"Soñar la solución"

Los días eran injustos.
La vida podría haber sido sencilla y maravillosa, pero en este mundo, lleno de posibilidades, no existe tal combinación.
Después de cada puesta de sol, unas tormentas intangibles pero no inventadas me visitaban tan puntuales como el despertador en la mañana. Y llegaban los recuerdos inmediatos y el resumen del día, encabezado por un triste y casi ingenioso titular. La oscuridad era mi amiga, pero ni siquiera entre los dos podíamos cambiar el destino del día agonizante, ni tampoco el venidero.
Como cada noche, me disponía a entrar en otro mundo, el único en el que realmente se puede escapar sin ser visto, perseguido o criticado. Un mundo en el que nunca nos vemos, en el que por desgracia no nos podemos citar. Tan sólo nos cruzamos allá fuera, en universos reales, en calles de asfalto, en mundos aburridos e insípidos.
Iba a escapar, sí, pero sabía que mi fuga estaba limitada en el tiempo, aunque no así en el espacio. Podría viajar tan lejos como quisiera, y vivir de la forma que me inventara, en lugares hechos a mi medida. Pero la realidad era quien elegía la hora de despertar, el momento de regresar con vosotros, el instante de retornar a las fábricas de tormentas, a las trituradoras de ilusiones.
Aun así, siempre conseguía, en un último esfuerzo antes de entrar en el mundo de los sueños, esbozar una leve pero esperanzadora sonrisa, invisible en la oscuridad. Y la frase de cada noche se abría paso entre mi somnolienta y cansada corteza cerebral:
“Me gustaría soñar la solución”.
Y era así como conseguía dormirme, y a la par escapar de las tormentas más crueles, para tomar otro rumbo, para descubrir alfombras de hierba bañadas por precipitaciones más suaves.
Más tarde (pero no lo suficiente) sonaba el despertador.

Han pasado años, y he aprendido cosas.
Por ejemplo, he descubierto que a veces disfruto rindiéndome, para encontrar una ansiada calma en la tristeza y en la derrota. Sin embargo, en otras ocasiones me encanta seguir luchando por las cosas que quiero, aparcando momentáneamente los vehículos que sólo saben dirigirme hacia el final.
Pero la triste conclusión, de cualquier manera, es que aquella antigua y presunta solución, con la que pretendía soñar tiempo atrás, no aparece por ninguna parte, ni siquiera dentro de mis propias imágenes oníricas.
Ahora, cuando los días me vencen, suelo abrigarme en mi fracaso, me abrazo a mi amiga oscuridad, y sigo escuchando una frase entre mis neuronas. Pero ya no consigo sonreír, y las palabras no son las mismas que hace unos años. Ahora mis noches se vuelven, irónicamente, del revés: no hay límite temporal (ni por tanto despertador activado), pero no consigo escapar tan lejos como me gustaría.
Y la nueva frase que protagoniza mis últimos pensamientos del día, ya teñido de noche, ha perdido dos palabras, quedando exactamente así de corta:
“Me gustaría soñar”.
Pero sólo encuentro pesadillas.

Hosted by www.Geocities.ws

1