Despacio te desangras, lentamente,
  ante la faz impávida del mundo
  que te deja morir indiferente,

  aislado como un perro vagabundo.
  Se abate el recio tronco de tu encina
  herido por un rayo furibundo,

  cuyo beso de fuego lo calcina.
  Cargado de nostalgias vas marchando,
  siguiendo a la en lutada golondrina.

  Del duro caminar te estás cansando;
  y en esa agotadora singlatura
  no te puedes dormir , y vas soñando

  con el pardo encinar de Extremadura.
  Te sueñas con la sombra de la parra
  vestida de frescor y calentura;

  y aun sientes el cantar de la chicharra
  que alegra sin sabores y fatigas,
  mientras tu cuerpo duda y se desgarra

  luchando contra ejércitos de espigas .
  Y suenas con el pan que en los rastrojos
  te roban , poco a poco ,las hormigas.

  Comiste pan de arcilla y pan de abrojos;
  bebiste en los más puros manantiales ;
  ceñiste a la mirada de tus ojos

  la frágil esbeltez de los trigales;
  asiste con firmeza la mancera;
  venciste a los tupidos matorrales;

  cantaste con tu amor la sementera;
  llevaste con la luz madrugadora
  gavillas bendecidas a tu era.

  Amigo de la alondra trinadora;
  jardinero de cardos y retamas;
  hermano de la luna y de la aurora,

  caminas sin saber como te llamas,
  filtrada del destino en los cedazos
  la sangre generosa que derramas .

  Si cruzas las fronteras , a zarpazos
  te arrancan de la vida los vaivenes,
  el alma , los recuerdos y los abrazos.

  Perdido entre el fragor de los andenes ,
  caminas sobre alfombras de papel;
  y lloras cuando vas y cuando vienes,

  <<Obrero de la Torre de Babel>>,
  bebiendo por las copas del progreso
  los posos repugnantes de la hiel.

  Ansias libertad , y sigues preso,
  cautivo entre zarzales y tomillos,
 libando las partículas de un beso

  pegadas a tus labios amarrillos;
  y escuchas en la noche silenciosa
  el ronco trepidar de cien martillos,

  y el llanto entrecortado de la esposa
  que estruja, con cariño maternal,
  el cáliz incipiente de una rosa

  con pétalos de barro y pedernal.
  Las manos que esculpiera tu destino
  arañan la tersura del cristal

  de un mundo que te cierra su camino
  negándose , con falsa hipocresía,
  el agua al mas sediento peregrino.

  La noche para ti no tendrá día;
  el alba de tu día será oscura ;
  tu suerte silbará una melodía

  girando sobre círculos de fuego,
  danzando sobre nubes deamargura...
  Regresa, cuando puedas al sosiego
  del cálido encinar de Extremadura.

             Gaudencio Balbino Manzano Marcos

 


 

 

 ELEGÍA AL EMIGRANTE EXTREMEÑO

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