"Un par de quejas"
Estoy aquí para quejarme.
Me quejo. UNO: de las incorrecciones semánticas.
Por ejemplo, en la tele nunca hay malentendidos. Sólo hay “malos
entendidos”. ¿Pero qué es eso? ¿Entendidos malos?
¿Personas que entienden de algo pero son malas? ¿Mentes peligrosas?
La tele me da miedo. Incluso durante los informativos:
“El autobús volcó por razones desconocidas, y entre los
55 ocupantes hay 25 víctimas mortales”.
¿Y las otras 30 qué? ¿Eran inmortales? ¡Con razón
se salvaron! Y lo de los 25 fallecidos es una desgracia, pero ¿a quién
se le ocurre coger un autobús siendo mortal? Luego pasa lo que pasa.
Yo no sé a qué grupo pertenezco, porque no he muerto nunca.
Pero por si acaso, nunca monto en autobús.
Y luego llega al lugar de los hechos el típico bombero y suelta: “No
he podido dar más de SÍ...” ¿De sí? ¿No
te jode? En todo caso, no habrás podido dar más de TI, gilipollas.
¿O quién esperas que haga tu trabajo?
En fin. Me sigo quejando. DOS: de la impuntualidad.
¿Por qué existen las personas impuntuales? ¿Por qué
muchas llevan relojes caros, precisos y de lujo? ¿Para qué coño
los quieren?
La gente queda a una hora en un sitio. Si saben encontrar ese sitio,
¿por qué no saben llegar a esa hora? ¿No se alterará
así la línea espaciotemporal del Universo?
“No, sólo he llegado 15 minutos tarde...” Pues yo podría
irme a otro sitio, que me busquen, y decir: “No, sólo he llegado
15 kilómetros al sur de donde habíamos quedado”.
Estadísticamente, conozco más chicas impuntuales que chicos
impuntuales. No digo con eso que ellas sean inferiores, pero si quedas con
una y no la ves, corres el riesgo de pensar: “Coño, o es impuntual
o es que es tan inferior que ni siquiera la veo”.
Pero lo peor está por llegar: ¿y si te quieres casar con ella?
Parece muy bonito que la novia se haga esperar, divina ella, y qué
guapa y tarde aparece, para que la vea todo el mundo, porque es la última
en encontrar la iglesia... ¡y eso que la eligió ella! Y encima,
su vestido lleva una cola tan larga que termina de llegar media hora después
que ella. Que ya es decir.
¿Y las excusas? Muchas dicen “me estaba arreglando”. Ojo
con su escala de valores: prefieren arreglarse a costa de estropear una cita.
Y no aparecen corriendo precisamente: cualquiera diría que llegan antes
de tiempo. Y tan sonrientes... Curiosamente, cada minuto de retraso se traduce
en un milímetro más de longitud de la sonrisa impuntual. Por
eso el tiempo de retraso no es del todo ilimitado: por mucha cara que tenga
alguien, su sonrisa no puede superar esas dimensiones.
¿O sí...? Podríamos decirles: “cariño, ya
sé que sólo te has retrasado 20 minutos, pero la culpa es mía:
se me ha adelantado el reloj y llevo aquí 40 minutos esperándote,
pero no importa”. Resultado: los 20 milímetros extra de sonrisa
se convierten en 40, y la chica te abraza super-mega-orgullosísima
de que la esperes hasta el infinito y más allá... o un poco
más si se puede.
Otra opción es largarse en mitad de la espera. Pero ¿qué
pasa con la sonrisa impuntual si la chica llega cuando yo ya me he ido? ¿Los
milímetros se reducen a nanómetros? ¿Se recupera la línea
espaciotemporal alterada previamente?
Así que se estaban arreglando... O hablaban por el móvil con
una amiga. O se arreglaban la cara mientras hablaban por el móvil con
una amiga. O arreglaban el móvil mientras hablaban por la cara con
otra amiga... Ufff.
Extrapolando, podría pasar en cualquier situación. Ponemos la
tele a las 14:58 y escuchamos: “Antena 3: Noticias. CHAAAAAAN”.
Vemos una mesa y una silla vacía. A las 15:15, aparece lentamente Olga
Viza y toma asiento con femenina suavidad.
“Buenas tardes, estaba en maquillaje”.
Afortunadamente, Olga Viza no es así. Al menos ante las cámaras.
Pero es que, si lo pensamos, incluso Dios es impuntual. Después de
crear el Universo, ¿cuánto tiempo necesitó para crearnos
a nosotros? Digo yo que no tardaría millones de años en planificarlo.
Pero sí en hacerlo.
Y como yo no soy Dios, si me disculpan, he quedado.