"Ensayo inacabado sobre las almas únicas"
No existen las almas gemelas.
Ni siquiera la imagen del
espejo sonríe como nosotros: lo hace al revés. Y aunque tendamos a imitar a
nuestros presuntos semejantes, adoptemos su religión, apoyemos a su equipo de
fútbol, votemos a su gobierno, nos compremos los mismos discos, deseemos a sus
parejas, o igualemos su hipocresía, seguiremos siendo diferentes en la misma
ignorancia.
Cada acción orientada que realizamos nos acerca un poco más a la
sociedad, pero cada movimiento que abortamos nos recuerda que nuestra propia
individualidad también existe. Puede que tengamos miedo de hacernos una
pregunta: ¿es positivo ser único? Incluso esta inquietud la tendremos que
responder por separado.
Empiezo yo:
Yo vivo en un planeta que soporta a 6.000 millones de seres de
mi misma especie.
Y estoy solo.
Habito en la misma ciudad que la gente que
más me importa. Comparto vivienda con mi familia, y cuarto con mis recuerdos,
mis ideas y mis olvidos.
Y estoy solo.
He aprendido a saber cuántas
personas me quieren, pero no cuántas me entienden. En realidad, nadie es capaz
de descubrir exactamente lo mismo que a mí se me ocurra. Nadie puede creer en
todas mis ideas, ni comprender todos mis pensamientos.
La imaginación,
siempre vigorosa en su origen, carece de barreras, pero se las encuentra cuando
se disfraza de práctica, se vuelve torpe y tropieza con ellas. Mi vista también
divisa sus propios límites en el horizonte. Mis sueños se duermen condicionados
por la vigilia, y mis pasos por el cansancio. Mi voz sólo se extiende por una
mínima porción de universo, en la cual es poco oída y menos escuchada.
Pero
mucho más acá, por debajo de todas esas limitaciones externas, cualquier pequeña
grandeza que nazca de mis neuronas ni siquiera tendrá garantizado su billete de
ida para escapar de mis propias fronteras internas. Y posiblemente se rendirá,
quedando atrapada entre potenciales, hasta menguar lo suficiente (poco) para
volver a ser nada.
Porque tal vez tampoco yo mismo me comprenda del todo, y
agarrado al umbral que me separa de mí, casi nunca sepa de qué lado
caer.
Otras veces, unas alas tan bienvenidas como invisibles me llevarán casi
muy lejos de mi mundo, o en su defecto, del espacio que me rodea pretendiendo
serlo. Esas veces, cada pequeña grandeza crecerá tan sólo porque se mueve, y
todos los límites internos y externos parecerán alejarse lo bastante como para
perder su influencia. Esas veces, me daré cuenta de que soy, y habré
conseguido estar.
Pero estaré solo.
¿Alguien quiere continuar?