Mocomoco, 24 de
junio de 2005.
Durante varios días he estado realizando compras en La Paz para
terminar de una vez de amueblar la guardería
con la financiación que había llegado de Italia.
Y así poder ir cerrando proyectos para seguir con otros. También
aproveché el contrato de un camión para llevar además
de los muebles todos los alimentos que podía. Ha sido un poco cansado
porque esto de cargar un camión no es algo que haga todos los días.
Cargar el coche si, pero un camión son palabras mayores.
Al llegar a Mocomoco
de nuevo mis niños han estado a mi lado y me han ayudado a descargar
el camión, incluso los niños de cuatro años aportaban
su granito de arena cogiendo un ladrillo, o una manta, aquello que buenamente
podían llevar. A la tarde he ido a visitar la escuela de fútbol,
ya son 40 los niños que tenemos en la escuela, claro que algunos
son tan pobres que juegan con las albarcas (sandalias), es lo único
que tienen.
En estos días
hemos estado preparando la fiesta de la parroquia. El martes 28 hemos
tenido torneo de fútbol-sala con la participación de 14
equipos. Me pidieron que jugara con uno de ellos, y casualidades de la
vida hemos ganado el torneo, pero que conste que ha sido muy duro, sobre
todo la final, pero bueno ahí está la llama que nos vamos
a comer todo el equipo. A la noche hemos tenido la misa y era impresionante
ver la iglesia llena de campesinos. Por la noche después de los
fuegos artificiales hemos dado chocolate y bizcochos para 300 personas,
claro que el miércoles hemos dado de desayunar a 180 personas y
de comer a 250, quizá de nuevo se realiza el milagro de la multiplicación
de los panes y los peces. El miércoles 29 de junio San Pedro, hemos
empezado con el concurso de bailes, la plaza del pueblo llena de gente
admirada de ver los bailes típicos de tiempos anteriores a la llegada
de los españoles. Que bonito tratar de recuperar la cultura propia
de un pueblo. Eso sí, me ha tocado bailar en casi todos los bailes
y eso que eran diez grupos de danzas. Después hemos tenido la misa
en honor de San Pedro y cómo decirlo, hemos tenido que abrir las
puertas de la iglesia porque no entraba la gente que había.
A la noche me he enterado
de que uno de los jóvenes que viene a la catequesis cumplía
15 años. Aquí los 15 años son como cuando uno entra
a formar parte de la comunidad y se le hace una fiesta bonita. Este chico
como es pobre no tenía fiesta, por eso con la ayuda de las chicas
hemos preparado en mi cocina unos bizcochos, hemos comprado unos refrescos,
y le he hemos regalado un reloj que tenía guardado para alguna
ocasión especial. Cuando le hemos dicho que diga algunas palabras,
el chico emocionado se ha levantado y ha dicho ¡yo no esperaba esto,
gracias padre! Y yo digo, ¿con qué poco se puede hacer feliz
a un joven, verdad?
1 de julio de 2005
Hoy
hacía 10 años que me habían ordenado de sacerdote,
estaba cansado por todo el trabajo de la semana y sinceramente no tenía
muchas ganas de montarme en el coche y recorrer estas montañas,
pero en mi mente jamás había pensado la experiencia que
iba a vivir. Llegué a la primera comunidad y el catequista me recibió
con lágrimas en los ojos, le pregunté qué pasaba
y me dijo que su hermana había muerto esta noche.
Había muerto en su casa a dar a la luz a un niño.
Entre en la casa, bueno digamos que una habitación de 2x4 metros
con una cama y una cocina era su hogar. Estaba en el suelo cubierta con
una manta típica de esta tierra. Yo supongo que esta mujer tendría
mi edad, más o menos. Levanté la manta, tenía los
ojos abiertos, y al mirar sus tobillos me di cuenta de que tenía
sangre, supongo que esta mujer tuvo una hemorragia que no cerró
y murió desangrada. Pregunté por el niño, la gente
pregunta si estaba vivo, le tomé en mis brazos y el pequeño
dormía ajeno a todo. Celebré la misa por ella, pero antes
esperé a que llegaran sus cuatro hijos, de 12, 8, 6 y 4 años
respectivamente. Abracé a los pequeños y lloraban en mi
hombro. El más pequeño me miraba y pareciera que no se daba
cuenta de lo que estaba pasando. Durante la misa se oían los llantos
callados de los familiares, y eso que los aymaras son poco dados a mostrar
sus sentimientos. Al finalizar me he llevado al bebé al hospital
más cercano para que lo miren los médicos y me digan su
estado. Mide 50 cm y pesa 3,5 kg. Está sano pero con mucha hambre.
El papá estaba llegando de La Paz, hacía dos noches que
había soñado y fue a visitar a su hermano porque pensaba
que algo malo le iba a pasar. Al traer al bebé de regreso a la
comunidad un hombre me ha dicho ¡Felicidades padre! Yo no entendía
porqué lo decía, era por haber llevado al bebé al
hospital, por haber hecho algo por ellos, creo que han notado que yo estoy
una vez más a su lado para ayudarles. Después me he ido
a visitar la otra comunidad que estaba programada, pero no he podido dejar
de pensar en los niños que se quedan sin mamá. Viendo la
pobreza en la que viven le he preguntado a Dios que si no es suficiente
el sufrimiento que pasan en su vida como añadido tener que vivir
ahora Dios sabe cómo. El evangelio de este domingo decía
“que mi carga es ligera y mi yugo llevadero”, no sé
Señor pero a veces a unos les toca una carga demasiado pesada.
Hoy he vivido el misterio de esta vida, cómo se entremezclan la
vida con la muerte. Yo me siento feliz de haber celebrado este día
al lado de los pobres entre los pobres, de estar a su lado lo más
cercano posible para ayudarles en lo que pueda, de haber estado al lado
en la muerte y en la vida.
2 de julio visita
de nuevo a comunidades
Hoy de nuevo sonó
el despertador y el cuerpo como que no quería enterarse de que
de nuevo había que coger el coche y visitar otras comunidades.
Esto de atender dos parroquias y tantas comunidades pasa factura. He ido
por un camino nuevo que me decían que era más corto. Literalmente
he tenido que escalar con el coche una montaña. He llegado a la
comunidad y tenía 25 bautizos y dos bodas. Como éramos tantos
hemos celebrado fuera de la iglesia porque dentro era imposible. Después
me quedaba por visitar otra comunidad donde con más tranquilidad
hemos estado la tarde juntos celebrando y hablando de los problemas que
hay en esa comunidad en un ambiente distendido y de familia. A mi regreso
a Mocomoco ya muy cansado he sentido el cariño de los niños,
que me rodeaban, me abrazaban, y la gente que ha venido de fuera decían
¡mira como quieren al español! Y es que no puedo dar un paso
sin que los niños estén agarrados a mis manos, al jersey,
etc… La gente me da las gracias por lo que estoy haciendo por estos
niños, yo me conformo con sus sonrisas, sus miradas, sus besos,
y con la alegría que cantan en misa. Es curioso que ellos me piden
la misa, y recuerdo las veces que he tenido que convencer a jóvenes
y niños para que vinieran a misa, ahora son ellos los que me piden
que celebre, y no hay problema, vamos a por la tercera un día más.
Por
último decir que ya son diez las comunidades
a las que vamos a comenzar a dar el desayuno escolar. Desde un
comienzo me di cuenta de que la verdadera pobreza
estaba en las comunidades y que de alguna manera tendría
que llegar a estos niños, aunque algunos me decían que yo
no puedo arreglar todo, pero yo creo que si se pueden ir poniendo parchecitos.
Por lo menos ahora los niños de 5 a 10 años tendrán
leche por las mañanas. Cierto que es un nuevo proyecto y las manos
siguen siendo las mismas, algo que algunos no entienden, pero quizá
el milagro esté ahí, que con ilusión por los pobres
no hay límites al crecimiento del Reino de Dios, que a generosidad
a Dios no hay quien le gane, y sobre todo como me enseñó
mi papá, que cuanto más difícil te lo ponen en esta
vida es una ocasión para demostrar cuan grande es el ser humano
que quiere trabajar en favor de los demás. Si todo va bien, daremos
de desayunar a cerca de mil niños en el próximo mes, que
pasarán de tomar un agua caliente con hierbas a un vaso de leche
y un pan.
Unidos en la oración
Diego J. Plá
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