El ultimo en salir que apague la luz

La Constitución que con la sentencia del Tribunal Supremo de
   Justicia sobre la convocatoria a elecciones, no sabemos si está o no
   vigente, convirtiéndose en otra cantinflada de nuestro honorable
   poder judicial arrodillado ante sus nuevos "amos", o, si es la misma,
   ya que no hemos leído la "reimpresión por error de copia" que para
   algunos cambió de manera "traviesa" el texto aprobado por el tan
   cacareado soberano, dice en su artículo 299: (CITO): "El régimen
   socioeconómico de la República Bolivariana de Venezuela se
   fundamenta en los principios de justicia social, democratización,
   eficiencia, libre competencia, protección del ambiente,
   productividad y solidaridad, a los fines de asegurar el desarrollo
   humano integral y una existencia digna y provechosa para la
   colectividad. El estado conjuntamente con la iniciativa privada
   promoverá el desarrollo armónico de la economía nacional con el fin de generar fuentes de trabajo, alto valor agregado nacional, elevar el nivel de vida de la población y fortalecer la soberanía económica del país, garantizando la seguridad jurídica, solidez, dinamismo,
   sustentabilidad, permanencia y equidad del crecimiento de la
   economía, para garantizar una justa distribución de la riqueza
   mediante una planificación estratégica democrática, participativa y
   de consulta abierta". (Fin de la cita).
   En estos días me encontré con Luis. Me dijo -Pedro me voy del
   país-. Aquello, juro que no lo podía creer. Si hace tan pocos años
   Luis mostraba un optimismo, propio de los nuevos profesionales
   pequeños empresarios que están dispuestos a punta de trabajo
   comerse al mundo. Me quedé frío y pensativo, sólo atiné a decirle:
   pero mi vale tu no crees que te estás apresurando, piensa en los
   muchachos. Tu sabes lo que uno se vaya a un sitio donde ni siquiera
   lo miran con buenos ojos. Donde lo más seguro es que termines
   lavando carros o platos. Luis imperturbable con la seguridad que da
   la decisión tomada me dice: pero hermano tu crees que puedo estar
   peor. Te acuerdas del negocito que monté con los churupos que
   había guardado y el empujoncito que me dio el viejo. Los perdí. Me
   descapitalicé. Lo que me ha ocurrido es una tragedia al estilo griego.
   Me robaron cinco veces. La última vez me amordazaron incluso me
   tirotearon en una pierna y la verdad que nadie puede pagar los
   costos médicos, fíjate que el seguro no alcanzó. Gracias a Dios que
   estoy joven y salí bien. Luego me vino una fiscalización del
   impuesto, tremenda multa querido hermano. Pero eso si, la pagué, y
   a cambio el Estado ni siquiera salud, seguridad brinda. Si es del
   negocio te puedo decir que las ventas cayeron, y por supuesto los
   trabajadores me demandaron, porque no tenía para pagar los
   sueldos, y encima de eso la empresa transnacional, nuestro principal
   comprador se fue del país. Las mensualidades en el colegio privado
   de los niños las debo, tu sabes que los públicos no sirven. Estoy
   quebrado, hasta la hipoteca de la casa me ejecutaron. Ante estos
   razonamientos me sentí avergonzado. Y me entró un friito, creo que
   eso que llaman "culillo". Yo también soy un profesional que a punta
   de sacrificio, trabajo y a base de puros créditos tengo lo que
   podríamos llamar una riqueza de solemnidad. Por un lado entra el
   dinero y por el otro sale. Me despedí de mi amigo, y me dije a mi
   mismo: de seguir esto así, el último en salir que apague la luz. No en
   vano ya nos llaman "los balseros del aire".

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