El PARTIDO DEMOCRATICO POPULAR REVOLUCIONARIO - EJERCITO
POPULAR REVOLUCIONARIO - TENDENCIA DEMOCRATICA REVOLUCIONARIA es un agrupamiento
constituido inicialmente como corriente temporal e inorg�nica al interior del
PDPR-EPR. Dicho agrupamiento surgi� en el marco y en la parte final de un
conflicto de valores pol�ticos e ideol�gicos y de una lucha de posiciones
interna que, lamentablemente, deriv� en la ruptura y fragmentaci�n m�ltiple del
original proyecto.
El origen del conflicto y de la posterior lucha de posiciones
se encuentra en la reflexi�n �tica, filos�fica y estrat�gica, as� como en la
discusi�n pol�tica que diversos acontecimientos nacionales e internacionales -
de fines de los 80 y principios de los 90 - produjeron en nuestro partido.
El resultado de esta reflexi�n y discusi�n interna desemboc�
en la readecuaci�n de los documentos program�ticos y de L�nea pol�tica,
sostenidos por el partido hasta antes de 1994, as� como en la modificaci�n de la
din�mica interna que condujo, con base en el an�lisis de la presente fase y
coyuntura hist�rica, al surgimiento del EPR y a la propia reconstituci�n del
partido. Dicho proceso fue desarrollado con base en la consulta, aunque en una
insuficiente discusi�n al seno de la militancia.
No obstante, por limitada que haya sido la consulta, dimos
inicio a una democratizaci�n interna orientada a la realizaci�n de un Congreso
que, de haberse realizado, hubiese sido el primero en casi tres d�cadas de
existencia como agrupamiento revolucionario. En dicho Congreso se pretend�a
concluir la discusi�n en torno al programa y a la L�nea pol�tica, y elegir o
ratificar la direcci�n del partido, sin hacer a un lado o renunciar a la
centralizaci�n, la clandestinidad y la disciplina como condiciones de
sobrevivencia que exige la lucha pol�tico-militar, ni a la realizaci�n del
proyecto de emancipaci�n socialista.
Despu�s de la masacre de Aguas Blancas y en el marco de las
t�cticas - de autodefensa y propaganda armada revolucionaria - activadas en
respuesta a dicha masacre, la readecuaci�n del programa y de la L�nea abri� la
posibilidad a la realizaci�n de un an�lisis interno y, al mismo tiempo, de un
balance hist�rico - cr�tico y autocr�tico - el cual puso de manifiesto que el
origen de nuestras deficiencias y limitaciones se encontraba, principalmente, en
nuestras formas doctrinarias y dogm�ticas de haber asumido la teor�a
revolucionaria, en nuestra intolerancia frente a posturas o formas de lucha
distintas a la nuestra, en nuestra incapacidad para actualizar en m�s de 20 a�os
la cr�tica de la econom�a pol�tica capitalista (salvo el aporte dado en 1985 por
uno de los agrupamientos que se sumaron al proceso), en nuestra incapacidad para
suprimir el v�nculo de dominio-subordinaci�n (dentro y fuera de nuestras filas)
e impulsar - con base en una nueva �tica, una nueva moral y una nueva ideolog�a
- una relaci�n social cualitativamente distinta, as� como una verdadera
democracia al interior del partido.
Lo anterior puso en claro que las ideas de "partido
homog�neo" y "direcci�n infalible" que se hab�an sostenido desde el origen del
partido carec�an de sustento, y que al interior del partido y de la direcci�n
exist�an acentuadas diferencias sobre la teor�a de la revoluci�n, as� como sobre
la historia misma de nuestro proceso.
Este primer ejercicio autocr�tico iniciado en el nivel de
direcci�n y requerido por la militancia cr�tica transparent� nuestro proceso
hist�rico y nos oblig� a reconocer los errores y deficiencias que limitaban
nuestro desarrollo como proyecto revolucionario. Pero no todos aprobaron ni
compartieron las conclusiones de este ejercicio y algunos otros no supieron
captar su contenido �tico. De este hecho deriv� la contradicci�n principal que
habr�a de conducir a la ruptura ideol�gica y fragmentaci�n org�nica partidaria.
Dicha contradicci�n se agudiz� frente a los primeros desprendimientos que, como
resultado de la crisis, se fueron produciendo, as� como frente a los intentos
coercitivos por resolverla.
Desde nuestra �ptica, el conflicto de valores pol�ticos e
ideol�gicos y la lucha de posiciones fue activada por la b�squeda de respuestas
y soluciones a problemas pol�ticos reales. Fue una lucha sustentada en distintas
valoraciones �ticas, pol�ticas y estrat�gicas con respecto del pasado, del
presente y del desarrollo posible de la lucha revolucionaria; lucha de
posiciones que dio lugar a distintas corrientes de opini�n al interior del
partido, cada una de las cuales trat� de resolver la crisis e impulsar el
desarrollo del proyecto revolucionario, s�lo que desde perspectivas diferentes.
Destacando en todo este proceso una fuerte incapacidad para discutir de manera
racional y fraterna nuestras diferencias pol�ticas.
Como resultado de esta lucha de posiciones, una de las
corrientes internas accedi� a la direcci�n provisional del partido, aplazando
indefinidamente la realizaci�n del Congreso, pretendiendo revertir la
readecuaci�n program�tica y de L�nea Pol�tica y poner t�rmino con medidas
coercitivas a la crisis interna. Frente a esta situaci�n algunos grupos de
compa�eros decidieron renunciar, otros fueron expulsados, dando lugar unos y
otros a nuevos agrupamientos revolucionarios.
En lo que a nosotros toca, la falta de respuesta positiva de
la direcci�n provisional a nuestras propuestas de soluci�n a la crisis o de
establecimiento de nuevos acuerdos, decidi� una modalidad de ruptura y
fragmentaci�n distinta a las renuncias y expulsiones: la escisi�n del PDPR-EPR
en dos agrupamientos distintos e independientes uno del otro. De este modo, la
Tendencia Democr�tica Revolucionaria (TDR) dej� de ser una corriente temporal e
inorg�nica - al interior del PDPR - para constituirse, por s� misma, en un nuevo
agrupamiento partidario: el PDPR-EPR�TDR por medio de su Primer Congreso
Constitutivo con el cual concluimos, espec�ficamente, el proceso de an�lisis y
reflexi�n, cr�tico y autocr�tico, que dio lugar al proyecto original hoy
fragmentado.
Sin embargo, la ruptura y fragmentaci�n partidaria no puso
t�rmino a las diferencias. Estas deben dirimirse ahora en el terreno de la
discusi�n pol�tica, honrando el compromiso expl�cito de conjurar una
confrontaci�n est�ril entre revolucionarios. Para ello, es necesario asumir de
modo autocr�tico el proceso que nos fragment� y asumir las responsabilidades que
a cada cual correspondan. S�lo de esta manera podremos fundar una praxis
pol�tica distinta y evitar que hechos como �ste se repitan.
Hoy m�s que nunca, los distintos agrupamientos provenientes
del PDPR-EPR estamos obligados a orientar nuestra acci�n pol�tica contra la
hegemon�a y la dominaci�n que ejerce la fracci�n industrial y financiera que -
haciendo pasar como suyo el deseo de cambio del pueblo mexicano � ha ocupado la
posici�n central de gobierno y de poder. Es decir, estamos obligados a golpear
juntos, pese a marchar de manera separada. S�lo ello posibilitar� contribuir a
la unidad futura del movimiento democr�tico, popular, revolucionario y, en estos
momentos, contribuir a detener y desarticular la doble estrategia del poder
imperialista: el Neoliberalismo y la Guerra de baja intensidad.