La dinámica
del desarrollo de los fenómenos políticos y económicos que hoy ocupan la
mayoría de las páginas de los diversos medios de comunicación masiva son
complejos y distribuidos en diferentes puntos geográficos del planeta.
Sin embargo, pese a la aparente desconexión entre estos, podemos
agruparlos en dos grandes hechos político-económicos que merecen nuestra
reflexión y análisis crítico para orientar nuestra acción práctica.
Cerraremos esta editorial con un tercer punto que
retoma el papel de la crítica radical y de la práctica que permita
desvelar la verdadera naturaleza de tales hechos.
I.
Uno de los fenómenos que ocupan el interés de la
Comunidad Económica Europea, del propio Imperialismo omnímodo
estadounidense y del Estado de Israel, sin duda alguna, es el de la
creciente e irrenunciable y permanente lucha de liberación del pueblo
palestino.
Nadie duda en esta hora que el "problema palestino"
es el nudo gordiano de la dinámica conflictiva que se expresa en el
Medio Oriente, los países árabes, y la lucha por la hegemonía en el
control del acceso a los recursos energéticos que representan la enorme
capacidad probada de existencia de petróleo en dicha región geopolítica.
Es poco difundido que el "problema palestino" no es
un fenómeno que se manifiesta a partir de la segunda mitad del siglo XX,
con la fundación del Estado de Israel en el año de 1945.
Ya desde las lejanas épocas del siglo X a.n.e. se
hizo evidente la lucha por la posesión del territorio que en ese
entonces pertenecía a los palestinos y que trataron de ocupar los
Sionistas para fundar el Estado de Israel. Las tribus que dirigiera,
primero Abraham y, después Moisés, al ser expulsadas de Egipto, bajo el
supuesto de que era la tierra prometida por Jehová, se dirigieron en tal
dirección.
A partir de ese momento, y hasta nuestros días, la
búsqueda de apropiación de Jerusalem, Belem, las márgenes del río
Jordán, ha sido perenne.
Posteriormente, las cruzadas ordenadas por el Papa
Urbano II, pretendieron apropiarse de Jerusalem, para recuperar los
"santos lugares" de la religión católica; como es sabido, Saladino, al
frente de los árabes y musulmanes, infringió una derrota a la tropas de
Ricardo Corazón de León y éste regresó a Europa sin haber logrado el
anhelado triunfo militar.
En el siglo XVIII Inglaterra se apropió como colonia
suya a Palestina y, en el año de 1917, a través de Lord Balfur, prometió
a los sionistas entregar el territorio palestino para que fundaran su
Estado.
A partir de este momento los sionistas, protegidos
por las grandes potencias, impulsaron una política de colonización de
las tierras palestinas para lograr su deseo de fundar su Estado.
Organizaron grupos terroristas para expulsar al pueblo palestino de sus
tierras y estos grupos fueron comandados por quienes más tarde fueron
los jefes del Estado de Israel (Mehahem Begín, Golda Maier, Moshe Dayan).
Como el pueblo palestino resistió militarmente dicha política, la ONU
propuso, en el año de 1945, un plan de paz que consistía en partir el
territorio palestino en dos; una parte para fundar el Estado de Israel
y, la otra, para mantener el Estado Palestino. Debemos decir que los
primeros gobiernos que reconocieron al Estado Israelí fueron los de
Estados Unidos, Inglaterra y la URSS.
Israel, ya fundado como Estado por Ben Gurion, no
aceptó la propuesta de "Partición de Palestina" y en el año de 1967,
mediante la "Guerra de los seis días" se apropió de las dos terceras
partes del territorio palestino, de las alturas del Golan Sirio y del
Neguev egipcio.
Esta guerra de 1967 fue determinante para que el
pueblo palestino asumiera la dirección política y militar de su lucha
por expulsar al invasor y por defender la integridad de su territorio.
Antes de la Guerra de los Seis Días, el gobierno egipcio y el de Siria
fundaron la OLP y la dirigieron; a partir de dicha guerra, en virtud de
que la gran mayoría de los combatientes, presos y muertos eran
militantes del Al Fatah (dirigida por Yasser Arafat), esta organización
político-militar asume la dirección indiscutible de la OLP y Arafat la
dirección de la misma.
En el año de 1983 nuevamente, mediante otra guerra,
Israel sitia a la OLP en los territorios palestinos y expulsa a Arafat,
con el grueso de la dirección política de la OLP, hacia Túnez.
Desde este año, con los acuerdos de la ONU, a través
de su asamblea general, se conviene exigir a Israel retirarse de los
territorios ocupados, el reconocimiento del Estado palestino, el
reconocimiento de Jerusalem como una ciudad de protección internacional
y la declaración unánime del sionismo como una forma de racismo similar
al Apartheid africano.
Israel, desde luego, no acató las resoluciones de la
ONU y los países árabes apoyaron a la OLP. Como siempre fue, Estados
Unidos e Inglaterra siguieron apoyando al Estado Sionista de Israel.
Las Intifadas han sido el único recurso que les ha
quedado a los palestinos para resistir la invasión y agresión; sin
embargo, pareciera que se difunde la idea de que los "terroristas
palestinos" no permiten el desarrollo pacífico de los sionistas.
Todos se "preocupan" por el "problema palestino",
pero nadie se ocupa de desenmascarar la esencia racista, terrorista y
criminal del Estado de Israel con el apoyo del Imperialismo,
principalmente Norteamericano.
¡¡¡No a las mentiras y calumnias imperialistas y
sionistas!!!
¡¡¡Viva la lucha justa del pueblo palestino!!!
II.
En el mes de diciembre último, el pueblo argentino
mostró con una nitidez inusitada el verdadero rostro de las
consecuencias que la aplicación de las políticas de reacomodo
imperialista (léase neoliberales), dictadas por los grupos financieros
del imperialismo (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco
Interamericano de Desarrollo, etc), acarrean al pueblo explotado y
empobrecido.
La crisis argentina mostró también que la ciega
obediencia de los gobiernos y oligarcas regionales responde a los
intereses desnacionalizadores del Imperialismo, a costa de sus pueblos.
No es verdad que esta crisis se deba a la incapacidad
y negligencia de tales gobiernos y que, por ello, basta con cambiarlos
para corregir el rumbo y resolver los problemas de nuestros pueblos
latinoamericanos.
Lo que se muestra fehacientemente es la esencia misma
del neoliberalismo como modelo de desarrollo expoliador e injusto.
Ya antes, en Venezuela, el "caracazo" mostró que las
políticas neoliberales no pueden tener un "rostro humano". No puede
haber ajuste con tal rostro. La naturaleza del neoliberalismo es
enajenante y deshumanizante.
México, de la misma manera, muestra los efectos de
tales políticas y sufre las consecuencias de éstas. La obediencia de los
gobiernos emanados del PRI y el PAN ha sido reconocida como "acertada
conducción económica" por los organismos financieros del gran capital;
sin embargo, el pueblo mira permanentemente (tal como lo perciben los
pueblos argentino o chileno) cómo se empobrece día con día y, para
agudizar esta situación, las políticas fiscales y de precios de los
servicios que brinda el Estado tienden a recordarle, con capacidad
probada para seguir los dictados o con incapacidad para ello, que el
resultado es el mismo.
No es cuestión de capacidad (México) o incapacidad
(Argentina) de conducción política económica afín a los intereses del
gran capital; es, simplemente, la naturaleza del modo de producción
hegemónico. No se trata sólo de cambiar un gobierno por otro, de lo que
se trata es de transformar radicalmente el modo de producción que genera
las condiciones materiales de empobrecimiento y alineación. No se trata,
en fin, de acabar con los pobres y la pobreza, se trata de terminar con
las condiciones materiales que generan a las mismas.
Ahora bien, cuando algunos gobiernos
latinoamericanos, como el cubano y el venezolano, se oponen abiertamente
a tales políticas, el Imperialismo impulsa y promueve campañas de
agresión y desestabilización para imponer gobiernos títeres que
respondan a sus intereses. Jamás el Imperialismo renunciará a liquidar
la Revolución Cubana y a tirar a Hugo Chávez, mientras se opongan estos
a seguir las ordenanzas que dictan.
Argentina es presionada para que se ajuste a tales
mandatos; si no lo hace, se alimentará la caída económica de este país
hasta la más profunda de las miserias.
No permitamos que las neblinas ideológicas empañen
nuestra percepción de la realidad social; es necesario servirnos de las
dos armas que la razón dialéctica nos ha legado: La crítica y la
práctica que desenmascara de "rostros humanos" la miserable e
inadmisible condena a que pretenden conducirnos los escribas del fin de
la historia y de la emergencia de su pensamiento único.
¡¡¡Contra el neoliberalismo, el poder popular!!!
III.
La realidad social, económica y política que domina
nuestra vida humana, pese a mostrase crudamente, no puede ser
interpretada de manera directa e inmediata; los seres humanos no somos
entidades pasivas que únicamente reflejamos la realidad en nuestra
cabeza sin más; para explicar y comprender la esencia misma de lo real
requerimos realizar una actividad cognoscitiva que nos provea de los
medios intelectuales (ideológicos y políticos) para reconocer
críticamente que lo que sucede a nuestro alrededor requiere una
interpretación teórica y práctica.
Dicha interpretación nos dotará de los recursos
conceptuales (políticos e ideológicos) para organizar la actividad
práctica orientada hacia la transformación radical de las condiciones
que reconocemos como inadmisibles e inaceptables.
Esta actividad bifásica (interpretar para actuar) nos
demanda, de la misma manera, determinar el tipo de sociedad que
consideramos como meta a alcanzar. Sólo a partir de esta representación
ideal de lo que nos proponemos llegar a ser, porque no lo somos, nos
permite aproximarnos a la determinación del programa y las actividades
que debemos realizar para tener éxito.
Como resulta evidente, la actividad (teórica y
práctica) es la que nos permite reconocer nuestro carácter activo en el
proceso de organización de un mundo como debiera ser y no como es.
Teoría y práctica, crítica y acción, son los
instrumentos del pensamiento dialéctico que nos alejan del riesgo de
caer en el dogma y la subordinación ciega.
Aspiramos a que este número del Boletín
Revolucionario nos anime a reflexionar y a discutir críticamente su
contenido; organicémonos como Consejos de Resistencia Popular para
analizar y compartir nuestras ideas, discutirlas y elaborar programas
para la acción.