El Patio de las Cayenas
Dedicado a cultivar la literatura latinoamericana, principalmente la dominicana
Fundado el 21 de abril del a�o 2000
Escritura Joven

Rosa Silverio
Poeta y narradora dominicana

Naci� en Santiago de los Caballeros, el 30 de agosto de 1978. Es coordinadora del Taller Literario Tom�s Hern�ndez Franco, del Ateneo Insular. En 1998 obtuvo una menci�n especial en literatura infantil con el cuento "El ave que no pod�a volar" en el concurso de poes�a y cuento que organiza la Alianza Cibae�a. En diciembre del mismo a�o gana el primer lugar en el concurso "Terminemos el Cuento" que organiza el List�n Diario. La revista mexicana "Pasta Seca" public� su cuento "Mariluz hoy no se levanta". Muchos de sus poemas aparecen en diferentes ediciones de los principales peri�dicos nacionales.
Dos poemas de Rosa Silverio

Mariposa

Ya te vas, mariposa,
agitando la magia entre tus alas,
cabalgando mi sue�o en tu lomo de espuma.
No importa que el tiempo se demore,
el rastro de tu vuelo no muere
cuando a tu madeja se le antoja dormir.
Hoy te miro revolotear entre mis dedos,
me invitas al juego sin imaginar que ya he crecido,
la ni�a de ayer ha extraviado su sonrisa
en los trastocados laberintos de su vida.
Ya no me divierto con tus travesuras, mariposa,
ahora s�lo miro esa fragilidad de seda de tu cuerpo
y me siento tan triste, peque�a,
mi tacto reh�sa tocar la debilidad de tus miembros.
Tengo miedo de malograr la sencillez que hay
en tu nombre,
o de silenciar la sonata que tejes en las hebras
de mi pelo.
Ya no soy como t�,
me asemejo a los pliegues de papel
que yacen marginados en los rincones de mi casa.
He olvidado la ternura y la inocencia
en los desmedros del dolor y el abandono.
Ya no puedo volar, mariposa,
me pesa el cuerpo, los brazos, las piernas y el alma.
Ahora camino siguiendo la rutina de los hombres,
ajena a los trazos que dibujabas en mis sue�os.


Perfume

Hueles a musgo y fango,
a tierra mojada y vaho del monte,
como si toda el agua del mundo
recorriera con un beso tus entra�as.
Hueles a manantiales verdes,
a flores de marzo cuando el tiempo se agota
y cuece al comp�s del reloj
las telara�as que cubren tu canto.
Hueles a sudor y a sangre,
a saliva derretida en un instante de locura,
a hierbas arom�ticas, a sales del mar,
al oto�o en el campo cuando el trigo se seca.
Hueles a ti,
a fragancia pura que se esparce como humo,
a tu aroma de hombre acurrucado
entre los suaves pliegues de mi voz.

(Tomados del libro
De vuelta a casa)

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