SER MUJER HOY
Ríos me atraviesan
montañas horadan mi cuerpo
y la geografía de este país
va tomando forma en mí,
haciéndome lagos, brechas y quebradas,
tierra donde sembrar el amor
que me está abriendo como un surco,
llenándome de ganas de vivir
para verlo libre, hermoso,
pleno de sonrisas.
Gioconda Belli.
¿Cómo explicar la
condición de la mujer desde un lugar que no es el que ocupa ella?, ¿Cómo
traducir los pensamientos, sentimientos, emociones, valores, ilusiones,
sueños, aspiraciones de ese ser que ha sido excluido del curso de la
historia, desde un lugar que se encuentra al otro lado del río?, ¿Cómo
un movimiento de izquierda revolucionaria puede recuperar ese lugar y
entregarlo, como un ramo de rosas, o un perfume de magnolias o de huele
de noche, o un cielo lleno de estrellas que anuncian un quizás, un tal
vez, un puede ser, una promesa que se palpa con los vaporosos deseos de
construir un cielo para ellas y, por supuesto, nosotros?... En fin,
¿Cómo, desde este lugar, quienes hemos traducido nuestros sentimientos y
nuestra sangre en tinta, podemos rendir un homenaje a aquéllas que
mueren por dar la vida, que prefieren morir antes que perder la vida,
que siembran la tierra con semillas de pasión y de esperanza, sin más
ensoñaciones que un mundo digno para todos y de todos los seres
humanos?
Pues bien, cierta
noche, atrapados en la cárcel del insomnio, sin poder cerrar los ojos
para montar los caballos que conducen al mundo de las ilusiones, una a
una fueron cayendo sobre el rostro nuestro, como gotas de tormenta y
pequeñas mazorcas de granizo, las dudas que asaltaban nuestras
certidumbres; éstas, como gotas de rocío, se esparcieron por todos lados
sin que pudiéramos tomarlas con las manos que aseguran las certezas...
Buscamos en lugares
impensados las respuestas a todas nuestras dudas. Sin embargo, por
ningún lugar pudimos encontrarlas...
Entonces decidimos
salir a caminar y caminar y caminar por todos los rincones del planeta y
escuchamos, como susurros que cantan canciones amorosas, los llantos de
quienes perdieron a sus hijos en combate y decidieron luchar por un
lugar que no les mutilara de pequeños pedazos de sus cuerpos; oímos
tableteos de ametralladoras empuñadas por manos que saben dar consuelo
cuando no disparan; miramos luces a lo lejos que iluminaban ojos que
devoran ansiosos el saber que se encuentra en hojas de papel; palpamos
en el viento los anhelos de ser dignamente humanas y no sólo esculturas
objeto del deseo; olimos el aroma de la fuerza de las Rosas, de las
Margaritas, de Magnolias, de Jazmines, de Xochitl, de Violetas... que
esparcieron sus perfumes seductores por todos los rincones del
entorno...
Buscamos en aromas,
sonidos y visiones, las respuestas a todos los dolores y tristezas...
Mas tampoco pudimos encontrarlas...
Nuevamente buscamos
y buscamos y buscamos... Y no encontramos la luz que se observa al fondo
del túnel... Preguntamos, mas tampoco hallamos el agua que mitiga la sed
cuando el sol calcinante del desierto nos consume... Como ciegos,
palpamos todos los átomos del universo y no topamos con el calor de los
colores que iluminan nuestras esperanzas...
Nos cansamos de una
búsqueda sin término y decidimos no escudriñar más; admitimos que nos
encontrábamos en un laberinto, sin el hilo de Ariadna (por demás una
mujer), para encontrar la salida...
Entonces, sólo
entonces, detuvimos la marcha; decidimos nos buscar solos más;
entendimos que las respuestas estaban en otro lugar, comprendimos que
nosotros no éramos quienes debiéramos buscar y responder...
Ahora, con los
párpados tapando nuestros ojos, flotamos tras el sueño de tener a
nuestro lado las bocas y palabras de ellas...
El silencio de la
noche fue cediendo su lugar al crepúsculo del amanecer; el de la tarde
ya había huido para aparecer otro día, al declinar la luz... El lugar
del silencio fue ocupado por las palabras de quienes en otros tonos
susurraron a nuestros oídos cantos que fueron llenando nuestra bocas
para gritar a los cuatro vientos:
Sin ustedes, ¡¡jamás!!, ¡¡nunca!!,
solos, de ninguna manera;
sería imposible alcanzar las estrellas
que iluminan el oscuro campo de la noche
levantando nuestras manos;
atrás, adelante, a los lados
necesitamos su imborrable presencia;
la muerte de las muertes es indetenible
con la débil mirada de nuestros ojos,
la carrera de nosotros jamás será nuestra
sin su pies descalzos que sostienen
la voluntad de nuestros corazones
y los sueños y anhelos de los imposibles.
Sin ustedes, ¡¡jamás!!, ¡¡nunca!!,
solos, de ninguna manera;
hubo ya la maldición de los dioses griegos
que no soportaron nuestra indivisible unidad
y separaron nuestros cuerpos
y nuestras conciencias
para que vagáramos, como huérfanos,
buscando por todos lados
la otra mitad de la cual fuimos cercenados;
pensaron, los dioses griegos, que ese era
el destino inexorable que nos deparaba:
Buscarnos unos al otro,
pero seguir separados;
juntos somos invencibles,
juntos, en ningún tiempo seremos derrotados
por las fuerzas demoníacas que pretenden
lanzarnos por el mundo, miserables,
egoístas, estúpidos, ciegos, sordos,
paralíticos, engreídos, débiles y fragmentados...
Sin ustedes, ¡¡jamás!!, ¡¡nunca!!,
solos, de ninguna manera.