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El artículo 305 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela dice que (Cito): "El Estado promoverá la agricultura sustentable como base estratégica del desarrollo rural integral, y en consecuencia garantizará la seguridad alimentaria a la población; entendida como la disponibilidad suficiente y estable de alimentos en el ámbito nacional y el acceso oportuno y permanente a éstos por parte del público consumidor. La seguridad alimentaria se alcanzará desarrollando y privilegiando la producción agropecuaria interna, entendiéndose como tal la proveniente de las actividades agrícolas, pecuaria, pesquera y acuícola..." (Fin de la cita).
El consumo de alimentos bajó 3,52% en el primer trimestre del año. Al Señor Presidente, en ejecución de este artículo se le ha ocurrido la genial idea de traer como alimento popular una especie de "monstruo de Frankenstein", made in Colombia: el "bistec popular".
Para los entendidos en la materia, este mazaclote de desperdicios es un subproducto que parte de los restos del desposte, el cual se aglutina mediante un proceso industrial. Es algo así como la basura de la carne de res, compuesta por vísceras pellejo y cuanta porquería queda en el proceso final. Ahora sustituiremos el cable que está tragando la clase media hacia abajo, por este engendro de proyecto social, a la módica suma de dos mil bolívares el kilogramo.
Lo que el Presidente ignora ex-profeso (pese a que en las bodegas de Sabaneta es popular) es que desde hace tiempo en Venezuela se produce ese "Frankenstein alimenticio", el cual es el popular "diablito" o "carne endiablada", que no es más que el resultado de mezclar y moler cuanta porquería sale de los mataderos de animales. La gran diferencia es que este sale muchísimo más barato que el "bistec popular", algo así como quinientos bolívares la lata, quinientos bolívares el pan, más trescientos bolívares para la "pepsi-cola", bien resuelto queda el estomago. En términos constitucionales hay suficiente disponibilidad de este "alimento" y así protegemos la seguridad alimentaria de la población. Entonces ¿para que inventar vainas trayéndolas de Colombia?
Claro está con el diablito no se hacen guisos. Es que este "bistec popular" seguramente dará para eso y más en las mesas gobierneras y de habilidosos empresarios. Ya me imagino a Dino, Jack, o al gordo Lozano con su inseparable María, dándonos lecciones televisivas de alta cocina, de como preparar las mejores recetas con el "bistec popular"; recomendándonos cocinar bien ese alimento para evitar la bacteria E-coli.
Lo que soy yo, no comeré el "bistec popular". Si tampoco lo hice con el vaso de leche escolar porque ya estaba crecidito, ni con la canasta alimentaria (donde daban el cupón y el soberano la cambiaba por cerveza y cigarros), ni con ninguno de los programas que en vez de enseñar a pescar regalan el pescado.
Lo mío es lomito. Y si es de ganado apureño muchísimo mejor. Y ese es el derecho que debería tener el pueblo, ganándoselo con trabajo y generando riqueza. Mientras no sea así pasarán mil años y seguirán tragándose un cable.
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