EDITORIAL
Una de las cuestiones
que con mayor frecuencia encontramos en la definición de la lucha que
nuestros pueblo organiza no sólo para resistir a los embates de la
política neoliberal impulsada por el imperialismo y materializada por
nuestros gobiernos entreguistas, sino para construir y consolidar un
verdadero poder popular y un ejército popular revolucionario, es el que
se refiere a la definición de la naturaleza y carácter del mundo que
deseamos construir como aspiración a alcanzar.
¿Qué mundo vamos a
dejar a nuestros hijos?
Esta cuestión parece
ocupar el punto medular de la agenda que guía el trabajo de los Foros
Mundiales en contra de la política neoliberal; es el punto central de la
discusión de la lucha contra el ALCA y de la determinación de los
propósitos político-ideológicos que pretendemos alcanzar. Sin embargo,
esta problemática tan sólo abarca un fragmento, por cierto muy pequeño,
de lo que las organizaciones revolucionarias y nuestros pueblos debemos
abordar.
¿Qué hijos vamos a
dejar en nuestro mundo?
Esta pregunta permite
que precisemos la parte restante de la problemática que enfrentamos, hoy
por hoy, y que nos dará la oportunidad de reflexionar sobre las
cuestiones relativas al punto fundamental de nuestra acción, al sentido
esencial de nuestra existencia. A saber: ¿Qué seres humanos pretendemos
construir para un nuevo mundo? ¿Qué Mundo es admisible para esos seres
humanos? ¿Qué programa de acción debemos impulsar para pasar de nuestro
estado actual al mundo posible?
Estas tres cuestiones
apuntan el contenido de lo que hoy debemos discutir para poseer puntos
de referencia que guíen nuestro actuar.