LÍNEA POLÍTICA

Indice.

 

I. ESTRATEGIA GENERAL DE LA REVOLUCIÓN.

 

 

1.       Nueva hegemonía o poder popular.

2.       Hegemonía o poder capitalista y neocolonial) de la clase dominante.

3.       Requerimientos a cubrir por las organizaciones de izquierda.

4.       Sobre la cuestión democrática, popular y nacional.

5.       Fundamento ético, político y estratégico de la Línea Política.

 

II. TAREAS ESTRATÉGICAS PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER POPULAR.

 

- Sobre las tareas estratégicas.

 

 

 

DOCUMENTO 4: LÍNEA POLÍTICA o ESTRATEGIA Y TÁCTICA.

 

I. ESTRATEGIA GENERAL DE LA REVOLUCIÓN.

Para garantizar la realización del programa político de la revolución es necesaria la construcción y articulación de la hegemonía (o poder) del pueblo trabajador, así como la simultánea desarticulación y aniquilamiento de la hegemonía capitalista, pues sólo el cumplimiento de esta tarea posibilitará la posterior desarticulación del aparato burocrático-militar del Estado y la toma del poder propiamente dicha.

 

1.       Nueva hegemonía o Poder Popular.

Por nueva hegemonía o poder popular y proletario debemos entender lo siguiente: (1) la articulación de todo el pueblo: clase obrera, campesinado, pueblos originarios (indígenas) y demás sectores dominados, así como de sus organizaciones representativas, (2) en un frente único contra el neoliberalismo y la hegemonía y dominio del gran capital, (3) en torno a un programa democrático popular (4) y un nuevo proyecto de Nación, (5) que fusionen la multiplicidad de voluntades dispares en una sola voluntad nacional popular, (6) mediante una Línea Política Común o estrategia y táctica comunes; (7) una dirección política compartida, (8) una nueva cultura o visión del mundo (incluyente y solidaria) y (9) una ideología democrática, popular y proletaria, que logre difundirse en toda la sociedad. (10) Una praxis revolucionaria que fusione la teoría (o unidad de ciencia e ideología) con la actividad práctico-crítica transformadora de todo el pueblo, (11) una ética y una moral revolucionarias y relaciones sociales orientadas a restaurar la dignidad humana y a suprimir el vínculo de dominio-subordinación (capitalista y neocolonial), (12) una unidad intelectual y moral individual y colectiva, (13) un consenso activo y directo que integre en el pueblo trabajador la nueva visión del mundo, así como la lucha económica, política e ideológica, permitiendo a éste conquistar su soberanía; asimismo, (14) una correcta combinación: entre objetivos de corto y largo plazo, entre formas de lucha políticas y militares, legales e ilegales, democráticas y socialistas, etc., (15) un estilo de vida y de trabajo y una actitud revolucionaria que vincule al pueblo y a sus representes con una ideología y una visión del mundo y (16) una política de medios orientada al establecimiento de una relación y comunicación horizontal, que garantice la difusión de una orientación política ideológica del movimiento democrático revolucionario; y (17) la construcción y desarrollo de fuerzas insurgentes (regulares e irregulares) que garanticen la defensa de la organización popular y el triunfo de la nueva hegemonía o poder popular.

 

2.       Hegemonía o Poder (capitalista y neocolonial) de la clase dominante.

La hegemonía o poder capitalista (1) es la dirección intelectual y moral, así como la dominación económica-política-militar de corte neoliberal que ejercen, sobre el pueblo trabajador, la clase capitalista y el Estado dependiente así como el propio Estado y burguesía imperialistas. (2) Dicho poder está sustentado en una política de alianzas y mediado ideológicamente por una ‘visión del mundo’, difundida por organismos públicos y privados, que combina las formas más tradicionales de la cultura colonial (generalmente religiosas que sacralizan la autoridad del amo o señor) con las del capitalismo y neocolonialismo cultural (generalmente modernas, con ideas de ‘progreso’, ‘civilización’ o ‘desarrollo’ en que el pueblo llega a creer), dando lugar (3) a una cultura y conciencia autoritarias y providencialistas y, por consiguiente, (4) a un sujeto social que posibilita la reproducción del ‘sistema’ en su conjunto. (5) En el plano de lo político y de lo policiaco-militar, dicha poder está mediado por la negociación y el consenso que benefician a sectores muy reducidos de la población. Pero (6) se trata de una negociación que se reduce a jefes, caudillos, caciques, funcionarios, empresarios y (7) se trata de un consenso que se logra mediante la represión (física y cultural) y la concesión jerarquizadas. (8) Este tipo de represión se actualiza sembrando el miedo interno y el miedo a la autoridad, así como la fe providencialista y la fe en la autoridad. Además, (9) hay formas de corrupción, que se combinan con juicios morales que pretenden cultivar el desánimo y el recelo frente a los que quieren superar los problemas. Asimismo (10) hay invitaciones reiteradas a “los más prudentes” o a “los más listos” para que compartan la viveza criolla, así como los honores y los beneficios de una inmoralidad redimida por la riqueza y el poder. (11) La represión cultural opera hasta en los momentos apacibles, desgasta las alternativas mismas e incluso los propios intentos de rebelión, insertándose en ellos, como recurso último de dominación. (12) La represión sirve para controlar al trabajador, para dominarlo y para tratar de intimidarlo, sobre todo cuando se decide a actuar (13) La cultura dominante no sólo opera para dar falsas salidas fundadas en el azar –con esperanza de milagros-, o arbitrarias –con esperanza en la buena voluntad de patrones laicos o de intermediarios irreales y engañosos (como la “doña, señora del patrón”, o el huizachero), o apadrinadas (como el compadrazgo con padrinos ricos)-. (14) La dirección intelectual y moral o función hegemónica opera a través de los medios de comunicación, la sociedad del espectáculo y otras instituciones públicas y privadas que mienten con el propio conocimiento y hacen uso de las nuevas técnicas y prácticas de la publicidad, la propaganda y los mensajes subliminales persuasivos o intimidatorios; (15) Dichas instituciones, en los que también se manifiestan las contradicciones sociales, incluyen a la propia familia, la escuela en todos sus niveles de enseñanza, la iglesia, los centros de investigación, las instituciones de “servicio social”. 16) La dominación cultural opera hasta en las más modernas formas de expresión proletaria o ciudadana, al exacerbar un radicalismo anárquico aprovechado hábilmente por el “sistema”, que invita a un tipo de rebelión desarmada e impotente o, incluso, a la rebelión armada pero aislada del pueblo trabajador y, por tanto, al martirio, precisamente cuando los más valientes se deciden a la rebelión. (17) En los propios críticos, en los propios rebeldes las formas de represión cultural afectan a las organizaciones sindicales y partidarias, a las democráticas, socialistas, comunistas, instalando, las más de las veces un pensamiento providencialista y autoaniquilante. (18) Por regla general, los líderes reproducen las formas autoritarias de pensar y actuar, echan mano de los recursos oligárquicos con que se manipula a las bases, usan los engaños y las trampas con que “los señores” mienten a la mayoría, y dan sus versiones mentirosas de los hechos, sus interpretaciones dogmáticas –esto es, autoritarias- con nuevas filosofías, de los programas y planes, y con las mismas políticas de cúpula que ocultan al pueblo en lucha el razonamiento de las decisiones que se toman. (19) Como padres que no quieren angustiar a sus niños, o temen que estos “se echen a perder” si conocen la historia completa, los líderes esconden a los ojos del pueblo en lucha los textos originales de sus conocimientos y cuidan que no se difundan entre ellos los juicios heterodoxos “equivocados” que podría desorientarlas. (20) En las propias organizaciones e ideologías rebeldes se reinstala el autoritarismo, último reducto de las clases dominantes que traen al líder separado de las bases hasta cuando éste pretende representarlas. (21) La definición de lo real vivido o proyectado no se hace por las ideas que desde arriba expresan los líderes autoritarios, así sean estos valerosos y sinceros, pero incapaces de cumplir cuando se reservan el derecho indiscutible de señalar ritmos en los avances o retrocesos, límites en las concesiones y reformas, visiones ilusorias, desechables una vez que han cumplido sus papeles mediadores.

 

3.       Requerimientos a cubrir por las organizaciones de izquierda.

Para avanzar en la construcción y articulación de una nueva hegemonía o poder popular, las organizaciones de izquierda debemos cubrir, entre otros, los siguientes requerimientos: (1) Constituir una expresión efectiva del grado de conciencia política y organización democrática revolucionaria alcanzado por diversos sectores del pueblo trabajador y de ningún modo expresiones aisladas que desde fuera o al margen de las luchas concretas del pueblo nos autonombremos “vanguardia revolucionaria”. (2) Superar la tendencia a sustituir el análisis concreto de la situación concreta con la formulación dogmática y doctrinaria de la teoría de la revolución y, por tanto, las estrategias maximalistas, intelectualistas, voluntaristas o aventureras, que por regla general aíslan y sectarizan a los grupos que las promueven; asimismo, superar el pragmatismo o tendencia inmediatista y superficial que termina por cerrar el paso a la lucha por la transformación social profunda y, por tanto, superar las estrategias reformistas que refuerzan la dominación capitalista. (3) Saber reconocer la necesidad histórica del periodo y, por tanto, el carácter democrático, popular, nacional que debe mediar, en su primera fase, la lucha revolucionaria contra la hegemonía y dominación capitalista, así como, el carácter proletario (anticapitalista, antiimperialista e internacionalista) que finalmente debe adquirir la lucha por la realización del proyecto de emancipación socialista.

 

4.       Sobre la cuestión democrática, popular y nacional.

Tanto la realización del programa mínimo como del máximo constituyen problemas de orden estratégico. La realización del primero constituye una condición indispensable para la realización del segundo. La lucha por la hegemonía popular en México tiende a expresarse como ‘voluntad colectiva nacional’ contra la hegemonía de la clase dominante. Esta lucha parte de la cuestión nacional y de la cuestión democrática como elementos unificadores de una población altamente heterogénea cuyas luchas intermedias, típicas de una sociedad capitalista semi-industrializada, se complementan con otras típicas de una sociedad neocolonial. Es decir, la lucha nacional y la lucha democrática y popular son parte de un conjunto de importantes batallas intermedias. Sólo que a los peligros de no dar esas luchas, se añaden sin embargo los de quedarse en ellas y en las ideologías nacionalistas, populistas, agraristas y democrático-liberales que unen lo diverso y las hegemonizan.

En nuestra formación social, la lucha contra las mediaciones neocoloniales es inevitable, pues las vejaciones e injusticias que imponen en un primer plano ocultan a los pueblos recolonizados la esencia del capitalismo. En estas condiciones, los grupos y partidos revolucionarios, socialistas y comunistas, deben expresarse en un discurso mediado, con términos y conceptos usuales en el pueblo, hasta que éstas adquieran, con la lucha, el lenguaje y la conciencia que a aquellos les resulta familiar. Debemos tener presente que la distancia de lenguaje y conceptos entre vanguardia y pueblo en lucha, si no se reduce, adquiere una dimensión colonial. Es decir, la cultura superior rebelde puede acabar por reproducir, en vez de suprimir, la jerarquía de una cultura oligárquica.

La estrategia y la táctica tienen por objeto orientar la actividad revolucionaria del pueblo trabajador y sus organizaciones representativas, organizar dicha actividad, unificarla en una sola dirección para garantizar el cumplimiento de las tareas y el logro de los objetivos de la revolución.

La realización del programa político requiere una visión ética, política y estratégica, así como la elaboración de tácticas diversas que - al mismo tiempo que impulsen hasta sus últimas consecuencias la lucha por la democracia dentro del capitalismo y, por tanto, la lucha popular y proletaria contra el neoliberalismo y el régimen político autoritario que le acompaña - posibiliten la apropiación por parte del pueblo de los objetivos históricos del proletariado y la lucha por el socialismo.

 

5.       Fundamento ético, político y estratégico de la Línea Política.

Nuestra Línea Política responde a dos determinaciones: la identificación de nuestro poder y de la vulnerabilidad del enemigo. Por ello, nuestra Línea consiste en la construcción y articulación de una nueva hegemonía o poder popular y, al mismo tiempo, en la desarticulación y aniquilamiento de la hegemonía y dominio del gran capital, a partir de tres bases teóricas: ética, política y estratégica.

Desde la perspectiva ética, el poder popular tiene por objeto restituir la dignidad, así como el carácter consciente, voluntario y creador de la actividad humana. Se le llama dignidad a la condición que puede exigir cada humano de ser tratado como semejante a los demás; o sea, a la condición de cada individuo de tratar y ser tratado con respeto, independientemente de su clase social, cultura, raza, convicción política, ideología, creencia religiosa, inclinación sexual, etc. La dignidad es lo que tenemos todos los humanos en común y sirve para reconocer a cada cual como único e irrepetible. Por tanto, el ser humano no puede ser sustituido ni debe ser maltratado en beneficio de otro. Incluso si se le castiga de acuerdo con la ley o se le tiene políticamente como enemigo, no deja de ser acreedor a respeto. El ser humano tiene dignidad y no precio. Sólo las cosas pueden ser compradas, cambiadas o sustituidas por otras parecidas o mejores. La dignidad, en cambio, es la condición que impide al ser humano aceptar humillación, ofensa o mal trato. Pero en el capitalismo el ser humano es reducido, con el trabajo asalariado, a mero instrumento de producción y recibe, por tanto, el trato de ‘cosa’ o de mercancía. Cuanto más riqueza produce, tanto más se empobrece; cuanto más mercancías crea, tanto menos es el valor de su fuerza de trabajo; cuanto más se valoriza el mundo de las cosas, tanto más se desvaloriza, en razón directa, el mundo de los hombres. En el capitalismo el ser humano se pierde en el producto que crea; el cual, se enfrenta a su productor como algo extraño, como un poder hostil e independiente, como un poder que lo domina. El capitalismo priva al hombre de realidad humana. Es decir, la enajenación lo cosifica – en la producción y en el intercambio – y lo deshumaniza, haciendo aparecer la dignidad, la conciencia y la voluntad como algo ajeno, algo que no pertenece ni al trabajador, ni al capitalista que lo expropia. Por ello, cuando en medio del empobrecimiento y la humillación el ser humano logra recuperarse a sí mismo, como ser libre, consciente y responsable, la dignidad se transforma en rebeldía. Imponiéndose ante él, el imperativo ético de suprimir el vínculo de dominio-subordinación propio del capitalismo y, por tanto, de construir - en el transcurso del proceso revolucionario - nuevas relaciones sociales, desmistificadas y conscientes, con base en una ideología y una moral revolucionarias; relaciones que habrán de constituir el soporte del poder popular y que harán de éste un proceso irreversible.

Desde la perspectiva política, el poder popular tiene por objeto garantizar la conquista de la democracia, la justicia y la libertad, a partir de una nueva dirección intelectual y moral orientada a desarrollar la conciencia política y organización autónoma del pueblo trabajador. Por lo que, desde el inicio de su construcción, deberá ser la expresión de una democracia del pueblo, con el pueblo y para el pueblo, y constituir, al mismo tiempo, el embrión de un nuevo ordenamiento económico, político y social. Lo anterior requiere partir de la filosofía de la praxis o teoría y práctica de la transformación revolucionaria de la sociedad. Teoría política que integra tres momentos: el conocimiento profundo de la realidad, la crítica radical de todo lo existente y el proyecto de emancipación social. El gozne en que se articulan estos tres momentos es la práctica como actividad real orientada a un fin. “Se trata de transformar el mundo (proyecto o fin) con base en una crítica y un conocimiento de lo existente. El problema teórico (filosófico) fundamental es, por tanto, el problema práctico de la transformación del mundo humano, social; o sea: el de la autoproducción o cumplimiento del hombre en un contexto histórico-social dado en y por la praxis.” Por tanto, es necesario entender la función práctica de la teoría política, de la manera siguiente: como crítica de la realidad existente y de las ideologías; como compromiso con las fuerzas sociales que ejercen la crítica real; como laboratorio de los conceptos o categorías indispensables para trazar y aplicar una línea de acción; como conciencia de sí misma para elevar la racionalidad de la práctica; y, como autocrítica que le impida alejarse de la acción real, paralizarse o arrojarse en la utopía o la aventura.

 

Desde la perspectiva estratégica, el poder popular tiene como finalidad doblegar la voluntad del adversario y alcanzar los objetivos establecidos por la política. El poder popular es el conjunto de fuerzas materiales, ideológicas y morales que definen una situación entre voluntades adversas. Por tanto, su construcción no constituye un fin sino un medio, que habrá de permitir al pueblo mexicano, en un tiempo y un espacio determinado, reconquistar su independencia y soberanía nacionales e impulsar la transformación social profunda que la Nación requiere. La construcción, desarrollo y articulación de una nueva hegemonía o poder popular y proletario, así como, la simultánea desarticulación y liquidación de la hegemonía o poder capitalista y neocolonial, tiene como base el desarrollo y la generalización de todas las formas de lucha que requiera la situación concreta. Formas de lucha unidas de manera indisoluble a las determinaciones de: espacio, tiempo, objetivos, medios, libertad de acción y vulnerabilidad, con base en las cuales se elige el modelo estratégico que se debe instrumentar a cada paso de la lucha popular y proletaria. Los modelos estratégicos deberán orientar la lucha del pueblo trabajador, para enfrentar y desarticular al neoliberalismo y a la Guerra de Baja Intensidad, como estrategias de expansión y defensa instrumentadas por la oligarquía y el Estado, bajo asesoría del Estado y burguesía imperialistas. La estrategia del pueblo trabajador para desarticular y aniquilar la hegemonía y dominio capitalista deberá atravesar por varias fases o etapas de desarrollo revolucionario, en el curso de la cual habrá de enfrentar la guerra interna, así como la intervención y posible ocupación imperialista, particularmente, norteamericana. Pero, el logro de nuestros objetivos dependerá, finalmente, de la voluntad de vencer, de la libertad de acción y de la capacidad de ejecución que deberá desarrollar el pueblo trabajador - como sujeto estratégico - en el curso de la lucha democrática revolucionaria. El desarrollo de estos principios deberá concretarse primero en la construcción de las fuerzas morales y materiales o medios estratégicos que se requieren para alcanzar una decisión. Dichos medios son de carácter humano (organizativo, político, ideológico-cultural, militar, etc.) y de carácter material (infraestructura económica, logística, tecnológica, bélica, etc.), los cuales se expresan globalmente en el poder popular. Por tanto, nuestras tareas estratégicas consisten en la construcción de dichos medios, en su conducción y en su utilización para desarticular y aniquilar el poder del adversario, doblegar su voluntad y alcanzar los objetivos establecidos por el programa político.

 

II. TAREAS ESTRATEGICAS.

 

  1. Unificar la voluntad popular nacional contra la hegemonía y la dominación del gran capital.
  2. Impulsar la educación política y la organización autónoma del pueblo trabajador.
  3. Construir un nuevo partido popular y proletario.
  4. Impulsar la formación de una coordinadora insurgente.
  5. Articular el frente único.
  6. Desarrollar una nueva ideología, una nueva moral y una nueva cultura popular y proletaria.
  7. Construir una nueva socialidad, digna y justa.
  8. Construir una economía popular alterna.
  9. Formar un ejército popular.
  10. Desarticular y aniquilar la hegemonía y dominación capitalista.

 

Sobre las tareas estratégicas.

 

1.       Para unificar la voluntad popular nacional, es necesaria la definición programática de objetivos que expresen acertadamente los intereses y necesidades del pueblo trabajador. En la situación actual, la organización del pueblo para alcanzar sus objetivos constituye un proceso que tiene como eje fundamental la lucha contra el neoliberalismo y la hegemonía y dominio del gran capital.

2.       Para impulsar la educación política y la organización autónoma del pueblo trabajador se requiere estar con él y formarse con su impulso. Es decir, se requiere ser educado por el pueblo, aprender de él, tanto en la vida diaria como en la construcción del poder popular, uniendo el saber popular y el saber de la teoría, para enriquecer y desarrollar uno y otro al mismo tiempo.

3.       Para construir un nuevo partido popular y proletario, es indispensable la educación política y la organización autónoma del pueblo trabajador. Ambas determinaciones (la construcción del partido y la organización del pueblo) constituyen la expresión de un mismo proceso, cuyo principio ético fundamental es el de la restauración de la dignidad humana o transformación revolucionaria de nuestra sociedad. Asimismo, la construcción de un nuevo partido requiere de un principio de dirección y organización democrático (representativo y participativo) y centralizado (horizontal y no vertical), de objetivos y procedimientos que se correspondan por su contenido revolucionario y de una adecuada combinación del trabajo legal y clandestino.

4.       Para impulsar la formación de una coordinadora insurgente, se requiere partir del análisis político y la discusión colectiva entre organizaciones insurgentes, establecer ejes de afinidad político-ideológica y desarrollar la acción coordinada contra el enemigo.

5.       Para articular el frente único se requiere que el pueblo y sus organizaciones elaboren un programa democrático, popular, nacional y una Línea Política Común o Estrategia y Táctica comunes, con base en lo cual se defina y desarrolle la política de alianzas. El programa debe expresar los objetivos políticos del pueblo trabajador que deberán definirse con base en los intereses, deseos y necesidades populares nacionales, así como en el análisis de sus posibilidades históricas de realización. La Línea Política Común o Estrategia y Táctica comunes deben orientar la lucha de todo el pueblo y garantizar la construcción, organización y conducción de medios o recursos que hagan posible, en un tiempo y un espacio determinado, la realización de los objetivos establecidos por el programa político. El frente único constituye la expresión de la unidad intelectual y moral de todo el pueblo y, por tanto, la expresión de una nueva hegemonía o poder popular. Dicha hegemonía presupone, entre otras determinaciones una dirección política y moral compartida, un consenso activo y directo del pueblo trabajador, un estilo de trabajo que vincule a dirigentes y dirigidos con una nueva ideología y visión del mundo, así como instancias de coordinación permanente entre organizaciones democráticas populares y socialistas.

6.       Para desarrollar una nueva ideología y una nueva cultura popular y proletaria, se requiere una teoría política abierta y unida indisolublemente con la práctica. Se requiere impulsar recuperar y preservar la memoria histórica y la cultura propia y universal. Es decir, se requiere preservar, entre otras cosas, el valor supremo de la persona y la búsqueda de un sentido digno y justo de la existencia humana; la apertura y valoración de formas de conocimiento y de aproximación a la realidad que trascienden la racionalidad instrumental; la búsqueda del “otro” en la construcción de un “nosotros” que fundamente el sentido ético de la vida humana, y la presencia constante de la utopía y la esperanza; la libertad como construcción de la autonomía de la persona y de su sentido de la responsabilidad; Asimismo, se requiere la asimilación del desarrollo científico-técnico y luchar contra la ideología dominante y la cultura autoritaria, construyendo y desarrollando instancias de educación cultural, política e ideológica e impulsando la convivencia revolucionaria y el ejercicio de la crítica y autocrítica revolucionarias. Además, se requiere difundir la nueva ideología y la nueva cultura a través de una eficaz política de medios.

7.       Para construir una nueva socialidad, digna y justa, en y con el pueblo, se requiere la apropiación de una filosofía y una ética revolucionarias; la organización y el desarrollo del trabajo colectivo y solidario. Se necesita preservar el sentido comunitario de la vida, característico de nuestras culturas, principalmente las originarias o indígenas, así como la multiculturalidad y la interculturalidad que les son propias. Asimismo, se requiere impulsar la formación de nuevas costumbres y tradiciones revolucionarias y asumir una actitud abierta a la diversidad.

8.       Para construir una economía popular alterna, solidaria y colectiva, es necesario desarrollar proyectos de producción, comercialización y consumo organizados colectiva y solidariamente en el plano local y regional, así como preservar el trabajo como medio de realización personal y, por ello, derecho fundamental. Además, es necesario elaborar un nuevo modelo económico en el plano nacional.

9.       Para formar un ejército popular, es necesario crear estructuras militares, a partir de organizar la autodefensa popular y la réplica insurgente (político-militar) frente a la represión gubernamental; desarrollar la propaganda armada revolucionaria; formar unidades regulares con capacidad defensiva, disuasiva y ofensiva; formar talleres de armamento popular y redes de abastecimiento logístico; formar un aparato popular de inteligencia. Asimismo, se requiere ganar al terreno de la revolución a los individuos y sectores patriotas de las fuerzas armadas del adversario.

10.   Para desarticular y aniquilar el poder de la clase dominante se requiere derrotar su estrategia de expansión y de defensa. Pero para lograrlo se requiere desgastar y aniquilar sus fuerzas morales y materiales, es decir, derrotar, su política, su ideología, su cultura y su moral, pero sobre todo, su poder militar.

 

Noviembre de 2000.

Primer Congreso del PDPR-EPR-TDR.

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