LA GUERRA QUE VIENE

Breve exposición acerca de la

Guerra Total

I

Nuestro país ha vivido sistemáticamente un clima de guerra que fácilmente puede escapar a nuestra comprensión, pero los resultados han sido demoledores y muestran objetivamente dicho estado imperante: asesinatos por motivos políticos o ideológicos, secuestro reiterado de luchadores sociales, desapariciones forzadas, asesinatos de dirigentes políticos, acoso constante a intelectuales críticos al sistema hegemónico, grave censura y evidente manipulación de los medios masivos de comunicación, pero sobre todo, una reiterada tendencia hacia la militarización que cumple funciones coercitivas en dos niveles fundamentales: por un lado actuando como un coercionador físico ante protestas sociales que incomodan a las instituciones y, en un nivel diferente, como impacto psicológico que la sociedad poco a poco asimila para vivir constantemente en el temor.

La Guerra de Baja Intensidad (GBI) existe, es una constante en nuestro país desde hace décadas y ha logrado ejercer la razón de Estado en su más acabada expresión.

Pieza clave en la GBI es la militarización, actividad sistemática que tiende a recurrir a la violencia organizada para la resolución de conflictos sociales y para el ejercicio de un férreo control político; es desarrollada principalmente por las fuerzas armadas mexicanas las cuales han contado desde mucho tiempo atrás, pero actualmente con mayor fuerza, con entrenamiento internacional por parte de los EEUU donde el objetivo es el perfeccionamiento de los métodos de coacción y desgaste progresivo del enemigo para evitar algún problema en la subsistencia del Estado y de los intereses que representa. Como muestra clara de dicho entrenamiento se encuentran instituciones con fuerte infraestructura para la formación de tropas contrainsurgentes en EEUU como la Escuela de las Américas y cerca de 80 instituciones que imparten esta formación exclusivamente para América Latina.

Las fuerzas armadas son el emblema característico de la seguridad interna en absoluta consecuencia con los intereses de élites económicas que detentan el poder; ante lo rudo que puede ser una significación de este tipo, la sociedad responde conformando organismos impulsores de cambios democráticos en el país, en un primer nivel, y como insurgencias armadas estableciendo una lucha violenta y frontal contra estas fuerzas que buscan guardar el orden establecido. Como consecuencia natural de la presión que puede generar la sociedad civil ante la represión de las fuerzas armadas, y ante la necesidad de debilitar a la sociedad organizada, surgen como factor externo, al margen de las instituciones imperantes, pero impulsadas desde muchas de éstas, organizaciones violentas y profundamente reaccionarias denominadas "grupos paramilitares", que sin duda acentúan el estado de guerra imperante.

No es de extrañar que la seguridad nacional, la prevención de desastres, la protección de los recursos naturales o aún el combate al narcotráfico sirvan de justificación para el libre impulso de la militarización en toda nuestra geografía, y más cuando el concepto de seguridad nacional tiene la verdadera definición de seguridad interior, donde lo más importante es garantizar la reproducción y preservación del poder político, aunque éste tienda, como en el caso de nuestro país, a desarrollar modelos autoritarios.

Reflexionemos en torno a una guerra que busca alcanzar fines políticos definidos, una guerra que se libra todo el tiempo y genera respuesta, en este mismo sentido, de sectores de la sociedad que requieren crear sus cuerpos de autodefensa (ya sea pacífica o armada); pensemos en una guerra donde se incorporan todos los elementos científico-tecnológicos, donde se incorpora el silencio de muchos medios de comunicación masiva ante crímenes y genocidio, donde la población queda totalmente desamparada ante la furia de los grupos paramilitares (Acteal, El Bosque, etc.) o del ejército y grupos de seguridad (Aguas Blancas, El Charco, etc.), donde la mayor relevancia la toman las estrategias de disuasión encaminadas a desactivar movimientos legítimos en sus demandas. Pensemos y reflexionemos en torno a una Guerra Total.

¿Cómo se impulsa la guerra total? La respuesta a esta interrogante es tan amplia como lo imaginemos. Sin embargo, esto funciona en tres niveles principales:

1. En cuanto a la política exterior, ya que la guerra total en nuestro mundo globalizado, también se globaliza. Los apoyos norteamericanos para estimular la GBI (institucionalizada en los EEUU desde los ochenta por Reagan) surten un efecto contundente en políticas contrainsurgentes que exportan a las zonas donde sus intereses pueden ser afectados por la sociedad organizada o por la insurgencia popular (como en Colombia, México o Centroamérica). La solidaridad de los Estados del primer mundo es inmediata, ya que las condenas a movimientos insurrectos pueden ir desde el apoyo técnico, hasta la conformación de las fuerzas multinacionales, siempre cuidando los intereses de las «democracias occidentales» aún mediante métodos bastante crueles. Como ejemplo de esto tenemos los recientes embates a Afganistán e Irak y la otrora tormenta del desierto.

2. El siguiente nivel genera la política militar, sin duda alguna los mandos militares han logrado, en el caso mexicano, crear importantes cotos de poder que pareciera crean un Estado aparte, regido por un tribunal especial, un código de justicia especial, leyes y reglamentos no muy claros para el común de los civiles y la ausencia total de vigilancia en torno a los derechos humanos de la tropa. La importancia que revisten las políticas militares son fundamentales para comprender la dinámica de violencia y represión ejercida en nuestro país. La consigna en este sentido es violentar progresivamente a toda la sociedad, coercionar física y moralmente a la población; cuestión que queda constatada con la sistemática instalación, definitiva o provisoria, de retenes e instalaciones militares sobre el territorio, a los movimientos de tropa y la formación de fuerzas combinadas.

El resultado es elocuente y nos muestra cómo el ejercicio político de los militares mantiene pujante la GBI.

3. Finalmente la política económica dicta los pormenores que deben seguirse para ejecutar el libre comercio y eliminar toda aquella forma de organización que pueda asustar a los especuladores de la bolsa. Aquí la Guerra Total adquiere su justificación y principal compromiso. Si tenemos una aproximación al proceso de luchas sociales en México, nos daremos cuenta que la guerra total amparada en el apoyo técnico brindado por EEUU a nuestro país, ha logrado salvar varios momentos coyunturales en la lucha popular, como los casos de 1959, de 1967-1969, de 1971-1975 o los recientes de 1994 y de 1996 con la aparición del EZLN y del EPR respectivamente.

La guerra total, con todas sus formas de reproducción material, no podría funcionar sin elementos ideológicos concretos destinados a la dominación política de la población, pero para ello es importante tener presencia en cada individuo y la certeza de que se va a apropiar de dichas ideas. Los medios de comunicación masiva surten un efecto contundente en la consolidación de este propósito.

Cabe destacar que la ideología de la clase dominante se reproduce no sólo por los medios de comunicación masiva, sino también por medio del sistema nacional de educación, por la forma de hacer ciencia y generar tecnología, por los ritos religiosos de tal o cual iglesia o secta, por algunas tradiciones folclóricas e incluso hasta por el nombre de las calles que diariamente recorremos, logrando con ello que nuestro sentido común razone en este tenor con el afán de que la sociedad en su conjunto se apropie y ejecute los planteamientos del Estado y los intereses que representa, ejerciendo con ello una profunda violencia ideológica equiparable a la más brutal coacción física.

De todas formas no debemos soslayar la importancia que tienen los medios masivos de comunicación electrónica, como la T.V., la radio, la prensa escrita, el Internet, etc. los cuales son los más contundentes propagadores de dicha ideología enajenando conciencias e imponiendo una visión parcial del mundo creando un ficticio estilo de vida. La guerra es total, por todos los medios el Estado arremete amparado en sus aparatos ideológicos. Aquí el escenario de guerra cambia, ofrece un nuevo campo de batalla, los medios electrónicos. La Guerra de Redes es una realidad que pone en desventaja a los luchadores sociales que, primitivamente, buscan reproducir sus planteamientos ideológicos. A través de los mecanismos por todos conocidos sin haber logrado generar los equivalentes populares a estos propagadores electrónicos.

La necesidad de modernizar todas las tácticas de lucha es imprescindible, pues en ello reside propagar una línea política adecuada y verdaderamente al alcance del pueblo.

Pero ello requiere una solidez político-ideológica que pueda responder en la misma intensidad en que lo hace la guerra total.

II

La guerra total cada vez más globalizada inclina la balanza a su favor. La ascensión de la derecha conservadora y reaccionaria parece un fenómeno generalizado en todo el mundo, la crisis reiterada de la izquierda tradicional y también de la izquierda clandestina y revolucionaria es una constante de la cual no hemos escapado como partido escindido de un proyecto complejo y rico en su aspecto histórico. Ante la desventaja ideológica que hoy día presenta enarbolar la lucha por el socialismo, han proliferado una cantidad de movimientos sociales que izan diferentes banderas de lucha, desde los ecologistas hasta los globalifóbicos y antineoliberales. El discurso ha cambiado en los últimos 25 años pues también ha cambiado la correlación de fuerzas. El panorama es complicado para una organización como la nuestra que requiere expandirse progresivamente para lograr un cambio cualitativo en la sociedad mexicana. La pregunta en este sentido será cómo enfrentar la guerra total de una manera acertada que nos permita salir fortalecidos y poderosos ante un Estado que no pierde la paciencia en golpear al movimiento revolucionario en su conjunto.

Si consideramos que estas alternativas de lucha antineoliberal y globalifóbica pueden por sí mismas derrotar a la clase capitalista internacional sería, en el mejor de los casos, ingenuo. No obstante son luchas legítimas que poco a poco van creciendo y logrando reproducir sus planteamientos, tierra fértil para la expansión de la lucha popular, pero la construcción popular de nuestro partido requiere ser integral, esto es, logrando consolidar todos los aspectos que necesita desarrollar una alternativa socialista moderna y científica, teórica e ideológicamente consolidada y que tenga las posibilidades reales de establecer frontalmente una lucha generalizada contra el enemigo. Todos los niveles de lucha son fundamentales pero requieren de una síntesis encarnada en la construcción del poder popular, pero no acéfalo, por el contrario con un lineamiento político que responda a la complejidad de la realidad cambiante, proletario y contundente, con solidez ideológicay práctica.

Si a últimas fechas se ha replanteado el papel del partido y de la clase obrera como vanguardia histórica que con su emancipación habría de emancipar a la sociedad en su conjunto, habría que definir los puntos de dicho replanteamiento, pues efectivamente la crisis del socialismo real en Europa del Este y el surgimiento de nuevos paradigmas explicativos de la transformación revolucionaria han impactado fuertemente en la correlación mundial de fuerzas. Sin embargo es menester para todo revolucionario aportar conscientemente las líneas de interpretación política, científica y militar en una discusión solidaria, franca y fraterna, que nos permita arribar a fortalecer nuestras decisiones tácticas y fundamentar nuestros objetivos estratégicos. Que valga, pues, el llamado para reflexionar sobre nuestro actuar como partido y el lineamiento político que hoy día intentamos consolidar, desarrollemos un diálogo horizontal y activo, reconozcamos nuestro origen y entendamos su dinámica, rindamos cuentas con claridad y certeza, en este sentido podremos recuperar mucho del tiempo perdido en la construcción del poder popular para una nación que nos demanda respuestas concretas en nuestro accionar político y social, pues para nadie es descubrimiento el que no hemos logrado definir muchos de los aspectos teórico-metodológicos que han creado un vacío en el movimiento comunista internacional; empero, desdeñar la fundamentación marxista-leninista sería absurdo, más en un mundo que requiere urgentemente de transformaciones y no sólo explicaciones lineales de su existencia.

En última instancia nuestra consolidación política e ideológica nos pondría en el camino más adecuado para la construcción del poder popular y nos aventajaría en la lucha contra la guerra total.

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