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Mocomoco, 9 de octubre de 2005
Sólo
para los más fuertes:
Durante
estas dos semanas hemos reiniciado las visitas a las comunidades de las
dos parroquias. Hemos tenido la suerte de conocer nuevas comunidades pero
sobre todo de sufrir físicamente para llegar allá donde
esta vez no llega la Coca Cola para poder anunciar la Buena Noticia del
Evangelio. Digo lo de la Coca Cola porque el año pasado en la selva
para sorpresa nuestra allí estaba la chispa de la vida. Pero esta
vez no, esta experiencia estaba solamente reservada para los más
fuertes, y no es que exagere, porque durante un año he caminado
por estas montañas andinas, pero nunca en mi vida pensé
que ser misionero iba a poner en cuestión mi fortaleza física
hasta tal extremo. Durante estas dos semanas hemos visitado ocho comunidades,
pero me detendré en una en especial. Supongo
que cuando Jesucristo habla del descenso a los infiernos se refiere a
una comunidad llamada Liani que pertenece a la parroquia de Italaqu. El
difunto padre Francis me hablaba de lo difícil de esta comunidad,
que había que estar andando un día entero y que era agotador.
Pero yo nunca pensé que podría llegar a llorar de sufrimiento,
bueno por fuera no lloré porque pertenezco a la raza en extinción
del macho ibérico, pero por dentro ya lo creo que si lloré,
y más aún, me acordé de todos aquellos sacerdotes
que viven tranquilos y con una figura física que dista mucho del
testimonio evangélico, pues nunca podré imaginarme a un
Cristo gordo colgado de una cruz. La comunidad en cuestión
está en el fondo de un valle, y el camino en coche que nos deja
más cerca de ella queda a tres montañas. Total que hay que
descender por una pendiente de un 80% y claro cada paso que das y miras
atrás sabes que va a haber que subir dentro de unas horas y eso
va a ser más costoso. Llegamos a la comunidad y celebramos varios
bautizos y un matrimonio, y acto seguido emprendimos la ascensión,
hasta que a doscientos metros de donde estaba el coche mis músculos
dijeron basta, los cuadriceps se estaban montando, yo solté la
mochila en la que llevaba el maletín de misa, rosarios y dulces
para los niños porque ya mi cuerpo no podía más,
pues horas antes le había dicho en repetidas ocasiones que hiciera
un esfuerzo más, pero como es esto del cuerpo humano, ya que no
podía con mi alma, me puse esos metros que quedaban a gatear como
en los años de recién nacido, la misión era llegar
al coche como fuera, y se logró. Cuando estoy tranquilo en casa
y pienso el esfuerzo físico que exige esta misión,
pues hay que subir y bajar montañas, subir en un mismo día
de tres mil a cinco mil metros y volver a bajar, la mala alimentación,
etc… entiendo porqué nadie quiere venir aquí, entiendo
porqué los conquistadores españoles se fueron, porqué
los jesuitas que siempre triunfan se marcharon de Mocomoco, entiendo porqué
ni los propios bolivianos quieren venir, entiendo como el padre Francis
se fue consumiendo poco a poco, entiendo
muchas cosas, pero esta vez no lloro por dentro sino que me río
de todo y me digo, “muchacho esto es sólo para los fuertes”,
o como diría el Evangelio “muchos son los llamados y pocos
los escogidos”.
Aparte
de las varias obras sociales que llevamos adelante en las parroquias,
para no variar hemos ampliado una más, pero es que no podía
negarme, la situación es que muchas madres
al estar desnutridas no tienen ni siquiera la leche materna que darle
a sus bebés por eso nos hemos comprometido con cinco bebés
hasta que tengan al menos un año de vida en proporcionarle leche
materna. Las
dos fotos que envío son de esos bebés, llama la atención
la carita del bebé que está solo, pues de
los gemelos llama más la atención la cara de la madre y
de sus dos hermanos mayores que pasan bastante hambre. Estuvieron
en mi casa y aproveché la ocasión para darles alimentos
para toda la familia.
De
Mocomoco decir que ya hemos empezado la catequesis de confirmación
y continuamos con la de comunión, hay un grupo de jóvenes
que poco a poco sigue creciendo y parece que se están tomando en
serio su preparación por la efectividad en la asistencia a misa
diaria y al catecismo como decimos nosotros.
De
la escuela de fútbol tengo que decir
que ya hemos cerrado las inscripciones hace tiempo porque son muchos los
niños y jóvenes que tenemos. Pronto
haremos una salida a La Paz a jugar nada más y nada menos que contra
el equipo The Strongers que sería como mi Atlético de Madrid
del alma. Les hicimos la petición y han accedido a que juguemos
con ellos en un entrenamiento. Para los niños y jóvenes
de Mocomoco e Italaque esto va ser como un sueño, pero para eso
estamos nosotros para que los pobres puedan ver cumplidos sus sueños,
esto de ser el mago de la lámpara de Aladino es algo muy bonito.
Quizá en la vida llega un momento en que uno tiene como labor favorecer
que los otros cumplan sus sueños. Y este sueño se lo dedico
a mi hermano Francis porque este sueño lo quería realizar
él.
Y
para finalizar decir que seguimos aumentando niños
en nuestros desayunos escolares, cada día estamos dando de desayunar
a casi 1.400 niños de cinco a doce años. De esto me siento
realmente orgulloso, y se lo debo a ustedes. Ahora ando liado con una
idea que tenía hacía tiempo, quiero que en esta Navidad
en vez de comprar juguetes para los niños, quisiera fabricar un
abrigo impermeable por fuera y con forro polar por dentro, es que en nuestra
zona llueve tanto y hace tanta humedad que los pobres niños no
tienen nada que ponerse, bueno sí su chompita estilo queso gruyere
(jersey), sus pantalones a juego, y su albarcas con los pies al aire.
He estado haciendo cotizaciones y en un principio haría unos 270
abrigos por 1.300 $, seguiré buscando fábricas pero creo
que al final habrá que hacerlo pues es una prenda que ningún
niño tiene y es muy necesaria.
Y
ahora sí que acabo, quisiera en esta crónica
despedir a Cinta que el próximo lunes pone rumbo a nuestra querida
España. Ella ha estado un mes y medio más con nosotros en
la misión. Aunque se que te han comido viva las pulgas, pues los
mosquitos mueren de infarto a estas alturas, que añoras poder comer
bien, no pasar tanto frío, y no estar tan cansada físicamente,
se que te vas con pena y con tristeza, porque esta misión termina
enganchando a los que saben ver más allá de la realidad,
se que tu experiencia de la misión en este mes ha sido distinta
que en agosto pues has podido estar cercana a la realidad de las comunidades.
Los niños de Mocomoco, se
acordarán de “la sinta” como dicen ellos porque llevan
ya una semana preguntándome por tu marcha. Se van dos brazos
muy útiles y de nuevo me vuelvo a ver solo, y lo que es más
triste con las puertas cerradas, quien tenga oídos que oiga.
Unidos
en la oración
Diego
J. Plá cm
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