El Patio de las Cayenas
Dedicado a cultivar la literatura latinoamericana, especialmente la dominicana
Escritura joven

Jim Tatem Brache, poeta y cuentista dominicano

Jim Tatem Brache, poeta y cuentista dominicano, acaba de publicar La otra cara del sue�o, su primer libro de cuentos.  Este texto est� constituido por sesenta y dos cuentos cortos, divididos en cuatro partes.  En la primera, L�nea roja, predomina la sensaci�n de extrav�o como un h�lito inmarcesible que siempre acompa�a a los personajes.  La reiterada presencia de la muerte, ya sea por homicidio, suicidio o angustia existencial, caracteriza a la segunda, Zona de turbulencia.  En tanto que la creaci�n o el anhelo de un mundo m�s humano y m�s feliz es la apuesta de la tercera, Bajo otra luz.  Un universo on�rico, con m�ltiples revelaciones que colapsan la noci�n de realidad com�nmente aceptada, se pasea por las p�ginas de la cuarta, El don preclaro.  Sin embargo, ya lo decidir� el lector, cualquier texto podr�a entrar en cualquier apartado, por la transferencia de emociones que marca la conducta de los personajes y porque todos est�n imbuidos por una atm�sfera de misterio, lirismo y pasi�n.

El Patio de la Cayena se complace en ofrecerles a sus lectores cinco cuentos de la Otra cara del sue�o.


En las aguas del Ozama

Cuando el d�a abri� los ojos, el muchacho ya estaba instalado en el puente amenzando con lanzarse.  Abajo crec�a la multitud.  Un hombre alto, que se identific� como psic�logo, logr� subir con el prop�sito de disuadirlo.

Durante mucho tiempo estuvieron conversando, tanto que all� los encontr� el atardecer.  Nadie sabe lo que hablaron; pero hubo un momento en que se pusieron de pie, y, cuando todos cre�mos que lo hab�a convencido de bajar, miraron hacia abajo con desd�n, miraron el d�a haci�ndose pedazos, miraron las �ntegras manos de la noche despidi�ndolos y juntos saltaron al vac�o.

En las aguas del Ozama la muerte los esperaba con los brazos abiertos.



    


Desde la altura del amor

A
caban de entrar a Sina Cabral en la sala de torturas.  Est� enhiesta como una bandera.  No la golpean; pero, con el �nimo de humillarla, la desnudan ferozmente y todos la contemplan a su antojo.

Ella se mantiene firme.  Los mira desde la altura del amor (a la patria, a la libertad, a la vida).

Y el amor la dignifica.

Entonces los torturadores salen arrastr�ndose, convertidos en gusanos.


Existencialismo

Hab�a una vez un espejo que reflejaba todo lo que no era, hasta que se reflej� a s� mismo y se rompi�.


Decisi�n suicida

He saltado al vac�o muchas veces.  Hoy lo har� por �ltima vez.


Una noche en Salcedo

Aunque esto parece ficci�n, yo doy fe y testimonio de que es real.  Tan cierto como que estoy aqu�, cont�ndolo.

Estaba en Salcedo, mi pueblo natal, sentado en el patio de la casa vieja junto a Belkis Ram�rez, una amiga escritora que hab�a venido a visitarme desde Santo Domingo.  Habl�bamos de literatura, de filosof�a y de la vida, cuando ella mir� hacia arriba y qued� deslumbrada.
-�Ay, Jim; pero tu pueblo est� cerca del cielo! �Mira qu� firmamento tan bello! �Es la noche estrellada m�s hermosa que he visto en toda mi vida! �Dios m�o!  �Hasta tengo la impresi�n de que si leanto las manos podr�a coger un lucero!
-No es simplemente una impresi�n -le dije-: Es as�.

Y levant� las manos y cog� una estrella y se la regal�.


















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