"El subconsciente y el mundo equivocado"

En muchas personas, sobre todo en la adolescencia, un período prolongado de tiempo sin sexo puede desencadenar orgasmos durante el sueño.

En mi caso, cuando estoy una temporada sin escribir, he llegado a componer estrofas con letra y música, e incluso he sido capaz de descifrar y memorizar secuencias de notas (MI-FA-SOL-pausa-LA-SOL…). Y estaba dormido. Al despertar, he comprobado que la secuencia memorizada se correspondía con la melodía recién nacida en mi cabeza. Y eso me inquieta.

Si mientras dormimos se supone que el cerebro descansa, ¿cómo es capaz mi subconsciente de elaborar, crear, de realizar operaciones o procesos complicados? El cerebro humano es una de las partes del Universo que menos conocemos, y dentro de él, uno de sus misterios se llama subconsciente. Sobre él he escrito algunos relatos de ciencia-ficción, y resulta que él también escribe, en concreto partes de canciones. ¿Puedo considerarme yo el autor exclusivo de una composición onírica?

En cualquier caso, me gusta mi subconsciente. Sin llegar a ser yo mismo, se preocupa por mí y compone con mi mismo estilo. Pero a diferencia de mí, tiene la suerte de vivir en otro mundo, mucho más versátil y libre que el planeta en el que yo escribo.

En este mundo es donde a mí me ha tocado luchar por unos objetivos no alcanzados. Durante muchos años, he intentado que mis obras (canciones y relatos) llegaran lo más lejos posible, pero sus pasos se han quedado justo a las puertas de su destino en más de una ocasión.

La segunda vez que repartí mis maquetas a discográficas, escribí una canción titulada “Mi circunstancia”. Y mi circunstancia era mi música, que se alejaba por caminos desconocidos sin saber cómo acabaría el viaje. Mi circunstancia también navegó por internet, pisó escenarios y recibió aplausos. Tres productores (dos de ellos de renombre nacional) de compañías grandes llegaron a interesarse y a contactar conmigo. Pero mi circunstancia no terminó de ganar la batalla de mi vida. Ninguno de esos productores me dio un motivo concreto, simplemente su interés se fue desvaneciendo, y sus proyectos conmigo se aplazaron hasta el infinito. Yo intuyo algunas razones: La Segunda Voz resultó ser un cantautor, no un grupo, con lo cual les habría salido más caro grabar un disco o realizar una gira. Por otro lado (o mejor dicho, por el mismo), a lo largo de los años, el dinero inmediato ha ido desbancando al arte y a las buenas intenciones poco a poco, y no sólo en el mundo de la música. Lo que ha pasado (y lo que no ha pasado) con el fútbol, la política, la televisión, o el derecho a la vivienda o a un trabajo digno, son ejemplos paralelos de una frenética involución en espiral del ser presuntamente humano.

Volviendo al caso concreto de la música (también extrapolable a las editoriales que te piden dinero para publicar tus relatos), los productores sólo son unos empresarios más, y su objetivo es convertir a los músicos en instrumentos no precisamente musicales, y a la propia música en beneficios astronómicos. Es cierto, eso sí, que la piratería también contribuye a que las discográficas no inviertan ni apuesten con el más mínimo riesgo de pérdidas. Pero ése es un fenómeno que ellos mismos, los productores, los auténticos piratas que asaltan el barco de la música, han provocado con sus especulaciones económicas.

Después de mucho hacer y pensar, yo mismo he tenido que abandonar ese barco. Sin embargo, he descubierto que fuera de él existe un mar de libertad y tranquilidad, quizá irreal pero acogedor, para poder seguir creando y creyendo en algo.

Y al final de la frustración, del túnel oscuro que no se acababa, mi subconsciente y el mundo equivocado (éste) me han llevado a una triste pero sana conclusión: una verdadera obra de arte no nace para ser vendida. Nace sin motivo.

Hosted by www.Geocities.ws

1