"Belleza interior"

A pesar de estar casi llenas, las lunas del planeta Cósmic seguían presentando su habitual aspecto acogedor y relajante en la noche, y sus rayos reflejados de las estrellas parecían guiños que invitaban a una estimulante visita.
Algo parecido sucedía con De Noche, el discobar flotante de cristal que ofrecía vistas del cielo estrellado y sus lunas, así como del fondo del mar Veraz (llamado así por su color verde azulado), uno de los más llamativos del planeta. El suelo transparente del local permitía contemplar semejante paisaje submarino con la ayuda de luces estratégicamente situadas. A De Noche se podía acceder mediante cualquiera de los aerobuses nocturnos procedentes de todas las regiones limítrofes con el mar Veraz, mientras que para ir a las lunas había que realizar un viaje bastante más largo y caro. La elección era por tanto demasiado fácil y apetecible para los jóvenes de los alrededores.
-Mira qué chica –indicó Térmix a su amigo en mitad del local.
Su amigo, de nombre Vector, apuró un trago de su licor antes de comenzar a hacerle caso, y después de consultar su reloj. Llevaban más de 4 veinteavos de noche en De Noche, y aún no habían encontrado nada más interesante que el fondo del mar o alguna que otra canción nacida de lo que ellos llamaban “momentos de lucidez del pinchaminidiscos”.
-Vaya –empezó a opinar Vector-, no está nada mal, al menos entre la poca calidad que hay por aquí esta noche. Creo que no la conocemos, pero eso tiene fácil arreglo. A propósito, te adelanto que no pienso interesarme por su amiga, así que podemos trabajar en equipo.
-¡Y una hierba! –se quejó malhumorado Térmix, dejando a un lado las normas cósmicas de educación-. Su amiga es bastante normalita, y a mí me gusta ella. Por muy bien que se te den estas cosas, yo la he visto primero, y... –pareció dudar-. Espera. Es atea. No me había dado cuenta.
Vector sonrió para sus adentros. Ahora su campo de acción quedaba despejado por el momento, y la noche por fin alcanzaba el momento que él había estado esperando.
-Es cuestión de gustos, Térmix. A mí no me importan mucho las creencias religiosas en una chica, siempre que no sea una fanática, pero que sea atea incluso me atrae más. De hecho, ya sabes que personalmente dudo mucho de la existencia de los tres dioses.
-A mí el que no me gusta es Mundánux, pienso que ése no existe y los otros dos sí... ¡Pero no me líes ni me cambies de tema! Yo no pienso quedarme solo –precisó Térmix-. Mientras no encuentre nada mejor, déjame que te acompañe, si es que en realidad te atreves a hablarle a tu atea.
-Concedido.

No muy lejos de allí, en una zona algo más animada, grupos de seres bailaban y/o cantaban (pero todos bebían) al compás de la música y las olas exteriores. Uno de los seres femeninos sujetó a su amiga Vega y la orientó en una determinada dirección.
-¿Qué? ¿Qué pasa ahora? –preguntó Vega como de costumbre.
Al instante, Nova se arrepintió de su enésimo acto reflejo y erróneo, pero ya era tarde para abortarlo: debía responder.
-Nada. Sólo que de nuevo alguien viene a buscarte, esta vez unos desconocidos.
-En efecto, no los conozco yo tampoco –confirmó Vega-. Pero precisamente por eso, ¿quién te asegura que no vienen a por ti?
-Pues yo me lo aseguro –respondió Nova con una entonación burlona-, no necesito más opiniones. Es una cuestión de estadística, y no necesito tu inteligencia para deducirlo.
Y tenía razón. Su amiga también lo sabía, sólo que ésta intentaba esconder (sin éxito) su verdadera opinión, para dañar lo menos posible la ya de por sí minada autoestima de Nova.

-¿Cómo empezarás? –preguntó Térmix por el trayecto, con escaso e irónico interés.
-Empezaré por los piropos, si se dicen de forma correcta suelen funcionar como aperitivo. –Dos pasos más tarde, Vector continuó hablando, pero esta vez sus palabras tenían otro destino:
-¡Ese pedazo de c.i.!
Vega no pudo evitar sonreír. Vector no podía valorar la calidez o la sinceridad de esa sonrisa. Ni siquiera podía ver esa sonrisa. Pero supo que la chica sonreía porque así lo indicaba la correspondiente luz en una de las pantallas del traje metálico que vestía a Vega. El valor de la intensidad de la sonrisa era 7, lo cual no estaba mal para ser su primer intento con ella. Otras veces, la respuesta no había sido tan acogedora, pero esta chica prometía.
-Hola, Vector –saludó ella, leyendo a su vez el nombre del chico en la pantalla principal de él.
-Desde luego –se animó éste-, con la inteligencia y el razonamiento que tienes, me jugaría contigo 5 partidas seguidas de Intercifras. Y apuesto a que las perdía todas.
Las ondas visibles emanadas de los ojos inaccesibles de Nova tropezaron por un instante con las de Vector, pero sus miradas y sus palabras sólo se entrecruzaron lo justo para no parecer descorteses. Por su parte, Térmix se despidió tan pronto que casi lo hace antes de saludar. Había descubierto a pocos pasos una pantalla bastante atractiva, y Vector ya no iba a ser una ayuda... ni tampoco un estorbo.

Un cuarto de veinteavo de noche más tarde, Vector y Vega habían congeniado lo suficiente para beber y cantar juntos, mientras Nova se retiraba con discreción.
Cinco noches más tarde, Vector y Vega ya salían solos, y se perdían entre la gran multitud de De Noche.
A la sexta noche, jugaron 5 partidas a Intercifras, de las cuales Vector sólo ganó una.
A la séptima noche, Vector y Vega intimaron por fin, y por supuesto, Térmix iba a ser el primero en preguntar impaciente:
-¿Ya? ¿Y qué tal?
-Bueno –respondió sosegado Vector.
-Lo sabía –se recreó Térmix-. No es una belleza, ¿verdad?
Vector no cambió su sombrío gesto, pero como había confianza, a su amigo no le importó leerlo así en pantalla.
-No, no lo es, pero tampoco está mal del todo. Sigue en pie tu teoría de que las chicas con buen psíquico luego resultan ser poco atractivas físicamente, pero yo seguiré buscando.

Antes de que su amiga saliera de la habitación de Nova, ésta ya se encontraba sola.
Vega era demasiado atractiva psíquicamente como para entender del todo lo que tenía que padecer Nova noche tras noche, y a pesar de su elevada inteligencia, su particular perspectiva la limitaba a dar torpes consejos:
-No sé, Nova... Ya sé que has intentado ligar muchas veces, pero... ¿No deberías arreglarte un poco más?
-Je. Como si los chicos se fueran a dejar engañar por un fondo de pantalla más o menos colorido, o porque pusiera en negrita que soy muy tolerante, que es lo único bueno en lo que destaco. Ellos captan el contenido, los datos propiamente dichos, y no valoran nada más. Sólo se fijan en el psíquico, y yo soy normal, a veces mediocre. Tú eres muy llamativa, y por eso los chicos se te acercan, y a medio plazo incluso se suelen interesar por conocerte físicamente. Es casi justo, ¿no?

Cuando Vega se fue, Nova continuaba igual de sola. En el espejo, contempló el traje que la sociedad cósmica le imponía (a ella y al resto de habitantes del planeta), como si fuera la primera vez que lo veía.
La pieza principal tenía forma de cubo metálico, y dentro se alojaba gran parte de su cuerpo. El metal era muy poco pesado, para facilitar los movimientos y dejar cierto margen de comodidad. Por encima de este cubo, otro más pequeño, y comunicado con el mayor, contenía la cabeza. A través de sendas rejillas, ella podía ver y alimentarse a base de líquidos altamente nutritivos. Sus ojos quedaban convenientemente iluminados para que desde el exterior se supiera hacia dónde miraban, pero el frío filtro de la rejilla ocular eclipsaba los colores, cambiaba longitudes de onda y volvía todas las miradas blancas e iguales. Pequeños espejos auxiliares, con diferentes orientaciones, le permitían ver lo que había detrás, encima o debajo de ella (esto último le resultaba especialmente útil para contemplar el fondo del mar cuando se sentía estúpida dentro de De Noche).
Del cubo principal brotaban enormes y rígidas mangas, también metálicas, lo suficientemente anchas para ser consideradas talla única para todos los habitantes de Cósmic, y contener los brazos junto con un amplio espacio suplementario, tan inmenso como vacío. Las dimensiones de las extremidades inferiores también se convertían en una incógnita para cualquier sujeto observador, ya que permanecían en el interior de tubos similares a las mangas. Sólo las manos y los pies quedaban en absoluta y triste libertad, gracias a la posibilidad de eliminar fracciones (en forma de anillos) de las mangas y los tubos: la talla única sólo hacía honor a su nombre a lo ancho, mientras que a lo largo había que quitar o añadir anillos según la estatura del ser correspondiente (lógicamente, de los cubos sí existían distintas tallas). Unas piezas móviles se podían fijar a la altura adecuada para dotar de “elasticidad” a las zonas metálicas correspondientes a codos y rodillas, de manera que se pudieran doblar justo entre dos anillos.
Se mirara por donde se mirara, los cubos, las mangas y los tubos eran feos. Quizá por eso la gente necesitaba rodearse de cosas bonitas, como los bares flotantes y luminosos, a falta del calor de los seres vivos.
De las seis caras del cubo mayor, sólo la anterior y la posterior contenían pantallas, concretamente dos cada una, y las letras aparecían con un tamaño adecuado para poder ser leídas a cierta distancia, gracias a la excelente vista de los cósmicos. En dos de las cuatro pantallas (una de las anteriores y otra posterior), los datos estaban escritos a la inversa, de manera que cualquiera pudiera leerlos correcta y cómodamente con ayuda de sus retrovisores, sin tener que girarse indiscretamente. La propia Nova podía por tanto leer ahora una de sus pantallas en el espejo de su cuarto. Los datos eran actualizados automáticamente cada milisegundo, procedentes de los circuitos internos del traje, que se acoplaban al cerebro y otras partes del cuerpo cada vez que alguien se lo probaba. En ese momento preciso de su existencia, en las pantallas de Nova se mostraban, entre otros, los siguientes datos:

· Nombre: Nova
· Código personal: M-354098-XCP
· Edad: 8800 días
· Sexo: femenino
· Cociente intelectual (c.i.): 102 (normal)
· Capacidad de razonamiento: normal, nivel 6
· Capacidad de aprendizaje: normal, nivel 6
· Puntualidad: aceptable, nivel 5
· Fumadora: sí
· Orientación sexual: heterosexual
· Ideología política: centro-izquierda
· Ideología religiosa: creyente en el dios Estrellón
· Tolerancia: alta, nivel 8
· Sexismo: ligeramente feminista
· Sinceridad: normal-alta, nivel 7
· Sensibilidad: alta, nivel 8
· Ritmo emocional: muy inestable, grado –4
· Propensión a: ansiedad, depresión, fobias
· Autoestima: muy baja, nivel 2
· Aficiones: bares, lectura, televisión, música
· Cariño: aceptable, nivel 5
· Ingenio: normal, nivel 6
· Estado mental actual: pesimismo, grado –3
· Estado facial actual: serio
· Pulsaciones por minuto: 98
· Sudoración: ligeramente elevada, 3 ml/min

Mirándose al espejo, y a pesar del voluminoso traje que la contenía, Nova se sentía completamente desnuda ante su alrededor, y eso que allí no había nadie más para espiar sus entrañas a través de pantallas. Pero debajo de su máscara delatora, en el interior, unos ojos ocultos y verdes escondían la más resplandeciente belleza sin explorar, y una figura espectacular aguardaba el momento, quizá eternamente lejano, en que alguien la descubriera.
Antes de despojarse de su vestimenta para acostarse en su soledad, un último dato parpadeó novedosa y burlonamente desde el espejo:

· Lagrimeo: excesivo

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