"Anuncio virtual"
-No me gustan los electrodos –protestó don Federico-. Ni
tampoco los comunistas.
Los científicos-jueces del Cuerpo Judicial del
Planeta parecieron no escuchar al empresario. Los electrodos eran necesarios en
este tipo de juicios, y los comunistas habían ganado las últimas elecciones en
La Tierra, así que toda queja sería inútil para don Federico del Vallehermoso,
propietario de varias fincas robotizadas, islas paradisíacas, satélites
climatizados, y la totalidad de las fábricas terrestres de la multiplanetaria
Estylo, líder en el mercado de aeronaves en los últimos siglos, y heredada de
sus antepasados. Entre sus empleados, este hombre era conocido simplemente como
Don.
-El portavoz de la acusación tiene la palabra –informó el 2º juez
principal.
A pesar de la retransmisión en directo por televisión, la labosala
(híbrido entre sala y laboratorio) ya rozaba el lleno absoluto, debido a la
expectación originada por la nueva ley que permitía celebrar tal clase de
sesiones.
El portavoz se puso en pie con su habitual automatismo, sus ojos
cobraron brillo artificial, y de sus altavoces nacieron metálicas palabras.
Palabras que la acusación había redactado previamente, y que en boca de un robot
adquirían ese tono impersonal, imponente y falsamente objetivo que había puesto
de moda a los fiscales autómatas.
-Señorías –comenzó-, mis clientes desean
denunciar el trato inhumano que reciben en la empresa Estylo, propiedad del
señor don Federico del Vallehermoso, aquí presente.
>>En dicha empresa,
a diario se juegan la vida trabajando muy por debajo de los mínimos de seguridad
que marca la normativa S-125. De hecho ya ha habido que lamentar numerosos
accidentes, algunos de ellos mortales.
>>Además, el número de horas al
día supera claramente al que podemos leer en sus contratos, sin que por ello
cuenten como horas extra. El nivel de estrés es elevado, así como los decibelios
registrados en el interior de las fábricas, que sobrepasan los límites
legales.
Los ojos del portavoz perdieron brillo, signo que indicaba el final
de su pequeño discurso. En realidad, no era necesario nada más, todo eran
protocolos meramente legales, informativos y de cortesía, que de paso servían
para multiplicar la audiencia televisiva. Un potente e innovador procesador,
ahora acoplado al cerebro de don Federico, se encargaría de realizar el juicio
propiamente dicho. Pero eso sería después de la publicidad subliminal.
-Es
suficiente –valoró el 2º juez principal-. ¿Tiene algo que decir antes de la
prueba?
La ira y el miedo tomaban forma en el rostro de Don, hacia el cual
iba dirigida la pregunta. Sabía que todo sería inútil ante un procesador que él
calificaría como comunista robotizado, pero sus ideas de empresario debían
quedar bien claras ante las cámaras. El público tenía que comprender su manera
de pensar, para que en las próximas elecciones, un gobierno diferente lo sacara
de la cárcel espacial en la que en breve se vería si el juicio terminaba como
esperaban los comunistas. Las dichosas cárceles espaciales tenían el genuino
detalle de ser transparentes (salvo los lavabos y duchas), de manera que las
personas que viajaran en las propias naves Estylo podrían disfrutar,
irónicamente, de una curiosa vista: el dueño de la empresa que fabricó esas
mismas aeronaves, entre cristales.
-Por supuesto –vocalizó con firmeza el
empresario.
El realizador mostró un primer plano de la gota de sudor que
bañaba una de las arrugas de la amplia frente de don Federico, mientras uno de
los jueces comprobaba con la ayuda de una pantalla que todas las conexiones se
encontraban en modo activo.
-Esta gente –continuó Don, señalando una zona de
la labosala- tiene trabajo, vive, gracias a mi generosidad. Ellos saben que
podría reemplazarlos por robots, y en cuanto a la seguridad, antes de firmar el
contrato reciben un documento informativo sobre posibles riesgos y las medidas
de seguridad que deben adoptar personalmente según su puesto de trabajo.
El
portavoz supo que debía intervenir. En contra de lo que podría parecer, no era
indignación lo que asomaba por sus ojos rojos, sino simplemente luz. En su disco
duro, contaba con miles de datos recopilados por la acusación, y complejos
programas con los que interpretar esos datos e incluso debatirlos. Con el mismo
tono y volumen con que había recitado su discurso inicial, habló:
-Usted sabe
que esas medidas son insuficientes, y que mis clientes firman el contrato porque
no tienen otra elección para sobrevivir. Si usted utilizara más robots, no
habría accidentes ni fallos humanos, su fábrica rendiría más económicamente, y
se crearían de esta forma muchos puestos de trabajo seguros para humanos. Pero
su mentalidad competitiva a corto plazo le impide ver más allá de los beneficios
inmediatos: un sueldo bajo para una persona que trabaja muchas horas bajo pobres
medidas de seguridad le sale más barato que la compra y el mantenimiento de los
robots que harían su trabajo.
-Pero la empresa es mía, y soy yo el que les
paga a ellos, el que les deja irse de vacaciones, y el que los mantiene en un
puesto por el que suspiran millones de parados en el mundo –se defendió el
empresario, desafiando a su cámara-. Y la gente que nos está viendo debe saber
que, gracias a mi empresa, dispone de las mejores y más seguras aeronaves, y que
contribuyo activamente al desarrollo económico del planeta.
El 2º juez
principal, ignorando las señas del realizador, decidió que era el momento
oportuno para realizar la prueba electrofisiológica.
-Tiene la palabra el
primer juez principal –sentenció, interrumpiendo con indiferencia-. A
continuación me dispongo a introducir las instrucciones precisas (solicitadas
por la acusación, y aprobadas por el comité de ética) para el análisis
electrofisiológico pertinente.
El minidisco insertado contenía toda esa
información, y el primer juez principal (que por fuerza debía ser un procesador
recientemente revisado) recibió la orden de activar determinados circuitos
orientados, recibir ondas cerebrales de Don, procesar la información de
respuesta, y traducir esos impulsos a palabras (en este caso), para que el resto
de los jueces pudieran emitir un veredicto consecuente.
El 2º juez volvió a
intervenir brevemente:
-Como saben, nuestro acusado recientemente ha
publicado un anuncio en prensa y TV, una oferta de trabajo bastante atractiva,
que la acusación ha escogido como prueba para el juicio. Ya vienen los
resultados. Veamos en qué pensaba realmente don Federico mientras redactaba el
anuncio.
En unos segundos, de una impresora saldría un papel, y al papel lo
aguardaba una cámara, y esa cámara revelaría al mundo los auténticos
pensamientos de Don.
El anuncio virtual (paradójicamente mucho más real que
el auténtico) se hizo esperar lo suficiente para que la televisión superara sus
previsiones más optimistas, pero finalmente decía así:
|
IMPORTANTE EMPRESA
MULTIPLANETARIA selecciona |
|
TRABAJADORES DE
LÍNEA para su producción de aeronaves. |
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SE VALORARÁ: · Bajo nivel económico · Sumisión · Insomnio · Resistencia física y mental · Conformismo · Claustrofilia |
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SE OFRECE: · Bajos ingresos · Contrato de 8 horas diarias para cumplir 11 · Descanso inexistente · Importantes riesgos laborales · Imposibilidad de ascenso · Exceso de ruido y estrés |
En efecto, hubo que esperar a la siguiente legislatura para que Don pudiera abandonar la cárcel, regresar a la Tierra y recuperar su empresa y el resto de sus posesiones.