Por Ángela Kayser

Diariamente encontramos multitud de artistas que sienten la obligación de renovar sus procesos plásticos o los conceptos que mueven su creatividad, en pro de la vanagloriada “originalidad”. La innovación ha empapado los pequeños placeres de la vida, y por lo tanto, el mundo de las ideas. No es de extrañar que en esa ansiada búsqueda de lo “distinto”, de lo “rompedor” descubramos grandes lagunas intelectuales.

Llegados a este punto es obligación destacar la obra del fotógrafo Pedro Aceituno Garrido. Sin negar la posibilidad que la experimentación ofrece a sus composiciones, este bombero de profesión confiesa su depurado trabajo. Muestra una vez más la grandeza de la fotografía donde el negativo y el positivo ofrecen todas sus posibilidades, llenando sus producciones de los grises más puros. Una elaborada técnica dispuesta como instrumento reflector de una personal visión. Los rincones más cotidianos sirven de excusa a este artista. El hombre, impregnado de sus quehaceres rutinarios, centra gran parte de sus tomas. Alejado de posiciones artificiales, forzadas, despliega la fuerza de sus acciones, el misterio de la mirada o el poder de unas manos entrecruzadas. De esta forma, la luz natural cobra el protagonismo al que se debe. Unos tenues rayos envuelven los retratos de su hija o de un pastor; resaltan los perfiles de esas soberbias mulatas que contonean sus brillantes caderas; o, simplemente, en un intento de comprender su propia relación con la vida, crea silencios interminables a través de puertas entreabiertas. Huyendo de inútiles accesorios y de recargadas sensaciones exhibe su género, hermano del más puro Ansel Adams.

Tal vez su forma intuitiva de fotografiar lo que le rodea y la reconocida concepción como diletante que sobre él mismo tiene, sean motivos suficientes para inducirle a buscar la perfección técnica, la precisión y la claridad en sus obras. Unos ojos pequeños pero vivos y la espontánea humildad de sus gestos invitan al interlocutor a descubrir su fotografía. La autocrítica se confiere como causa directa de la seriedad y madurez en la obra de Pedro Aceituno.

Ángela Kayser

Pintora jiennense

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