al grupo que se fue separando en función
de la capacidad de cada uno para nadar y como subían columnas enormes de
burbujas desde los reguladores, denotando un esfuerzo extraordinario. Fernando
permaneció atrás y ayudó a más de uno a iniciar la bajada en el declive muy
inclinado para alcanzar la profundidad de la primera cueva en esta semi-pared.
Maria Graciela me hacia señas que la corriente estaba muy fuerte, pero yo no
sabía como indicarle: “calla y sigue remando que camarón que se duerme se lo
lleva la corriente”.
En el hueco pudimos agruparnos todos, ya que el agua se remansa en su
interior. Nos hicimos fotos y observamos algunos peces. Mas tarde Fernando nos
regaño ya que estuvimos demasiados apelotonados y poco cuidadosos con la
flotabilidad con lo que enseguida levantamos el fondo y aunque la visibilidad
seguía siendo buena, no permitía buenas fotografías por el reflejo de las
partículas. Tal vez en esta inmersión sería recomendable, una vez en el agua,
separar el grupo en dos más pequeños, ya que casi siempre se puede contar con
más de un divemaster, para que las cuevas se puedan visitar con más calma y
cuidado con el entorno.

Cuando salimos de la primera cueva, la corriente prácticamente nos golpeó y nos sacó a toda velocidad (calculo que 3 ó 4 nudos) volando paralelos al talud. Era hasta gracioso ver a todo el mundo “despelotado”, unos de lado, otros de espaldas, tratando de mantener el equilibrio en posiciones imposibles. Rosita aparece en un video que tomé, en la posición de crucifixión, halada como si tuviera un arnés en la espalda de esos que usan en los efectos de vuelo de las películas.


Me encontraba de espaldas filmando y tomando fotos, cuando me percaté que el grupo estaba refugiándose en otras de las cuevas y que yo me estaba pasando la entrada, así que nade desde esa posición con furia para no perder la ventana de acceso.
De nuevo en el tren, a toda marcha y distraído tomado fotos, casi me golpeo contra la pared de la tercera abertura, que sobresalía un poco del perfil del arrecife. Tuve que voltearme en el último segundo y nadar en contra para frenarme y entrar al remanso.
En el camino vimos meros y barracudas y cuando estábamos ascendiendo de nuevo a la pradera, Jean Piero vió un tiburón, probablemente un Cazón que se alejaba de la bulla que veníamos formando. Nada más hay que ver que en veintinueve minutos prácticamente nos chupamos los tanques completitos.
También al final, el objetivo y el visor de la cámara de fotos se empañaron completamente, así que se acabaron las fotos porque probablemente había bastante agua en su interior a consecuencia del golpe que le di el día anterior, aunque en ese momento yo pensaba que se debía a cambios de temperatura entre el cubo de agua dulce donde habían viajado las cámaras y el agua fría del mar.
Al salir a superficie, nos encontramos con bastante movimiento y el barco a unos 80 ó 100 metros. La misma corriente nos fue acercando y con las dos amplias escaleras del bote, pudimos subir con toda facilidad con el equipo puesto y las aletas en la mano.
Datos de la Inmersión: Cuevas de Cayo Sal
Fecha: Viernes, 25-06-2004 Hora: 12:13 Intervalo: 20:30
Profundidad Máxima: 94 ft / 28,7 m Profundidad Media: 58 ft / 17,7 m
Tiempo Total: 29 min Temp.Mín: 78°F / 25,6°C
Consumo: 2103 psi / 145,1 bares
Alarmas: Trabajo
Para el intervalo de superficie y la comida regresamos a la punta de Cayo Sal a resguardo del oleaje: Sándwich de vegetal y arroz con vegetales. Me sentí algo mareado y no comí mucho, aunque se me pasó rápido. En este entre tiempo abrí la cámara y efectivamente tenía agua dentro, así que le saqué pilas y la sequé lo mejor que pude. Mas tarde en la posada, de nuevo secador y cuando probé estaba bien. Menos mal.
La segunda buceada del día sería en el Muro de Cayo Sal. Una pared a la que bajé con el housing de la cámara de fotos vacío para probar y no le entró nada de agua. Incomprensible.
Nadamos un buen rato a poca profundidad hasta que llegamos al talud y visitamos una cuevita. Había bastantes barracudas de variados tamaños. Seguimos la pared entre 45 y 60 ft llena de coral negro. Cerca del final, comenzamos a escalar por una zona menos vertical, hasta llegar a la pradera a cinco metros, donde el Guía de Sesto nos marcó una tortuga. Durante la parada de seguridad le pasé mi octopus a Rosa ya que su manómetro marcaba menos de 500 psi / 35 bares, pero no tenía buen control de flotabilidad y como tendía a salir a superficie, prefirió desengancharse y salir al aire libre. Salimos en grupo a unos 200 metros del barco que vino a buscarnos.
Datos de la Inmersión: El Muro de Cayo Sal
Fecha: Viernes, 25-06-2004 Hora: 14:32 Intervalo: 01:47
Profundidad Máxima: 83 ft / 25,3 m Profundidad Media: 50 ft / 15,2 m
Tiempo Total: 37 min Temp.Mín: 79°F / 26,1°C
Consumo: 1726 psi / 119,1 bares
Alarmas: Ninguna
El regreso al Gran Roque duró menos de una hora con los dos motores a todo gas y a las 4:30 pm ya estábamos de vuelta en el embarcadero de Sesto Continente. Allí mismo acordamos vernos a las 6 pm para la nocturna. Rosa “pasó” de seguir buceando este día y prefirió irse con Mariana al Bar Acuarela a tomarse unos mojitos en la playa. En consecuencia, Daniela y yo haríamos pareja esta noche.
Después de refrescarnos un poco, regresamos a la hora pautada a la operadora y allí esperamos la puesta de sol. Siempre hay un poco mas de nervios cuando se va a una nocturna, se revisa todo con más cuidado y siempre queda una vaga sensación de que dos linternas no son suficientes. En esta época la luz se va tarde, así que salimos con mucha calma para la BUCEADORA y una vez allí, armamos equipos. Ya de noche nos fuimos lanzando al agua, reuniéndonos alrededor de la boya de amarre. Bajamos por parejas al pie del barco sobre el fondo arenoso a 35 ft / 10 metros para agruparnos e iniciamos el recorrido con rumbo 330° sobre 40 a 50 ft / 12 a 15 m. Me sentí muy agobiado porque todos íbamos muy pegados y traté de mantenernos atrás ya que si adelantábamos todavía haríamos correr a algunos y yo prefería revisar con detenimiento cada rincón de la roca.
Debajo de una laja de piedra vimos una buena langosta y loros acostados entre las losas y el fondo. También un camarón limpiador de la Real Sociedad (por sus bandas blancas y azules) guarecido en una pequeña cuevita que parecía una capilla.
De regreso nos detuvimos junto a una roca como de metro y medio para apagar linternas y ver el plancton luminiscente. Al encender de nuevo las linternas y voltearme sobre la roca descubrí un gran rascacio o pez piedra posado sobre ella, a la vez que me corrió un sudor frío por la espalda porque estuvimos a punto de tropezarlo un instante antes. Llamé a todo el grupo para que pudiesen admirar su camuflaje tan perfecto en la roca, porque nadie más se había percatado de nuestro amigo.
Con una corriente apreciable en contra, tuvimos que hacer un esfuercito final, pero aun tuvimos tiempo de ver otra langosta. Regresamos a la operadora y recogimos todo deprisa y corriendo pues se había hecho muy tarde para la cena.
Datos de la Inmersión: La Buceadora
Fecha: Viernes, 25-06-2004 Hora: 19:42 Intervalo: 04:26
Profundidad Máxima: 57 ft / 17,4 m Profundidad Media: 45 ft / 13,7 m
Tiempo Total: 48 min Temp.Mín: 78°F / 25,6°C
Consumo: 2060 psi / 142,1 bares
Consumo Mínimo: 0,53 cft/min / 15 litros/min Consumo Máximo: 0,78 cft/min / 22,1 litros/min
Tiempo No Deco Mín: 24 minutos
Alarmas: Ascenso

Perfil 1
Cuando llegamos a Cacao, nos esperaban en un ambiente de lo lindo. Mon se había cuidado de colocar unas bellas velas en las mesas para una cena romántica. Lo malo que era que se había ido la luz. Como todavía teníamos algo de tiempo, aprovechamos para enjuagar las linternas y de paso ducharnos bajo su luz.
El menú de esta velada de nuevo exquisito: vichisoisse, barracuda con vegetales, tiramisú y café. Te lo juro que Mon se botó de nuevo.
Como no todo iba a ser buceo submarino y de paso nosotros dos tenemos a
una joven que no le apetecía para nada acostarse temprano. Nos fuimos en
“cambote” a la mejor discoteca del Gran Roque: Rascatekey. Para los que no
conocen bien Los Roques, muchas de sus islas tienen origen holandés en su
nombre y el sufijo key o algo así, significa cayo. De este modo se tiene Madriskey,
Franciskey, Raskey, etc. Para los que no conocen los términos populares
venezolanos, rascarse significa emborracharse, pero bastante. Entonces, en Rascatekey,
uno puede aislarse de tanta naturaleza, sumergirse en la vorágine de la música
a todo trapo y el baile epiléptico y rascarse con toda la gama de bebidas del
pueblo, desde Polar, mi hermano, hasta Mojitos Cubanos a los que nos estábamos
aficionando más de lo recomendable.
Rosita y yo nos quedamos bailando tímidamente protegidos de la multitud
por una de las paredes con Mildred al lado, cuando se le acercó un isleño,
quemadito, bajito y gordito bailándole tambor con cara de sádico y unos meneos
de cadera que ya quisiera Ricky Martín. El hombre se fue despechadito porque Mildred
no le hizo ningún caso.
Mas animados, nos fuimos al centro del salón a bailar en rueda con el grupo. Daniela hizo una breve exhibición de danza árabe que debió de encandilar al muchachito que había pilotado la embarcación de la nocturna, pues en cuanto sonó el merengue, “payá” que le lanzó el sujeto y no la soltó ni “pa” dar unas vueltitas.
Pasadas las 12 de la noche, Rosa y yo nos despedimos, dejando a Daniela bajo el cuidado de Fernando. Tremendo guía Fernando: prepara viajes, cambia tanques, ayuda a cargar equipo, guía inmersiones, cuenta unos chistes buenísimos y hace de babysiter. De todos modos Daniela llegó no mucho más tarde porque el día fue agotador y aun nos quedaba otro más de buceo.

3er Día: Sábado 26 de Junio de 2004
En el desayuno, Fernando nos contaba que el gordito sádico de Rascatekey había tratado de levantarse también a Maria Graciela, la agarró con tal fuerza y ella trataba se salvarse con tanta gracia que inventaron el tango merengón: El hombre quería pegarse y Maria Graciela se echaba para atrás, a lo que el otro aun quería sujetarla con más fuerza. Tuvo Fernando que meterse en medio, no sin riesgo de sufrir también una embestida salvaje por donde más duele.
Hoy toca el extremo oriental de la barrera sur en Boca de Cote. Esta
boca permite el intercambio de agua entre el océano y la meseta interior
guardada por la barrera. La pradera de corales aislados, corales blandos y
arena a cinco metros de profundidad, da paso a un escalón longitudinal a la
boca, cubierto por completo de coral, que baja hasta los 40 ó 60 metros a un
fondo de arena y de esta cota supongo que desciende progresivamente a
profundidades oceánicas.
En viaje sería en el barco del primer día, Sesto I y duró como hora y media a una velocidad de 10 u 11 nudos. A mitad de camino pasamos junto a un palafito que se sostiene casi flotando en medio de una laguna muy somera de color turquesa, sin verse tierra firma en kilómetros a la redonda. Estaban “rancheando” unos pescadores que esperaban un suministro que les traíamos en la embarcación. Creo que era un bidoncito de gasolina para un “peñero” con un motor de los más pequeños que tenían amarrado allí. Del palafito sale un puente, embarcadero de tablas y al final del mismo, hay una pequeña cabaña que sirve de letrina.
El primer punto de Buceo sería en LA MACETA DE COTE, que viene a ser un islote en el lado oriental de la boca. Ayude a Rosa y Daniela a equiparse y cuando me di cuenta me había quedado solo en cubierta. Me acorde de mi fisura de costilla de hace unos meses al caerme en cubierta de otro barco cuando estaba equipado, así que tomé precauciones adicionales para no volver a tener una mala caída con el movimiento producido por el oleaje.

Una vez bajamos, comprobamos el sentido de la corriente bajo el agua y decidimos dejarnos llevar en dirección NW, bajando por el talud que presenta las características mencionadas anteriormente. Después de 6 ó 7 fotos, el visor y el objetivo de mi cámara comenzaron de nuevo a empañarse. Definitivamente, la caja estanca ya no lo era por culpa de alguna fisura. Tomé algunas fotos adicionales, apagando inmediatamente para evitar mayor condensación y reducir el riesgo de perder la electrónica de manera definitiva. Tuve suerte, porque la cámara digital tampoco sufrió daño esta vez y luego en Caracas, Fernando fue tan extraordinariamente generoso que me cambió mi caja por otra que tenía para devolver por un pequeño defecto que de todos modos solucionamos fácilmente.


Además de barracudas, trompeta, loros, etc., los corales blandos y duros en la última parte de la inmersión eran espectaculares. Así mismo, dos Carites Peto pasaron a toda velocidad en dirección opuesta a la nuestra: para cuando quise tomar una foto estaban muy lejos, pero de todos modos la tomé y yo se que en tanto azul había dos grandes peces.
Datos de la Inmersión: Maceta de Cote
Fecha: Sábado, 26-06-2004 Hora: 12:33 Intervalo: 15:59
Profundidad Máxima: 97 ft / 29,6 m Profundidad Media: 39 ft / 11,9 m
Tiempo Total: 48 min Temp.Mín: 79°F / 26,1°C
Consumo: 1871 psi / 129,1 bares
Consumo Mínimo: 0,52 cft/min / 14,7 litros/min Consumo Máximo: 0,73 cft/min / 20.7 litros/min
Tiempo No Deco Mín: 15 minutos
Alarmas: Ninguna

Perfil 2
Entre ambas buceadas, hicimos un intervalo muy corto que aprovechamos para comentar, hacer fotos, comer galletas y beber para aliviarnos de la sal y el aire frío de los tanques. El paisaje lleno de colores blancos, verdes y azules, bastante sol y una brisa refrescante que nos permitió relajarnos antes de salir para el segundo punto, situado un poco más al este, por fuera de la barrera.

El paseo fue muy relajante, a poca profundidad, con buena temperatura y por consiguiente el tanque dio para casi una hora. Tuvimos tiempo para observar cosas pequeñas, como una anémona que protegía a tres camarones entre sus tentáculos. Lástima de no haber podido tomar fotografías. La fauna en general de mayor tamaño que otros sitios. Tan relajados íbamos que pasamos el barco y tuvimos que regresarnos aprovechando el tiempo para hacer la estación de seguridad a cinco metros.
Datos de la Inmersión: Las Gatas
Fecha: Sábado, 26-06-2004 Hora: 14:20 Intervalo: 00:57
Profundidad Máxima: 50 ft / 15,2 m Profundidad Promedio: 35ft / 10,6 m
Tiempo Total: 57 min Temp.Mín: 79°F / 26,1°C
Consumo: 1827 psi / 126,1 bares
Consumo Mínimo: 0,46 cft/min / 13 litros/min Consumo Máximo: 0,62 cft/min / 17,6 litros/min
Tiempo No Deco Mín: 46 minutos
Alarmas: Ascenso

Perfil 3
El viaje de regreso fue igualmente muy suave y lo dedicamos a comer y
tomar sol. Hicimos planes para subir al viejo faro holandés que domina el Gran
Roque una vez en tierra.
Comenzamos la subida directamente desde la operadora tomándola con calma ya que aunque no es muy pendiente, el terreno es irregular y la humedad y el calor agotan rápidamente. Desde la cima casi se veía la barrera sur y desde luego los cayos mas cercanos porque la atmósfera estaba muy limpia, de lo cual se había encargado un viento bastante fuerte.
Fernando nos contó algunas historias de cuando el era un jovencito y hacía pesca submarina rodeando en solitario desde la parte de atrás del Gran Roque, pasando la punto oeste y llegando al pueblo con la boya llena de capturas después de todo un día de pesca.


La cena de esta noche fue especial porque una pareja que también estaban en la posada estaba celebrando el cumpleaños del chico. Su cena fue muy romántica, acompañada de champán, agarraditos de las manos, mientras que nosotros mirábamos entre divertidos y envidiosos. Al final nos unimos a cantarle el Cumpleaños Feliz y de postre tuvimos torta de cumpleaños. También nos brindaron algo de vino
Fernando nos animó a subir de noche al faro para observar el cielo estrellado sin obstáculos y sin luces que lo opaquen. El había hecho eso mismo la noche anterior, tal vez porque se sintió solo cuando después de Raskatekey se dirigió a la operadora donde durmió esos días. Pero sólo él tuvo suerte porque a la segunda noche estuvo nublado y no vimos un c...
4° Día: Domingo 27 de Junio de 2004
Ya que no podíamos bucear, después de desayunar, nos llevaron temprano a la playa a pasar el día hasta la hora de recoger los equipos de la operadora y el equipaje de la posada y tomar el avión de regreso a Caracas.


Mildred se fue con otro grupo de Valencia a buscar unas cervezas en un cayo cercano para acompañar el almuerzo, pero cuando regresó era tan tarde que ya habíamos comido y más bien nos tenía preocupados por la tardanza y porque no la habíamos esperado para comer. Aún así llegaron las cervezas suficientemente frías para calmar la sed.
De vuelta a la posada nos pudimos duchar para regresar a casa arregladitos. En el aeropuerto nos comimos unos helados y tomamos varias fotos. Finalmente embarcamos en nuestro avión, que en este caso era más grande que el que nos trajo.
La última foto de esta bitácora, en la página siguiente, fue tomada desde el avión que sobrevoló el Gran Roque. Se puede ver la punta NW de la isla y las posiciones y recorridos de las dos inmersiones del Gran Roque: La buceadora y La Piedra de la Guasa.
Hasta pronto...
