8 DE MARZO DEL 2002

 

¡Qué lejos estamos! 

            Parece una frase pesimista para iniciar un escrito que se supone sea para conmemorar una fecha importante a nivel internacional, que ha querido representar la exaltación de la lucha de la mujer por mejores condiciones de vida en términos generales. Sin embargo, no me surge otra expresión que de entrada a un pequeño análisis de lo que hemos avanzado como organización política-ideológica en todo lo que respecta al apoyo real a la mujer para su transformación. Al apoyo real que se necesita para hacer más sencilla esa difícil tarea de superar los lastres que como mujeres venimos soportando –muchas veces sin tener conciencia de ello- y que resultan ser imperceptibles por nosotras mismas al ser parte incluso de nuestra propia química, de nuestra propia manera de ser, de nuestra propia sangre… 

Si hiciéramos un estudio real y de manera científica, con estadísticas concretas y análisis objetivos, podríamos constatar que en lo que llevan de existencia las organizaciones revolucionarias -30 años aprox.- de las que hemos formado parte, no se ha tenido un avance significativo mayor en cuanto a la participación de la mujer en diversos trabajos –considerados más para los hombres- equiparado al avance que se percibe a nivel de la sociedad mexicana. Lo cual se refleja claramente en dos aspectos:  

1)   Como parte de la organización, las compañeras del medio rural, participan activamente sobre todo en las tareas de preparar alimentos para los diversos eventos, en el cuidado de los hijos, en el lavado de la ropa, en los diversos quehaceres domésticos, en el cuidado y alimentación de los animales y si hay posibilidad en algunos aspectos de apoyo a la salud, higiene y sanidad. Estas labores las desarrollan con mucho gusto porque la ideología que se les ha transmitido ha alcanzado para hacerles notar que todo trabajo por pequeño o cotidiano que sea, contribuye al “desarrollo de la revolución”, lo cual es cierto, sin embargo, la formación política ideológica dada como organización revolucionaria, no ha alcanzado para que asuman que esos trabajos también los deben de hacer los compañeros y que ellas también pueden hacer los trabajos que ellos desarrollan; no ha alcanzado para hacerles ver y asumir que la educación de los hijos es tarea de 2 (padre y madre) y que en esa tarea no hay que definir tareas específicas según el sexo: -lavar, planchar, hacer la comida- solo las niñas,  –traer agua, sembrar, cazar- solo los niños ; no ha alcanzado para hacerles notar que nadie, absolutamente nadie tiene el derecho a golpearlas, maltratarlas  o dañarlas física ni psicológicamente, por muy “revolucionario” que sea el compañero; posiblemente ha alcanzado para que se den cuenta que hay varias cosas que no checan entre lo que se dice, lo que se hace y lo que viven ellas día a día, pero no ha alcanzado para que alcen su voz y restituyan su dignidad. ¡No!, no ha alcanzado…

2)   Como parte de la organización, las compañeras que estamos en el medio urbano, participamos activamente sobre todo en las tareas de preparar alimentos para las diversas reuniones y eventos que se organizan en las ciudades, en el cuidado de los hijos, en el lavado de la ropa, en los diversos quehaceres domésticos, y si hay posibilidad, en alguna de las reuniones y/o escuelitas para la formación política ideológica. Al igual que las compañeras que están en el  medio rural,  realizamos las actividades con mucho gusto, solo que contamos con más posibilidades de desarrollo personal, ya que -salvo varias excepciones todavía-, tenemos compañeros que sí actúan en consecuencia a la ideología que decimos tener y al igual que nosotras, hacen de todas las actividades como lavar, cocinar, planchar, cuidar y educar a los hijos, propias de la cotidianidad y necesarias para nuestra salud e higiene física y mental. Pero tampoco en el medio urbano, la formación política ideológica dada ha alcanzado para impulsar a la mujer para que desarrollemos todas nuestras potencialidades. No ha alcanzado para tener más de 1 compañera con verdaderas capacidades teóricas-conceptuales-prácticas por cada 10 compañeros con esas mismas capacidades; no ha alcanzado para ser más autónomas en el desarrollo de las diversas actividades que nos proponemos; no ha alcanzado para tener más decisión en nuestros actos; no ha alcanzado para ser más autodidactas; en fin, todavía no ha alcanzado… 

Claro que estos dos aspectos descritos no proyectan para lo que sí ha alcanzado el trabajo político ideológico que se nos ha dado y que se traduce en beneficios que como mujeres u hombres hemos tenido al pertenecer a una organización revolucionaria, como el echo de tener acceso directo –de manera verbal o escrita- a diversos análisis históricos y sobre la realidad, o las diversas convivencias que tenemos entre compañeras y compañeros, que nos ayudan a pensar, a ejercitar nuestra mente y a ser más sensibles a las diversas situaciones. Asimismo, nos ayudan a ir restituyendo nuestra dignidad como mujeres, a ir transformando nuestra ideología de dominada a ideología dirigente, y a asumir un compromiso con una misma, ya que al ir tomando conciencia no se puede más que seguir en esto.  

Actualmente nos encontramos en un proceso de reimpulso al trabajo con la mujer; se trata de ponernos más atención entre nosotras mismas, primeramente para ubicar nuestros lastres y hacer algo al respecto y después o como consecuencia de una mayor salud física y psicológica, impulsar la motivación y creatividad hacia el trabajo revolucionario, el cual requiere de nuestros modestos o grandes esfuerzos.

 

 “Cuando la organización aprenda a conocer y utilizar las cualidades de las mujeres, tendrá posibilidades ilimitadas”

 Y 

“Cuando la sociedad aprenda a conocer y utilizar las cualidades de las mujeres, tendrá posibilidades ilimitadas”

 

                   FIDEL CASTRO

 ATTE. Maria

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